25 septiembre 2016

Poeta de papel

El lunes 19 de septiembre presenté en la Cinemateca Boliviana un nuevo libro de poemas y se inauguró una muestra de 100 dibujos que aparecen en el libro. En realidad la presentación de Poeta de papel la hizo Matilde Casazola, y yo hablé sobre todo de los artistas que dibujaron para el libro.

Fue un día especial también por una razón familiar y es que hoy 19 de septiembre 2016, cumplía siete años de vida Milena, una de mis nietas, y el libro está dedicado a mis cuatro nietos. De hecho, Patricia Mariaca eligió dibujar el poema “Crevette” que habla del nacimiento de Gabriel, el mayor de mis nietos.

Hace 26 años mi libro Sentímetros fue la primera experiencia de colaboración con artistas plásticos. Entonces fueron once, entre ellos cinco grandes que ya pasaron al otro lado del espejo: Raúl y Gustavo Lara, Walter Solón Romero, Pedro Portugal y mi querida amiga de Argelia, Fatiha Rahou.

Poeta de papel, mi sexto poemario, apela otra vez al diálogo con artistas. Esta vez son veinte, de lo mejor que tiene Bolivia, cada quien con su estilo, su técnica y su calidad humana. El proceso fue igual: cada artista eligió cinco poemas y dibujó lo que los versos le decían al oído.

Luis Zilveti: Ciudada rota
Es indispensable mencionar a quienes que se unieron a la aventura, como Luis Zilveti con quien mantengo una amistad que comenzó en París a principios de la década de 1970. Zilveti diseñó el cartel de mi largometraje Señores Generales, Señores Coroneles (1976), hizo también algunos dibujos para mi libro Bolivie (Le Seuil, 1981), así como la tapa de la primera edición de Cine, censura y exilio en América Latina (1979), además de ser uno de los once artistas que dibujaron en mi libro Sentímetros (1990). Su colaboración más importante conmigo son los 51 dibujos que hizo para Cruentos (2012), y ahora cinco dibujos más para Poeta de papel. En su estudio en París, donde lo he visitado muchas veces, lo retraté para mi serie “Retrato hablado” y esa foto fue la tapa de uno de sus catálogos.

Alejandro Salazar: Escrito en un bus
Hay otros dos artistas que dibujaron hace casi tres décadas en Sentímetros (1990) y que ahora han vuelto a reincidir: Alejandro Salazar y David Darío Antezana. Alejandro (conocido por sus cartones políticos como Al-azar) contribuyó, además, con el dibujo y diseño de la tapa de Las radios mineras de Bolivia (1989), libro que coordiné con Lupe Cajías y que fue el primero sobre el tema de las emisoras de los trabajadores mineros sindicalizados. David Darío es otro reincidente en este libro, nos une desde hace años la amistad que forjó con Ricardo Pérez Alcalá, muy amigo de Gíldaro, su padre.
                                              
Lorgio Vaca: Rómulo y Roma
Cochabamba está bien representada con David Darío Antezana y con Gonzalo Ribero, como lo está Oruro con Erasmo Zarzuela y Santa Cruz con Ejti Stih y con Lorgio Vaca. Lorgio es otro amigo de larga data con quien hemos compartido momentos e ilusiones en su tierra y en París. No fue fácil involucrar a Lorgio en Poeta de papel porque andaba reconstruyendo uno de sus murales más emblemáticos, el del parque de El Arenal, pero a tanta insistencia mía cedió generosamente.

No es la primera vez que Ejti Stih colabora conmigo, lo hizo antes con una bella portada para el libro Políticas y legislación para la radio local en América Latina (2010), que coordiné junto a Karina Herrera-Miller.

Carmen Perrin: Para mí 
Además de Luis Zilveti, los dibujos de dos artistas que han desarrollado su actividad creativa fuera de Bolivia enriquecen Poeta de papel

Carmen Perrin tiene amplio reconocimiento por su obra en Suiza y otros países de Europa. Tuve el privilegio de escribir la introducción del catálogo de su muestra retrospectiva, “Entrar afuera, salir adentro”, que alojó durante  varios meses la Casa de América Latina, en París. El otro artista que se ha establecido fuera de Bolivia con mucho éxito es Fernando Rodríguez Casas, quien contribuyó con dibujos que destacan por su gran formato.

Patricia Mariaca: Entre espinas 
A Carlos Villagómez también me une una historia de colaboraciones, puesto que ha diseñado las tapas de la segunda edición de La máscara del gorila (1984), de Conservación, desarrollo y comunicación (1990), de Sentímetros (1990) y del catálogo de mi muestra fotográfica “Retrato hablado”. Algo similar sucede con Guiomar Mesa, quien fue también cómplice como diseñadora de varias de mis aventuras editoriales, aunque esta es la primera vez que contribuye con sus dibujos.

