La revista mexicana Zócalo que con tanto acierto dirige el incansable periodista Carlos Padilla Ríos, es una publicación mensual que aborda de manera crítica y aguda los temas de “comunicación, política y sociedad” en este país donde la disidencia es duramente castigada, particularmente cuando afecta los gigantescos monopolios mediáticos como Televisa.
Cada número de Zócalo es un descubrimiento porque la revista muestra, con pelos y señales, lo que otros medios se esfuerzan por ocultar. En los análisis que hacen sus colaboradores –entre ellos algunos tan destacados como Raúl Trejo Delarbre, Andrés de Luna o Gabriel Sosa Plata- se desnudan los juegos de poder que amenazan la diversidad y la libertad de expresión, así como el derecho a la comunicación de los mexicanos.
La calidad de la información le otorga seriedad a la revista, cuyos ataques al poder hegemónico están ampliamente sustanciados con datos duros, con citas de documentos oficiales o documentos filtrados. Junto a otra excelente revista, etcétera, Zócalo constituye una alternativa indispensable en el panorama mediático de México.
En su número 107 correspondiente a enero del 2009, Zócalo publica una entrevista realizada por Carlos Padilla con Thomas Tufte y Alfonso Gumucio Dagron autores de la “Antología de Comunicación para el Cambio Social: Lecturas Históricas y Contemporáneas". La entrevista completa es accesible en línea en la página web de Zócalo.
28 mayo 2009
La Antología en Zócalo
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Alfonso Gumucio
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10:25 p.m.
24 mayo 2009
Guillermo Lora (1920-2009)
Los homenajes a Guillermo Lora se multiplican y casi todos hacen énfasis en su condición de máximo dirigente del trotskismo en Bolivia, durante toda una vida. El “fiero” Lora es una figura legendaria en las luchas sociales, quizás no tan carismática como Lechín, pero sin duda trascendente por su influencia en los sectores más radicalizados, particularmente en las universidades y en el magisterio de La Paz.
Con Lora tuve encuentros breves, y recuerdo sobre todo uno, en Paris, a principios de los años setenta, durante la dictadura de Bánzer. Lo fui a visitar a la sede de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), la más importante organización de la Cuarta Internacional en Francia, que por entonces dirigía el carismático Alain Krivine, figura del movimiento estudiantil de mayo 1968.
En la sede de la LCR, Lora estaba protegido como un tesoro viviente, y el respeto que merecía de los trotskistas franceses era impresionante. Tuve que pasar varias puertas reforzadas con metal, con mirillas como en una cárcel, y responder preguntas inquisidoras para llegar finalmente a un patio interior y saludar a Guillermo en un segundo piso. Ojalá tuviera a mano mis notas de esa época, para recordar los detalles de nuestra conversación. Sólo recuerdo ahora algún comentario que hizo que me pareció misógino, y me sorprendió viniendo de una figura revolucionaria.
Se podrá decir muchas cosas sobre Lora y algunos han criticado la manera testaruda como permaneció fiel a sus principios e ideas toda su vida, pero eso mismo lo hace digno de respeto. Muchos de sus discípulos “evolucionaron” rápidamente aburguesándose y cambiando de camisa política con extrema velocidad, pero Lora se mantuvo firme en sus convicciones. Yo conservaba –hasta el golpe de García Meza- un ejemplar de la revista trotskista “Masas”, con un gran titular que decía: “Lora expulsado del POR”. Avatares de la vida, también a Paz Estensoro lo expulsó Guillermo Bedregal del MNR durante el infausto golpe de Natush. Mucha gente olvida estos “detalles”.
Se le atribuye la autoría de la Tesis de Pulacayo, cosa que Lechín rechazaba. En una entrevista con Aquiles Solares, el propio Lora zanjó la cuestión: “No, no, no yo no escribí la tesis de Pulacayo, a mí me la dictaron los mineros y sólo la redacté, cuando me iniciaba en política. Fui nada más que pendolista.”
