31 enero 2012

Takaku punto com


Por esas casualidades que propicia internet, me entero, con un año de retraso, de la muerte de mi amigo William Takaku, de Papua Nueva Guinea, hombre de teatro, músico, escritor, defensor del medio ambiente, una personalidad de una fuerza extraordinaria, con quien tuve oportunidad de trabajar en dos ocasiones.

La primera fue en 1992, cuando realicé en Papua Nueva Guinea una evaluación prospectiva de los grupos de teatro popular que eran parte de un proyecto de Conservación Internacional sobre temas de medio ambiente. 

Me impresionó la cantidad y diversidad de estos grupos –varios animados por William- que visité en sus respectivas localidades en un viaje maratónico que en apenas 10 días me llevó por Mont Hagen, Goroka, Madang, Popondetta, Lae y otros lugares. Como en Papua Nueva Guinea los caminos eran entonces prácticamente inexistentes, hice ese recorrido en avionetas, tomando por lo menos una cada día. Nunca había volado tantas veces en tan corto tiempo: tomé 16 aviones en 10 días.

La segunda ocasión que tuve de trabajar con William Takaku fue en los años 2001 (agosto y noviembre) y 2002 (abril), cuando estuve casi tres meses como consultor en un programa de la cooperación australiana (AusAid) y del ministerio de Salud de PNG. La tarea consistía en diseñar una estrategia de comunicación participativa, que permitiera apoyar los programas de salud (la tuberculosis, la malaria, eran las principales causas de morbilidad) en las comunidades más aisladas, es decir, la mayoría, en ese país donde se hablan más de 700 lenguas, y donde algunas comunidades fueron descubiertas recién a mediados del siglo pasado. 

En la estrategia de comunicación que diseñé entonces, incluí actividades de teatro popular (como las que había promovido años antes en Nigeria), lo que me permitió integrar a William Takaku y sus grupos de teatro. Fue estimulante verlo nuevamente y conocerlo mejor. Es más, filmé con él varias horas de entrevistas y actuaciones teatrales, que nunca pude editar. Una de tantas tareas que tengo postergadas. 

William Takaku (Viernes) y Pierce Brosnan (Robinson Crusoe)
En los diez años que dejamos de vernos, entre 1992 y 2001, supe de sus andanzas, que trascendieron el espacio de Papua Nueva Guinea. En 1994 interpretó el papel de Viernes en la película Robinson Crusoe, junto a Pierce Brosnan, mejor conocido por sus papeles de James Bond. William ya había interpretado ese papel en el teatro, además de muchos otros en obras como Bik Bal, Pekato Bilong Man, o Going Finish, que lo convirtieron en un actor apreciado dentro y fuera de su país. Tampoco fue la película su primera incursión en el cine, ya que antes había co-dirigido junto a Albert Toro la serie de ocho episodios Guerreros en tránsito (Warriors in transit), con financiamiento de la televisión australiana.

A pesar de ser ya una figura conocida y Director la Compañía del Teatro Nacional, aceptó trabajar en mi proyecto con el ministerio de Salud, en comunidades aisladas y en condiciones difíciles, y su participación fue entusiasta y comprometida. Formamos varios grupos de teatro, viajamos a Lae, Kupiano, Moreguina y otros lugares donde se desarrollaba el programa. Como apoyo a la capacitación se publicó una versión resumida de mi manual sobre teatro (que se había publicado primero en Nigeria), ahora con un capítulo que escribió William sobre la historia y el desarrollo del teatro en Papua Nueva Guinea, antes y después de la independencia del país, que tuvo lugar en 1975.

Como actor y como director estaba dotado de una fuerza física y espiritual extraordinaria, capaz de inspirar y motivar a quienes lo rodeaban.  Siempre he admirado eso en la gente de teatro, esa manera de proyectar el cuerpo, la voz y el alma sobre los demás, para arrastrarlos en una especie de corriente turbulenta que va siempre hacia adelante.

Con William Takaku, en 2002
“Soy tan negro, que soy azul”, me decía William con esa gran sonrisa que destacaba como un flash en medio de la oscuridad en el marco de su cara y de su espesa cabellera. Me decía que en su isla natal, Bougainville, todos eran tan “azules” como él. Siempre quise ir con él a su isla, a mil kilómetros de la capital Port Moresby, pero nunca nos dimos tiempo; había que volar durante unas tres horas en avioneta para llegar a Buka.

En el Hotel Melanesian, en Lae, inicié a William en los ajetreos de internet. Diseñé una página web, Takaku-punto-com, sobre él y sus actividades de actor, director y músico, con fotos y textos; y le abrí una cuenta de correo en Yahoo, que pocas veces usó. La página web desapareció en 2009 cuando Geocities decidió dejar colgados a todos los que teníamos un sitio en esa plataforma. Moraleja:  nunca, nunca jamás, hay que confiarse en que lo que subimos a la red, a la “nube”, es eterno. Basta que los dueños de estas redes hagan un clic, para apagarnos a todos. La supuesta democracia de internet es más que relativa, puro cuento.

Recuerdo una anécdota simpática con esto de Takaku-punto-com. El 26 de abril del 2002, cuando terminamos la capacitación teatral de uno de los cinco grupos que se formaron en Lae, fuimos invitados por Tony Partridge a celebrarlo en el Yatch Club, lugar que a pesar de la independencia estaba aún reservado para europeos. Al enterarse que William había trabajado como actor junto a Pierce Brosnan, una turista australiana le preguntó su nombre, y William, sin pensarlo dos veces, dijo: “Takaku punto com”.  Luego se dio cuenta de su lapsus y reímos todos. Ese viaje terminó con William que ejercitaba algunas palabras en castellano. Con su estruendosa voz repetía: “Fracaso total”, se ve que le gustaba la sonoridad de las palabras.

Mientras termino de escribir esta nota escucho la voz de “Takaku punto com”  en su disco Chants from Morahe, que me regaló la última vez que nos vimos. Son diez canciones compuestas por él, inspiradas en la música tradicional de Bougainville. No creo que se enoje mi amigo si comparto ahora con los lectores una de ellas, Bitaba, para que lo recuerden incluso quienes no lo conocieron.
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Yapa:  



24 enero 2012

La muerte del ekeko

La historia dice que la Feria de Alasitas empezó como tradición el año 1781, luego del cerco de Nuestra Señora de La Paz, cuando al mando de Tupac Katari miles de indígenas aymaras apostados en las alturas que rodean la hoyada aislaron la ciudad durante 109 días, impidiendo que los habitantes de la urbe pudieran abastecerse de alimentos. El Ekeko, dios de la abundancia según algunos, y según otros espíritu multiplicador de las cosas, habría nacido antes de la llegada de los españoles, aunque no existe evidencia sobre esto, salvo las illas (miniaturas) que ya existían como amuletos mágicos. Lo cierto es que antes de la época republicana ya se celebraba la feria, y después de la Revolución de 1952 la tradición se fortaleció en la medida en que las culturas indígenas adquirieron carta de ciudadanía. En Alasitas el Ekeko era el rey… hasta hace unos pocos años. Hoy el Ekeko se muere, está a punto de desaparecer, asesinado.


