22 febrero 2011

Replicante, navegante editorial

Ya está en circulación, navegando en el océano tumultuoso e infinito de la red, el número más reciente de “Replicante: ideas para un país en ruinas”, revista electrónica que edita en México Rogelio Villareal Macías. La edición de febrero 2011 está dedicada a un tema que me entusiasma: “Erotismo y Pornografía”, y entre los muchos textos que recoge, incluye uno mío: “El origen del mundo”, que presenté hace tiempo en un congreso sobre Sexualidad y Literatura en Monterrey.

El subtítulo de la revista no le hace honor a su contenido, ya que al referirse a México, “un país en ruinas”, restringe de inicio el enorme campo que abarca la publicación, para nada limitada a un país. “Replicante” no tiene fronteras, tal como el contenido de este número y de los anteriores lo demuestra. Más aún este número, que aborda desde tantos ángulos interesantes uno de los temas más antiguos de la humanidad, y precisamente uno que no reconoce límites.

Cada nuevo número de “Replicante” es para una lectura de disfrute que puede durar varias horas, porque al margen de los artículos principales, que no son pocos, cada uno contiene o remite a otros vínculos que la curiosidad impide pasar por alto. Además, las barras de navegación ofrecen varios blogs de colaboradores permanentes (Rubén Bonet, Carina Maguregui, Tania Tagle, Marisol Rodríguez, Héctor Villareal, Enrique Olmos, y el propio Rogelio Villareal, entre otros), y secciones que son como ventanas a otros jardines sin muros: “Apuntes y Crónicas”, “Artes”, “Literatura”, “Pensamiento y Reflexión”, “Agenda”…  

pintura de Daniel Lezama
El editorial recuerda acertadamente que “el erotismo y la pornografía han desafiado desde tiempos antiguos al estatus y ha causado el enojo de reyes y poderosos. Aún ahora las derechas y las izquierdas en el poder, igualmente conservadoras, ven a la pornografía como un peligro y no como una instancia liberadora”.

Hay en el índice de “Replicante” más de un centenar de artículos, relatos, poemas, comentarios de libros y otros textos bellamente ilustrados, para disfrutar sin prisa. Desde un artículo sobre la “estrella porno intelectual”, Sasha Grey, hasta la extensa revisión bibliográfica que hace Jorge Rueda en “La biblioteca del erotómano”, pasando por los deliciosos textos de Pierre Louÿs, y una entrevista reveladora con el coleccionista de literatura y arte eróticos Adolfo Llamas, cuyo acervo hace humedecer la boca. El artículo de Susana Moo sobre los orígenes del cine porno en España tiene vínculos a dos de las películas más antiguas del género en ese país “El confesor” (1920) y “El ministro” (1930), un regalo adicional.
 
Conocí a Rogelio Villareal Macías, el editor de “Replicante” a principios de los años 1980, cuando se ocupaba de una empresa familiar, la Federación Editorial Mexicana. Allí se publicó mi tercer libro de poemas, “Sobras completas”, y también la segunda edición de “Cine, censura y exilio en América Latina”, dos de mis cuatro libros editados en México. Rogelio me introdujo a colegas del Consejo Mexicano de Fotografía, fundado y presidido por Pedro Meyer, que hoy dirige “Zona Zero”, portal especializado en fotografía.  Fue una época estimulante para mí y la recuerdo con gusto.


17 febrero 2011

La estrella de ASUR

Cuando alguien que viaja a la ciudad de Sucre por primera vez me pregunta qué es lo que vale la pena visitar allí, mi consejo –sin pensarlo dos veces- siempre es: ASUR.


ASUR (Antropólogos del Surandino) es un proyecto y un proceso cultural del cual los bolivianos se pueden sentir orgullosos. Ha permitido a lo largo de 25 años no solamente dar a conocer el extraordinario arte del tejido de las comunidades indígenas en los alrededores de Potolo, al oeste de Sucre, sino además rescatar y mejorar sustancialmente ese arte y generar al mismo tiempo ingresos para las comunidades.

Ahora resulta que un efímero gobernador de Chuquisaca, hinchado de demagogia y oportunismo político, pretende que la Casa Capellánica, el inmueble donde funciona ASUR, sus talleres, su museo y su tienda, sea devuelto a la gestión gubernamental, con el argumento de que se trata de una fundación “privada” y que debería ser administrada “por los beneficiarios”. Esto significaría la aniquilación de un proyecto emblemático porque la casa donde funciona ASUR ya es hace muchos años una referencia nacional e internacional.

La historia de ASUR es una historia de curiosidad científica y amor por el arte. Todo empezó en 1985 cuando los antropólogos chilenos Verónica Cereceda y Gabriel Martínez, y el etnólogo boliviano Ramiro Molina, hicieron un recorrido por comunidades indígenas a 50 kms de la ciudad de Sucre, en busca de aquellas mujeres que habían sido capaces de producir los tejidos maravillosos que desde hace años aparecían en el acervo de coleccionistas internacionales.

Lo que encontraron fue lamentable, una enorme pobreza, índices de mortalidad y morbilidad infantil muy altos, desorganización social y desánimo en las comunidades, cuyos pobladores fueron despojados poco a poco de lo más valioso que tenían: los tejidos heredados de padres y abuelos, algunos con antigüedad centenaria, vendidos por cuatro pesos para poder mantenerse en una precaria sobrevivencia.

Más aún, los nuevos tejidos que producían ya no eran ni tan finos ni tan creativos como los antiguos.  La figuras se habían simplificado y se repetían, no mostraban la variedad y complejidad que alguna vez tuvieron. La tradición se estaba perdiendo rápidamente, y el tráfico de los valiosos textiles hacia el extranjero, iba a dejar a esas comunidades en la última pobreza, aquella en la que se ha perdido todo, incluso la identidad.

A partir de esa constatación nace ASUR y Verónica Cereceda se convierte en principal impulsora, con una dedicación incansable y una entrega total. Nada podía augurar el éxito de un proceso de rescate y de recuperación de una tradición en vías de extinción, pero la apuesta fue el compromiso con las comunidades.  En tan solo dos décadas lo que se ha logrado es digno de admiración y elogio.