No se ha dicho todavía suficiente de Guillermo Lora como intelectual, creador de una obra frondosa como historiador y ensayista, como lo atestiguan más de sesenta libros, publicados en su mayoría por Masas, El Amauta, Isla y en los últimos años por “La Colmena”, y distribuidos por “Mi Kiosko”, ambas iniciativas propias.
Su posición ideológica intransigente lo llevó incluso a justificar la alianza del trotskismo con la “Rosca” minero-feudal en el colgamiento de Villarroel en 1946. Sobre ese tema se embarcó en una sonada polémica en 1968 con Augusto Céspedes y Jorge Abelardo Ramos, a raíz de su crítica a “El Presidente Colgado”. Lora no ataca personalmente a Céspedes, más bien reconoce que es un escritor brillante, pero censura su interpretación histórica: “A un historiador de derecha sólo podemos exigirle una honesta y documentada descripción de los acontecimientos. El escritor revolucionario debe ofrecer la interpretación de los fenómenos políticos y su proyección hacia el futuro, lo que supone la revelación de sus contradicciones internas…” El “Chueco” Céspedes, que no tenía pelos en la lengua, respondió aludiendo al “huraño y taciturno hermetismo sectario” de Lora. Y Abelardo Ramos fue más duro: “Ejerce la ignorancia con respecto al marxismo viviente desde hace tantos años, que aún dormido es capaz de elegir el camino equivocado.”
Su “Historia del Movimiento Obrero Boliviano” (1967-1980), en cuatro tomos, es una contribución esencial a la historiografía boliviana. En esa obra -que fue luego publicada en inglés por la Universidad de Cambridge- Lora hace gala de su acuciosa naturaleza de investigador, que lo llevó a reunir una biblioteca importantísima, muy rica en folletería y documentos históricos, que hace veinte o treinta años vendió parcialmente a la Universidad de Brandeis en Estados Unidos.
Yo me nutrí de esa su obra histórica cuando escribí mi “Historia del Cine Boliviano”, que al igual que la suya, se publicó en la colección “Biblioteca Boliviana” de Los Amigos del Libro. Teníamos otra cosa en común: el escorpión... nació un 31 de octubre, como yo.
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Alfonso Gumucio
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1:45 a.m.
20 mayo 2009
Eternamente Yolanda
Varias veces la amenacé con mi cámara, le dije que quería hacer un retrato de ella para mi serie “Retrato Hablado”, en la que exhibí la primera vez cincuenta fotografías de personajes de la cultura y la política de Bolivia y de América Latina.
Siempre se negó: “Ya estoy muy vieja”, decía. No sé si la idea que yo tenía para ese retrato le hubiera gustado: quería sentarla en una silla de madera, grande, desmesurada, especialmente hecha para la ocasión. La veía con los pies colgando, sin llegar al suelo, sentada en el borde para subrayar el hecho de que su cuerpo era pequeño pero grande su poesía. Nunca pude hacer ese retrato. Yolanda prefería mirarse joven, como escribió en su poema “Frente a mi Retrato”:
Me miro distante en esa imagenFue generosa conmigo cuando leyó mi poemario “Sentímetros”. Me escribió una carta dulce:
que va cuajando primavera;
mejillas de pelusa de durazno,
un hoyuelo infantil como si un ángel
hubiera hundido un dedo pequeñito.
En el vaso del cuello la promesa
dormida de las venas que se inician
del diminuto pie a las manos finas;
la palidez matinal bajo la noche,
partida en dos de lucientes trenzas.
Son años que está inmóvil esa imagen
mirando en la ventana del vacío.
Querido Alfonso:
Ya en cama hasta las dos de la mañana, milímetro a milímetro he leído tus Sentímetros. Los he gustado con la lengua y sus implicaciones cerebrales y cordiales. Todo un alambique que al final destila poesía. Te has valido de una cuidadosa y misteriosa alquimia también.