Venta de miniaturas en la Feria de Alasitas
Tiene sentido que el dios de la abundancia adquiriera importancia luego de un periodo de hambruna y austeridad que sumió a la ciudad en la desesperanza. Ello explica por qué el Ekeko tiene (o tenía, en un pasado que siempre fue mejor) sobre sus espaldas todo lo esencial… en miniatura: bolsas de arroz, de azúcar y de fideos, latas de alcohol Guabirá o de leche PIL, botellas de aceite, un colchón, una chequera, dólares o euros, una casa y materiales de construcción, un título universitario, un auto, boletos de avión y maletas para viajar...

Según la tradición, las miniaturas que uno compra en la Feria de Alasitas y “ch’alla” al medio día (chikauru, tiempo mágico) del 24 de enero, no faltarán durante el año. Aunque la feria se celebra el día de Nuestra Señora de La Paz, a la iglesia católica no le gusta mucho esta costumbre que considera “pagana”. Sin embargo, cuando se lo piden, los curas bendicen también las figuras de Alasitas, para no quedarse atrás. Si bien la festividad comenzó como agradecimiento a la virgen, en el periodo republicano fue ganando importancia otro ídolo, el Ekeko. Al Ekeko se le rinde honores parecidos a los que se reservan para el “tío” de la mina, también se le hace fumar, se brinda por él y con él con alcohol y hojas de coca, para que “cumpla”. A la virgen solamente se le reza, porque es abstemia y no fuma. El Ekeko simboliza la fertilidad y la reproducción. La virgen es virgen. Sólo reproduce promesas de una mejor vida en la otra vida. 

Alasitas (del aymara chalasita, intercambio) era una festividad única que se ha ido desvirtuando a lo largo de los años gracias (o desgracias) a la invasión de la llamada “economía informal”, que todo lo distorsiona, que todo lo malversa, lo prostituye y lo ensucia. Y como los encargados de vigilar para que eso no suceda (léase Gobierno Municipal de La Paz) hacen la vista gorda, el resultado es que cuando uno recorre la feria de Alasitas lo que encuentra cada vez en mayor abundancia es vulgaridad, chabacanería y mal gusto. Lo diminuto que queda es lo que todavía nos hace añorar mejores tiempos.

Para que el negocio sea mayor, ya pocos artesanos se preocupan de elaborar con sus manos las figuras del ekeko en yeso, y las miniaturas en otros materiales nobles.  Ahora abunda el plástico, todo es producido en masa con la calidad más baja posible. La feria se ha llenado de puestos de comida, de ventas de ropa, de productos pirateados. El dios de la fortuna no tiene cabida en un ambiente en el que ya no hay magia, sino simplemente comercio. Este año el Ekeko ha sido sustituido por el dragón, no tanto indicador de que la influencia china está encima de nosotros, sino de que lo más barato y lo masivo impera. Los monigotes comerciales inspiradas en los personajes de películas o de la televisión, están remplazando a las figuras picarescas y tradicionales, como el Quevedo, hombrecillo sentado defecando, que ya no he vuelto a ver en la feria.

Todavía se esfuerzan algunos para preservar algo de la magia. Los diarios de La Paz compiten por sacar ediciones en miniatura, atractivas en su diseño, en las que el humor y la creatividad son grandes. Las que produce el diario La Razón suelen ser las mejores, y más completas. La edición 2012, además de referirse a la marcha del TIPNIS que fue el principal acontecimiento de 2011, incluye tres suplementos, dos revistas, los crucigramas de La Neuronita, e incluso las páginas de avisos clasificados del Loro de Oro. En la producción de esta edición especial trabajan los mismos periodistas, fotógrafos e ilustradores que se ocupan regularmente de la edición “seria” de todos los días. En una edición anterior, La Razón publicó como suplemento "Las 20 posturas del K'ala Sutra", con notable picardía y alusiones a la política criolla. 

Frente a estas tradiciones que se pierden, que se masifican, que se alteran, que se desvirtúan, que se hacen pobres y sin gracia, tiendo a refugiarme en la nostalgia.

Ekeko de la comunicación
Publiqué hace muchos años un poema sobre alasitas, en mi poemario Sentímetros. En septiembre de 1980, cuando nos encontramos como asilados políticos en la Embajada de México en La Paz, mi amigo Luis Rico le puso música (ignoro si alguna vez grabó esa canción).  Así va el breve poema:

Feria

En alasitas, al mediodía
cosas cositas casas casitas
bolsas chiquitas, chiquitititas
basuritas exquisitas
pequeño azúcar, papita menuda
notas de un charanguito,
buen apetito
todo, todito para el cuerpito
y para el corazoncito
nada.
Ekeka de Mujeres Creando
En complicidad con algunos amigos de la comunicación, Karina Herrera-Miller entre ellos, nos dimos el gusto a fines del 2009 de pedir a un artesano que hiciera el “Ekeko de la comunicación” en varias decenas de ejemplares, para regalar a los expositores nacionales e internacionales del seminario “La radio local en América Latina: políticas y legislación”. Nuestro ekeko, cargado de una radio a transistores, un megáfono, un periódico, una cámara de fotografía y otra de video, una máscara del carnaval de Oruro, una computadora y un teléfono celular, fue todo un éxito. No he visto después ningún ekeko que sea tan bonito como el que hicimos entonces, aunque las creativas militantes feministas de “Mujeres Creando” hicieron una Ekeka en 2011 y 2012, como crítica a la figura patriarcal, celosa y machista del “proveedor” (que alguna vez fue representado con el pene erecto, según afirma María Galindo).  

Hubo un tiempo pasado en que hubiéramos podido aspirar a que la Unesco incluya la Feria de Alasitas en la lista indicativa del Patrimonio Mundial de la Humanidad, pero por mucho esfuerzo que haga Pablo Groux (antes embajador ante la Unesco y ahora ministro de Culturas), en las condiciones actuales sería improbable lograr ese objetivo. Alasitas no es lo que era, ha sido distorsionada completamente, malbaratada por los comerciantes. 

