26 marzo 2010

La hora del planeta

No seamos tacaños, es muy poco lo que nos piden para salvar el planeta: no usar electricidad durante una hora el sábado 27 de marzo de las 20:30 a las 21:30 y participar en los actos públicos que se organizan en muchas ciudades.

Miles de personas e instituciones se suman cada año a esta iniciativa del World Wildlife Fund (WWF).  A mi me tocó el año pasado en Estocolmo, donde la iluminación de varios edificios públicos fue apagada para contribuir al ahorro de energía. En 2009 se logró que 4.159 ciudades en 88 países se unieran a la iniciativa.  En 2010, es decir este sábado, se espera sumar 6.000 ciudades en 125 países, con participación de mil millones de personas. Yo quiero ser una de ellas.

Se apagarán otra vez este año la Torre Eiffel en París, la Opera en Sydney, la Alhambra de Granada, la Ciudad Prohibida de Beijín, la Acrópolis y el Partenón en Atenas, la Puerta de Brandenburgo en Berlín, la Sagrada Familia en Barcelona, la Torre de Pisa, la Fontana de Trevi y el Coliseo de Roma, el Cristo del Corcovado en Río de Janeiro, el Golden Gate de San Francisco,  el Big Ben de Londres, las Pirámides en El Cairo, el edificio más alto del mundo en Dubai, el Ángel de la Independencia en México, y muchos otros monumentos emblemáticos y edificios públicos del mundo.  Aquí se puede seguir, país por país, la adhesión a este evento mundial.

Personalidades que ponen su grano de arena de visibilidad han comprometido también su apoyo, desde el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki Moon hasta el cineasta español Pedro Almodóvar. La lista incluye a la Reina de Inglaterra quien apagará las luces del Palacio Buckingham, el equipo del Real Madrid, y centenares de grupos de música, actores y actrices de cine, y gente de a pie como nosotros.

Google se sumará durante 24 horas, bancos, supermercados, hoteles y otras empresas apagarán las luces de sus edificios y de sus vallas publicitarias. 

Lo que se ahorra en una hora de electricidad es mucho, sobre todo si se multiplica por mil millones de habitantes. Esta gráfica permite hacer el cálculo. No basta apagar las luces, pues alrededor de uno hay muchos otros aparatos que consumen electricidad, incluyendo esta computadora.  Lo ideal es bajar la palanca general de electricidad y salir a la calle a encontrarse con otros que habrán hecho lo mismo para ponerle el hombro a nuestro pequeño planeta.

20 marzo 2010

Empacho de cine en Guadalajara


Guadalajara en un llano, México en una laguna… Dejé la laguna seca del Distrito Federal para trasladarme durante ocho días a Guadalajara y espinarme la mano con la tuna del cine en el 25 Festival Internacional de Cine.

El festival cumplió 25 años, de modo que se vistió de gala para la ocasión.  Cada noche en el gigantesco Teatro Diana de la ciudad había entrega de reconocimientos (a Matt Dillon, a Agnes Varda y a María Rojo, entre otros) y la proyección de alguna película extraordinaria, a veces en estreno mundial.  Y durante todo el resto del día, varios centenares de películas, cortas y largas, documentales y de ficción, que se exhibían simultáneamente en una docena de salas de cine de la ciudad.

En las mañanas teníamos proyecciones especiales para la prensa, los críticos de cine y los miembros de los jurados. Estas proyecciones sin público fueron las mejores para mi, ya que los asistentes se comportaban civilizadamente, mientras que en las proyecciones para todos no faltaron quienes creyéndose en un estadio o en un circo, no paraban de comer palomitas de maíz como roedores, de usar sus celulares o de hablar. El comportamiento poco civilizado del público deja mucho que desear.

Mi menú en estas jornadas no consistió en palomitas de maíz con olor a mantequilla rancia, sino títulos tan estimulantes como Las buenas hierbas de la mexicana María Novaro, La Yuma de la nicaragüense Florence Jaugey, Retratos en un mar de mentiras del colombiano Carlos Gaviria o Rompecabezas de la argentina Natalia Smirnoff. No me equivoqué en mi selección pues recibieron sendos premios. Ojalá que lleguen a las pantallas comerciales, para bien del público que se intoxica con tanta porquería.

Disfruté como todos la gala de estreno del documental Seguir Siendo: Café Tacvba, sobre el grupo musical mexicano que apenas levantarse la pantalla apareció detrás para brindar un concierto apoteósico. Parecía que los balcones del teatro iban a ceder de tanto que cimbraban con centenares de personas saltando al unísono y cantando de memoria la canciones. Sólo un vocalista con el don de multitudes como Rubén Albarrán puede lanzarse sobre su público y salir indemne luego de dar una vuelta completa de la platea, sobre los brazos de todos, y sin dejar de cantar.