Le has arrancado, aunque no creas, frutos a tu papiel, cristales de extraña pulcritud elaborados. Frutos, y también ese silencio de que uno se va llenando para seguir gritando como quien se calla.
Muchas cosas podría decirte de lo que esconde el mecanismo enloquecido y seco de tus poemas y como te digo, los leí emocionada y admirando su calidad literaria, además.
Si te pongo estas líneas a vuela-punta es porque no puedo ir personalmente estos próximos días, como quería.
Yolanda Bedregal
También fue generosa cuando en su "Antología de la Poesía Boliviana", un tomo de más de 600 páginas, incluyó cuatro poemas míos ("Detenido", "Silbos", "Ateneo literario" y "Autopsia").Su hija Rosángela me honró invitándome como miembro del Jurado del Premio de Poesía “Yolanda Bedregal”, el año 2002 en su segunda versión. Compartimos con Juan Cristóbal Urioste, Juan Ignacio Siles, Vilma Tapia, el “Chino” Soriano Badani, la decisión de premiar “Jaguar Azul” de Yaguarowi (Jorge Campero), quien nos engañó a todos –en el buen sentido- escribiendo con la voz de un indígena del oriente boliviano, y así obtuvo el premio por segundo año consecutivo.
La visité varias veces en su casa de la calle Goitia, en La Paz, pero ella solamente vino una vez a la mía. Fue hace 19 años, en mayo de 1990, en ocasión de una recepción para dos amigos escritores paraguayos, Ruben Bareiro Saguier y Carlos Villagra. Estuvieron también -además de Yolanda- Augusto Céspedes, Mariano Baptista Gumucio, Manuel Vargas y Edith von Borries.

Este 21 de mayo se cumplen diez años del fallecimiento de Yolanda. Plural Editores, que ha publicado todos los libros premiados en el concurso de poesía, lanza en esta fecha sus obras completas en cinco tomos, un verdadero regalo.
El grupo Gesta Bárbara la había nombrado "Yolanda de Bolivia", el honor que más apreciaba. Diez años desde 1999, me parecía que era mucho más tiempo, tanto que nos ha faltado su voz, su poesía y su narrativa.
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Alfonso Gumucio
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10:26 p.m.
09 mayo 2009
De Roskilde a Malmo
Estuve a fines de marzo en la Universidad de Roskilde (Dinamarca), a invitación de Thomas Tufte –coautor conmigo de la “Antología de Comunicación para el Cambio Social”- y en la Universidad de Malmo (Suecia), invitado por el colega Oscar Hemer (en la foto, con el “Turning Torso” de Calatrava atrás), para hablar con estudiantes de comunicación. En el seminario de Roskilde presenté “Three Challenges of Sustainable Communication for Social Change”, y en el de Malmo “From Community Radio to Cross Media: The Latin American Experience”. En el sitio web de Ørecomm hay más información y también vínculos para descargar los dos documentos que los estudiantes leyeron antes del seminario.
Copenhague y Malmo están unidas por el Øresundsbron, el puente combinado (tren y carretera) más largo de Europa, con 7,845 metros. En realidad, parte es puente y parte túnel debajo del agua. Fue inaugurado recién el año 2000; antes, era necesario cruzar el estrecho de Øresund en un ferry. Hoy se toma el tren, y ni cuenta se da uno de la frontera en medio del trayecto.
Además de las actividades académicas, fue una ocasión para que Thomas y yo nos sacáramos una foto actualizada con la “Antología de Comunicación para el Cambio Social”, nuestra obra conjunta. En una visita anterior, a fines de julio del 2005, nos tomaron una foto con dos altas pilas de documentos que habíamos revisado para seleccionar los textos que iban a publicarse en la “Antología”. Ahora, una foto similar, en el mismo lugar de su casa, con un ejemplar de la “Antología” en castellano. Así se cierra un ciclo, un proyecto.