Al final, no es en la feria de alasitas sino en el jolgorio de la política nacional donde se perpetúan los seres diminutos, como el Robespierre de bolsillo que funge como vicepresidente. 


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Yapa:





19 enero 2012

En casa de Buñuel


Volví a casa de Luis Buñuel treinta años más tarde, sólo que esta vez Jeanne no me abrió la puerta, ni él me invitó un vaso de whisky.

Tengo grabado en la memoria el episodio ocurrido en 1982 en Ciudad de México, un año antes de la muerte del cineasta, cuando en la Avenida Félix Cuevas, en la esquina de nuestro departamento, me crucé con él. Buñuel caminaba solo, su rostro con esos ojos saltones era inconfundible. Me acerqué para presentarme y en cuanto mencioné mi condición de cineasta boliviano sonrió y dijo que iba a contarme una anécdota que no se la había contado a nadie antes, porque era el primer boliviano que conocía. Me señaló su dirección en la Cerrada Félix Cuevas #27, donde vivía, a apenas dos cuadras de allí.

Al día siguiente dejé en su casa un par de libros míos que acababan de publicarse: la Historia del cine en Bolivia, primera investigación sobre el tema, y Bolivie, mi mirada sobre el país, que publicó en Francia la editorial Le Seuil. No pasó mucho tiempo antes de recibir una llamada de Jeanne Rucar, la esposa de Buñuel, para decirme que “Luis lo invita a tomar el té…” y añadiendo inmediatamente “sólo una media hora porque él no recibe mucha gente y está cansado” (o algo parecido).

Pasaporte mexicano de Buñuel
Estuvimos allí puntualmente, no llevé cámara para no parecer demasiado codicioso, ya era un regalo ser invitado por uno de mis directores de cine preferidos, cuyas películas disfruté durante mis años en París. Los planes de Jeanne de preservar la tranquila tarde del esposo no prosperaron, ya que Buñuel sacó una botella de whisky y las tazas de té quedaron relegadas a segundo plano.

De esa conversación, que al final duró varias horas, conservo apuntes en algún archivo, además de un artículo que publiqué en Excelsior pocos días después de la muerte de Buñuel el 29 de julio de 1983. Recuerdo que hablamos de cine (“nunca veo mis películas”, dijo), de Bolivia (le había interesado mi libro de la colección Petite Planete), y de los exilios (el suyo empezó en 1939 y duró hasta su muerte, más de cuatro décadas, el mío acababa de empezar en 1980 y no duraría mucho).

Entonces me contó la anécdota que “nunca había contado antes” porque yo era el primer boliviano que me atravesaba en su camino. Me dijo que estando exiliado y sin papeles en París, la única embajada que le ofreció un pasaporte para poder viajar fue la boliviana. “Fui ciudadano de Bolivia por un breve tiempo”, me dijo (cito de memoria), aunque nunca llegó a utilizar ese pasaporte. Nunca pude encontrar más datos para verificar ese relato.

Me pidió que lo acompañara a su dormitorio en el segundo piso de la casa, desprovisto de adornos y mobiliario, con apenas una cama pequeña. El lugar me dio la impresión de ser la celda de un monje. Me alcanzó un ejemplar de Mon dernier soupir, su autobiografía escrita en complicidad con Jean-Claude Carrière, su co-guionista y colaborador. Escribió una dedicatoria mientras me decía que acababan de llegarle los primeros ejemplares de París. La edición en castellano no se había aún publicado. Ese ejemplar que me regaló tuvo una vida corta, me lo robaron en Morelia días más tarde, en un maletín con mi equipo fotográfico. Sólo queda como testimonio un par de metros de film super 8 que mi amigo Luis Lupone filmó cuando le enseñé el libro.   

Cerrada de Félix Cuevas, No 27
Varias veces en esta nueva etapa en México regresé a la Cerrada Félix Cuevas para ver la fachada de la casa que construyó Buñuel, pero me topé siempre con una puerta cerrada y mucho silencio. Allí vivieron Jeanne y Luis 31 años, desde 1952 hasta su muerte en 1983 (Jeanne murió allí mismo en noviembre de 1994, a los 86 años). Nada hizo México durante tantos años por recuperar la casa. Por eso su apertura es ahora una buena noticia.

Es triste el trato que México da a quienes no han nacido en su territorio, aunque hayan vivido toda su vida en el país. Desde el progresista presidente Lázaro Cárdenas la política ha sido la de ser tierra de asilo y recibir tanto a republicanos españoles, a campesinos guatemaltecos como a intelectuales que huyeron de las dictaduras del cono sur de América Latina, pero lo cierto es que el chauvinismo se lee siempre entre líneas. Buñuel se naturalizó mexicano en 1949, pero nunca fue asumido como connacional, de la misma manera que no lo fue el más importante historiador del cine mexicano, Emilio García Riera, también nacido en España. Emilio me decía con cierta amargura en esos primeros años de los 1980, que a pesar de haber vivido más de cinco décadas en México, lo seguían considerando español.

Luego de muchos años de abandono, y gracias a la inversión de la cooperación española (y no del gobierno mexicano como tendría que haber sido ya que el cineasta realizó en México 20 de sus 37 películas, de 1947 a 1965), la casa en la que vivió Luis Buñuel vuelve a abrir sus puertas, esta vez a todos, convertida en lugar de exposiciones y encuentros. Los jerarcas de la burocracia cultural mexicana estuvieron en primera fila para celebrar la ocasión con sendos discursos.

La cena de los mendigos en Viridiana
La fecha escogida para inaugurar el espacio dedicado a Buñuel es emblemática: se cumplen los 50 años del estreno de una de sus películas más significativas: Viridiana. Recordemos brevemente la biografía de Viridiana, la primera película que pudo hacer en la España franquista luego de 22 años de exilio en México. Esta parábola interpretada por la mexicana Silvia Pinal y los actores españoles Fernando Rey y Francisco Rabal, fue una bofetada a la censura española, que al autorizar el guión original no se percató que Buñuel, a través de la ironía y los símbolos, iba a filmar una ácida crítica de la iglesia católica, jugando en doble sentido con temas como la culpa, el castigo, la expiación, la perversión. Es famosa la secuencia de la última cena donde una docena de mendigos representan a los apóstoles del relato bíblico.