Me dio gusto durante el festival encontrar a colegas bolivianos como Juan Carlos Valdivia, cuya película más personal, Zona Sur, fue premiada y muy bien recibida. También estuve con Rodrigo Bellot, cuya carrera como director de casting en Nueva York va viento en popa; y con Karina Oroza y Ramiro Fierro, en busca de producción para sus proyectos.

Zona Sur fue una de las películas más premiadas del festival, pues recibió el Premio Especial del Jurado, el Premio al Mejor Guión –escrito por el mismo Valdivia- así como el Premio al Mejor Actor (compartido) otorgado a Pascal Loayza.

Carlos Gaviria, cineasta de Colombia con el que hicimos buenas migas durante el festival, fue galardonado por su largometraje Retratos en un mar de mentiras, excelente relato sobre los desplazados de guerra en su país. Obtuvo el Premio a la Mejor Película, a la Mejor Actriz (compartido) por la actuación de Paola Baldión y un premio paralelo de Latinofusión, de apoyo a la distribución internacional del film.

Mi amiga la cineasta mexicana Lillian Liberman presentó el documental Visa al paraíso, donde reconstruye meticulosamente el episodio ejemplar de Gilberto Bosques, cónsul de México en Marsella durante la Segunda Guerra Mundial, quien ayudó a más de 40 mil familias perseguidas por los nazis y los fascistas de Franco, a viajar a México como asilados.

Varios otros documentales me impresionaron, por ejemplo Pecados de mi padre, de Nicolás Entel, donde se narra el proceso de reconciliación entre Sebastián Marroquín (hijo del narcotraficante Pablo Escobar), y los hijos de Rodrigo Lara Bonilla y de Luis Carlos Galán, que fueron asesinados por órdenes de Escobar. Sebastián Marroquín apareció al finalizar la proyección y me pareció un hombre sincero y con vocación de paz, una víctima más de su padre.

Por lo demás, encontré a amigos que no he visto en muchos años. A Jorge Sánchez, actual Director General del festival (aunque el último día anunció que se va), y a Paul Leduc, realizador de películas tan hermosas como Frida o México Insurgente, no los veía desde mediados de los años 1980s (¡25 años!), lo mismo que al panameño Edgar Soberón Torchía, quien hoy es Director de Cultura en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba y a Chacho Leon Frías, crítico de cine que dirigió una de las grandes revistas especializadas "Hablemos de Cine".

No me fui de Guadalajara sin antes visitar los murales de Orozco en el Hospicio Cabañas, y sin comer en la avenida Chapultepec tacos de labio, de cabeza, de lengua y de cachete o carnaza. No tuve todavía el espíritu para entrarle a los tacos de ojo, de seso y de hueso, pero pensé mucho en mis dos carnales que no tienen freno para esas cosas, Ricardo Pérez Alcalá y Ramón Rocha Monroy.

11 marzo 2010

Cuarto Intermedio 91

Finalmente recibí mis ejemplares de la revista boliviana Cuarto Intermedio, que tiene más de veinte años de vida y casi un centenar de números publicados. La edita trimestralmente la Compañía de Jesús, como “una pausa para la reflexión, el diálogo, la lectura y la búsqueda de caminos de solución”. Su consejo editorial está integrado por Xavier Albó, Carmen Beatriz Ruiz, Claudia Peña y Francisco Dardichon, mientras que la dirección está a cargo de Edgar Dávalos, asistido en la coordinación por Luz Ordóñez y Alejandra Jaldín.

En el número 91, cuya portada recoge el tema “La comunicación más allá de la información”, se publica un texto mío titulado “La comunicación que no se entiende”, en el que abordo algunos temas que han estado en el centro de mis preocupaciones en los últimos años, y en particular la confusión entre comunicación e información, y los retos pendientes para legitimar la comunicación como proceso, muy diferente de la información como cadena de mensajes.

En este mismo número hay un texto de Carlos D. Mesa Gisbert sobre el bicentenario, otro de Xavier Albó sobre las autonomías indígena originarias,  y otro de Víctor Codina sobre la crisis de las mediaciones, además de tres comentarios de José Luis Aguirre Alvis, Gabriela Orozco Ruiz y Hernán Cabrera sobre el proyecto del Código Nacional de Ética Periodística.

Entre tanto, mientras yo esperaba que me enviaran los ejemplares, salió ya el número 92. En su portada anuncia: “Mujeres: Miradas desde la literatura y la teología”, pero curiosamente los textos sobre la temática central están escritos todos por varones.