Mis caminos y los de Patricia Mariaca coincidieron en Guatemala y en Bolivia, donde escribí la presentación del catálogo de su muestra “Espejismos nómadas”. Patricia es una artista de actividad incesante, que ha exhibido su obra en todos los países en los que ha vivido.

Marcos Loayza: Lo pequeño es hermoso
No menos activas y productivas son Gilka Wara Libermann y Roxana Hartmann, no hay día que no pinten o dibujen, como lo han hecho para este libro. Y lo mismo sucede con
Marcos Loayza y Javier Fernández que dibujan compulsivamente y me ofrecieron la posibilidad de escoger entre tres o cuatro dibujos para cada poema, poniéndome en el aprieto de elegir.

Mauricio Bayro respondió con entusiasmo a la invitación y en muy breve tiempo entregó sus dibujos, lo mismo que Marco Tóxico, formidable artista del grabado, y
José Ballivián, fino dibujante cuyo trabajo se inscribe en la escuela de Rodríguez Casas.

La verdadera discípula de Ricardo Pérez Alcalá es también parte de este libro. Mónica Rina Mamani llegaba casi todos los días desde El Alto para ver pintar a Ricardo y aprender de él. Domina como su maestro la técnica de acuarela sobre tabla recubierta de yeso, y como él deja volar su imaginación. Aunque Ricardo no dibujó en Poeta de papel, es el autor del cuadro de la tapa, titulado “Bajo la sombra del vapor de la sangre”. Del mismo modo Sentímetros lleva en la tapa un cuadro suyo. Con Ricardo tuvimos una fecunda amistad, en Bolivia y en México.

Ricardo Pérez Alcalá: Bajo la sombra del vapor de la sangre 
Plural ha publicado ocho títulos míos. Poeta de papel es el más reciente (pero no el último), lo cual me place enormemente por la amistad que me une a José Antonio Quiroga, el director de esa casa editorial.

Algo similar me pasa con la Cinemateca Boliviana. En sus salas se han organizado entregas de mis libros, se han proyectado mis películas y he participado en numerosos eventos. En su biblioteca y centro de documentación deposité mis colecciones de revistas de cine y más recientemente todos mis libros sobre cine. La amistad que me une a Mela Márquez, Elizabeth Carrasco, Claudio Sánchez y a todo equipo de la Cinemateca, crece con cada nuevo evento.

La muestra de dibujos que acompañó la presentación del libro no hubiera podido colgarla yo solo sin ayuda de Carmen Perrin y Guy Limone, dos artistas de amplia trayectoria en Europa, que invirtieron en la exposición su cariño y dedicación. A principios del 2018 ambos expondrán en el Museo Nacional de Arte.



Hay una frase de Octavio Paz que me refleja: "He escrito y escribo movido por impulsos contrarios: para penetrar en mí y para huir de mí, por amor a la vida y para vengarme de ella, por ansia de comunión y para ganarme unos centavos, para preservar el gesto de una persona amada y para conversar con un desconocido, por deseo de perfección y para desahogarme, para detener el instante y para echarlo a volar”.

Coincido con Paz, salvo en eso de los centavos, que nunca he visto. Creo que la poesía me escribe y se hace en los lectores. Cada quien dibujará en su cabeza los poemas.
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Soy prisionero de este
cuadrilátero vertical de nieve,
podría quizás escapar
desplegando este verso más allá del margen
decapitar la última palabra
en el filo del abismo
aunque inexorablemente
de esta cárcel sin muros no puede huir
un triste poeta de papel.
—Alfonso Gumucio Dagron


23 septiembre 2016

Periodistas detectives

El diario Página Siete, en el que escribo regularmente como columnista de opinión y además sobre temas de cine y arte, me invitó a presentar en la 21 Feria Internacional del Libro de La Paz, el libro El caso CAMC. La ruta del dragón chino en Bolivia, sobre el tráfico de influencias en la atribución, plagada de irregularidades, de contratos por más de quinientos millones de dólares a la empresa china CAMC. Este es el texto que leí y que fue publicado en el suplemento "Ideas" del diario el domingo 18 de septiembre. 


Cuando tenía diez años de edad quería ser detective, como los personajes de Agatha Christie. Junto a dos queridos vecinos fundamos un “club de detectives”, nos reuníamos en secreto alrededor de una candela dentro de una caja de madera y uno de nuestros bienes más preciados era un maletín de investigador con lo necesario para obtener huellas dactilares y otras pistas de algún crimen imaginario. Quizás desde entonces la investigación social e histórica me ha interesado, como lo he demostrado en algunos de mis libros.