Palma de Oro, 1961
No queda nada del mobiliario original en la casa, pero se ha hecho el esfuerzo de reunir en vitrinas muchos documentos sobre la prohibición de la película en España, el guión con las anotaciones de Buñuel, abundantes fotografías, y algunos objetos, como el abrigo que utilizó Paco Rabal en Viridiana y la Palma de Oro que obtuvo la película en el Festival de Cannes 1961, donde Jean Giono era Presidente del Jurado, lo cual no es un dato menor. 

Guión de Viridiana
En una sala, teléfonos de los años 1960, de colores diferentes, y pantallas de televisión señalan las obsesiones de la filmografía de Buñuel. El teléfono rojo es para el erotismo  y la pantalla correspondiente muestra secuencias de “piernas”, “zapatos”, “manzanas”; el morado nos remite a la religión con subtemas como “hábitos”, “cruces”, y “muerte”; el teléfono amarillo se refiere a la violencia, con subtemas como “armas blancas”, “armas de fuego” y “reyertas”. En cada caso, en las pantallas aparecen escenas de películas donde esos temas obsesivos destacan, y a través del teléfono se puede escuchar el sonido de la escena. 


Piernas, zapatos, manzanas...
Una magnífica página web Viridiana 50 que ha sido creada para acompañar la exposición, y dice mucho del esfuerzo que se ha realizado. Contiene reproducciones de los documentos originales, abundante información sobre la vida del cineasta y sus películas, entrevistas recientes con Silvia Pinal, Carlos Saura, Jean Claude Carrière y su hijo Juan Luis Buñuel.   

En el jardín, a lo largo del muro perimetral de la casa, más de 20 grandes paneles con fotos y datos biográficos resumen la vida de Buñuel desde su nacimiento hasta su muerte. Hay fotografías poco conocidas, que salen de los archivos personales de Jean Claude Carrière y de otros amigos. 

Luis Buñuel y Carlos Fuentes
En este jardín se reunía Buñuel todos los viernes a conversar con Carlos Fuentes, quien recuerda siempre los “bueñueloni”, trago de Martini que Don Luis solía preparar y que “te emborrachaban en cinco minutos”. Otras fotos lo muestran con André Breton, García Lorca, Salvador Dalí, Gabriel Figueroa, Carlos Saura, Hitchcock, entre otros. 

 





Yapa:


13 enero 2012

En Puebla de los Ángeles


Mi última actividad profesional del año 2011 transcurrió en Puebla, la ciudad colonial mexicana al sureste de Ciudad de México. Estuve allí como resultado de una amable conspiración orquestada por cómplices en la comunicación, entre ellos Jesús Galindo, cuya profundidad de pensamiento y versatilidad no dejan de sorprenderme cada vez que conozco más sobre él y su trabajo.

Patricia Durán Bravo, Directora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Rosa Elba Domínguez, Víctor Meléndez y otros colegas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), me invitaron a impartir, a mediados de diciembre, un seminario sobre comunicación y cambio social para los profesores de la facultad. Fueron dos días estimulantes por el diálogo que tuvimos sobre temas relacionados a la comunicación para el desarrollo y al derecho a la comunicación.

La oportunidad de interactuar con colegas de Puebla me permitió rescatar en el desván de la memoria una experiencia de trabajo de la década de los 1980 en Cuetzalan del Progreso, en la sierra norte de Puebla, donde trabajé en un proyecto de FAO con la Cooperativa Tosepan Titataniske, productora de café y pimienta.  En ese entonces Cuetzalan era un lugar bastante aislado, y los indígenas nahuas (siempre de impecable blanco a pesar de los 300 días de lluvia anuales) de las cooperativas periféricas tenían un problema de información y comunicación con la cooperativa central, por lo que implementamos un proyecto de “Noticiario” de muy bajo costo. Las cosas han cambiado bastante en estas tres décadas, según me contaron los profesores de la BUAP, algunos de los cuales han hecho trabajos de investigación en esa misma zona montañosa.

Entre los profesores de la universidad encontré un buen espíritu de equipo y una atmósfera con sabor a “nuevo”, quiero decir, un espacio en construcción, que a diferencia de otros espacios académicos que he conocido no está mediado por rencillas y mezquinas luchas por el poder. En la BUAP se vive un ambiente de entusiasmo y creatividad que me hizo sentir cómodo durante mi estadía. Cada uno de los profesores que conocí, en su mayoría sumamente jóvenes, mantiene actividades que sin duda contribuyen a que sus alumnos se sientan más estimulados.

Es el caso de Israel León O’Farrill, quien mantiene una columna semanal en el diario La Jornada de Oriente, que es una de las nueve ediciones regionales del matutino nacional. En su artículo del 23 de diciembre Israel escribió precisamente sobre el seminario que tuvimos en Puebla. Su interés y preocupación por el tema de la comunicación para el desarrollo se extiende en un blog que alimenta cada semana con sus notas periodísticas en La Jornada y en El Popular, diario en el que escribe “Celuloide”, una columna sobre cine. 

La profesora Abril Celina me obsequió una primera novela de su autoría, La seducción del caracol, que leí y comenté en el número de enero de la revista mexicana Replicante.

La novela es en algún sentido una parábola sobre el derecho a la diferencia. El microcosmo sui generis de los personajes circenses (la mujer barbuda, el enano, el hombre fuerte, la trapecista ciega, Madame Ilusión, la Tarantella de cuatro brazos, los arlequines…) es una representación de la diversidad en la sociedad -cultural, social e ideológica- que se enfrenta a los designios autoritarios del poder y a la represión de los poderosos intolerantes, representados por el “Senador vitalicio”, testaferro del “cacique descontinuado”, quien “finalmente, logró sentarse en la silla más importante de todas las sillas del poder, esas desde donde los traseros reposan los juramentos públicos”.

En Puebla volví a ver a mi colega y amigo José Manuel Ramos, quien lleva a la Facultad de Ciencias de la Comunicación una de las trayectorias más completas por su conocimiento y compromiso con los medios comunitarios. Con Pepe hemos coincidido varias veces en eventos internacionales sobre comunicación y cambio social.

Este colectivo de profesores publica la revista Metacomuniación, cuyo primer número (junio a diciembre de 2011), contiene artículos científicos de Jesús Galindo Cáceres, de Mercedes Mercado, de Carlos Vidales González y de Roberto Aguirre Fernández de Lara, además de ensayos y reseñas de varios autores. Ojalá que el empeño colectivo permita mantener con regularidad esta publicación, cuyo Comité Científico acepté integrar junto a colegas que aprecio, como Jesús Galindo, Octavio Islas, Marta Rizo, Raúl Fuentes Navarro, Sandra Massoni y Rafael Alberto Pérez.  Estos dos últimos me precedieron en Puebla en seminarios sobre comunicación estratégica.