Lamentablemente los textos de Cuarto Intermedio no están disponibles en la red, pero para quienes quieran tomarse el trabajo de pedir ejemplares de la revista, pueden hacerlo a través de la Fundación Social Uramanta, por correo electrónico o a esta dirección: Casilla 2152, Cochabamba, Bolivia.

26 febrero 2010

El origen del mole poblano

Chile ancho, chile mulato, chile pasilla, chipotle, jitomate, cebolla, ajo, pan, almendras, pasas, nueces, almendras, ajonjolí, clavo, canela, pimienta, perejil, azúcar, sal, tortillas de maíz... y chocolate, entre otros ingredientes, entran en la preparación del mole poblano, uno de los platos más singulares de la comida mexicana. Según las recetas, puede tener muchos más ingredientes. Y qué decir del proceso de preparación, que comienza un día antes desvenando los chiles y remojándolos en agua con sal toda la noche.

Entre las muchas extrañas, imposibles pero fantásticas mezclas de sabores que hacen excepcional a la cocina mexicana, destaca sin duda el mole poblano, cuya historia es tan atractiva como su sabor. Ningún mole sabe igual a otro. Para comprobarlo nos fuimos a la fuente misma, a la cocina donde se originó el mole poblano, el ex Convento de Santa Rosa, en Puebla de los Angeles.

Allí se conserva tal cual el escenario del descubrimiento, atribuido a las monjas de claustro. Así como hay muchos moles, hay muchas historias sobre el origen del mole.  Desde una que atribuye la receta a un tropezón accidental, hasta otra que cuenta que el voto de silencio de las monjas se rompió cuando los aromas del perol hicieron exclamar a una de ellas: "Qué bien mole los chiles hermana". 

La seriedad histórica, sin embargo, obliga a recordar que los antiguos mexicanos, mayas y aztecas, usaban el chocolate en sus comidas, y probablemente fueron los verdaderos inventores del mole. Lo que no quita mérito a las monjitas de claustro, que compensaban sus sufrimientos con sabrosas comidas. En otro convento de Puebla, el de Santa Mónica, nacieron por ejemplo los chiles en nogada, otro plato de agasajo. Las de Santa Clara se especializaban en dulces de mazapán, camotes y mermeladas.

No todo era dulce en el Convento de Santa Rosa, donde las niñas que no podían casarse ingresaban para dedicarse a la oración en silencio hasta el final de sus días. Una ventana alta ovalada, el "ojo de Dios", dejaba entrar la luz pero al mismo tiempo el temor del castigo divino. A esa vida miserable y absurda destinaba la iglesia a sus vírgenes, sacrificadas hasta su muerte por envejecimiento.

Lo que queda hoy es una amplia cocina generosamente recubierta de cerámica de Talavera, con todos los utensilios que se utilizaban en la época para guisar los moles, pues el de chile y chocolate no sería el único. Una enorme olla de barro ocupa un lugar central, porque era allí donde los aromas del mole se gestaban. En la pared exterior, un letrero en mármol recuerda a la vez el fin de los abusos de la iglesia y el carácter magnánimo de la revolución mexicana que este año cumple cien años: "La revolución exhumó del olvido esta joya colonial".

De Santa Rosa a la tradicional Fonda de Santa Clara hay unas cuadras, que el hambre hace cortas. Es en esa fonda donde dicen que se come el mejor mole poblano. No sé si será el mejor, pero de que es bueno es bueno.

17 febrero 2010

Development in Practice

En materia de trabajo, nada más placentero que obrar en complicidad con colegas que son además amigos. Por ello no desaproveché la oportunidad que nos ofreció Oxfam de coordinar esfuerzos creativos con Juan Francisco Salazar y con Jethro Pettit para preparar un número de su revista Development in Practice (Desarrollo en la Práctica), que ya está en circulación desde hace varios meses.

Juan F. Salazar es un joven académico chileno que enseña en la Universidad de Western Sydney, en Australia.  Sé que él no se considera tan joven, pero como tiene la edad de mi hermano menor, para mi lo es. A estas alturas de la vida cualquiera que tenga diez años menos que yo es joven. Juan fue quien organizó la sexta conferencia de NuestrosMedios que tuvo lugar en Sydney en abril del 2007, y fue todo un éxito. Fue precisamente de esa reunión que surgió la iniciativa de preparar el número de la revista. 

Jethro Pettit es un gringo atípico, más europeo que estadounidense, que enseña e investiga en el Institut for Development Studies (IDS) en Sussex, que es un lugar donde yo quisiera estudiar en mi próxima reencarnación. En el IDS opera el Grupo de Participación que cuenta nada menos que con la experiencia y los generosos aportes de Robert Chambers, un maestro de la investigación-acción participativa.