Incluso para quienes no somos expertos en el arte de los tejidos, salta a la vista que las obras que hacen actualmente las mujeres de las comunidades Jalq’a son incluso mejores, más ricas en su diseño, que las que se hacían antiguamente. Cuando se comparan los tejidos que se exhiben en el museo de ASUR con los que se pueden adquirir en la tienda, se aprecia que este es uno de los raros casos donde el arte textil ha renacido como ave fénix para ser incluso más imponente que antes.

Y esto ha sido posible gracias a una visión estratégica que busca fortalecer a las comunidades indígenas en su cultura y en su capacidad de gestión, “aportando, con sus valores y conocimientos, a la construcción de la identidad nacional”. ASUR a permitido a esas comunidades económicamente deprimidas por las limitaciones de su producción agrícola de subsistencia, generar recursos suplementarios para el bienestar de las familias. Para ello, se han fijado precios justos para la venta de los tejidos, precios que reflejan el tiempo y dedicación que requiere la fabricación manual, única y personalizada de cada uno de ellos.

Además de generar oficios en el proceso de producción artística y artesanal, y de favorecer el fortalecimiento interno de las comunidades para lidiar con el comercio y el turismo, la labor de ASUR ha llamado la atención sobre la riqueza cultural de las comunidades, ha fomentado la investigación y contribuido a aumentar la vigilancia de los organismos del Estado sobre la exportación ilícita de tejidos antiguos que son patrimonio nacional. La lista de libros publicados con el sello de la Fundación ASUR es una prueba más de su eficiencia y de la seriedad del trabajo realizado.

El proyecto permanente de renacimiento del arte textil indígena incluye hoy más de mil mujeres tejedoras Jalq’a de las provincias Chayanta y Oropeza, que tejen con vellón natural de alpaca y oveja, y de Tarabuco, que utilizan lana de oveja y algodón para sus tejidos.

ASUR ha generado otras iniciativas que benefician a las comunidades, como el proyecto de capacitación de 200 hombres tejedores que producen propuestas nuevas, diversificadas, en tapices, mantas y alfombras. A ello se suma la producción de accesorios de cuero de camélidos con inserciones textiles, y un taller de alfarería fina donde se producen vajillas y adornos de cerámica.   

Me siento orgulloso de tener en mi casa varios aqsus Jalq’a que he adquirido en ASUR, extraordinarias representaciones de khurus animales imaginarios e improbables, ecos del inframundo, saxra,  que no podemos entender quienes somos ajenos a esa cultura milenaria. Son maravillosas obras de la imaginación con profundo anclaje en la cultura y la tradición, además de productos de una destreza manual muy fina. Para cada una de estas obras de arte, las mujeres tejedoras emplean varios meses de trabajo, dependiendo del tamaño.  Por ello tienen el orgullo de poner sus fotos y sus nombres junto a cada obra terminada. 

La Fundación ASUR honra a Bolivia y honra a Sucre, su capital. Sería lamentable que por la mala disposición de algún funcionario que está de paso por el poder, se le retirara el derecho de ocupar un inmueble adecuado a sus necesidades y a las de los visitantes.


10 febrero 2011

Niño Pa

Niño de las Mariposas, Niño de los Olivos, Niño de la Abundancia, Niño Desata Nudos, Niño de las Palomas, Niño Marinero, Niño de la Cosecha, Niño San Miguel de los Milagros, Niño Jaguar, Niño de las Uvas, Niño Chinelo, Niño Salvador del Mundo, Niño del Amor, Niño Juan Diego, Niño de Atocha, Niño Pescador, Niño Ángel de la Guardia, Niño Médico, Niño Futbolista…

La lista suma y sigue, pero todos esos niños son uno solo, el Niño Pan o Niño Pa (Niño Padre), también llamado Niño el Pueblo, Niño Peregrino de los Barrios o Niño Viajero, que se venera durante la fiesta de La Candelaria en la Iglesia de San Bernardino de Siena, en Xochimilco, al sur de la ciudad de México. Como tantas tradiciones mexicanas, esta se expresa cada año con mayor fuerza, subrayando una identidad cultural local, única, distinta; producto del sincretismo religioso cristiano e indígena.

Junto a la iglesia se ha instalado una feria extensa donde se fabrican, reparan y venden niños de yeso de todos los tamaños.  Sobre las mesas aparecen como llegaron al mundo, desnudos, de piel oscura o clara, de ojos celestes o marrones, chicos y grandes. 

A partir de allí las opciones se diversifican, la oferta de trajes y accesorios es amplia, para que cada niño adquiera una identidad diferente y un nombre entre los mencionados más arriba. Los trajes son lujosos, ampulosos, de seda o terciopelo, bordados de encajes, y junto a los accesorios, simbolizan la identidad que se quiere otorgar a cada figura. 
  
Una espiga de trigo, una espada, una calavera, un harpa, una corona de estrellas, un pescado, un billete de 500 pesos, monedas, uvas, una mariposa, una paloma, la imagen bordada de la Virgen de Guadalupe, una mitra papal, un sombrero de chinelo, o un estetoscopio, son los accesorios que sirven para destacar los símbolos que caracterizan a cada figura. 

Al niño Pa se le piden favores, como a todas las figuras de devoción.  Durante el año pasa varios meses trasladándose a hospitales y a hogares donde su sola presencia, según la tradición, tiene efectos milagrosos. La iglesia católica juega muy bien con estas tradiciones, no certifica ni niega los poderes de sanación, pero perpetúa los cultos que atraen a los fieles (y a los curiosos) a las iglesias.  

Se supone que el niño, nacido el 25 de diciembre, ya es robusto, ha cumplido 40 días de vida, y la tradición quiere que cada 2 de febrero, el Niño Pa de Xochimilco cambie de casa, como lo ha estado haciendo durante más de cuatro siglos. 