En esta visita me tocó permanecer en la parte nueva de la ciudad, lejos del casco antiguo, en una zona urbana de desarrollo reciente que me dejó con la boca abierta. Fue como estar en otra Puebla, completamente moderna y ajena a la tradición, pero con una personalidad propia, muy fuerte.  

La Facultad de Ciencias de la Comunicación y la Facultad de Arte son las únicas que se encuentran en el nuevo campus de la zona comercial llamada Angelópolis (quizás en referencia a Metrópolis de Fritz Lang). El campus universitario está integrado, por su estilo y su cercanía, al Complejo Cultural Universitario, donde la oferta de cultura es formidable y haría palidecer de envidia a cualquier centro universitario del mundo: teatro, música, exposiciones, etc. El centro cuenta con una formidable biblioteca, una buena librería y varios restaurantes excelentes, como “La casa de los muñecos”, donde comí con Patricia Durán y Jesús Galindo.  

En la mañanas, desde la ventana de mi habitación en el piso 23 del hotel podía ver La Malinche, el volcán más cercano, y desde el lado opuesto los volcanes más emblemáticos de México, el Popocatépetl (“la montaña que humea”) y el Iztaccíhuatl (“la mujer dormida”). Esas montañas me daban la certeza de que sí estaba en Puebla de los Ángeles. 



Yapa: 


07 enero 2012

Hablando de educación


A mi paso por La Paz, a mediados de noviembre pasado, hice “pisa y corre” en las II Jornadas Pedagógicas organizadas por la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la Universidad La Salle. Atendí la invitación del Coordinador de Educación, el Dr. Jesús Muñoz Diez y de Gloria Reyes Sotelo, docente en esa carrera.

El evento, dedicado este año al tema “Desafíos de la educación”, tuvo lugar en el auditorio de la Academia Nacional de Ciencias y contó con la participación de cuatro panelistas: Jimena Costa, Fernando Untoja, Víctor Hugo Cárdenas y Alfonso Gumucio Dagron. La moderación estuvo a cargo de mi hermano Pedro Gumucio (Peter, para los amigos, porque era rubio cuando niño, aunque ahora no tiene ni un pelo de tonto), que es profesor en la Universidad La Salle.

El tema de la educación en Bolivia se ha politizado en el periodo de la gestión gubernamental del Presidente Evo Morales, a partir de su decisión arbitraria de “abolir” la Reforma educativa que estaba en proceso de desarrollo durante cerca de dos décadas, y que había sido respetada por los gobiernos anteriores a pesar de las presiones de los sindicatos de maestros para descartarla, entre otras razones porque pretendía regularizar la profesión del magisterio, por ahora plagada  de gente improvisada, sin título, y sin voluntad de someterse a pruebas de competencia.

Las decisiones sobre educación del gobierno del Movimiento al Socialismo han sido en algunos casos muy criticadas, por ejemplo la utilización del programa cubano de alfabetización “Yo sí puedo” en el contexto culturalmente muy diferente de las poblaciones indígenas aymaras y quechuas.

Jimena Costa, apoyada por una interesante selección de imágenes y estadísticas, en su ponencia “Análisis del contexto  político y su implicación en lo educativo” habló en términos generales de la situación política del país, y expresó severas críticas al gobierno de Evo Morales.

Fernando Untoja se refirió de manera igualmente crítica al discurso gubernamental de la “descolonización de la educación”, en su ponencia “Cultura y descolonización”.    

Víctor Hugo Cárdenas, ex vicepresidente de Bolivia, en su intervención sobre los “Aspectos conflictivos de la Ley 070”, hizo un análisis de la Ley Avelino Siñani dictada durante el gobierno de Evo Morales.

En mi ponencia “Comunicación y educación: una deuda recíproca”, me referí a las relaciones estrechas entre educación y comunicación. Mencioné que la educación como proceso de comunicación (es decir, diálogo, reflexión colectiva, puesta en común, participación), es indispensable en una sociedad donde la escuela ya no es la que “forma” al individuo como se creía tradicionalmente.  La escuela no solamente no forma, sino que tampoco deforma. Su influencia actual es limitada, porque se ha quedado al margen de una sociedad donde los individuos y las comunidades están sometidos permanentemente a otras influencias que contribuyen en su formación (o deformación). La televisión, la publicidad, la presión de grupo, y por supuesto el acceso a la red (web) a través de Internet, son factores  que, sobre todo en el ámbito urbano (que hoy es globalmente mayoritario), determinan la conformación de una personalidad “mediada”.

Recordé el informe encomendado por la UNESCO a la Comisión Internacional sobre la Educación en el Silo XXI, presidida por el  ex ministro de Francia Jacques Delors, que concluyó que los cuatro pilares de la educación son: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser. En América Latina varios foros y autores han enriquecido esos conceptos añadiendo: aprender a emprender.

Mario Kaplún usaba expresiones como “se aprende al comunicar”, “conocer es comunicar” o “del educando oyente al educando hablante”, y afirmaba: “educarse es involucrarse y participar en un proceso de múltiples interacciones comunicativas”. En la medida en que la educación se concibe como un proceso de aprendizaje de toda la vida, no puede sino acudir a la comunicación como su complemento directo. Siguiendo a Paulo Freire, si la educación es a la vez un acto político, un acto de conocimiento y un acto creador, entonces no puede sino hacer el mismo camino que la comunicación en el proceso de cambio social.

Actividades públicas como las Jornadas Pedagógicas dicen bien de la Universidad La Salle, que en pocos años se ha posicionado como una de las más serias, logrando la certificación de calidad ISO 9001: 2008 que se otorga a instituciones cuya gestión cumple con normas internacionales de excelencia. 

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Yapa: 

La imaginación es más importante
que el conocimiento

-Albert Einstein



28 diciembre 2011

Alfred Opubor (1936-2011)


No se cumplió mi deseo de que el año 2011 terminara sin tener que lamentar la muerte de otro amigo. En un seminario que di en Puebla el 12 y 13 de diciembre mencioné a Alfred Opubor sin saber que él había fallecido diez días antes, el 2 de diciembre, a sus 75 años de edad, en Cotonou (Benin), donde había fijado desde hace mucho tiempo su residencia. En estos días de fin de año, cuando todos están obnubilados por las malas costumbres que impone el mercantilismo religioso, la noticia de la muerte de este amigo africano me llega como un oscuro presente, uno de esos que uno quisiera rechazar.