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Alfonso Gumucio
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2:44 a.m.
06 mayo 2009
Augusto Boal (1931-2009)
Cuando en 2005 preparaba con mi colega Thomas Tufte la edición en inglés de “Communication for Social Change Anthology: Historical and Contemporary Readings” (2006), nos pareció indispensable incluir un extracto de “Teatro del Oprimido” de Augusto Boal, libro donde sintetiza su filosofía y su práctica de un teatro crítico y movilizador para “humanizar la humanidad”. Boal, afirmando que “el teatro somos todos”, impulsó un teatro donde los actores se mezclaban con la gente en las calles o en el transporte público, borrando la noción del “espectador” para convertirlo en actor-participante.
Tuve oportunidad de pedirle personalmente la autorización de publicar su texto en el Festival de Invierno en Ouro Preto, en Brasil, a fines de julio del 2005. Cuando supo que soy boliviano inmediatamente se recordó a Liber Forti, hombre de teatro a quien Boal admiraba por su trabajo en las minas con el grupo Nuevos Horizontes, y lo mencionó durante su presentación en el auditorio del teatro Vila Rica, repleto de gente que lo esperaba. De hecho, Liber intermedió un par de años más tarde para que Boal enviara por escrito su autorización para la edición en castellano de la “Antología” (2008).
Me reuní con Boal en la mañana del día siguiente en el pequeño hotel Solar do Carmo, para explicarle la importancia de incluir su texto sobre teatro en un libro sobre comunicación participativa para el cambio social. Caminaba con dificultad ayudado de un elegante bastón recubierto de plata, con el que aparece en la foto que nos tomamos.
Ahora llega la noticia de su muerte, a sus 78 años. Se multiplicarán los homenajes, especialmente el 9 de mayo, según nos dice Barbara Santos en el sitio web del Teatro del Oprimido. Se publicarán sin duda muchos artículos sobre su vida y su obras; sobre sus largos exilios cuando Brasil se encontraba sometido por las dictaduras militares; sobre sus peregrinajes por América Latina, Europa y Norteamérica; sobre los muchos teatros que derivaron del concepto de teatro del oprimido (teatro oficina, teatro forum, teatro periodístico, teatro legislativo, la fábrica de teatro…).
Yo solamente quiero marcar mi memoria en esta ocasión.
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Alfonso Gumucio
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2:00 a.m.
01 mayo 2009
Gripe porcina en la esquina
México, año 2166… Me lavo las manos veinte veces al día, durante un minuto cada vez, y salgo de casa con el barbijo puesto; en las calles casi vacías los transeúntes caminan con mascarillas y “cubrebocas” -como les dicen aquí en la megalópolis. Reina una tensa calma. Tomo fotos para la memoria. En la esquina de mi casa, incluso la estatua del gran Agustín Lara lleva barbijo. No se oye su voz, sólo se escucha el silencio.
Durante dos semanas están suspendidas las clases en todo el país. Los 30 mil restaurantes del Distrito Federal y todos los cines han cerrado sus puertas, y los partidos de fútbol se juegan en estadios vacíos, sin espectadores. Se ha prohibido el acceso a 175 zonas arqueológicas de la república mexicana. Las banderas están a media asta. Murió de pulmonía atípica el director del Museo de Antropología, y se dice que fue a causa del virus.

Los hospitales atienden gratuitamente a todos los enfermos, aunque no sean asegurados, incluso el hospital de la Fuerza Naval. En el metro, habitualmente repleto de gente, son pocos los que se arriesgan. Al aterrizar en el aeropuerto Benito Juárez, a los que llegan se les da una mascarilla y se les entrega información sobre un virus mortal que está en el ambiente y que se transmite por un beso, un estrechar de manos o un estornudo.
Monitores termográficos instalados en el aeropuerto y en las principales estaciones del metro detectan en sus pantallas a los viajeros con fiebre.