Como cronista independiente que opina al margen de partidos y estructuras políticas, siento una profunda admiración por los colegas que le dedican días, semanas o meses a seguir una veta de investigación hasta llegar al tesoro escondido. Un tesoro que no siempre brilla por sus virtudes sino que puede destilar mal olor por aquello que ha sido escondido del conocimiento público.

El periodismo de investigación es a la vez un desafío frente al poder y un riesgo para quienes lo ejercen. Hay casos a nivel mundial de periodistas exiliados o asilados por el solo hecho de dar a conocer a la ciudadanía lo que los gobiernos querían esconder.

Es muy difícil hacer periodismo de investigación con un gobierno que no es transparente como el de Bolivia. Pero a la vez, nada más desafiante para un periodista, que puede seguir pistas casi secretas y revelar lo que unos quieren ocultar y otros quieren conocer.

Manuel Filomeno, Pablo Peralta, Hugo del Granado, Juan Carlos Salazar
Alfonso Gumucio y Carla Hannover
El periodismo de investigación es doblemente difícil porque nuestros periodistas no están formados en esa línea (tengo ganas de decir que no están formados, a secas, porque carecen incluso de cultura general) y porque los medios carecen de recursos para apoyar investigaciones que pueden durar varios meses. En Bolivia la investigación periodística depende de la motivación individual y del apoyo de los jefes de redacción y directores. 

En el caso de Página Siete no me queda la menor duda. Conozco a Juan Carlos Salazar desde hace varias décadas, hemos compartido en el exilio momentos de entrañable solidaridad, y su enorme experiencia internacional lo ha llevado a valorar e impulsar un periodismo responsable que trata de llegar al fondo de los temas. Esto es un gran logro en un país donde el periodismo se ha convertido en la mera reproducción de boletines oficiales o el copiado de noticias de internet, muchas veces sin siquiera citar la fuente.

Hacer periodismo de investigación en Bolivia es como rastrear las huellas de un ave en el cielo. No es nada fácil, porque no existe una ley de acceso a la información que permita, por ejemplo, desclasificar los archivos de las dictaduras militares, cuando todos los países de la región lo han hecho y ello ha permitido juzgar a los autores de crímenes de lesa humanidad. Y cuando existe una ley que parecía buena, como la que sanciona la discriminación y el racismo, el gobierno la usa para chantajear y para perseguir a quienes critican la corrupción, el tráfico de influencias y el manejo doloso de los bienes públicos. 

En la gestión de la cosa pública, ningún otro gobierno democrático anterior, había establecido como ahora contratos del Estado por decisión (o capricho) presidencial sin estudios de factibilidad, sin análisis de costos, sin licitaciones públicas (o licitaciones amañadas), y sin debate con la ciudadanía.

Evo Morales en traje espacial, celebrando en China su satélite
Desde un satélite de 340 millones de dólares (comprado a una empresa privada china) hasta los contratos con la CAMC, todo se hace sin transparencia, sin rendir cuentas a los ciudadanos. Los contratos directos que antes eran mecanismos de excepción, se han convertido en la norma. Y ya que se han eliminado todos los mecanismos de control del Estado, lo que tenemos es un autoritarismo tajante que impone decisiones, en el mejor estilo del totalitarismo político.

Por ese anhelo que tenemos de conocer aquello que el poder nos niega a los ciudadanos, nos entusiasman aquellas películas que hablan de los grandes periodistas de investigación, verdaderos héroes que a veces en contra del verticalismo de sus propios medios, en contra de las presiones del poder político y en contra de las empresas privadas que los presionan y amenazan, logran revelar aquello que parecía una locura, un despropósito pero que se revela como una burla grotesca del poder. 

Ahí están esas películas reveladoras no solamente del periodismo de investigación, sino de la ética periodística en general: Los hombres del presidente (1976), sobre Watergate, Spotlight (2015) sobre los abusos sexuales en la iglesia católica, Maten al mensajero (2014) sobre las intervenciones de la CIA en Nicaragua, El síndrome chino (1979) sobre los riesgos de la energía nuclear, para no citar sino algunas producidas en Estados Unidos, que nos hacen soñar con un mundo con gobiernos más transparentes y menos mentirosos.