Alfonso Gumucio y Alfred Opubor, en Accra, agosto 2008
Lo vi por última vez en agosto del 2008, durante el congreso de la red NuestrosMedios en Accra (Ghana). Allí nos volvimos a encontrar luego de varios años, aunque a lo largo de la década del 2000 coincidimos varias veces o nos mantuvimos en contacto por correo electrónico con motivo de la Antología de comunicación para el cambio social (2008), en la que él fue uno de los 150 autores seleccionados.

Precisamente cité en el seminario de Puebla una provocadora frase suya que ya he citado otras veces: “Si la comunicación comunitaria es la respuesta, ¿cual es la pregunta?”, título de un texto que Thomas Tufte y yo incluimos en la ambiciosa Antología, la “biblia” de la comunicación, según algunos. En ese artículo Alfred aborda de manera crítica las confusiones sobre medios comunitarios en el contexto africano, y sugiere que debe analizarse si son realmente comunitarios, en base a criterios como la propiedad, el control, el funcionamiento y el contenido. Aborda también temas cruciales como la capacitación, la investigación y la sostenibilidad.

Nacido en Nigeria, Alfred fue el primer africano que obtuvo un doctorado en comunicación; eso sucedió en 1969 en la Universidad del Estado de Michigan (Estados Unidos). Durante mis cuatro años en Nigeria, de 1990 a 1994, nos conocimos y nos vimos varias veces. Alfred ya no vivía en su país de origen, pero venía con frecuencia para visitar la oficina del FNUAP en Lagos, donde estaba Alphonse MacDonald, en cuya casa nos juntábamos. En años siguientes coincidimos en eventos internacionales, o en proyectos que requerían de nuestra capacidad y experiencia en el campo de la comunicación para el desarrollo.

Al igual que otros especialistas de la comunicación para el desarrollo de su generación Alfred Opubor trabajó la mayor parte de su vida asesorando programas de desarrollo y reflexionando sobre el tema.  No se refugió exclusivamente en el mundo académico, sino que se involucró en la realidad concreta, a través de sus ocho años de trabajo (1990-1998) como Asesor Regional de Comunicación e Información del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), primero en Abidjan y luego en Harare, lo cual le permitió recorrer más de 20 países de África del Este, del Oeste y del Sur.    

Colaboró con asesorías y estrategias de comunicación con numerosas agencias de Naciones Unidas (UNAIDS, UNFPA, Unesco, FAO, OMS, Banco Mundial…) y organismos regionales y nacionales africanos. A lo largo de su vida profesional fue un activista de la comunicación, trabajó en los años 1970 como consultor de la Unesco, fue asesor en la Agencia Pan Africana de Información (PANA) en Dakar (Senegal), dio clases en la Universidad de Lagos (Nigeria), fue fundador de la Agencia Nigeriana de Noticias (NAN), y del Consejo Africano de Educación en Comunicación (ACCE), entre muchas otras actividades que desarrolló.

Uno de sus aportes notables en el campo de la institucionalización de la comunicación para el desarrollo, fue el diseño de la estrategia de comunicación para ECOWAS, la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental, titulada “De una comunidad de Estados a una comunidad de pueblos”. 

De izquierda a derecha: Celeste Cadiz, Ruth Tomaselli, Will Parks, Chris Kamlongera, Alfred Opubor, Daniel Prieto Castillo,
Juan Díaz Bordenave, Louie Tabing, Denise Namburete, Colin Fraser, John Downing, Alfonso Gumucio, Everett Rogers,
Jan Servaes,  Nabil Dajana, Denise Gray-Felder, Jim Hunt, Thomas Tufte

En mayo del 2002, cuando me desempeñaba como Director Ejecutivo del Consorcio de Comunicación para el Cambio Social, invité a Alfred Opubor a una reunión de alto nivel de especialistas en Bellagio, Italia. Logré reunir a un grupo de lo más granado de la comunicación a nivel internacional; no era un grupo grande sino de mucha calidad. Menos de veinte personas, pero cada una con un historial inmenso. Además de Alfred invité a Everett Rogers, a Colin Fraser, a Juan Díaz Bordenave, a Daniel Prieto Castillo, a Jan Servaes, a John Downing, a Louie Tabing, a Nabil Dajani, María Celeste Cadiz, y otros colegas de gran nivel.

Alfred Opubor y Daniel Prieto Castillo, Bellagio 2003
El tema de la reunión era “La formación de profesionales en comunicación para el cambio social”; se trataba en realidad de la continuación de otras reuniones que habíamos convocado allí mismo, en el paradisíaco Bellagio, en enero del mismo año y en agosto del año anterior. En ellas definimos el perfil de competencias del “nuevo comunicador”. 

Como ya estábamos comenzando la preparación de la Antología, Thomas y yo pedimos a cada uno de los participantes que escribiera una lista de diez textos que consideraba importantes para la formación académica de especialistas. Además de incluir en su lista tres artículos propios, Alfred seleccionó textos de autores como Collins Airhihenbuwa, Bunmi Makinwa, Chike Anyaegbunam, Hughes Koné y Colin Fraser. Tuvo la gentileza de incluir también mi libro Haciendo olas

Nabil Dajani y Alfred Opubor, Bellagio, mayo 2003
A mediados de agosto del 2003 me invitaron e incluyeron mi nombre en el programa de un homenaje a Alfred Opubor que organizó en Abuja (Nigeria) el Consejo Africano de Educación en Comunicación (ACCE). Pero no pude ir; me quedé con las ganas de darle un abrazo de felicitación y de saludar a otros amigos africanos que sí pudieron hacerse presentes en el homenaje: Chris Kamlongera, Jean-Pierre Ilboudo, Andrew Moemeka, Onuora Nwuneli, y Bunmi Makinwa, entre otros.

En 2009 ambos participamos como consultores en un análisis sobre algunos de los ocho países piloto seleccionados en el marco de la reforma de las Naciones Unidas. Alfred hizo una evaluación sobre las actividades de las agencias del sistema en Tanzania y Ruanda, mientras a mi me tocó hacer lo propio en Uruguay.

Alfred Opubor y John Downing, 2003
Desde el año 2003  hasta su muerte Alfred Opubor fue el Secretario General del West African Newsmedia and Development Centre (WANAD Centre) con sede en Cotonou. Siguiendo las costumbres de Nigeria, fue enterrado dos semanas después de su fallecimiento, el 20 de diciembre, en Iju.

