26 marzo 2010
La hora del planeta
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Alfonso Gumucio
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4:41 p.m.
20 marzo 2010
Empacho de cine en Guadalajara
Guadalajara en un llano, México en una laguna… Dejé la laguna seca del Distrito Federal para trasladarme durante ocho días a Guadalajara y espinarme la mano con la tuna del cine en el 25 Festival Internacional de Cine.
El festival cumplió 25 años, de modo que se vistió de gala para la ocasión. Cada noche en el gigantesco Teatro Diana de la ciudad había entrega de reconocimientos (a Matt Dillon, a Agnes Varda y a María Rojo, entre otros) y la proyección de alguna película extraordinaria, a veces en estreno mundial. Y durante todo el resto del día, varios centenares de películas, cortas y largas, documentales y de ficción, que se exhibían simultáneamente en una docena de salas de cine de la ciudad.
En las mañanas teníamos proyecciones especiales para la prensa, los críticos de cine y los miembros de los jurados. Estas proyecciones sin público fueron las mejores para mi, ya que los asistentes se comportaban civilizadamente, mientras que en las proyecciones para todos no faltaron quienes creyéndose en un estadio o en un circo, no paraban de comer palomitas de maíz como roedores, de usar sus celulares o de hablar. El comportamiento poco civilizado del público deja mucho que desear.
Mi menú en estas jornadas no consistió en palomitas de maíz con olor a mantequilla rancia, sino títulos tan estimulantes como Las buenas hierbas de la mexicana María Novaro, La Yuma de la nicaragüense Florence Jaugey, Retratos en un mar de mentiras del colombiano Carlos Gaviria o Rompecabezas de la argentina Natalia Smirnoff. No me equivoqué en mi selección pues recibieron sendos premios. Ojalá que lleguen a las pantallas comerciales, para bien del público que se intoxica con tanta porquería.
Disfruté como todos la gala de estreno del documental Seguir Siendo: Café Tacvba, sobre el grupo musical mexicano que apenas levantarse la pantalla apareció detrás para brindar un concierto apoteósico. Parecía que los balcones del teatro iban a ceder de tanto que cimbraban con centenares de personas saltando al unísono y cantando de memoria la canciones. Sólo un vocalista con el don de multitudes como Rubén Albarrán puede lanzarse sobre su público y salir indemne luego de dar una vuelta completa de la platea, sobre los brazos de todos, y sin dejar de cantar.
Me dio gusto durante el festival encontrar a colegas bolivianos como Juan Carlos Valdivia, cuya película más personal, Zona Sur, fue premiada y muy bien recibida. También estuve con Rodrigo Bellot, cuya carrera como director de casting en Nueva York va viento en popa; y con Karina Oroza y Ramiro Fierro, en busca de producción para sus proyectos.
Zona Sur fue una de las películas más premiadas del festival, pues recibió el Premio Especial del Jurado, el Premio al Mejor Guión –escrito por el mismo Valdivia- así como el Premio al Mejor Actor (compartido) otorgado a Pascal Loayza.
Carlos Gaviria, cineasta de Colombia con el que hicimos buenas migas durante el festival, fue galardonado por su largometraje Retratos en un mar de mentiras, excelente relato sobre los desplazados de guerra en su país. Obtuvo el Premio a la Mejor Película, a la Mejor Actriz (compartido) por la actuación de Paola Baldión y un premio paralelo de Latinofusión, de apoyo a la distribución internacional del film.
Mi amiga la cineasta mexicana Lillian Liberman presentó el documental Visa al paraíso, donde reconstruye meticulosamente el episodio ejemplar de Gilberto Bosques, cónsul de México en Marsella durante la Segunda Guerra Mundial, quien ayudó a más de 40 mil familias perseguidas por los nazis y los fascistas de Franco, a viajar a México como asilados.