El gobierno del Distrito Federal emprendió este fin de semana un plan de contingencia para limpiar con agentes químicos todo el transporte público de la ciudad, así como 4500 planteles escolares, juzgados, mercados, restaurantes, museos, centros de recreación, etc.
Aunque los párrafos precedentes parecen el guión de una película de ciencia-ficción de los años sesenta (de esas que creaban suspenso sin necesidad de gigantescos monstruos creados digitalmente), lo descrito más arriba sucede en México, hoy, 1º de Mayo del año 2009. La mal llamada “gripe porcina”, científicamente el virus de influenza AH1N1 amenaza a una de las ciudades más pobladas del mundo, a los países vecinos y a cualquier otro con conexiones aéreas; es decir, a todo el planeta. USA, Canadá, Italia, entre otros, recomiendan cancelar los viajes a México que no sean “esenciales”. Cuba, Perú y Argentina, más radicales, suspendieron todos sus vuelos provenientes de México. El miércoles 29 la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó a 5 el nivel de alerta por la pandemia.

Cosa inusual, se ven nítidamente los cerros que rodean el valle de México. La tradicional y espesa capa de contaminación ha desaparecido, el cielo es intensamente azul en la moderna Tenochtitlán. El gobierno federal ha decidido que solamente una parte esencial de la administración pública y de las fuerzas armadas seguirá trabajando. El regente de la ciudad ha ordenado el cierre de las fábricas no esenciales. La Ciudad de México pierde cada día cerca de cien millones de dólares debido al cierre de empresas y negocios. Los más pequeños van directo a la quiebra y se espera un aumento del desempleo en los próximos meses. Y si aumenta el desempleo, aumentará el hambre y la violencia.

Circulan en Internet las habituales hipótesis de complots fríamente calculados. Uno dice que el virus fue producido en laboratorios militares de Estados Unidos (la CIA ya introdujo un virus porcino en Cuba, en 1971), y su propagación beneficia al ex Secretario de Defensa de Bush, Donald Rumsfeld, accionista del laboratorio Golead Sciences Inc. que tiene los derechos sobre la medicina retroviral Tamiflu. Otra teoría de conspiración sugiere que es una maniobra de los gobiernos del G7, para reactivar la economía de esos países mediante medidas financieras excepcionales. Otra, que el gobierno mexicano necesita unir a la población a su alrededor para las próximas elecciones legislativas.

El humor cáustico de los mexicanos se explaya como la misma pandemia. En la calle escuché a dos obreros conversando: “Con una botella de tequila al virus se lo lleva la chingada”. También circula por Internet el “nuevo billete de 20 pesos”, en el que aparece Benito Juárez con mascarilla.

En cualquier caso, desde la perspectiva de este ciudadano atrapado en el “ombligo de la luna” (eso quiere decir “México”), la gripe porcina está en la esquina, aunque según el portavoz del gobierno mexicano el genoma del virus es de origen euro-asiático. Dice en la televisión el Secretario de Salud del Gobierno Federal: “¿Entonces quién se lo trajo? Pos quien sabe…”
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Alfonso Gumucio
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1:50 p.m.
24 abril 2009
Foro: Libertad de Expresión
Periodistas desaparecidos o asesinados, radios comunitarias perseguidas y clausuradas, censura y autocensura en los medios, el encierro, el destierro o el entierro de las ideas. Y no estamos hablando de regímenes dictatoriales, sino de “democracias” latinoamericanas.
La libertad de expresión y el derecho a la comunicación son una molestia y una amenaza para quienes están en el poder, sean de izquierda o de derecha. Si bien algunos países respetan formalmente la libertad de información, muy pocos promueven el derecho a la comunicación, que no es lo mismo. Como escribió Antonio Pasquali hace 45 años, en 1963: “La ‘libertad de información’ es una irónica contradictio in adjecto, ya que sólo connota la libertad del informador."
