28 enero 2024

La fuga a París

(Publicado el sábado 27 de enero de 2024 en Brújula Digital, Público Bo y Agencia de Noticias Fides)

Mario Vargas Llosa

El escritor más conocido de la Academia Francesa es un latinoamericano. El único escritor de la Academia Francesa que ha merecido el Premio Nobel de Literatura es peruano. Cuando uno revisa los nombres de los intelectuales que ocupan las 40 sillas de la Academia Francesa, el único nombre que destaca es Mario Vargas Llosa. A fines del siglo pasado las sillas ostentaban todavía apellidos como Senghor, Yourcenar, Lévi-Strauss, o Cousteau, pero esos grandes hombres y mujeres ya fallecieron y en su lugar hay otros, menos conocidos.

Para el autor de Un bárbaro en Paris (2022), ingresar a la Academia Francesa era tan o más importante que ser reconocido con el premio Nobel de Literatura o los otros importantes reconocimientos que obtuvo a lo largo de su vida. Quizás en su espíritu cultivaba la ilusión de codearse con los fantasmas de Flaubert, Victor Hugo, Malraux, Camus o Jean-François Revel, los escritores franceses que más admira, pero los “elegidos” de ahora no son, lamentablemente, tan importantes. Es más, aparte de dos o tres, los demás son bastante desconocidos para los que no son franceses.

Esa es la parte anecdótica del libro que parece ser producto de una argucia editorial antes que una iniciativa de Vargas Llosa. Bajo el título tentador, la empresa editorial ha recogido el discurso de ingreso de Vargas Llosa a la Academia Francesa, el año 2022 (para llenar la silla 18 que antes ocupaba Michel Serres), precedido de una serie de textos críticos o circunstanciales -ya publicados en revistas y periódicos- que se refieren a la literatura francesa, sobre todo a los grandes amores literarios del escritor peruano.

El título del libro ofrecía algo diferente: un relato sobre la experiencia vivida durante los años que estuvo en París, atendiendo a ese llamado imperioso que le hacía la ciudad por la que tenía que transitar para convertirse en escritor. Ahí escribió dos de sus primeras novelas y otros textos, pero sobre todo leyó mucha literatura francesa y reafirmó su condición de vigoroso narrador en castellano. Quizás Vargas Llosa ya ha relatado (en algún otro libro que no conozco), su experiencia de vida en París a partir de 1959, pero en este, donde menciona específicamente en el título a la ciudad luz, “la capital cultural de América Latina” (como dijo alguna vez Octavio Paz), no dice nada sobre París, como lo hizo Cortázar en cada página de “Rayuela” y también en otras novelas, cuentos y crónicas. De cualquier modo, Vargas Llosa nos regala estupendas páginas sobre sus lecturas, que bien pudo hacerlas en Barcelona o en Lima.

La colección de artículos es irregular, algunos son breves y superficiales, pero otros nos permiten adentrarnos con lucidez y pasión en la vida y obra de los escritores que figuran en su altar personal, que al terminar de leerlo se convierte también en un altar nuestro.

Cómo no coincidir con sus apreciaciones en textos tan ricos como los que nos regala sobre Flaubert, Victor Hugo, Camus, Sartre, Bataille, Malraux y Jean-François Revel.  Sobre cada uno de ellos nos regala páginas magníficas, que nos invitan a leerlos de nuevo bajo el lente del peruano. Su amor por la literatura francesa no lo ciega, por el contrario, le permite reconocer, con años de distancia, que en algún momento cedió a la tentación del momento de poner a Sartre por encima de Camus, de tomar partido por el primero como si fuera el requisito para ingresar a una secta. La vida lo hizo rectificar sus posiciones políticas y también literarias. Ha sido criticado por lo primero, pero el paso del tiempo le ha dado la razón, sobre todo cuando se erige en contra de todo autoritarismo y corrupción.

El joven Vargas Llosa en París

He sido parte de ese tramo final de la generación que eligió París como la Meca cultural del mundo, y le dio la espalda a Estados Unidos, donde muchos bolivianos preferían ir. Mis seis años en Francia fueron estimulantes, debí escribir entonces una novela o cuentos sobre esa experiencia, al menos un testimonio del ambiente de los exiliados, pero no lo hice, de modo que mi reproche a Vargas Llosa es injustificado. 