El número doble (Volume 19, Numbers 4&5, June 2009) que coordinamos con Jethro y Juan está íntegramente dedicado a "Medios Ciudadanos y Comunicación" (Citizens' media and communication), y está dedicado a la memoria de Augusto Boal, el autor y director de teatro brasileño ("Teatro del Oprimido"), que falleció en 2009.

Como suele suceder con estas publicaciones académicas, el proceso de preparación del número doble de Development in Practice tomó varios meses e implicó incluso una reunión en el IDS en Sussex, para tomar decisiones sobre la selección de textos que nos habían presentado diversos autores. En nuestra selección final hay 20 textos distribuidos en siete secciones:

I. Comprensiones de los medios, el Estado y la esfera pública
II. Experiencias de comunicación de pueblos indígenas
III. Medios y comunicación como métodos de transformación
IV. Medios y voces en las prácticas de desarrollo
V. Radios comunitarias y voces ciudadanas
VI. El papel de los medios en los movimientos sociales
VII. Comunicación participativa en la investigación

Los tres escribimos además una introducción para presentar el número doble, y contribuimos con textos. El mío, "Playing with fire: power, participation and communication for development" ("Jugando con fuego: poder, participación y comunicación para el desarrollo") abre la primera sección; es un texto que expande una ponencia que presenté en Hyderabad, India, en noviembre de 2007.

Sería largo citar aquí los nombres y méritos de todos los autores, pero la buena noticia es que excepcionalmente este número completo de Development in Practice está disponible de manera gratuita en internet, durante un tiempo limitado: hasta mayo de 2010. Basta hacer un clic aquí para acceder a él. 

Esto ha sido posible gracias al apoyo brindado a Conversations with the Earth, un programa que se estableció para sensibilizar sobre el tema del cambio climático en preparación de la COP 15 de Copenhague, que como sabemos resultó un rotundo fracaso gracias a las maniobras de Estados Unidos y de China. Esperemos que este año en México se abran mejores perspectivas. 


12 febrero 2010

Matilde Garvía (1911-2010)

En mi “Historia del Cine en Bolivia” que se publicó en la colección Enciclopedia Boliviana, en 1982, le dediqué a Matilde Garvía apenas unas líneas por su participación como actriz en el largometraje Hacia la Gloria (1932). Escribí que interpretó el papel de Cristina junto a Donato Olmos Peñaranda, Don Manuel B. Sagárnaga, Angélica Azcui, Enrique Mendoza y Valentina Arze.

Fue poco lo que dije, y en ese momento no la conocía personalmente hasta que pude visitarla en su casa el 26 de enero de 2001, en Austin, Texas, donde vivía con Gilka Wara, la hija que tuvo en su matrimonio con Augusto Céspedes, el famoso “Chueco” de nuestra literatura, “Chuequite”, como le decía cariñosamente mi padre.

Fue Gilka Wara la que facilitó entonces ese encuentro.  Fuimos a almorzar al comedor de los profesores de la Universidad de Austin, y antes pasamos la mañana en su casa donde me mostró fotos de juventud e imágenes relacionadas con su carrera artística.  Su memoria estaba intacta, fue muy agradable conversar con ella y con Gilka Wara, que en un momento dado se puso al piano. Madre e hija tenían en común la vocación artística y una creatividad ligada afectivamente a la memoria de Bolivia.  Su casa entera respiraba aires bolivianos, a pesar de los muchos años de ausencia del país. 

Recuerdo, detrás de la terraza donde nos tomamos una foto juntos, un jardín de invierno, los árboles secos, deshojados, el cielo gris plomizo y la tierra cubierta por el cobre de las hojas muertas.

Esa imagen de invierno adquiere hoy un nuevo significado, de tristeza, cuando recibo de Gilka Wara la noticia del fallecimiento de su madre el pasado 6 de febrero, apenas dos semanas antes de cumplir 99 años de edad, a un año de alcanzar los tres dígitos del centenario.

Hoy quiero decir más sobre Matilde Garvía, con el apoyo de Gilka Wara que la acompañó siempre y que vela por su memoria.

No solamente fue una mujer bella y una estrella de cine en aquellos años en que el cine boliviano estaba recién naciendo, sino que también desplegó su creatividad en varias áreas de la cultura. En la década de los 1940s fue pionera en la radio, produciendo el programa “La Hora Femenina” y participando en la fundación de Radio Municipal, donde fue directora artística del programa “Poetas de Bolivia” con la misión de difundir a jóvenes poetas. Fue igualmente la creadora del radio-teatro Kollana donde adaptaba para la radio narraciones de autores bolivianos. 