Varios otros documentales me impresionaron, por ejemplo Pecados de mi padre, de Nicolás Entel, donde se narra el proceso de reconciliación entre Sebastián Marroquín (hijo del narcotraficante Pablo Escobar), y los hijos de Rodrigo Lara Bonilla y de Luis Carlos Galán, que fueron asesinados por órdenes de Escobar. Sebastián Marroquín apareció al finalizar la proyección y me pareció un hombre sincero y con vocación de paz, una víctima más de su padre.
Por lo demás, encontré a amigos que no he visto en muchos años. A Jorge Sánchez, actual Director General del festival (aunque el último día anunció que se va), y a Paul Leduc, realizador de películas tan hermosas como Frida o México Insurgente, no los veía desde mediados de los años 1980s (¡25 años!), lo mismo que al panameño Edgar Soberón Torchía, quien hoy es Director de Cultura en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba y a Chacho Leon Frías, crítico de cine que dirigió una de las grandes revistas especializadas "Hablemos de Cine".
No me fui de Guadalajara sin antes visitar los murales de Orozco en el Hospicio Cabañas, y sin comer en la avenida Chapultepec tacos de labio, de cabeza, de lengua y de cachete o carnaza. No tuve todavía el espíritu para entrarle a los tacos de ojo, de seso y de hueso, pero pensé mucho en mis dos carnales que no tienen freno para esas cosas, Ricardo Pérez Alcalá y Ramón Rocha Monroy.
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Alfonso Gumucio
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1:54 p.m.
11 marzo 2010
Cuarto Intermedio 91
Finalmente recibí mis ejemplares de la revista boliviana Cuarto Intermedio, que tiene más de veinte años de vida y casi un centenar de números publicados. La edita trimestralmente la Compañía de Jesús, como “una pausa para la reflexión, el diálogo, la lectura y la búsqueda de caminos de solución”. Su consejo editorial está integrado por Xavier Albó, Carmen Beatriz Ruiz, Claudia Peña y Francisco Dardichon, mientras que la dirección está a cargo de Edgar Dávalos, asistido en la coordinación por Luz Ordóñez y Alejandra Jaldín.
En el número 91, cuya portada recoge el tema “La comunicación más allá de la información”, se publica un texto mío titulado “La comunicación que no se entiende”, en el que abordo algunos temas que han estado en el centro de mis preocupaciones en los últimos años, y en particular la confusión entre comunicación e información, y los retos pendientes para legitimar la comunicación como proceso, muy diferente de la información como cadena de mensajes.
En este mismo número hay un texto de Carlos D. Mesa Gisbert sobre el bicentenario, otro de Xavier Albó sobre las autonomías indígena originarias, y otro de Víctor Codina sobre la crisis de las mediaciones, además de tres comentarios de José Luis Aguirre Alvis, Gabriela Orozco Ruiz y Hernán Cabrera sobre el proyecto del Código Nacional de Ética Periodística.
Entre tanto, mientras yo esperaba que me enviaran los ejemplares, salió ya el número 92. En su portada anuncia: “Mujeres: Miradas desde la literatura y la teología”, pero curiosamente los textos sobre la temática central están escritos todos por varones.
Lamentablemente los textos de Cuarto Intermedio no están disponibles en la red, pero para quienes quieran tomarse el trabajo de pedir ejemplares de la revista, pueden hacerlo a través de la Fundación Social Uramanta, por correo electrónico o a esta dirección: Casilla 2152, Cochabamba, Bolivia.
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Alfonso Gumucio
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7:50 p.m.
26 febrero 2010
El origen del mole poblano
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Alfonso Gumucio
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10:54 a.m.
17 febrero 2010
Development in Practice
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Alfonso Gumucio
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5:59 a.m.
12 febrero 2010
Matilde Garvía (1911-2010)
Recuerdo, detrás de la terraza donde nos tomamos una foto juntos, un jardín de invierno, los árboles secos, deshojados, el cielo gris plomizo y la tierra cubierta por el cobre de las hojas muertas.