En México, un gran país con gigantescos monopolios mediáticos y muchos esfuerzos dispersos de comunicación independiente, alternativa y comunitaria, tanto la libertad de expresión como el derecho a la comunicación están constantemente amenazados desde las esferas del poder político o el poder de las sombras (el narcotráfico).
Para hablar de ello se organizó el 16 y 17 de abril el foro “Libertad de Expresión: Procesos Democráticos y Derechos Humanos”, convocado por instituciones líderes en la lucha por el derecho a la comunicación, como AMEDI, Artículo XIX, Comunicación Comunitaria y AMARC, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, la Coordinación de Enlace Comunitario y otras.
Los amigos de Comunicación Comunitaria me invitaron a presentar una perspectiva latinoamericana de los temas. Para mi fue una manera de aterrizar nuevamente en México luego de haber vivido y trabajado en el país a mediados de los 1980s.
El evento se abrió con la presencia de Frank La Rue, Relator de las Naciones Unidas para la Libertad de Expresión, y Catalina Botero, Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ambos reafirmaron la importancia de ir más allá de la libertad de los medios de información, hacia el derecho a la comunicación de la ciudadanía.
Fue impactante la mesa sobre “Agresiones a periodistas en México”, donde Ana Lilia Pérez ofreció un testimonio vibrante de las amenazas y presiones que ha recibido por haber publicado en la revista “Contralínea” investigaciones sobre manejos dolosos y corrupción en las más altas esferas del partido gobernante (PAN). Otro testimonio conmovedor fue el de Javier Valdés, periodista de “Río Doce” de Sinaloa, quien corre riesgos cotidianamente cada vez que escribe sobre la sociedad del narcotráfico en su columna “Malayerba”. Valdés afirmó que toda la sociedad de Culiacán está implicada, en mayor o menor grado, en el narcotráfico que ha penetrado todas las instituciones, desde la policía hasta los medios de información.
Otras mesas del Foro abordaron los “Avances y retrocesos del Acceso a la Información Pública”, “La Ley Televisa”, “Derecho a la Comunicación: Medios Comunitarios y Medios Públicos”, y “Convergencia Tecnológica en los Medios de Comunicación”. En esta última me tocó presentar una ponencia, junto a Gabriel Sosa Plata (cuya columna en el “Universal” fue recientemente clausurada), Beatriz Solis y Eduardo Correa.
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Alfonso Gumucio
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11:00 p.m.
10 abril 2009
Ultimo día en La Antigua
No se puede uno ir de Guatemala sin despedirse de La Antigua. La mañana soleada del último día, poco antes de ir al aeropuerto, recorrimos por centésima vez los 40 kilómetros que separan la capital actual de la antigua capital de Guatemala, accediendo a ella por la empinada bajada que lleva a su incesante redescubrimiento. Uno no se cansa de visitar La Antigua, porque cada vez hay algo nuevo, aunque la ciudad colonial no cambie y se mantenga suspendida en el tiempo.
Lo nuevo, esta vez, justo antes de transitar por las calles empedradas de la ciudad, fue la visita a Santo Domingo El Cerro, una colina propiedad de Jorge Castañeda, además dueño de muchas cosas en la Antigua, y como en otros proyectos urbanísticos en este ha asociado también al arquitecto Amerigo Giracca, para crear un espacio escultórico abierto con el nombre Parque Cultural Efraín Recinos, en homenaje al gran muralista, escultor, ingeniero y arquitecto guatemalteco, autor –entre tantas otras obras- del conjunto arquitectónico del Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias.
Cuento con los dedos de una mano (y me sobran un par de dedos) los amigos que he tenido en Guatemala, y sin duda Efraín Recinos es uno de ellos. El otro fue Mario Monteforte Toledo.