Matilde tenía una memoria privilegiada desde muy joven, y solía memorizar poemas de numerosos autores bolivianos. Tuvo como mentor a Don Antonio González Bravo, acucioso investigador de la cultura boliviana, aymarólogo, músico y profesor. Me cuenta Gilka Wara que en 1949 su madre presentó en La Paz “Antis Aru”, un recital en aymara con poemas y música de González Bravo: “nunca antes se había visto algo semejante en el Teatro Municipal …” 

Además de las artes, Matilde practicaba deportes, entre ellos esgrima y natación. Quizás esta dedicación y perserverancia prolongaron su vida en buenas condiciones físicas, hasta casi cumplir un siglo de edad.

Fue un amor apasionado el que unió a Matilde Garvía y Augusto Céspedes. Gilka conserva cartas hermosas que ambos intercambiaron. El “Chueco” la llamaba “Machila” y así le dedicó su primer libro: “Para Machila, a la sombra de cuyas pestañas escribí este libro”.

Me dice Gilka que pocos días antes de la muerte de Matilde, tuvo un presagio: “Soñé con Augusto, risueño con su característico sombrero Fedora y su abrigo de vicuña; llevaba en las manos un ramo de rosas rojas.  Yo estaba al lado de mi madre.  Él ni me vio ni me habló, se dirigió a ella y le dio un beso, el beso de los enamorados”. Desde ese momento Gilka Wara supo que Matilde no llegaría a cumplir otro año de vida: “Murió el día 6 de febrero, justo la fecha del cumpleaños de mi padre”.

30 enero 2010

Aleteo de mariposa

El terremoto de Haití me hizo postergar algunas notas que tenía en el tintero. Esta es una de ellas. Pasamos el fin de año 2009 en Valle de Bravo, en el Santuario Piedra Herrada, entre mariposas monarca, de esas que migran por millones desde Canadá y se cuelgan en racimos en los altos árboles de Michoacán y el Estado de México. 

Hay que acercarse con extremo cuidado, y sin hacer ruido para no molestarlas. Los árboles en los que se detienen a descansar muestran enormes racimos negros que se desintegran un fragmentos anaranjados cuando aparece el sol. Si el cielo está nublado las mariposas no se mueven, pero si sale el sol comienzan a alborotarse y vuelan en busca de agua.  Revolotean amistosamente alrededor, exhibiendo su alas de tigre, de un anaranjado intenso con rayas, manchas y círculos negros.

Conocida con el nombre científico Dannaeus Plexippuss, la mariposa monarca realiza cada año la proeza de recorrer cerca de 4 mil kilómetros, de norte a sur y luego de sur a norte. Avanza en su viaje aproximadamente120 kilómetros por día, y tarda por lo tanto 33 días en completar su itinerario. En el camino se alimenta de una planta llamada algodoncillo o lengua de vaca (asclepias), que contiene un alcaloide venenoso para otras especies, pero que a la mariposa monarca la protege de predadores.

En esas mismas asclepias colocan sus huevos, que tardan poco más de una semana en convertirse en orugas que se alimentan de la misma planta para sobrevivir. En ese proceso de crecimiento la oruga cambia de piel cinco veces, luego se fija a una rama y teje en torno a si misma un fino capullo de seda, del cual surgirá más tarde la mariposa, producto de una metamorfosis extraordinaria.

Entre octubre y marzo de cada año las mariposas monarca que llegan de Canadá encuentran en los bosques mexicanos las condiciones ideales para desarrollarse y aparearse a una altitud  de 2.300 a 3.500 metros sobre el nivel del mar. La temperatura, la humedad y la exposición a los rayos solares, les permiten vivir sus cortas vidas en armonía con la naturaleza. Durante unas pocas semanas se instalan en los santuarios mexicanos; cada uno alberga entre 7 millones y 20 millones de mariposas.

La vida de las mariposas es corta, y por ello el largo viaje que hacen resulta tan fascinante, pues en él invierten más de la mitad de su vida. La más longeva de estas mariposas tiene un periodo de vida promedio de 5 semanas en primavera y verano, y hasta de 14 semanas en otoño e invierno.

Las que llegaron para morir no saben que el viaje será sin retorno, que es la siguiente generación de mariposas la que a principios de abril, guiada por un instinto sin duda hereditario, emprenderá el regreso al norte. Los científicos han descubierto que para orientarse durante el viaje estos insectos utilizan un reloj interno y una brújula solar que percibe el ángulo del sol.
 
Frente a este fenómeno extraordinario de la naturaleza, uno no puede dejar de pensar en los equilibrios y desequilibrios ecológicos, y en la tesis del "efecto mariposa" de la teoría del caos: dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes. Una pequeña perturbación inicial, como el aleteo de una mariposa en un punto del planeta, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande que repercuta en cualquier otro punto del planeta. Esto se aplica a sistemas complejos y sensibles, tanto a la meteorología como a la bolsa de valores, que no se pueden predecir con seguridad.