El historial de corrupción de las empresas chinas no solamente en China y no solo en América Latina, sino también en África y Asia, constituye un prontuario vergonzoso. Lo que menos les interesa a China en su ambiciosa política de expansión económica es el cuidado de la ética y de la responsabilidad social. Lo que más le interesa es dominar la economía mundial para mantener su propio crecimiento, y para ello nunca faltan gobiernos corruptos que con cañonazos de millones de dólares a las personas adecuadas, apoyan esos objetivos de dominación. La ruta del dragón chino en Bolivia es por ello importante, porque sigue las pistas más difíciles de seguir, para armar la trama completa del tejido del tráfico de influencias y de la corrupción. En sus capítulos sobre los contratos y las polémicas adjudicaciones de perforadoras de petróleo, del proyecto Misicuni, de Bulo Bulo y de San Buenaventura, muestra de manera incontestable que el gobierno boliviano está corrompido desde los más altos niveles.

El conflicto de intereses privados y públicos salta a la vista y solo puede ser explicado por el verticalismo autoritario que considera al país una hacienda feudal donde el gobierno puede hacer lo que quiera y con quien quiera, sin rendición de cuentas.

Juan Carlos Salazar, Alfonso Gumucio y Carla Hannover
Los datos hablan por sí mismos, pero el análisis realizado por los periodistas Carla Hannover, Manuel Filomeno y Pablo Peralta nos permite despejar las cortinas de humo y ver lo que se esconde detrás. Es importante que se haya reunido en un solo libro las cinco separatas que oportunamente nos fueron manteniendo al tanto de las verdades sobre el tráfico de influencias en el caso CAMC, porque ahora tenemos un documento consolidado que nos ofrece la foto completa… hasta donde se ha podido investigar, porque sabemos que cuando se devele toda la verdad del tráfico de influencias, la opinión pública sabrá recién cuánto quisieron escondernos.

El libro no hace sino subrayar las contradicciones de los personeros el gobierno, enredados en mentiras que los arrastran en una espiral que mella no solamente sus propia imagen sino la dignidad de todos los bolivianos. Tiene la virtud de atar cabos, de relacionar informaciones, para armar el rompecabezas completo. Es un libro serio, honesto y equilibrado, que recoge tanto las versiones del gobierno como los cuestionamientos de expertos.

La falta de transparencia de este régimen solo tiene parangón en las dictaduras militares. La CAMC insulta a los bolivianos con el aval del gobierno. Nos toman a todos por imbéciles. Cuando los periodistas fueron a las oficinas de la CAMC para pedir información, no los dejaron entrar con el argumento de que adentro solo había chinos que no hablaban castellano. Y el embajador chino dice que no sabe nada de esa empresa estatal… O sea, el descaro parece contagioso. Y no puede ser de otra manera cuando vemos que los términos de los contratos firmados son lesivos al país como nunca antes en la historia.

García Linera, Gabriela Zapata y Evo Morales
La CAMC se adjudicó contratos millonarios para hacer de intermediaria en la compra de bienes y servicios, algo de por sí irregular. No es solo una empresa que actúa con oportunismo y poco capital, sino cuatro firmas con nombres improvisados, beneficiadas por el tráfico de influencias, fuera de toda norma vigente.

Y verán que en lo dicho hasta ahora no he mencionado la telenovela en la que se aplicaron como guionistas entusiastas varios ministros, para desviar las aguas de los temas centrales hacia la cloaca de dimes y diretes con que trataron de interponer una cortina de humo. De esa parte de la telenovela lo único cierto e incontestable es que la ex pareja clandestina del presidente usó su influencia para conseguir contratos para la CAMC. Y cuando se trata de cifras tan altas, es un cuento chino decir que el presidente no estaba al tanto.

El cerco ministerial de la cortina de humo logró sus objetivos, en cierta medida, porque cada día se habla menos del asunto y otros escándalos que salen a la superficie tapan a los anteriores.

Gabriela Zapata, bisagra del tráfico de influencias
Detrás de bastidores, los implicados han estado negociando todo el tiempo: “yo no digo esto que sé, pero tu me reduces la pena de cárcel y me prometes libertad un unos pocos años, con goce de mi ahorros mal habidos”. El cinismo y la mentira campean porque el aparato de propaganda es capaz de escupir 600 mentiras por minuto, a la velocidad de una AK-47.

Puede que la historia oficial impuesta por la propaganda multimillonaria del gobierno (que suma más dinero del que todos los gobiernos anteriores gastaron en publicidad estatal), imponga por el momento la ficción que se empeñan en escribir los encubridores de los actos dolosos, pero este compendio de información tendrá una enorme relevancia cuando llegue el momento de los juicios de responsabilidades y haya que acudir a fuentes confiables para señalar, procesar y sancionar debidamente por actos lesivos al Estado, a quienes con autoritarismo y soberbia sin precedentes, gobiernan este país desde hace once años.   
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¿Por dónde ha entrado usted? Por la puerta.
¿Sabe usted que no se puede pasar? He pasado.
¿Quién es usted? Un periodista.
—Azorín