02 agosto 2021

Sombras de la tarde

(Publicado en Página Siete el domingo 4 de julio de 2021). 

Cuando pienso en Javier Torres Goitia Torres regresan a mi memoria algunos versos de “Canto a mí mismo”, pero no solamente los más difundidos (“Yo soy inmenso / y contengo multitudes”), sino otros que hablan de la permanencia en el mundo. Walt Whitman escribió el largo poema en 1855 cuando tenía apenas 37 años de edad y Javier falleció el 4 de junio de 2021 cuando acababa de cumplir 99, el doble + cuarto de siglo: “Miradme a la cara, mientras respiro por última vez bajo las sombras de la tarde”.  

Javier Torres Goitia ©AlfonsoGumucio  

Me he nutrido a lo largo de la vida de amistades que me han regalado algo más valioso que un anecdotario personal: su humanidad inmensa, abarcadora y generosa. Ha sido el caso de Líber Forti, Ricardo Pérez Alcalá, Gil Imaná, Luis Ramiro Beltrán, Walter Solón Romero, Pepe Ballón, Efraín Recinos y Mario Monteforte Toledo (estos dos, grandes amigos guatemaltecos), y ahora Javier Torres Goitia T., para no citar sino a los que ya partieron.    

Decir que Javier era “un gran pediatra” es reducir su vida a un oficio que muchos otros ejercen con dignidad y vocación de servicio. Era mucho más que eso porque los grandes hombres son complejos por sus múltiples facetas y por el deseo que tienen de comerse el mundo, como sentía Whitman.  

Es más difícil escribir corto que escribir largo (carta Marx a Engels), pero intentaré encapsular aquí varios hechos por los que Javier permanecerá en mi memoria. Otros que lo frecuentaron tendrán mucho más que decir sobre él, yo me limito a lo que me toca.  

con Javier Torres Goitia ©AlfonsoGumucio 

En el plano profesional seguí de cerca su extraordinaria labor como ministro de Salud durante el breve gobierno de Juan José Torres (con el que yo también colaboré desde las páginas de El Nacional) y luego durante el gobierno de Siles Zuazo. Su acción innovadora de los Comités Populares Salud fue motivo de análisis en numerosos estudios académicos. En un largo texto publicado en México, “Cuando el doctor no sabe”, abordé la audaz iniciativa de Javier, de participación popular en la salud comunitaria. Mencioné allí las ideas que Torres Goitia había defendido como ministro de Salud: que la atención primaria mal entendida fue convertida en “una estrategia para bajar costos” y llevó a una comprensión equivocada de la medicina comunitaria, sustituyendo “los servicios médicos por precarias formas de atención comunitaria en las cuales se delegaba, sin recursos específicos, las funciones y obligaciones del Estado”. No abundo en este tema porque lo hizo el propio Javier en un texto publicado en 1998.  

A raíz de un artículo crítico sobre el Seguro Social Universitario que publiqué en marzo de 2018, sostuve una reunión con las máximas autoridades de esa entidad de la UMSA: el entonces Gerente General, el Gerente de Salud (Dr. Bacarreza) y el Presidente de Colegio de Médicos (Dr. Larrea). Le pedí a Javier que me acompañara, pues su sola presencia inspiraba un enorme respeto. Así fue durante la reunión. Mis críticas al SSU fueron tomadas en serio por sus directivos, que aseguraron que estaban embarcados en una “reingeniería” completa de la institución. Los resultados no se han visto hasta ahora, aunque la parte informática, que era tan débil, tuvo que mejorar a marchas forzadas debido a la pandemia. En este país, solo bajo presión se logran algunas cosas. De otro modo, los planes pueden esperar años sin concretarse, la inercia de los malos hábitos se impone. La principal universidad pública del país se aplaza en su gestión digital.  

Rodolfo Eróstegui, Elizabeth Peredo, Gladys y Javier Torres Goitia

El rango de inquietudes y aficiones de Javier era muy amplio. Recuerdo cuando, con gran humildad, me pidió que leyera su poesía para decirle con franqueza si me parecía publicable. Compartió conmigo todos los poemas que había escrito en su vida, que no eran tantos. Los leí con el mayor cuidado y respeto y una tarde a fines de julio de 2018 me invitó a tomar té a su casa para conocer mis impresiones. No era una tarea fácil. Para empezar, ¿qué poeta se atreve a juzgar la poesía de otro poeta? ¿Con qué “físico”? Nos sentamos en su estudio, con los poemas a mano, y le comenté los versos que me habían gustado y los que no tanto, pero siempre con la reserva del caso. Con sutileza le sugerí que siguiera revisándolos, y que tomara mi opinión como algo muy subjetivo.  