Otros autores como Julio Cortázar han escrito de manera magistral y abundante sobre París. La diferencia con Vargas Llosa es que éste vivió y bebió la literatura francesa como el intelectual serio que es, antes que la cotidianeidad de los espacios y las relaciones humanas.

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Escribir no es un pasatiempo, un deporte. Es una servidumbre que hace de sus víctimas unos esclavos.
—Mario Vargas Llosa
 

21 enero 2024

Dejen en paz a Abaroa

(Publicado en Brújula Digital, Público Bo y Agencia de Noticias Fides, el sábado 13 de enero de 2024)

Ser alcalde de La Paz o de El Alto es seguramente uno de los mayores desafíos de gobernabilidad en Bolivia. Por tanto, empiezo compadeciendo al Negro Arias por tan ingrato trabajo (aunque parece que lo disfruta).

He esperado que terminen dos meses festivos para escribir esto: julio y diciembre. Lamenté que en plenas celebraciones julianas el gobierno del MAS hubiera citado a Arias como “testigo” de uno de los casos más delirantes de persecución política y servilismo del sistema judicial. Fue una manera mezquina (propia de masistas odiadores) de aguar los festejos de La Paz.

Pero bueno, nos toca decir cosas que de repente no le gustan al alcalde (ya endurecido por la crítica), pero hay que decir lo que corresponde. El aparato informativo del GAMLP se encarga de contarnos las maravillas de la gestión municipal, pero nosotros tenemos el deber de señalar los problemas que afectan día a día a la ciudad, más allá de la propaganda costosa e innecesaria.

Arias prometió más de 110 obras en julio. Reinauguró por tercera vez el embovedado del Choqueyapu (que no es obra suya) como la “gran obra” de las fiestas de la ciudad. Pues bien, hace siete meses que no se avanza ni un centímetro en el trabajo que debía hacerse para habilitar una nueva ruta desde la avenida del Poeta hasta la curva de Holguín. Es apenas un kilómetro de largo, pero hasta ahora no hay nada nuevo. Solo siguen ahí tres monigotes que sirvieron el día de la challa (uno ya no tiene cabeza), y no se ha visto en meses a ningún trabajador ni tampoco avances. 

En otras palabras, el alcalde prometió y no cumplió: “Palabra empeñada, palabra cumplida”. No cumple las promesas electorales, pero hace más promesas.

El alcalde se ocupa de tonterías cosméticas y sus asesores lo “ayudan” a meter la pata. Se le ocurrió “remodelar” la plaza Abaroa, un gasto ridículo porque lo único que necesitaba esa plaza de Sopocachi era que limpien los letreros pintados sobre el piso para los desfiles del 23 de marzo (“movimientos sociales”, “UMSP”, “Instituciones Cívicas”, etc.), y que luego se quedan todo el año, año tras año, sin que nadie los borre.

Eso no es todo, lo grotesco no tiene límite. Repitiendo la mala costumbre del culto a la personalidad (según el manual de Evo Morales), el alcalde hizo colocar en el exterior de la plaza Abaroa una enorme valla espectacular donde aparece él anunciando que ahí se va a realizar una “super obra” para avanzar en “la ruta del amor…” Por favor, no sea patético alcalde. En primer lugar, la plata es de los ciudadanos, no de su bolsillo, o sea que su foto está de sobra, así como “fuerza Negrito” y otras babosadas que lo hacen cada vez más antipático. Pero, además, ¿acaso está construyendo cinco niveles de parqueos subterráneos debajo de la plaza, o una gran biblioteca y centro cultural que tanta falta le hace a la ciudad? ¿No? Entonces ¿de qué “super obra” nos está hablando? Déjese de macanas (para no usar la palabrota atribuida al prócer).

Mientras tanto, en la ciudad de La Paz hay asuntos importantes que atender, en lugar de pintar plazas y poner plantitas. En lugar de arreglar jardineras y volver a asfaltar lo que ya estaba asfaltado, ¿por qué no limpia el río Choqueyapu? Se necesita reciclar efectivamente la basura, pero en vez de aumentar el número de islas de separación, las hace desaparecer, como la que había en Calacoto en la plaza Humboldt. ¿Por qué no coloca en las esquinas basureros de plástico medianos y no de metal (que se corroe con la humedad y no tiene capacidad para nada)?