El sistema de mayordomía se cumple estrictamente, las familias se anotan con años de anticipación para venerar en sus casas, durante un año, la figura original que fue esculpida en el siglo XVI en palo de colorín (madera con la que se fabricaban los violines de los mariachis) por un indígena de Xochimilco que la hizo de manera que las articulaciones de sus miembros se muevan, para que pueda estar sentada o recostada. La figura de 43 centímetros de altura pesa apenas medio kilo sin sus ropas, y es tan frágil por el tipo de madera, que desde 1995 ha sido restaurada cada año. 

Al Niño Pa se lo trata como a un niño de verdad.  Dicen que se lo desviste cada noche para acostarlo en su moisés, y que a la mañana siguiente lo despiertan cantándole “Las Mañanitas”. Dicen también que ha acumulado a través del tiempo y de las donaciones de sus fieles, un ajuar tan abundante que cuando se traslada cada año de una familia de mayordomos a la siguiente, lo preceden varios camiones cargando sus muebles, sus ropas, sus joyas, sus enseres personales.  Todo eso suena a despropósito, pero así son algunas tradiciones.

El mero mero Niño Pa
La lista de futuros mayordomos es tan larga, que llega al año 2036 y ha sido cerrada por el momento; varios morirán antes de lograrlo. La familia del barrio de Tlacoapa que entregó este año, había esperado 35 años para gozar del privilegio, y la familia Poblano Hernández que se lo llevó ahora al barrio de Caltongo, tuvo que esperar aún más. Por eso la población en general, que no tiene esperanzas –ni dinero- de acceder a la mayordomía, se conforma con las miles de reproducciones que aparecen en la iglesia en esta ocasión, diferenciadas por sus múltiples identidades, trajes y accesorios.

Como casi todas las manifestaciones religiosas mexicanas, esta es una muestra más de sincretismo. Los indígenas que veneraron al Niño Pa lo asocian desde su origen con Huitzilopochtli, “el colibrí del sur”. 

La música diversa que se escucha durante la fiesta del Niño Pa es otra muestra de hibridación de la cultura mexicana: los chinelos enmascarados representan a los moros, la banda de viento trae ecos de lo rural, los mariachis son propiamente urbanos a pesar de su origen charro, y las estudiantinas representan el resabio español.

Chinelo
Ahí estuve, metido entre las dos hileras de chinelos, fotografiando de cerca sus rostros fijos, sin poder penetrar hasta los ojos que sin duda me miraban detrás de las caretas.

Todo esto sucede en medio de Xochimilco, un pueblo colonial donde aún se conservan los canales cuya red se extendía siglos atrás hasta el mismo centro de Ciudad de México, y que sorprendió a los conquistadores españoles a su llegada a Tenochtitlán. Alrededor de las chinampas con sus hileras de erguidos ahuejotes (“árbol del agua”), y de los canales sobrevivientes, serpientes de agua por donde circulan las “trajineras” pintadas de colores vivos, sigue creciendo una de las urbes más grandes del mundo.

Xochimilco, el paraíso de las flores, el lugar de la milpa, la sementera del valle de México, Patrimonio de la Humanidad, donde Quirino Mendoza compuso “Cielito Lindo”, ha quedado con su sabor a pueblo en medio de vías de alta velocidad, grandes avenidas y la locura cotidiana.


29 enero 2011

Cantar de ciegos

Hace poco leí Ensayo sobre la ceguera, de Saramago y quedé absolutamente deprimido con las descripciones de ese mundo de oscuridad donde los sobrevivientes que no murieron de hambre deambulan temerosos por calles llenas de basura, excrementos y cadáveres en descomposición.

"Les amants" de Rene Magritte
El profundo mensaje filosófico que encierra el libro me dejó pensando en el poco valor que le damos a todo lo que tenemos, y el mal uso que hacemos de los recursos, de la electricidad, del agua, de los alimentos y por supuesto de nuestros sentidos. El desperdicio caracteriza a nuestras sociedades, la arrogancia y superficialidad en el comportamiento nos ciega, nos impide ver en qué nos hemos convertido.

En el Informe sobre ciegos de Ernesto Sábato, que leí hace muchos años en su monumental Sobre héroes y tumbas, los ciegos eran los otros, los subterráneos, los que conspiran desde la oscuridad contra la vida del narrador.  Pero en Saramago los ciegos somos todos, es más terrible. Todos somos protagonistas de la oscuridad, humanos que no merecemos ver porque no hemos sabido valorar la claridad, vivir en la luz.

Todo esto y el título que me presta el libro de cuentos de Carlos Fuentes, viene al caso porque hace un tiempo en La Paz conocí a un grupo de ciegos en el marco de la evaluación que hice de los proyectos de comunicación apoyados por la WACC en varios países de América Latina. Qué es la WACC? Una organización que dispone de pocos recursos, pero los pone allí donde pueden ser mejor utilizados: el derecho a la comunicación, para generar cambios sociales a través de la participación y el compromiso de los actores.

Alfonso Gumucio y José Luis Aguirre
En este caso, el proyecto apoyado por la WACC ha sido llevado a buen término por el SECRAD (Servicio de Capacitación en Radio y Televisión para el Desarrollo, de la Universidad Católica Boliviana San Pablo) que dirige mi amigo José Luis Aguirre, uno de los más importantes especialistas de la comunicación para el desarrollo en Bolivia, aguerrido defensor del derecho a la comunicación, un concepto que a muchos les suena subversivo.

El SECRAD desarrolló el proyecto “Formación de comunicadores con discapacidad, para la construcción de sus derechos a la comunicación”, un taller de producción de programas de radio dirigido en especial a un grupo de ciegos, que tuve oportunidad de conocer. Lo primero que llamó mi atención es que no se andan con rodeos, se autodenominan ciegos y reivindican esa palabra en lugar de otras expresiones políticamente correctas, como invidentes o personas con discapacidad visual.
Roxana Roca

El grupo, asistido por Roxana Roca y el equipo técnico del SECRAD, escogió los temas y los formatos radiofónicos (noticiario, radionovela, documental, entrevista), elaboró los guiones y grabó los programas con sus propias voces. La experiencia de capacitación abrió para cada uno de los participantes una nueva perspectiva de vida.