En otra ocasión, a su regreso de Lima donde había pasado unos meses con su familia, me invitó a almorzar causa peruana y trucha al horno (que Gladys apenas probó). Habían aprovechado para viajar con Caty, la cocinera, y ese almuerzo era la primera ocasión para ella de mostrar lo que había aprendido de la cocina peruana durante la estadía. Luego del almuerzo, en su estudio, tuvimos una larga conversación que él condujo hábilmente hacia los episodios importantes de su vida. Confesó que había escrito páginas sueltas pero que ya no le daba el cuero para escribir una autobiografía, con las justas entregaba sus artículos a Página Siete. Me consultó si yo estaría dispuesto a escribirla. “Te admiro Javier y agradezco que hayas pensado en mí, sería un honor hacerlo porque hay una gran identidad de puntos de vista entre nosotros y una amistad de muchos años”, le dije, pero añadí que yo estaba embarcado en el proyecto enorme de la biografía de mi padre, y al mismo tiempo luchando por mi sobrevivencia día a día con consultorías. Mi respuesta era positiva, pero no en lo inmediato, porque era un proyecto de mucho aliento, de por lo menos seis meses. Nunca pudimos concretarlo, ahora lamento la oportunidad perdida.  

Torres Goitia, Gladys y Gil Imaná, en 2013
©Alfonso Gumucio 

Nos veíamos un par de veces al año en la Fundación Solón, como miembros del directorio que él presidía. Eran reuniones agradables, donde Javier aportaba con su experiencia y su posición siempre progresista. Convocados por Pablo nos reuníamos en ese espacio colmado del espíritu de Walter Solón Romero, nuestro amigo común, al que quisimos tanto. La última vez lo hicimos virtualmente, nosotros en el piso superior de la casa-museo y él en Lima.  

Javier era el paradigma de una vejez digna, de una vejez con juventud. Poco antes de la pandemia todavía jugaba tenis con su grupo de “jurásicos”. Él era el mayor y jugaba con “changos” de 70 años. “Quiero ser viejo como tú” le dije alguna vez, y le volvía a preguntar su edad cada vez que nos veíamos, para convencerme a mí mismo de que era posible llegar en buen estado físico y lucidez mental a una edad centenaria.  

Torres Goitia en 2017 ©Alfonso Gumucio 

Dos o tres semanas antes de su muerte me llamó para decirme que uno de mis artículos sobre la pandemia le había parecido bueno, y me pedía permiso para circularlo en la red de la Academia Boliviana de Historia de la Medicina, de la cual era presidente. Conversamos largo aquel día. Yo lo hacía todavía en Lima, pero me aclaró que había regresado con Gladys en enero, aunque estaban pensando seriamente trasladarse a Perú de manera definitiva. Se aburría en el departamento del edificio Illimani, a solas con Gladys. Ambos se cuidaban mucho y no querían exponerse al contagio del coronavirus, por lo que no recibían ni a los sobrinos. Cuando pasara la tercera ola de la pandemia nos reuniríamos para conversar en su casa. En eso quedamos.  

Con Javier me queda, otra vez, la sensación que he tenido en esta época pandémica con varios otros amigos que se fueron: la amargura de algo que no pude concluir, una amistad truncada por la muerte, muertes prematuras porque no correspondían aún, a pesar de la edad. Muertes precipitadas por el virus y sus fatales triquiñuelas.    

________________________________________          
Earth of the slumbering and liquid trees!
Earth of departed sunset—earth of the mountains misty-topt!
Earth of the vitreous pour of the full moon just tinged with blue!
Earth of shine and dark mottling the tide of the river!
Earth of the limpid gray of clouds brighter and clearer for my sake!
Far-swooping elbow’d earth—rich apple-blossom’d earth!
Smile, for your lover comes.
—Walt Whitman