Pocos africanos han contribuido tanto al pensamiento de la comunicación para el desarrollo y el cambio social como Alfred Opubor. Por lo general en África (como también en América Latina, dicho sea de paso) se confunde la comunicación con la información, y una buena parte del trabajo en “comunicación” tiene en realidad más que ver con el periodismo y los medios de difusión. Alfred, en cambio, tenía muy claro el concepto de una comunicación participativa y horizontal, que pudiera ser asumida y apropiada por las propias comunidades. 

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De yapa: 

no hay página en blanco
sólo escritura y miedo
                     resonancias


             -- Lydda Franco Farías


22 diciembre 2011

Verde que te quiero verde


Me entregaron hace poco un par de ejemplares del libro Experiencias de comunicación y desarrollo sobre medio ambiente: Estudios de caso e historias de vida en la región Andina de Colombia (2011), cuyo preámbulo escribí a pedido de colegas de varias universidades colombianas que participaron de manera conjunta en el proceso de investigación. En más de 400 páginas el libro reúne los resultados de una investigación que llevaron a cabo siete investigadoras y dos investigadores de la Universidad Santo Tomás, de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) y de la UNIMINUTO.

En una visita a Bogotá, en septiembre del 2010, me reuní con el equipo de investigación liderado por la profesora Eliana Herrera Huérfano, de la Universidad Santo Tomás, y allí me pusieron al tanto del contenido y de la metodología de la investigación, que consistió primero en un amplio mapeo con una cobertura inicial de 250 experiencias, de las cuales 112 respondieron a un primer cuestionario.


Al final, diez trayectorias fueron seleccionadas y estudiadas a fondo: la emisora comunitaria Nuestra Señora de las Mercedes de Mutiscua (Norte de Santander), la emisora comunitaria San Vicente Estéreo (Santander), la Corporación Ecológica y Cultural Ciudad Rural (Antioquia), la Confederación Agrosolidaria Colombia (Boyacá), Sibaté 12.000 Años de Historia (Cundinamarca), la emisora comunitaria Montenegro Stéreo (Quindío), la Escuela de Comunicación Minga del Sol (Huila), el programa de radio Magazín Agenda Ambiental (Huila), y la Fundación Planeta Azul y Vida (Cauca), la mayoría de ellas con 10 o más años de existencia.

En mi preámbulo subrayé el propósito común de los investigadores, de analizar la relación entre la comunicación, el desarrollo y el medio ambiente “en un país donde los procesos comunicativos desde las comunidades representan un espacio fundamental de interrelación social y de construcción ciudadana en medio de la violencia y el conflicto”, es decir una mirada cotidiana que sólo es posible con el acercamiento a la dinámica social comunitaria. Y añadí que aunque me parecía importante la primera parte del libro, que informa sobre el mapeo, la recolección de datos a distancia y el análisis de la información sobre las 112 experiencias que respondieron, pero que a mi juicio la segunda parte cualitativa es más rica y ofrece mayor certeza sobre los hallazgos, porque son las historias de vida y los relatos honestos de las personas los que permiten dibujar con exactitud el paisaje medioambiental andino en Colombia.

Las diez experiencias visitadas por el equipo de investigación muestran que más allá del activismo planetario que llama la atención sobre los problemas con el ánimo de provocar cambios en las políticas globales y mayores compromisos de los Estados, hay espacios de reconstrucción y de acción concreta, que no deben ser abandonados. Cada una de estas experiencias es una demostración de compromiso efectivo por el medio ambiente, que más allá de la retórica implica actuar concretamente en el espacio cercano, para ponerle un hombro al medio ambiente.

Las categorías exploradas permiten cubrir tres importantes sectores de la sociedad que actúan permanentemente sobre los efectos ambientales. Por una parte quienes definen las políticas e inciden en los programas de desarrollo nacionales, es decir las instituciones ya sea del Estado o de la empresa privada. En segundo lugar los mecanismos de mediación con la sociedad, aquellos que inciden en la esfera pública, es decir, los medios de información en sus diferentes formas impresas y audiovisuales.  Finalmente, la sociedad civil en su conjunto, que se expresa a través de organizaciones comunitarias, provinciales, departamentales o nacionales. 

Al retomar el conocido graffiti “no queremos medio ambiente, lo queremos entero” los autores promueven un concepto dinámico basado en la interacción entre las comunidades y su entorno ambiental, apartándose de una concepción meramente ecologista limitada a la preservación de la naturaleza. Son las comunidades indígenas las que mejor han entendido el tema, porque en su concepto de territorio se incluye el uso racional y pausado de la naturaleza en beneficio de la comunidad, con una perspectiva de largo plazo. Esa es la base ética de una nueva –aunque ancestral- cultura del desarrollo humano sostenible, para cuya evaluación las cifras no son lo más importante, sino los relatos.

El tema del medio ambiente me ha interesado desde hace muchos años. No ha sido marginal a mi trabajo en comunicación para el desarrollo, sino más bien esencial a lo largo de mi vida profesional, como testimonian las actividades que tuve.

En una época, a fines de los años 1980, fui asesor de Conservación Internacional (CI), diseñé una estrategia de comunicación para esta organización internacional, y otra para la Liga de Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA) en Bolivia. Entre las actividades que organicé o en las que participé, recuerdo dos seminarios internacionales para periodistas, uno en Bolivia y otro en Costa Rica, de los que salieron dos publicaciones de mi autoría: el libro Conservación, Desarrollo y Comunicación (1990) publicado conjuntamente por Conservación Internacional, la Asociación de Periodistas de La Paz, y LIDEMA; y 10 pasos para organizar un seminario para periodistas (1991) que publicó CI en Washington.  Mi trabajo con Conservación Internacional me llevó incluso hasta Papua Nueva Guinea en 1992, para hacer una evaluación prospectiva de grupos de teatro comunitario involucrados en acciones a favor del medio ambiente.

Otra etapa importante en mi relación con la temática ambiental fue como Director de Tierramérica, una plataforma de comunicación e información para el medio ambiente, que consistía fundamentalmente en un suplemento con artículos de grandes firmas y estupendas portadas de Eko, que se publicaba en una docena de diarios, entre los más importantes de América Latina. A estos trabajos se fueron sumando durante los años siguientes varios otros con FAO, también vinculados al tema de desarrollo sostenible. En la apertura del Congreso Mundial de Comunicación para el Desarrollo (Roma, 2006) me invitaron a presentar la ponencia inaugural en la plenaria sobre desarrollo sostenible.