Necesitamos más áreas peatonales y ciclovías, las aceras están rotas y provocan accidentes todos los días. Marañas de cables cuelgan por todas partes y empresas privadas siguen colocando más, destruyendo el paisaje urbano. ¿Dónde están los parquímetros que prometió el primer día, cuando despidió a los jóvenes que ayudaban con los estacionamientos? Los pasos de cebra son una prioridad, pero ni siquiera los pinta, espera que inmigrantes venezolanos lo hagan. La Guardia Municipal es ineficiente y corrupta, ni siquiera es capaz de cuidar las paradas del PumaKatari para que no estacionen autos particulares o taxis, y nunca está en los cruceros donde no se respetan los semáforos (como en San Jorge o detrás de la UMSA). Son unos vagos que engordan detrás de sus escritorios y salen solamente en Navidad para cosechar coimas.

Necesitamos una alcaldía proactiva y creativa que haga la vida cotidiana de los paceños más agradable. Por ejemplo, que intervenga inmediatamente (y no tres días más tarde) cuando hay tiendas que producen ruido por encima de los decibeles permitidos, o cuando empresas constructoras bloquean las aceras con ladrillos y tierra impidiendo el paso de peatones. Ni hablemos del lavado de dinero mal habido, en centenares de edificios fuera de norma, sobre los que no se hace absolutamente nada porque hay concejales bribones que se están enriqueciendo.

Basta ya de celebrar “el inicio” de obras: lo que queremos es obras concluidas, terminadas. Con demagogia barata no vamos a llegar muy lejos.

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Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo.
Puedes engañar a algunos todo el tiempo.
Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.
—Abraham Lincoln
 

14 enero 2024

Inocente Evo

(Publicado en Brújula Digital, Público Bo y Agencia de Noticias Fides el sábado 13 de enero de 2024)

Debo confesar que me divierto con los “trinos” de Evo Morales en Twitter. No soy su “seguidor”, pero no es necesario serlo, porque el nuevo algoritmo de “X” me regala ese placer sin necesidad de contarme entre 1.300.000 seguidores que tiene el cacique del Chapare. Es el boliviano con mayor número de seguidores en esa plataforma virtual, y en ese dato radica mi regodeo, porque todo indica que sus escribidores le juegan una inocentada permanente y él se dispara en el pie con cada nuevo tuit que le publican.

Me explico: cada vez que el “Jefe Indio del Sur” (como lo llamó su compinche Maduro) publica un tuit, le llueve miseria. Es decir, le dan palo hasta debajo del paladar. Ya sé que Morales no escribe sus tuits, porque no le alcanza ni el conocimiento, ni el lenguaje, ni la ortografía para disparar 15 o 20 veces cada día, compulsivamente. Y no importa que tenga a su servicio un grupo de amanuenses que dicen lo que (suponen) él quisiera escribir. Lo que me interesa aquí son las respuestas que se acumulan por centenares, cada vez que se publica algo.

Los estudiantes de comunicación tienen en bandeja un tema para sus tesinas: el análisis de los tuits y de las reacciones. Ni siquiera deben moverse de su casa para estudiar este fenómeno circense. Basta que seleccionen un periodo de tiempo (un día, una semana), para llegar a conclusiones científicamente válidas sobre ese material socio-patológico.

Mercenario digital con un sólo seguidor...

Veamos los aspectos que no deben pasar desapercibidos:

1. Por una parte, están los afanosos escribanos del expresidente, publicando tuits sobre temas de Estado, como si el sujeto siguiera en el poder. Desde saludos protocolares a los dirigentes de Rusia, China, Venezuela o Cuba, hasta la auto-cobertura de asambleas de pre-campaña electoral en el trópico de Cochabamba (a veces se atreve a desplazarse más lejos, a Oruro o El Alto, pero no le ha ido bien, lo han sacado a chicotazos o le han quitado la silla donde debía sentarse.)

2. Luego, tenemos al ejército de las sombras, los mostrencos “guerreros digitales”, pagados por su obsecuencia, sus pocas luces y su cobardía. Estos sicarios armados de celulares escriben para aplaudir al jefazo desde cuentas falsas, con pocos seguidores (ni entre ellos mismos se siguen), con seudónimos ridículos y sin fotografías personales. Es decir, desde el anonimato son muy valientes.