“Yo aspiro a ejercer la comunicación, ser comunicador social y un actor, no solamente un receptor de mensajes. El derecho a la comunicación significa ejercer las decisiones sobre la comunicación, no solamente consumiendo información.  Ser actores significa que nosotros vamos a emitir los mensajes, para mostrar en qué podemos ser útiles a la sociedad”, dice Rubén Pomacahua.

Alfonso Gumucio y Rubén Pomacahua
Rubén me sorprende por la facilidad con que maneja la computadora portátil que lo acompaña a todas partes. Ha instalado en ella programas de voz que le permiten escribir y leer con la misma solvencia que lo hace una persona que goza del sentido de la vista. Mientras teclea rápidamente una voz repite lo que acaba de escribir. Sus dedos vuelan sobre el teclado, la voz se acelera al punto que le pido que la haga más lenta, para entender mejor.  Él ya está acostumbrado a exigirle a esa voz automatizada el máximo de velocidad. 

Rubén y sus otros compañeros ciegos me piden que les envíe textos sobre el derecho a la comunicación, tema que les interesa sobremanera. ¿Textos?  “Sí, textos en Word o en PDF, nuestras computadoras pueden leerlos perfectamente” me responden.

Ruth Aguirre
Para Ruth Aguirre, el curso de capacitación en radio transformó su entorno familiar: “Además de lo que aprendí sobre comunicación, ha cambiado la manera de comunicarme con mis hijos, que es algo que yo quería lograr, para poder ayudarlos. Algunas barreras que enfrentaba en mi vida ya no me limitan”.

El proceso de aprendizaje, en todos los participantes, está unido al deseo de emplear lo aprendido para ayudar a otros. Ruth, al igual que sus otros compañeros, lo tiene muy claro: “Quisiera trabajar en radio, para poder expresar los pensamientos y sentimientos de las personas con discapacidad visual, para ayudarlos en su vida.  Me gustaría hacer sociodramas para dar algunas enseñanzas y sensibilizar a las personas que conocen poco sobre la discapacidad.”

Amílkar Castillo
Amilkar Castillo, quien perdió la vista ya adulto, me cuenta que hasta entonces trabajaba en el Hotel Sheraton de La Paz (hoy Radisson). Le pregunto si conoció a mi madre, quien también trabajó allí. Sí, claro, se acuerda de ella. Este punto de la conversación con Amílcar me trae a la memoria que a principios de los años 1960 mi madre le dedicaba parte de sus fines de semana al servicio social en el Albergue de Ciegos que entonces quedaba en la curva de Obrajes, a pocas cuadras de mi casa. Ambos recordamos también a Alberto Zubieta, a quien mi madre apreciaba mucho. Alberto me reconoció por la voz cuando, muchos años después, lo encontré en la Calle Comercio, vendiendo billetes de lotería junto a la puerta de Museo Nacional de Arte.

“Nosotros hemos perdido el sombrero, pero no la cabeza. Hemos perdido la luz, pero nuestros otros sentidos están intactos”, me dice Amilkar. Y con esa frase quiero cerrar esta nota.

24 enero 2011

Divorce over the toothpaste

Mi colega y amigo Alan Fowler, un intelectual inglés que vive en un rancho en Sudáfrica y divide su tiempo entre sus cultivos y sus asesorías internacionales, me metió hace unos meses en una nueva aventura: escribir sobre las ONGs y la comunicación para su libro NGO Management, que se publicó recientemente en Europa,  editado en colaboración con Chiku Malunga.

Alan Fowler
Alan Fowler y yo, junto a Dominique Hounkonnou de Benin, Louk de la Rive Box de Holanda y Vasanti Rao de India, somos miembros del Consejo Asesor Internacional de PSO, una organización holandesa de cooperación, especializada en desarrollo de capacidades de organizaciones de la sociedad civil en países en desarrollo. PSO nos ha dado la oportunidad de reunirnos cada año en La Haya para debatir entre nosotros y con el personal de PSO, temas de desarrollo, cooperación internacional, sociedad civil y comunicación.   

El capítulo que escribí para este nuevo libro de Alan Fowler y Chiku Malunga, “NGOs and Communications: divorce over the toothpaste” (o sea, “Las ONGs y la comunicación: divorcio por la pasta dental”) se puede leer en los archivos de Scribd o de A.nnotate, y se puede adquirir el libro entero pidiéndolo a la editorial Earthscan, que además tiene un catálogo extraordinario para quienes se interesan en las ciencias sociales. 

Más allá de mi análisis sobre la pobreza o inexistencia de la comunicación en el trabajo interno y externo de las ONGs, el libro de Fowler y Malunga contiene en sus 450 páginas más de 30 contribuciones de 40 autores de universidades, institutos de investigación y ONGs de Europa y Norteamérica, y algunos de África, Asia y Australia. Parece que soy el único latinoamericano en el paquete y uno de los ocho que estrenaron textos nuevos en el libro.

Los capítulos abordan desde múltiples ángulos la problemática de las ONGs en el mundo del desarrollo y el cambio social. Para ello los autores han dividido el libro en nueve partes, cada una con dos o más textos, a través de los cuales se cubre el espectro completo del trabajo de las organizaciones no gubernamentales como espacios organizados de interacción en la sociedad civil.  Las partes principales tratan las relaciones de las ONGs con la sociedad civil, sus estrategias, enfoques y aplicaciones, su desarrollo organizacional, los resultados y las formas de evaluarlos, los liderazgos, las trayectorias de aprendizaje, y la sostenibilidad.