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Alfonso Gumucio
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2:01 p.m.
30 enero 2010
Aleteo de mariposa
Hay que acercarse con extremo cuidado, y sin hacer ruido para no molestarlas. Los árboles en los que se detienen a descansar muestran enormes racimos negros que se desintegran un fragmentos anaranjados cuando aparece el sol. Si el cielo está nublado las mariposas no se mueven, pero si sale el sol comienzan a alborotarse y vuelan en busca de agua. Revolotean amistosamente alrededor, exhibiendo su alas de tigre, de un anaranjado intenso con rayas, manchas y círculos negros.
Conocida con el nombre científico Dannaeus Plexippuss, la mariposa monarca realiza cada año la proeza de recorrer cerca de 4 mil kilómetros, de norte a sur y luego de sur a norte. Avanza en su viaje aproximadamente120 kilómetros por día, y tarda por lo tanto 33 días en completar su itinerario. En el camino se alimenta de una planta llamada algodoncillo o lengua de vaca (asclepias), que contiene un alcaloide venenoso para otras especies, pero que a la mariposa monarca la protege de predadores.
En esas mismas asclepias colocan sus huevos, que tardan poco más de una semana en convertirse en orugas que se alimentan de la misma planta para sobrevivir. En ese proceso de crecimiento la oruga cambia de piel cinco veces, luego se fija a una rama y teje en torno a si misma un fino capullo de seda, del cual surgirá más tarde la mariposa, producto de una metamorfosis extraordinaria.
La vida de las mariposas es corta, y por ello el largo viaje que hacen resulta tan fascinante, pues en él invierten más de la mitad de su vida. La más longeva de estas mariposas tiene un periodo de vida promedio de 5 semanas en primavera y verano, y hasta de 14 semanas en otoño e invierno.
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Alfonso Gumucio
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2:33 a.m.
22 enero 2010
Postales de Haiti
Es así como con Oldy Joel, asistente audiovisual, camarógrafo y editor (que ahora trabaja en Miami, por lo que no sufrió personalmente las consecuencias del terremoto), emprendimos uno de tantos viajes, esta vez a Mole St. Nicolás, un pequeño puerto fortificado en la costa norte de Haiti, en el mero extremo occidental de la península, a unos 100 kilómetros de la Isla de la Tortuga y de Port-de-Paix. Allí estaba UNICEF haciendo algo bueno: la instalación de una red de agua potable. Y allí filmamos con Oldy un pequeño documental, el único que dirigí durante mi estadía en Haití: "Sous Lavi" (1996) que en francés significa "Source de Vie" (y en castellano "Fuente de Vida"), el agua, obviamente.
En mayo 1996, cuando hicimos ese viaje, Mole St. Nicolás era un pequeño pueblo de pescadores, infinitamente tranquilo y aislado. Pero su lugar en la historia no es intrascendente: allí desembarcó Cristóbal Colón el 6 de diciembre de 1492, en su primer viaje a este lado del charco. Casi tres semanas más tarde la nao capitana Santa María, la mayor de las tres que hicieron el primer viaje, se hundió en las cercanías de lo que ahora es Mole St. Nicolás, que Colón bautizó como Fuerte Navidad porque con los restos de madera de la nao hizo armar una construcción. El navegante regresó a España llevándose por la fuerza a varias mujeres indígenas, y dejó atrás a 39 hombres que los indios taino mataron en represalia.
Mientras filmábamos en Mole St. Nicolás, tomé fotografías de niños, y seleccioné algunas para las postales del 50 Aniversario de UNICEF. Tomé otras en Cap Haitien, en Port-de-Paix. Ahora miro esas postales y me invade una sensación extraña. ¿Donde están hoy los niños que juegan en la playa en las postales o aquel que me muestra sonriente una caracola de mar, o los dos que comparten una bicicleta en Cap Haitien? En 1996 tenían 6, 8 o 10 años, hoy -14 años más tarde- tendrían 20, 22 o 24 años de edad. ¿Dónde los pilló el terremoto? ¿Están aún entre los pescadores de Mole St. Nicolas o frente a las casas estilo gingerbread de Cabo Haitiano? Si es así, se habrán salvado.