3. También tenemos al grupito reducido de mercenarios internacionalistas, que siguen “queriendo creer” que Evo Morales es “indígena”, pero no conocen Bolivia más que por el forro for export. En su mayoría son argentinos, sin otro oficio que colgarse letreros revolucionarios y esconderse detrás de seudónimos extravagantes y una wiphala.  

4. Otro sector bastante amplio le suele dedicar a Evo Morales insultos que ni el algoritmo de Twitter puede filtrar. Lo hacen desde cuentas anónimas, pero también con foto, nombre y apellido, para expresar su impotencia y su rabia, perfectamente entendible si consideramos que un bribón como Evo Morales goza de impunidad cuando debería estar preso por los atropellos cometidos a lo largo de 15 años.

5. Finalmente, los más numerosos (y pensantes) comentan los tuits del cacique del Chapare de manera lapidaria pero con humor. La variedad de frases jocosas es infinita, aludiendo a la pedofilia, al narcotráfico, a su angurria de poder, a sus mentiras o a su ignorancia.

Un buen ejemplo de lo anterior puede encontrarse en el tuit que los amanuenses de Evo Morales lanzaron el 31 de diciembre de 2023, a las 17:47: “A mi querido pueblo boliviano, hermanas y hermanos militantes del MAS-IPSP, a mis familiares, compañeros, hermanos presidentes, expresidentes y líderes de países amigos, mi deseo de que el 2024 sea un año de luchas y victorias; de éxitos en el trabajo y con unión y prosperidad familiar”. A las 24 horas, el primer día de 2024, había 163 respuestas, más del 90% apaleándolo verbalmente.

¿Es masoquista o sus asesores le están tendiendo una trampa? Lo que me sorprende es que los administradores de la cuenta de Evo Morales en Twitter (o X, ahora que es de Elon Musk), no se den cuenta de que más de un millón de seguidores lee no solamente los brulotes del jefazo, sino también (y sobre todo) las respuestas donde lo hacen pomada. No entiendo que siga publicando para que virtualmente lo linchen en masa. Bastaría que leyera las cadenas de réplicas a sus trinos para que se dé cuenta de que sistemáticamente lo pulverizan.

Cada tuit que publica con su foto y firma es un dispositivo de su autoinmolación digital. Quizás él ni siquiera lo sabe. Quizás sus cercanos colaboradores no quieren decirle la verdad. Quizás no quieren aconsejarle que deje de publicar, porque cada vez que publica algo, la gran mayoría de los que responden lo hacen añicos. ¿Está durmiendo con el enemigo el cacique chapareño? ¿Quién se beneficia de su desprestigio? 

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Muchos han comerciado con ilusiones y falsos milagros,
engañando a la estúpida multitud.
—Leonardo da Vinci
 

04 enero 2024

Yo Claudio

(Publicado en Brújula Digital, Público Bo y Agencia de Noticias Fides el sábado 23 de diciembre de 2023)

Llegué a los 37 años de edad con entusiasmo y muchos proyectos por delante. Dos hijas pequeñas, una esposa, una familia muy querida y querendona, y muchos amigos que me aprecian por mi temperamento jovial y tranquilo, y por los aportes que hice en pocos años al cine boliviano.

Claudio Sánchez Castro @foto AlfonsoGumucio 

Fui programador de la Cinemateca Boliviana, y me di el gusto de abrir espacios para la exhibición de películas que no hubieran tenido otros canales de distribución, especialmente cortometrajes, que me gustan mucho y me parecía justo promoverlos, así como a sus autores que comenzaban a hacer cine con las dificultades propias de nuestro país.

Publiqué comentarios sobre muchas películas en la página web CineMásCine, creada y administrada junto a Yeyo Zapata y a Mary Carmen Molina, amigos y cómplices de aventuras culturales, y también en los suplementos de Opinión (La Ramona), La Razón (Escape) y Cambio (La Esquina). Quizás prematuramente, a medio camino, recogí esos comentarios sobre cine y cineastas en el libro Notas y críticas de cine en “La Esquina” (2017, Editorial 3600), una precaria edición de 256 páginas que se deshoja como un árbol en otoño.