Aunque se escribe y se publica mucho a nivel nacional e internacional sobre el mundo de la ONGs, y en todos los idiomas, lo cierto es que son muy pocos los libros que tienen esta intención de abarcarlo todo, es decir, de ser una guía de lectura (un “reader” dicen en inglés) que permite abordar todos los aspectos, inclusive la comunicación, lo cual es muy raro en la literatura sobre las ONGs (que los autores prefieren llamar ONGD, añadiendo una “D” de desarrollo para diferenciarlas de aquellas que solamente acuden en situaciones de urgencia para realizar trabajos humanitarios.

En la introducción los compiladores del libro colocan los temas que no han sido suficientemente abordados en los capítulos individuales, por ejemplo contribuyen a esclarecer el tema de la identidad de las organizaciones no gubernamentales para el desarrollo, así como los desafíos que enfrentan en el plano de la economía política, y de la búsqueda de eficiencia y transparencia.

Muchas veces las ONGs operan con una excesiva confianza en sí mismas, como si fueran intocables e incuestionables, como si su virtud original (de nacimiento) fuera suficiente para justificar todo su accionar. Este libro es un espacio de reflexión colectiva que muestra que los buenos propósitos iniciales que animan a la mayoría de las organizaciones no gubernamentales para el desarrollo, pueden ser debatidos y cuestionados como está sucediendo actualmente en Haití (ver el artículo de Blanche Petrich en La Jornada), y que las propias ONGs o si se quiere ONGDs, deben darse el tiempo necesario para reflexionar internamente y mirar de manera autocrítica sus acciones.

11 enero 2011

Mujeres con hambre

Conocí en la ciudad de El Alto a varias mujeres bolivianas con extraordinario hambre de justicia, y dotadas de todo lo necesario para hacerla prevalecer: inteligencia, honestidad, entusiasmo, decisión, y compromiso.

El Alto está tan cerca de La Paz y tan lejos de todo.  Es la ciudad boliviana que ha crecido más rápidamente (más mal que bien), en apenas tres décadas, y que no termina de sufrir problemas de crecimiento, como un adolescente torpe y desgarbado. Las calles llenas de polvo y de basura, la ausencia de árboles, el paisaje urbano espantoso que cuando no ostenta colores chillones expone meramente el ladrillo de construcción, el cemento, las varillas de metal desnudas. La desidia de sus autoridades y de su población, los altos índices de criminalidad, prostitución, tráfico y fabricación de drogas, hacen que los problemas sociales sean agudos y que mucha de la gente que vive allí pertenezca al rango de la ciudadanía informal.

Y sin embargo, ese mismo espacio urbano feo y descuidado, es compartido por una cantidad respetable de proyectos, organizaciones no gubernamentales y asociaciones culturales que desarrollan un trabajo social incesante, muy a pesar de todo lo que acabamos de describir.

Una de esas instituciones es el Centro de Educación y Comunicación para Comunidades y Pueblo Indígenas (CECOPI), que fundó en 1997 Donato Ayma, destacado comunicador aymara y exministro de educación, y que ahora dirige su hija Tania Ayma. Visité CECOPI y Radio Atipiri en el marco de una evaluación que hice hace unos meses de los programas de la WACC en Bolivia, Perú y Ecuador, y no pude sino maravillarme de los resultados, más de aquellos inesperados que de los previstos en la propuesta del proyecto original, aunque los inesperados son sin duda consecuencia de los previstos.

Hablé con varias mujeres de El Alto, de Tiwanaku y de Santiago de Callapa que participaron en los cursos de capacitación impartidos por CECOPI y dirigidos por la propia Tania Ayma, y todas coincidieron en que desde entonces sus vidas habían cambiado rápidamente. Mujeres que vivían antes entregadas a las labores domésticas, encerradas en sus comunidades, padeciendo el machismo que es prevalente en el mundo aymara y que les negaba una participación política activa, de pronto descubrieron nuevos horizontes.

Es el caso de Porfiria Quispe Pérez, Lidia Apaza Queso, Juana Quispe Choque, Sonia Alejo Ramos y de Marthina Cruz Osco, quienes me contaron sus historias de vida. “Antes yo no salía de mi casa y me dedicaba a labores de agricultura, pero desde que empecé a trabajar con la radio, mi vida ha cambiado, mi participación en las organizaciones de mujeres ha sido mayor, y ahora estoy en la Federación de Mujeres Bartolina Sisa, he sido elegida dirigente provincial de Pacajes”, dice Lidia.

“Yo era muy tímida –me dijo Marthina- quería perder el miedo a hablar frente al público, o de visitar una oficina, y en eso el curso me ha ayudado mucho. Ahora digo ‘pido la palabra’ y digo lo que tengo que decir”. Sonia confirma: “Mi vida ha cambiado en algunos aspectos, tengo más facilidad de palabra, ya no me quedo callada, he perdido el miedo.”

Las trayectorias de Lidia, Marthina y Sonia corren en paralelo.  Luego del curso se convirtieron en dirigentes de su comunidad, y poco más tarde fueron electas en cargos político-sindicales provinciales. “Tenemos derecho a la tierra, derecho a la política, a tomar decisiones.  Ahora tenemos el trabajo de fortalecer a las mujeres, vamos municipio por municipio para que sepan los derechos que tenemos”, dice Sonia.

Le pregunté a Sonia: “¿Dónde te ves en diez años?”  Sin pensarlo dos veces respondió: “Ministra de Justicia”.

03 enero 2011

Elogio del ombligo

Hay libros que releo sin recordar que ya los leí antes. Estoy en la página 20, o en la mitad de un libro, y recién caigo en cuenta de que ya lo había leído. Sucede con mayor frecuencia cuando son libros que no me han impresionado, que no me habían dejado huella alguna en la memoria. Por ello, de un tiempo a esta parte adquirí la costumbre de escribir, en la última página, la fecha en que termino de leerlos.

Sin contar esos errores de desmemoriado, no soy de los que releen libros, no hay tiempo en la vida para eso.  Salvo la poesía a la que uno puede regresar varias veces porque los buenos versos son como amaneceres luminosos que uno puede regalarse a cualquier hora del día.  Con los ensayos hago excepciones, quizás porque algunos tienen un vuelo poético que estimula.