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Alfonso Gumucio
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2:06 a.m.
15 enero 2010
Haití chéri
Es un lugar común decir que Haití es el país más pobre del hemisferio, y lo es, aunque en algunas estadísticas compite de cerca con Honduras, Nicaragua y Bolivia. Los males de Haití los enumeran en estos días los diarios y las cadenas de televisión. Es como si el terremoto de 7.0 grados hubiera hecho caer una cortina que mantenía al país escondido de la vista de los demás.
En las actuales circunstancias de tragedia y desolación, el pueblo haitiano es huérfano como siempre. No tiene gobierno. Todos los corresponsales de medios de difusión presentes en Haití lo dicen: no hay gobierno, no aparece, no está en ninguna parte, no existe. Pa genyen, en creole.
Pienso en algunos amigos haitianos, de quienes no he podido saber todavía. Pienso en Arnold Antonin, el cineasta y director del Centro Petion-Bolívar. Pienso en Gary Víctor, el narrador y novelista. Pienso en mis colegas de entonces en UNICEF: Claudette, Evelyne, Monique, Colette, Joel, Dominique, el grupo de teatro popular... Pienso también en Gérard Barthelemy, quien si viviera estaría sufriendo por ese Haití que adoptó con el intelecto y el corazón. Y en Tiga, Wilson Bigaud, Prefet Duffaut, Alexandre Gregoire, Andre Pierre y otros grandes artistas que conocí, algunos ya fallecidos. Pienso en Mimi Barthelemy, la escritora, quien desde París seguirá angustiada las noticias de su país natal. ------
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Alfonso Gumucio
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2:00 p.m.
07 enero 2010
Articulando
Queriendo sin querer, se publicaron durante el año 2009 más de 50 artículos que escribí para publicaciones de América Latina, pero no solamente. De algunas ya he dado cuenta en las notas de esta bitácora, otras no han sido mencionadas todavía.
Mis colaboraciones con la revista quincenal boliviana Nueva Crónica son las más regulares: nueve en 2009. En los últimos números del año se publicaron mis artículos "La Aplanadora" (número 52), "Las mitologías de Guglielmone" (49), "Guatemala es una vergüenza" (48), así como un diálogo con Humberto Vacaflor sobre censura de prensa y un comentario sobre el documental "Tentayape" de Roberto Alem (51). Nueva Crónica ha cumplido 27 meses de existencia con 52 números bien nutridos por columnistas y analistas y excelentemente ilustrados por artistas bolivianos de primera línea.
Sigo publicando en Bolpress, sobre todo comentarios sobre la política boliviana, aunque no únicamente. Este año se sumaron 24 artículos, en los meses recientes marcados por un nuevo clímax electoral, Bolpress ha recogido textos míos relacionados con las candidaturas presidenciales, pero también sobre el golpe militar en Honduras, las elecciones uruguayas o la hambruna en Guatemala. Bolpress ya no es lo que era hace un par de años, ha perdido calidad, pero seguimos apoyando el proyecto.
En Zócalo, otra revista mexicana de comunicación con un perfil independiente, que dirige Carlos Padilla Ríos, se publicó una entrevista sobre la "Antología de Comunicación para el Cambio Social". Finalmente, hay en México una revista con vocación latinoamericana, Archipiélago -que dirige Carlos Véjar Pérez Rubio. Allí se publicó en el número 65 -especial sobre el bicentenario de Quito- un texto mío sobre Jorgenrique Adoum, que tanta falta nos hace. El anterior número, el 64, estuvo dedicado a Bolivia por el bicentenario de las acciones libertarias.
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Alfonso Gumucio
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11:34 p.m.




