Fue el científico Edward Lorenz, que en 1960 trataba de encontrar un modelo matemático para estudiar el comportamiento de la atmósfera, quien introdujo una fórmula asociando las tres variables de tiempo, velocidad y temperatura del aire.

Qué enorme responsabilidad parece pesar sobre las frágiles alas de las mariposas. Un aleteo de más o uno de menos, y el equilibrio del planeta está en riesgo.

Gracias a las mariposas monarca cerca de 60 mil hectáreas de bosque son ahora una reserva de la biosfera, inscrita por la UNESCO en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Quizás las mariposas no lo saben todavía.



22 enero 2010

Postales de Haiti




En estos días estuve buscando las huellas de Haití en mi vida y las mías en la isla caribeña. Encontré una serie de seis postales que produje el año 1997 en el marco de la celebración del 50 Aniversario de UNICEF. Aunque ya no me gustaba esa organización de Naciones Unidas porque había perdido sus valores esenciales en favor de una burocratización paralizante y de un andamiaje de propaganda que no correspondía a los resultados reales de su actividad, sin  embargo, hasta que mi contrato expirara, trataba de ser creativo, de pensar "fuera de la caja" y de pasar el mayor tiempo posible en el terreno, fuera de las oficinas centrales en Puerto Príncipe.

Es así como con Oldy Joel, asistente audiovisual, camarógrafo y editor (que ahora trabaja en Miami, por lo que no sufrió personalmente las consecuencias del terremoto), emprendimos uno de tantos viajes, esta vez a Mole St. Nicolás, un pequeño puerto fortificado en la costa norte de Haiti, en el mero extremo occidental de la península, a unos 100 kilómetros de la Isla de la Tortuga y de Port-de-Paix.  Allí estaba UNICEF haciendo algo bueno: la instalación de una red de agua potable. Y allí filmamos con Oldy un pequeño documental, el único que dirigí durante mi estadía en Haití: "Sous Lavi" (1996) que en francés significa "Source de Vie" (y en castellano "Fuente de Vida"), el agua, obviamente.

En mayo 1996, cuando hicimos ese viaje, Mole St. Nicolás era un pequeño pueblo de pescadores, infinitamente tranquilo y aislado. Pero su lugar en la historia no es intrascendente: allí desembarcó Cristóbal Colón el 6 de diciembre de 1492, en su primer viaje a este lado del charco. Casi tres semanas más tarde la nao capitana Santa María, la mayor de las tres que hicieron el primer viaje, se hundió en las cercanías de lo que ahora es Mole St. Nicolás, que Colón bautizó como Fuerte Navidad porque con los restos de madera de la nao hizo armar una construcción. El navegante regresó a España llevándose por la fuerza a varias mujeres indígenas, y dejó atrás a 39 hombres que los indios taino mataron en represalia. 

De la presencia francesa en Mole St. Nicolás queda una muralla de piedra sobre el mar, vestigio de lo que fue una fortificación, la Poudriere, construida hacia 1750.  Indica que alguna vez ese lugar fue mucho más importante y poblado.

Mientras filmábamos en Mole St. Nicolás, tomé fotografías de niños, y seleccioné algunas para las postales del 50 Aniversario de UNICEF. Tomé otras en Cap Haitien, en Port-de-Paix.  Ahora miro esas postales y me invade una sensación extraña. ¿Donde están hoy los niños que juegan en la playa en las postales o aquel que me muestra sonriente una caracola de mar, o los dos que comparten una bicicleta en Cap Haitien? En 1996 tenían 6, 8 o 10 años, hoy -14 años más tarde- tendrían 20, 22 o 24 años de edad. ¿Dónde los pilló el terremoto?  ¿Están aún entre los pescadores de Mole St. Nicolas o frente a las casas estilo gingerbread de Cabo Haitiano? Si es así, se habrán salvado. 

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Entre todas las noticias malas que llegan de Haití, veo en CNN Internacional una entrevista con Evelyne Louis-Jacques, que fue mi asistente en UNICEF y me alegra verla viva y sana. Me entero que tiene a su cargo en Carrefour el orfanato Nuestra Señora de la Natividad, que se desplomó sepultando por lo menos a 56 niños, más de 30 están aún desaparecidos y otros se salvaron porque estaban en el patio, jugando con Evelyne.


15 enero 2010

Haití chéri


Trabajé dos años y medio en Haití, entre 1995 y fines de 1997, cuando todavía creía en la sinceridad de UNICEF y en la posibilidad de cambiar algo en ese país. Hoy, al ver los edificios de Port-au-Prince aplastados por el terremoto, cientos de cuerpos inertes en las calles y los brazos y piernas de la gente agitándose debajo de los escombros, no sé si sentir dolor o rabia.