Una de esas excepciones -que me he reservado con fruición para empezar este nuevo año- es “El ombligo como centro erótico” de Gutierre Tibón, que leí por primera vez hace un par de décadas en la colección de Lecturas Mexicanas editada por el Consejo Nacional de Cultura (CONACULTA) y el Fondo de Cultura Económica (más de 200 títulos publicados, asequibles al precio dos tacos al pastor), y que me produce el mismo placer ayer y hoy.

Este es un ensayo delicioso, escrito por uno de los grandes especialistas en estudios onfálicos, es decir, estudios sobre el ombligo. No es broma, el ombligo es una cosa muy seria, es el centro del cuerpo humano, pero también el referente del centro en muchas culturas. Gutierre Tibón se interesó precisamente por el ombligo cuando se enteró que en Náhuatl, la palabra México significa “el ombligo de la luna”. A partir de allí escribió varios libros que abordan desde la investigación histórica la relación del ombligo con la religión, el arte, y hasta la culinaria. El ombligo, dice, es “la puerta del misterio de nuestro nacimiento que se cierra cuando llegamos al mundo”.

“Estaba lejos de imaginar que el ombligo, además de centro cósmico, geográfico, arquitectónico, psíquico, tuviese también tantas implicaciones sexuales. Mi punto de partida fue un versículo del Cantar de los Cantares; con él se enlazan alusiones del Kama Sutra y de Las mil y una noches. Los  mitos de Onfalia y de la Venus Cipria me abrieron nuevos horizontes; la leyenda boloñesa de Venus y el tortelín me dejó con la sonrisa en los labios; los ritos de Carnac y la umbigada brasileña llamaron mi atención sobre aspectos netamente eróticos”, dice Gutierre Tibón.

Desde “tu ombligo, como cáliz redondo, al que nunca le falta licor”, un verso en el Cantar de los Cantares, hasta la luna como el “ombligo del cielo” en Leopoldo Lugones, la sensualidad ha invadido la poesía y la literatura desde siempre, y este texto de Gutierre Tibón condensa muy bien ese recorrido.  El ombligo unido a la idea del placer más sublimado, más delicado: “Su ombligo podría contener una onza de almizcle, el más suave de los aromas” dice Scherezade en Las mil y una noches. Y en el Kama Sutra se habla de los besos que se dan a las mujeres “en las junturas de los muslos, de los brazos y en el ombligo”.

Y cuando leo esas referencias que rescata Gutierre Tibón de la India, no puedo sino recordar los templos eróticos de Khajuraho, donde centenares de mujeres esculpidas en piedra, todas en diferentes posturas, parecen envueltas en seda y sus ombligos parece que tiemblan cuando uno se acerca.

Hay mucho más en el libro y en la genealogía artística y política del ombligo, como por ejemplo que para el Inca Garcilazo de la Vega, la etimología del Cusco tiene también el mismo significado: “ombligo de la tierra”, es decir, centro del imperio. Y la isla de Pascua, denominada Te pito o te henua por sus habitantes originarios, no quiere decir otra cosa que “el ombligo del mundo”.

Una de las representaciones más atractivas del ombligo, que reafirma la sensualidad no solamente ligada al sexo pero también a otras formas de disfrute, es el ombligo que se come, es decir, la “onfalofagia”.

Gutierre Tibón ha encontrado referencias en la cultura turca sobre unos pastelitos deliciosos que reciben el nombre de “ombligo de mujer”, pero sobre todo nos recuerda que la forma de los tortellini italianos está inspirada en el ombligo de Venus (o de Lucrecia de Borgia, según otras versiones). No es lo mismo, por eso, comerse unos raviolis que unos tortellini. En el primer caso uno come pasta, en el segundo, uno come un símbolo sensual.

Gutierre Tibón se divierte clasificando los ombligos por su forma.  Nos habla del ombligo vertical, como un sexo femenino en miniatura, depilado, que denomina “ojo de gato”; se refiere al ombligo “grano de café” como el de “la actriz de cine yanquiboliviana” Raquel (Tejada) Welch y a otros ombligos que a lo largo de la historia han inspirado a poetas, pintores y fotógrafos.



También yo escribí un breve poema sobre el ombligo en mi libro “Sentímetros” (1990) y lo dediqué -como debía ser- a Gutierre Tibón:


Cuarto creciente
pez entre dos aguas
clave trascendente en la playa astral
nudo desnudo que se anula
orilla ciega, sutura sorprendida
donde la vida termina
para comenzar,
marea pálida y nocturna
al más leve tacto se capturan
todos sus temblores.

22 diciembre 2010

Jota De, otra vez

Lo logró nuevamente. Mi amigo John Downing, a quien afectuosamente llamo “Jota De” por sus iniciales, ha logrado nuevamente llevar a buen puerto un desafío intelectual enorme como un acorazado. Un ejemplar de su “Encyclopedia of Social Movement Media” acaba de llegarme como regalo de Navidad, con 602 páginas y un formato que no va a caber fácilmente en mi biblioteca, porque sus dimensiones lo asemejan más bien a esos “coffee-table books” (imposible traducir al castellano una expresión tan acertada) que no solamente son grandes, sino bellos. 

Me siento honrado por haber sido incluido en la primera página del libro como uno de los siete miembros del “Advisory Board” (Consejo Consultivo), junto a Chris Atton, Gabriele Hadl, Joe Khalil, Clemencia Rodríguez y Laura Stein, y todavía recuerdo aquella reunión que tuvimos en Austin, en los primeros días de octubre del 2002, para empezar a diseñar este sueño que hoy es realidad.

Jota De apeló a una pléyade de amigos/autores para escribir los textos del libro, nada menos que 76 respondieron positivamente y se hicieron cargo de las 253 entradas que componen el mosaico enciclopédico, a través de las cuales se hace un recorrido sobre más de sesenta países (aunque privilegia a Estados Unidos y el mundo anglófono). Yo puse tres granitos de arena, con breves textos sobre la experiencia de video de los indígenas kayapó en Brasil (pág. 287), las radios mineras de Bolivia (pág. 334) y las mujeres de Video SEWA en India (pág. 529).