En su taller del Teatro Nacional, rodeado de dibujos, cuadros y cuadernos, visité a Efraín dos días antes para despedirme. Me contó que había descubierto bocetos de murales que daba por perdidos, y me habló del parque escultórico de Santo Domingo El cerro, donde la pieza central es una curiosa escultura suya, hecha de un escarabajo Volkswagen (que fue suyo durante el tiempo que duró la construcción del Teatro Nacional, de 1971 a 1978) y una “guatemalita”, mujer de ojos grandes que es uno de los leit-motiv en la obra escultórica de Recinos. Los ojos grandes y las piernas carnosas caracterizan a las mujeres de Efraín.
La charla con él me animó aún más a visitar Santo Domingo El Cerro, y hacerlo fue un regalo, porque esa colina desde la que se divisa La Antigua, está sembrada de arte. La presencia de Efraín es sin duda la más notoria, por los murales y esculturas, pero también hay obras de Luis Díaz, y Mariadolores Castellanos (casualmente, la nueva propietaria del departamento que acababamos de dejar en Guatemala).
La serie de murales de Efraín Recinos sobre el tema de la comunicación es una de las atracciones del parque. Me mostró dos días antes los bocetos originales, antiguos, que forman parte de un proyecto que nunca llegó a realizarse, como tantos de Efraín. Ahora, finalmente ven la luz como murales en mosaico donde predomina el color azul. Seis ya están terminados y colocados en su sitio definitivo. Aluden a la comunicación en todas sus formas y a través del tiempo: el tam-tam, las palomas mensajeras, la telegrafía, la radio, la televisión… Al diseño original sobre los satélites le añadió hace poco un teléfono celular en la mano de una “guatemalita” sentada sobre la esfera del globo terráqueo. Habrá un panel que todavía no ha sido realizado, pero que Efraín mencionó dos días antes cuando nos vimos: “La forma más antigua de comunicación, la más íntima: el beso”.
No podía yo encontrar una manera más conciliadora de dejar Guatemala. La obra de Efraín Recinos y de otros artistas y emprendedores del arte, tiene la capacidad de enterrar siquiera por unas semanas los recuerdos dramáticos de un país sumido en la violencia y en la injusticia, un país corrupto hasta la médula, donde todos los ilícitos son el pan cotidiano: tráfico de drogas, de obras de arte colonial y pre-hispánico, de influencias, de especies animales vivas en riesgo de extinción, de inmigrantes, de bebés vendidos para adopciones, de maderas preciosas, de órganos para transplantes, y todo cuanto la imaginación más perversa pueda imaginar.
En este país los pobres son muy pobres y los ricos son muy ricos. Y son indolentes, indiferentes a la realidad que los rodea, sobre la que se desplazan en helicópteros para no contaminarse. Los ricos de Guatemala se han hecho ricos especulando por igual en tiempos de democracia y de dictadura, apadrinando el Estado que conviene a sus intereses. República bananera (cafetalera, petrolera, azucarera…) donde 50 familias controlan el 80% de la riqueza nacional, esa es Guatemala, feudal como cien años atrás.
Hombres como Efraín Recinos –muy pocos frente a tanta adversidad- nos reconcilian con el mundo, no solamente por su inmensa creatividad como artista, sino por su sencillez como persona y por su generosidad con Guatemala. Por ello, irse con una despedida del hombre y de su obra, es una manera de llevarse un buen recuerdo al cerrar una etapa más en mi vida de gitano.
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Alfonso Gumucio
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10:37 p.m.
03 abril 2009
Entrevista en Canalé
“Canalé” es el nombre de la revista que publica la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). El número más reciente trae una entrevista de tres páginas sobre la versión en castellano de la “Antología de Comunicación para el Cambio Social: Lecturas Históricas y Contemporáneas”.
La entrevista realizada por Hugo Aguirre –quien coordina la especialidad de Comunicación para el Desarrollo en la universidad- explora las motivaciones y el proceso de elaboración de este libro que se ha convertido en una referencia importante para los estudios de comunicación para desarrollo y el cambio social en América Latina.
