09 marzo 2023

La derecha

(Publicado en Página Siete el viernes 3 de febrero de 2023)

 Dicen que en política los extremos se juntan. Esto resulta cada vez más cierto en un mundo donde las definiciones de “izquierda” y “derecha” ya no sirven. Quienes nos hemos considerado de izquierda en la lucha contra las dictaduras militares de las décadas de 1970 y 1980, no podríamos jamás reconocernos en la falsedad ideológica que enarbolan los oportunistas que desde hace 17 años medran del poder en Bolivia, aparecidos de la nada.

 La confusión es global. ¿Putin es de izquierda? Dicen lo contrario su alianza con Donald Trump, su afán de permanecer en el poder indefinidamente, su política imperialista e invasora de otros estados democráticos, su gestión económica que favorece a los ricos (nunca hubo en Rusia tantos millonarios como ahora), y su carencia de ética (le ha robado al Estado más de 22 mil millones de dólares según los cálculos más conservadores, apoyado en mafias). Putin no puede jamás ser considerado un político de izquierda, más bien un pillo sin escrúpulos.

 ¿Evo Morales es de izquierda? Sus gobiernos (y la continuidad cínica de su ministro de Finanzas) encarnaron el extractivismo, la deforestación, daños irreversibles al medio ambiente, minería salvaje, concesiones de hidrocarburos en áreas protegidas. Trató de prorrogarse en el poder indefinidamente violando la Constitución Política del Estado, organizó el fraude electoral, llamó a actos de violencia, está involucrado en narcotráfico. ¿Eso será ser de izquierda? Reprimió a indígenas de las tierras bajas, sobornó a organizaciones sindicales históricas hasta quebrar sus históricos liderazgos.

 Las etiquetas de izquierda y de derecha están caducas. En su discurso de victoria electoral el colombiano Gustavo Petro evitó la palabra “izquierda”, pero usó el término “progresista” para definirse. Lo propio ha hecho Gabriel Boric en Chile. Estos dirigentes quieren distinguirse de los viejos dinosaurios corruptos. Ni Boric, ni Petro, ni el nuevo Lula (que ha aprendido la lección) quieren estar en el mismo saco que Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Rafael Correa o Evo Morales (y sus corifeos en el parnaso del MAS), que se han prorrogado en el poder (o lo intentaron), mediante corrupción, violación de los derechos humanos, daños a la naturaleza, etc.

 Cuando hace cuatro o cinco décadas la verdadera izquierda existía, tenía principios. (La derecha también los tenía, aunque no fueran los mismos). Había en ambos bandos políticos un sentido del valor de las ideas, aunque unos buscaran cambios en la sociedad y los otros más privilegios. Las discusiones mostraban argumentos, no solo consignas facilonas.  

 Uno de los temas que servía para diferenciar a “izquierda” y “derecha”, era el medio ambiente, el respeto por la naturaleza, la preservación de los recursos naturales para futuras generaciones. Mientras la antigua izquierda tenía conciencia de la fragilidad del planeta, la derecha pensaba en términos de aprovechar al máximo los recursos, sin importar el futuro. Precisamente cuando la izquierda mostró ser tan angurrienta y extractivista eliminó uno de los rasgos de diferenciación: los gobiernos neoliberales latinoamericanos no fueron tan extractivistas y destructores de la naturaleza como los de “izquierda” de Perú, Ecuador o Bolivia.

 Las dictaduras militares querían quedarse en el poder indefinidamente, pero no lo lograron. En eso fueron más eficientes los gobiernos autocráticos “de izquierda”, que llegaron al extremo de cambiar las leyes de sus países para perpetuarse en el gobierno: Chávez y Maduro en Venezuela, Ortega-Murillo en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia y Correa en Ecuador, entre otros. Autocracia y violación sistemática de los derechos humanos.

 Otro factor que antes parecía diferenciar a la izquierda de la derecha es la corrupción. Trump es un ejemplo, incluso menos descarado que Putin, porque en Estados Unidos hay más medidas de control de los poderes. En América Latina todos los gobiernos que se decían “de izquierda” han sido escandalosamente corruptos: Ortega, Chávez, Maduro, Correa o Evo Morales. En cada uno de sus países han logrado hacer que la corrupción sea algo “normal”, con el apoyo por igual de empresarios insaciables y de sectores derrotados de la vieja izquierda comunista que dejó en el camino sus valores para avalar a los nuevos autoritarismos (como sucedió en Argentina durante las dictaduras).

 En el contexto boliviano son mucho más progresistas las propuestas desde el centro del espectro político, y más conservadoras las de quienes se etiquetan “de izquierda”, represores y depredadores reaccionarios, mal le pese al cacique del Chapare que se llena la boca de etiquetas porque carece de argumentos.

 La conclusión es que la nueva derecha está encarnada por los que vociferan discursos de izquierda, pero en la práctica hacen exactamente todo lo contrario: son reaccionarios y no quieren que nada cambie. No les regalemos la etiqueta de “izquierda” a estos oportunistas, porque costó mucha sangre y sacrificio ser genuinamente de izquierda cuando dominaban el continente las dictaduras militares.

 Y aunque ahora “derecha” e “izquierda” ya no signifiquen nada, no dejemos que nos roben la historia.

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De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo:
De la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra.
—Mario Benedetti