A pesar de cubrir tantos temas y tanta geografía, John Downing describe el libro con humildad en la introducción, recordando que todo lo que está en estas páginas no es sino la pequeña punta de un iceberg gigantesco de la comunicación con motivaciones sociales, aunque a la vez una muestra representativa por la riqueza y la variedad de las experiencias incluidas. En la enciclopedia ha tratado de privilegiar las voces del sur,  de incluir entre los autores a muchas mujeres (casi la mitad), así como de destacar la literatura que existe en otras lenguas sobre aquellas experiencias con poca información en inglés. Además, se ha puesto la tarea de mostrar algunas experiencias de medios de movimientos sociales represivos, como la tenebrosa Radio Mille Collines de Ruanda, responsable de alentar el genocidio.

Desde la comunicación de los aborígenes australianos (con que empieza la “A” de esta enciclopedia), hasta los medios usados por el movimiento sionista (con que se cierra la “Z” del libro), pasando por la nueva canción de protesta catalana, los samizdat de la era soviética, los graffiti de Mayo 1968, o los “escarches” argentinos, este libro es en si mismo un inmenso mural de comunicación alternativa, una gigantesca colcha de retazos multicolores, donde aparece enmarcada por un arco iris la diversidad de las formas comunicacionales que se ha dado la sociedad civil organizada para expresar sus deseos, sus reivindicaciones o sus protestas.

Todos los ejemplos son tributarios de las múltiples definiciones que se manejan en la investigación sobre comunicación: medios alternativos, comunitarios, participativos, de base, independientes, clandestinos, radicales, tácticos, etc.

El libro es hermoso, y no solamente por su contenido y su formato, sino porque ha logrado juntar voluntades, poner en diálogo a esos 76 colaboradores de todas las regiones, que participamos con entusiasmo y convicción, seguros del liderazgo de John Downing.

Esta no es una obra que deba leerse de principio a fin, es un libro de consulta, como toda enciclopedia, aunque aquí la diferencia es que la lectura de los textos es una aventura solidaria, infunde optimismo y esperanza en el futuro, porque muestra que a pesar de la posición abusiva de los medios hegemónicos en el planeta y de la apatía de quienes se acomodan en sociedades deshumanizadas por el consumo y el oportunismo, hay muchos otros que se unen en proyectos de inspiración libertaria.

Conozco a John Downing desde principios de los años 1980, cuando nos presentó en su oficina del Hunter College en New York un amigo común, Juan Flores. Desde entonces nos ha unido una amistad entrañable, y hemos tenido la suerte de coincidir a través de estos treinta años en muchos lugares además de la “gran manzana”: Washington, Barcelona, México, Porto Alegre, Barranquilla, Sydney, Medellín y Austin, donde vivió 13 años –con Ash, su compañera- mientras trabajaba como director del Departamento de Radio, Televisión y Film de la Universidad de Texas.

Muchos de estos encuentros en diferentes puntos del planeta han sido en el marco de la red NuestrosMedios, de la que John Downing es fundador junto a Clemencia Rodríguez y Nick Couldry. Desde nuestra primera reunión en Washington en 2001, hemos seguido encontrándonos en varias regiones con otros miembros de esta red de académicos, activistas y artistas que es de lo más interesante que existe en el campo de la comunicación para el cambio social.

Su libro “Radical Media” (primera edición 1984, segunda edición 2001) que sorprendentemente no ha sido publicado en castellano aunque si en portugués, fue un aporte importantísimo en la literatura en inglés sobre los medios alternativos, populares o contestatarios en el mundo.  Cuando Thomas Tufte y yo preparábamos la “Antología de Comunicación para el Cambio Social” (2006), no dudamos ni un minuto e incluir un texto de John Downing, “Comunidad, democracia, diálogo y medios radicales”, en la edición en inglés y dos años más tarde una traducción del capítulo para la edición en castellano.

En un proyecto anterior no menos ambicioso (en el que asoció a Denis McQuail, Philip Schlesinger y Ellen Wartella), “Sage Handbook for Media Studies” (2004), Jota De convocó a 31 autores para escribir textos originales sobre medios de información y comunicación, incluyendo el cine, la música, la publicidad, las narrativas colectivas e individuales, con una mirada desde múltiples perspectivas: la historia, la economía, la tecnología, la ética, las audiencias, la investigación académica, y por supuesto la cultura. Mi contribución a esas 630 páginas fue un capítulo sobre los medios comunitarios: “The Long and Winding Road of Alternative Media”, todavía inédito en castellano.

De 2004 a 2010 John fue profesor en el College of Mass Communication and Media Arts de la Universidad de Carbondale (Illinois) y Director-Fundador del Global Media Research Center. Además es Vice-Presidente de la International Association of Media Communication Research (IAMCR). Con su labor de profesor, investigador, con la cantidad de libros y artículos que ha publicado y su pertenencia a numerosas redes y organismos profesionales, John D. H. Downing culmina una carrera extraordinaria en el campo académico de la comunicación y hoy se dedica a atender las invitaciones que le han hecho como profesor invitado en varias universidades del mundo.

15 diciembre 2010

La magia de Tournier

Mi amigo Walter Tournier es mago. Siempre lo supe, pero ahora lo van a saber todos. En el número 2038 de la calle La Paz, en Montevideo, entre luces y sombras, detrás de pesados cortinajes negros, ha organizado la trama de una conspiración de amor y creatividad.

En su estudio de cine de animación un equipo de veinte personas trabaja –y juega animadamente- en la creación del largometraje Selkirk, la verdadera historia de Robinson Crusoe, que podremos ver a mediados del 2011 y que será sin duda un gran regalo para los que amamos el buen cine. El esfuerzo incluye en la post-producción a equipos de Argentina (a cargo de la sonorización) y Chile (a cargo de los fondos y decorados digitales).