Es un lugar común decir que Haití es el país más pobre del hemisferio, y lo es, aunque en algunas estadísticas compite de cerca con Honduras, Nicaragua y Bolivia. Los males de Haití los enumeran en estos días los diarios y las cadenas de televisión. Es como si el terremoto de 7.0 grados hubiera hecho caer una cortina que mantenía al país escondido de la vista de los demás.

Los relatos dramáticos de que ahora no hay ni electricidad ni agua en Puerto Príncipe, y que los teléfonos no funcionan por el terremoto, tienen un eco irónico para quienes hemos vivido allí: nunca ha habido en realidad un servicio garantizado de electricidad, agua potable, o telefonía.  El Estado ha sido siempre un  pésimo proveedor. En todas las casas de quienes pueden permitírselo hay generadores de electricidad o series de baterías para hacerle frente a los cortes de luz muy frecuentes, que pueden durar dos o tres semanas como si nada. Cada quien tiene que resolver su problema de aprovisionamiento de agua porque la ciudad capital no tienen un servicio decente. Las líneas de teléfono están siempre congestionadas, no necesitan un terremoto para eso.

Estoy convencido de que la peor calamidad de Haití, ayer y hoy, es su clase política gobernante. Papa Doc, Aristide, Cedras o Preval, son la misma cosa desde el punto de vista de la administración del Estado: una desgracia.  Cuando viví en Haití algunos colegas de trabajo decían que las cosas funcionaban mejor en tiempos de Papa Doc, claro, a punta de represión de los tonton macoute. No creo que haya que añorar esos tiempos oscuros del doctorcillo siniestro que se erigió en dictador, pero lo triste es ver que la condición democrática no ha traído mejores resultados al país.

En las actuales circunstancias de tragedia y desolación, el pueblo haitiano es huérfano como siempre.  No tiene gobierno. Todos los corresponsales de medios de difusión presentes en Haití lo dicen: no hay gobierno, no aparece, no está en ninguna parte, no existe.  Pa genyen, en creole.

Veo en los medios de difusión imágenes de lugares conocidos que apenas reconozco. No es difícil reconocer el Palacio de Gobierno cuando uno ve esa torta de merengue aplastada que muestra la televisión, pero en cambio en el desorden de escombros del Hotel Montana o de la calle Delmas, me cuesta recobrar la memoria de esos y otros lugares en los que estuve tantas veces.

Pienso en algunos amigos haitianos, de quienes no he podido saber todavía. Pienso en Arnold Antonin, el cineasta y director del Centro Petion-Bolívar. Pienso en Gary Víctor, el narrador y novelista.  Pienso en mis colegas de entonces en UNICEF: Claudette, Evelyne, Monique, Colette, Joel, Dominique, el grupo de teatro popular...  Pienso también en Gérard Barthelemy, quien si viviera estaría sufriendo por ese Haití que adoptó con el intelecto y el corazón.  Y en Tiga, Wilson Bigaud, Prefet Duffaut, Alexandre Gregoire, Andre Pierre y otros grandes artistas que conocí, algunos ya fallecidos.  Pienso en Mimi Barthelemy, la escritora, quien desde  París seguirá angustiada las noticias de su país natal.

No cabe duda de que hay una falla geológica que atraviesa Haití a pocos kilómetros de Port-au-Prince, pero hay también una falla humana incomprensible en la clase política del pequeño país caribeño. 

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Posdata: Finalmente pude hablar con mi amigo Arnold Antonin; él y su familia están bien.




07 enero 2010

Articulando

Queriendo sin querer, se publicaron durante el año 2009 más de 50 artículos que escribí para publicaciones de América Latina, pero no solamente. De algunas ya he dado cuenta en las notas de esta bitácora, otras  no han sido mencionadas todavía.

Mis colaboraciones con la revista quincenal boliviana Nueva Crónica son las más regulares: nueve en 2009.  En los últimos números del año se publicaron mis artículos "La Aplanadora" (número 52), "Las mitologías de Guglielmone" (49), "Guatemala es una vergüenza" (48), así como un diálogo con Humberto Vacaflor sobre censura de prensa y un comentario sobre el documental "Tentayape" de Roberto Alem (51). Nueva Crónica ha cumplido 27 meses de existencia con 52 números bien nutridos por columnistas y analistas y excelentemente ilustrados por artistas bolivianos de primera línea.

Sigo publicando en Bolpress, sobre todo comentarios sobre la política boliviana, aunque no únicamente. Este año se sumaron 24 artículos, en los meses recientes marcados por un nuevo clímax electoral, Bolpress ha recogido textos míos relacionados con las candidaturas presidenciales, pero también sobre el golpe militar en Honduras, las elecciones uruguayas o la hambruna en Guatemala. Bolpress ya no es lo que era hace un par de años, ha perdido calidad, pero seguimos apoyando el proyecto.