Por todo lo anterior me alegra que el tema de comunicación y medio ambiente esté de regreso en la agenda de las universidades y también en la agenda internacional, luego de varias décadas en que la mayor prioridad de la cooperación (al menos toda aquella financiada con dinero de Estados Unidos), parecía ser la salud reproductiva y el VIH-SIDA, mientras mucha más gente en el mundo padecía hambre y extrema pobreza. 

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De yapa:  
Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas.
 
El barco sobre la mar
 
y el caballo en la montaña.
 
                      Federico García Lorca




14 diciembre 2011

Misiones secretas


Hay magia en pueblos que han vivido durante muchos años aislados y ensimismados, a veces poco conscientes de sus tesoros y de sus secretos. Imaginemos lo que era tres siglos atrás la Chiquitanía –esa gran extensión de territorio entre el Gran Chaco y la Amazonía boliviana- cuando los jesuitas instalaron sus reducciones indígenas, entre 1691 y 1767, hasta su expulsión del reino de España mediante la “Pragmática Sanción” del Rey Carlos III. Imaginemos también lo que significaba llegar hasta Concepción a lomo de mula o de caballo, a 290 kilómetros de Santa Cruz, o hasta San José de Chiquitos, a 833 kilómetros, pasando por San Ignacio de Velasco, San Miguel, San Rafael, y Santa Ana, entre otras.

La epopeya de las misiones jesuíticas en Bolivia, Argentina y Paraguay (en parte narrada en La Misión una película de Roland Joffe con Robert de Niro), desapareció de la memoria y sus emblemas más evidentes, las iglesias de las misiones, pasaron al olvido durante muchas décadas, demasiadas. Hasta principios de la década de 1970, eran decrépitos edificios librados a la intemperie durante tantos años que ya habían perdido su color y su propia estructura estaba en riesgo. Pero en 1975 se llevó a cabo la restauración de la iglesia de Concepción y posteriormente de las otras, marcando así un renacimiento extraordinario no solamente de la arquitectura de las misiones, sino de los pueblos chiquitanos.
 
Las iglesias florecieron con todos sus colores y sus juegos de luz y sombra. Durante los trabajos de restauración de Concepción se encontraron cerca de 6 mil partituras de música de los siglos XVII y XVIII; algo similar sucedió en Moxos y en San Javier. Las partituras se han incorporado desde entonces al acervo de la música barroca boliviana, y ha sido interpretadas en varios festivales y por supuesto grabadas en hermosas ediciones. 

Hans Roth
Al empeño del sacerdote suizo Martin Schmid le debemos la  existencia de varias de las magníficas iglesias de las misiones, pues fue él quien diseñó y construyó la Inmaculada Concepción el año 1725 y San Francisco Xavier en 1749, entre otras. Y el arquitecto Hans Roth Merz, también suizo, tiene el mérito de haberles devuelto la vida a esos templos abandonados durante décadas, a través de su dedicación -a partir de 1972 y durante 27 años- a los trabajos de restauración. Roth rescató también las partituras de música barroca de Domenico Zipoli, entre las más de cinco mil hojas que encontró durante las restauraciones. Renacidos y rehabilitados, los templos fueron declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, en 1990. Roth falleció en 1999 y en su honor se creó al año siguiente el premio que lleva su nombre.

Una reciente visita a mediados de noviembre, a San Javier y a Concepción -las más cercanas a Santa Cruz de la Sierra- me ha permitido regresar a esta región que no ha perdido su magia pero ha ganado color y magnificencia. En lugar de las iglesias cuya madera se había rajado con el tiempo y cuyos colores se habían desvanecido, hoy encontramos magníficas estructuras con colores vivos que brillan quizás más aún que cuando fueron construidas. 


La iglesia de Concepción, que data de 1708, es impresionante, con sus altas columnas y su campanario independiente, separado del edificio de la iglesia. El exterior es imponente, sobresale en el inmenso espacio de la plaza y sobre las casas blancas, de un solo piso, de la población. En el interior iluminado con la luz que atraviesa amplios ventanales, el techo se eleva sobre gigantescos pilares de madera que dejan adivinar la majestuosidad de los árboles de los que provienen. El colorido intenso de los altares, de los retablos o de los confesionarios, se revela en la penumbra con sus ribetes y marcos cubiertos de pan de oro.

Cuando se hizo la restauración se decidió dotar a la iglesia de nuevos relieves de madera representando el via crucis. Es interesante ver cómo el artista local talló imágenes que combinan los momentos del pasado con temas actuales y sitúa las escenas bíblicas en el trópico chiquitano. En uno de esos relieves, que corresponde a la Décima Estación, “Jesús despojado de sus vestiduras”, la imagen muestra en el fondo un camión repleto de madera, significando la destrucción de los bosques, el tráfico de madera y el deterioro del medio ambiente. Como esa, hay otras escenas alusivas a temas muy actuales y con preocupación social.

El frontis de la iglesia de San Xavier es quizás menos majestuoso, pero no menos valioso por su historia y su belleza. Los altos pilares de madera que sostienen el techo están pintados del color de los muros de la iglesia, el campanario está adentro, en una esquina del patio interior, y no sobre la plaza como en Concepción. El reloj de sol marcaba las 5:45 de la tarde cuando iniciamos el regreso.

Desde 1996 se realiza cada dos años en las misiones de la Chiquitanía el Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana, un festín no solamente para los amantes de la música barroca, sino para quienes saben apreciar el arte barroco colonial. En su primera edición el festival atrajo 14 grupos de 8 países, y más de 12 mil espectadores, y en los años siguientes esas cifras se fueron multiplicando gracias a la calidad de la oferta musical y a la espectacularidad de los templos y de la naturaleza chiquitana. En la octava  edición, en 2010, el festival atrajo 45 grupos de 14 países (diez menos que en su año “cumbre” que fue 2008), y 60 mil espectadores. El número de músicos participantes, de conciertos y de sedes del festival ha crecido incesantemente. Sin duda el 2012 será una vez más la prueba de que el festival se ha convertido en un referente internacional de la música barroca.

El paseo tuvo ingredientes memoriosos, desenterró de mi memoria sabores e imágenes de la infancia.  En el restaurante El Buen Gusto, en Concepción, me bajé con la comida una gran jarra de refresco de achachairú, que hace muchos años no había vuelto a encontrar en mis viajes a Santa Cruz; y en la plaza de San Javier – con sus árboles de motacú a los que se abraza el bibosi- me topé con un antiguo trapiche para moler caña de azúcar de manera artesanal, de esos que todavía me tocó ver en funcionamiento cerca de Guabirá, muuuchos años atrás, cuesta creer que sean tantos.