Uno de los proyectos que cultivé con más cariño fue la investigación y el libro resultante sobre Los aviones en el cine silente boliviano (2013, Editorial 3600), que me permitió revisar referencias hemerográficas y bibliográficas sobre  películas bolivianas que incluían aviones. No eran pocas, ya que desde las primeras décadas del siglo XX los aeroplanos llamaron la atención de cineastas pioneros. El tema me apasionó porque la aviación se desarrolló a la par que el cine, fueron inventos casi simultáneos, una suerte de pareja ideal donde el innovador señor cine trataba de atrapar al vuelo las imágenes de la intrépida y joven aviación.

Si los aviones hubieran existido en 1895, los hermanos Lumière los habrían filmado en lugar de “La llegada del tren a la estación de La Ciotat”. En esta investigación traté de establecer, por una parte, el contexto histórico de la política y la sociedad en Bolivia desde principios del Siglo XX hasta la Guerra del Chaco, y por otra, el contexto mundial y local de la expansión del cine como registro documental y como expresión artística, hasta la dolorosa y a la vez luminosa transición del cine silente al cine sonoro. Me detuve en todas las películas de las que tuve noticia donde aparecían aunque sea brevemente (o en maqueta) aparatos de aviación. Utilicé en mi libro abundantes citas y referencias al pie de página para subrayar la densidad de mi investigación y sus respaldos documentales.

Claudio @foto AlfonsoGumucio

Por ello advertí en el Preludio que el libro es “una historia de papel”, como sugiere la acertada ilustración de la portada. La imposibilidad de acceder a las películas, muchas de ellas perdidas irremediablemente, me hizo confiar en fuentes escritas por nuestros pioneros historiadores, y por otros que bebieron de esa misma base documental décadas más tarde.

En el libro consigné hechos curiosos, como por ejemplo que los primeros aviones que despegaron a la altitud de 4000 metros, en el altiplano boliviano, llegaron en tren desde Chile. Subrayé el papel de Pedro Sambarino, pionero del cine argentino, boliviano y peruano, aunque era de origen italiano. Fue quizás el cineasta más interesado en registrar aviones en sus filmaciones. No fue el único, ya que don José María Velasco Maidana lo hizo también en su cortometraje documental Historia de la aviación boliviana (1930). Con base en el libro del inglés Julian Duguid, aporté sobre la aventura exploradora del camarógrafo J.C. Bee-Mason, quien acompañó por toda Bolivia al entonces diplomático Mamerto Urriolagoitia, en la producción del documental Through the Green Hell: Across Bolivia, también conocido como Del llano a las cumbres, que nunca se exhibió en nuestro país.

No me limité a describir la historia de los aviones en el cine boliviano, sino también la propia historia de la aviación, no siempre registrada por los cineastas. Le dediqué, por supuesto, buenas páginas a la película que en mi opinión representa lo más importante que se hizo en el cine relacionado con la aviación en Bolivia: Hacia la gloria (1932), donde el aeroplano es protagonista en el marco de la Guerra del Chaco, y donde el personaje que interpreta Donato Olmos Peñaranda, fue doblado por un piloto de lujo: Rafael Pabón. Con ese filme se cerró con broche de oro el periodo silente de nuestro cine.

Mi último libro es Arturo Posnansky y el cine (2020), un homenaje al ingeniero naval, arqueólogo aficionado y pionero del cine, cuyos aportes sobre Tiahuanaco y las comunidades indígenas del lago Titicaca fueron seminales. El libro incluye en una segunda parte la copia facsímil del libreto de su película más emblemática: La gloria de la raza (1926).

No he sido ajeno a los vaivenes de la política boliviana. Me sentí próximo al MAS de Evo Morales, pero nunca manifesté mis simpatías con fanatismo. Supe mantener una distancia prudente, aunque publiqué artículos en medios afines al gobierno y en el diario oficialista Cambio (el único que pagaba a sus colaboradores, gracias al presupuesto del Estado).

Mi abuelo Mario ha iluminado mi camino durante muchos años, quizás yo ilumine ahora el suyo. Me llamo Claudio Sánchez Castro, y me he prestado en este texto el título de una magnífica obra del poeta inglés Robert Graves, para hablar en primera persona con ayuda de un amanuense que es mi amigo y colega en las aventuras del cine boliviano.

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Quien no quiere pensar es un fanático;
quien no puede pensar es un idiota;
quien no osa pensar es un cobarde.
—Francis Bacon