Una excelente revista mexicana publica mis colaboraciones desde el 2006: etcétera -que dirige Marco Levario Turcot- de cuyo Consejo Editorial soy miembro junto a colegas y amigos que aprecio como José Márques de Melo, Jesús Martín Barbero, Antonio Pasquali, Armand Mattelart, Néstor García Canclini, entre otros. Este año etcétera publicó: "Hay democracia en internet?", "Mandarinas y Limones", e "Identidad de las radios comunitarias". Disfruto etcétera como lector, por sus artículos sobre los medios y la política en México, y en particular por su estupendo diseño. Las portadas son cada vez un regalo, y atesoro la colección -incompleta- de la revista.

En Zócalo, otra revista mexicana de comunicación con un perfil independiente, que dirige Carlos Padilla Ríos, se publicó una entrevista sobre la "Antología de Comunicación para el Cambio Social".  Finalmente, hay en México una revista con vocación latinoamericana, Archipiélago -que dirige Carlos Véjar Pérez Rubio. Allí se publicó en el número 65 -especial sobre el bicentenario de Quito- un texto mío sobre Jorgenrique Adoum, que tanta falta nos hace. El anterior número, el 64, estuvo dedicado a Bolivia por el bicentenario de las acciones libertarias.

En Argentina, Página 12 en su sección "Ventana" que se publica los miércoles bajo la dirección de Washington Uranga, ha recogido tres o cuatro textos míos además de un comentario de Morelis Gonzalo sobre la "Antología de Comunicación para el Cambio Social".


Después de 25 años volví a colaborar con el servicio features en castellano de la Agencia Alemana de Prensa (DPA) que dirige mi colega y amigo "Gato" Salazar en Madrid, con artículos de temas culturales: el pintor y arquitecto guatemalteco Efraín Recinos, el acuarelista boliviano Ricardo Pérez Alcalá, el escritor ecuatoriano Jorgenrique Adoum, la pintora argelina Fatiha Rahou, el movimiento indígena latinoamericano, y el Plan Ceibal en Uruguay. La ventaja de este servicio de la DPA es que se distribuye y publica en varias decenas de periódicos y revistas de la región.


Ya di cuenta en otra nota del blog sobre el número especial de la revista Chasqui sobre Luis Ramiro Beltrán, donde aparece mi texto "Semblanza de un comunicador vanguardista". Chasqui, que se publica en Ecuador, es la revista de CIESPAL y ya llegó a su número 105, toda una historia.

En Gran Bretaña, la revista de Oxfam, Development in Practice publicó un número especial sobre la comunicación ciudadana, que coordiné junto a mis colegas Jethro Pettit y Juan Francisco Salazar. Allí aparece un texto introductorio con la firma de los tres, y además mi artículo "Playing with fire: power, participation, and communication for development". Daré cuenta en detalle sobre esta publicación en una próxima nota de este blog.

Varios libros publicados durante 2009 recogen colaboraciones mías, y no quiero dejar de mencionarlos aunque ya di o daré cuenta de ellos en detalle. El libro de Paulo Antonio Paranagua sobre el nuevo cine documental latinoamericano, "Miradas desinhibidas", recoge mi texto sobre "Inal Mama, sagrada y profana", de Eduardo "Chichizo" López, documental que aborda el tema de la hoja de coca y la cocaína desde varias perspectivas.

Un largo texto, "Modelo estratégico de comunicación para el cambio social y el desarrollo", se publicó en el libro de Sandra Hebe Massoni y Rafael Alberto Pérez (eds) "Hacia una teoría general de la estrategia: el Cambio del Paradigma en el Comportamiento Humano, la Sociedad y las Instituciones" (Editorial Ariel, Barcelona).

Mi cuento "Interior mina" fue incluido por Gaby Vallejo en la antología "Profundidad de la memoria", que publicó en Venezuela la Editorial Monte Ávila, con un tiraje respetable de cuatro mil ejemplares y la promesa de hacer otras cuatro impresiones del mismo número de ejemplares, hasta totalizar 20 mil. Todavía no recibí los que me corresponden como autor, pero cuando me lleguen diré más sobre ese libro.

Pierdo cuenta de otros textos sueltos. Salió algo en Canalé, la revista especializada en comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Y también en Bolivia, en Cuarto Intermedio, la revista de los jesuitas. Y una entrevista en Signo & Pensamiento, de la Universidad Javeriana de Bogotá, en Colombia. Probablemente tres o cuatro cosas más que no recuerdo en este instante.