Hugo Aguirre: El presente está marcado por un discurso tanático, se agotan los recursos, el clima cambia negativamente, ¿cuál crees que será el aporte de la Antología y de la comunicación en este proceso de reorientación que requiere el capitalismo para encarar el futuro?
Cuando uno mira la foto grande, la del mundo, la de la historia, no puede evitar un cierto sentimiento de derrota, pero si uno se concentra en lo que mejor conoce y en las posibilidades de influir, renace la esperanza.
Nosotros pensamos que si las universidades asumen los retos del desarrollo y de los cambios sociales y se acercan a los problemas que padece la mayoría de la población, hay posibilidades de cambiar las cosas. Hay ejemplos de cambios sociales importantes en comunidades que han tomado en mano su desarrollo, con un espíritu democrático y solidario. Si esto se multiplicara por miles, estaríamos más cerca de resolver los grandes problemas que aquejan al mundo.
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Alfonso Gumucio
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8:05 p.m.
27 marzo 2009
La Antología en Bogotá

Estuve en el lanzamiento de la "Antología de Comunicación para el Cambio Social", en Bogotá, el 3 de marzo del 2009 con el auspicio de la Universidad Javeriana. Al presentar el libro el Decano de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, Jürgen Horlbeck, lo llamó “un mamotreto” para luego hacer una digresión etimológica de la palabra, señalando que en griego tardío “mammothreptus” significa “criado por la abuela”, por lo tanto bien amamantado y alimentado, un muchacho fuerte y supuestamente gordinflón. Añadió que tendría una función importantísima en la universidad, precisamente porque iba a “alimentar a quienes se atrevieran a consultarla”.
Nueve autores incluidos en la Antología son colombianos: Jesús Martín Barbero y José Miguel Pereira residen en Colombia, no así Clemencia Rodríguez,

Jesús Martín Barbero, uno de los autores latinoamericanos más reconocidos a nivel mundial, nos agradeció a Thomas Tufte y a mi, “por haber sido capaces de poner tantas voces y tejerlas entre sí. Este libro es un tejido de voces múltiples, pero con una enorme presencia y potencia del pensamiento latinoamericano y esto es clave, realmente clave desde nuestros países hacia el resto del mundo”.
Añadió que “el libro trae dos apuestas: la primera pensar en la transformación de la sociedad y la segunda, pensarla desde la comunicación no como técnica -que hoy es la obsesión de la inmensa mayoría de las facultades de comunicación en América Latina, que le están haciendo caso al mercado quien les dice descaradamente cómo formar a los comunicadores. Para mi y los que llevamos casi 40 años luchando por esta causa, encontrar que hay un libro mundial, global en el mejor sentido de la palabra, que pone como claves el cambio social y el tejido de las realidades de que está hecha la comunicación, tanto más que de los medios, es una enorme alegría”.

“Como insinuó Alfonso Gumucio, hace mucho tiempo que hay en América Latina un pensamiento pionero, pero los del norte nos siguen mirando desde arriba. Hay una expresión preciosa de Appadurai: ‘Nos siguen pensando como proveedores de materia prima para los molinos teóricos del Norte’”, añadió.
“En esta obra lo que hay, de veras, es una apuesta de diálogo del mundo con América Latina; pone a América Latina en el mundo y le permite al mundo -en su versión en inglés- enterarse de que aquí no solo hay materia prima para que la muelan los molinos del Norte, de que aquí no sólo hay informantes nativos sobre las exóticas formas de comunicación de los nativos de América Latina, sino que aquí hay tanto pensamiento o más. Lástima que esto no sea sólo problema de los países del norte, sino de la mayoría de las facultades de comunicación de América Latina, que cuando se han hecho rastreos bibliográficos, salvo cuatro o cinco que salimos premiados, hay una enorme cantidad de bibliografía barata pero con firmas que tienen mucho mercado en el norte.”


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Alfonso Gumucio
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8:08 p.m.