Walter Tournier
Visité al Flaco Tournier a fines de octubre, me recibió en su estudio, donde un largo pasillo desde la entrada de la casa hasta la parte de atrás exhibe en sus muros el storyboard –guión dibujado- del largometraje, con centenares de imágenes que representan las secuencias que componen el film, algunas ya filmadas como atestiguan las fotos, y otras en proceso, todavía representadas en dibujos en blanco y negro. Poco a poco el color invade el muro, señal de que los personajes cobran vida y la película avanza.

Este es el proyecto más ambicioso de todos los que Wálter ha desarrollado. Con Selkirk, sobre la vida del náufrago que inspiró la novela de Daniel Defoe, corona una carrera de cineasta preciso y perfeccionista, en la que ha invertido varias décadas de su vida con mucha dedicación y profundo amor al arte (y aquí la expresión calza como anillo al dedo). Dicho de otro modo, la vida del Flaco es y ha sido el cine de animación, al punto que él mismo podría ser un personaje. Idea para sus discípulos: incluyan al Flaco en la historia, como un “cameo” de los que gustaba Hitchcock.

La juventud del equipo formado por Wálter es una de las apuestas principales del proyecto: “La idea es que ellos nos remplacen, que ellos sigan con el trabajo de animación”. Muchos de esos jóvenes se formaron en los talleres de capacitación impartidos por el Flaco y hoy son el sustento creativo y técnico de la producción del largometraje.

Además del entusiasmo y la armonía que flota en el ambiente, lo que más me impresionó en el estudio de animación es el detalle y la perfección con que se trabaja.  El rostro de cada personaje es modelado varias veces en látex y silicona cuidando incluso detalles microscópicos, y descartando las piezas con impurezas.  Debajo de la mesa de trabajo hay una “caja de cadáveres”, donde van cayendo las caras que no salieron bien o que se rompieron al despegarlas de su molde. Laura “Lala” Severi –directora de arte y compañera de Walter- me regaló una de las caras de Selkirk, que me mira con sus ojos vacíos mientras escribo.

Los jóvenes creadores de Selkirk
A medio día todo el equipo hizo un alto para compartir los ñoquis que en una gran olla había preparado Doña Susana Buenaventura. Sentados alrededor de una larga sucesión de mesas de plástico técnicos y creativos conversan animadamente, se echan bromas y festejan a alguien: “siempre hay algún cumpleaños, somos tantos”. El ambiente es jovial, el de una gran familia en la que el Flaco es un patriarca cercano, accesible, sencillo.

En habitaciones sucesivas de la casa adaptada como estudio de animación, detrás de los pesados cortinajes negros se han construido cuatro sets con los principales escenarios donde los personajes cobran vida: la bodega y el camarote del capitán del barco pirata, la playa del archipiélago Juan Fernández en la que fue abandonado Selkirk durante cuatro años en 1690, y la taberna de los piratas. Aquí se hace la magia, se logran movimientos que parecen imposibles de realizar. “Cuidado que patees el trípode de la cámara, que se nos va al tacho toda la escena” previene el Flaco.

Wálter Tournier y Juan Andrés Fontan
Cuatro piratas en torno a una mesa brindan con sus jarros de cerveza: en la animación que realizó Juan Andrés Fontán la cerveza salpica sobre la mesa cuando chocan los jarros. Logró el efecto con el uso de pequeños pedazos de celofán amarillo, y todo ello mientras había que mover los rostros, los brazos y los cuerpos de los cuatro piratas. En otra escena una moneda es lanzada al aire: un plano desde arriba muestra cómo la moneda al subir se agranda mientras gira sobre sí misma. ¿Cómo lograron este efecto? La moneda venía unida a un pedazo de alambre que la giraba y que luego fue borrado electrónicamente.

Muchos detalles constituyen proezas del cine de animación: un cuchillo que atraviesa el aire y se clava en un mástil, un loro que vuela agitando las alas, el reflejo de una playa en el lente de un minúsculo catalejo, la bandera pirata que flamea al viento, las chispas de las espadas que entrechocan, una lágrima que cae, o el barco pirata montado sobre encrespadas olas del mar. Todo aquí es movimiento, todo tiene profundidad de campo y espesor. Todo esto lo pueden ver en la excelente página web de la película, no se la pierdan.

Lo poquito que sé de la técnica de animación por “stop motion” me sirve para apreciar estos maravillosos logros que en la pantalla duran apenas uno o dos segundos, y que muy pocos espectadores podrán valorar en justa medida.

Estamos lejos del cine de animación del mínimo esfuerzo a que nos ha acostumbrado la televisión con sus imágenes planas, los fondos de escenografía fijos, los personajes torpes con poco movimiento y sin profundidad, hechos de dibujos pobres y burdos cartones recortados como South Park, cuyo éxito parece estar basado solamente en los textos soeces, una suerte de masoquismo intelectualoide.

En Selkirk el uso de los efectos generados digitalmente es mínimo, se reduce a los efectos especiales y a los paisajes de fondo. Todo lo demás es obra de las manos artesanas que dan vida a personajes que no miden más de 20 centímetros de estatura.

La perfección es tal, que las bocas de los personajes se abren y se cierran mientras hablan, en sincronía con las palabras grabadas por los actores que hicieron el doblaje. La iluminación de las escenas es perfecta, los decorados me hacen pensar que “lo pequeño es hermoso” (la frase del economista Leopold Kohr).  En el interior de cada muñeco hay una estructura mecánica, un esqueleto articulado, que permite mover a los personajes.


Wálter Tournier y Alfonso Gumucio en 1998
Maquinaria especializada y herramientas de precisión de relojero hacen que cada personaje pueda realizar los mismos movimientos que un ser humano. “A pesar de las dificultades, las prefiero pues hago uso de materiales accesibles y por otro lado trabajo el espacio real y no el ficticio como en el 3D. Expresivamente me gusta pues es más cercano a la realidad con una cuota artesanal que marca la presencia humana”, me dice Walter, y yo salgo de allí a las calles de Montevideo con los pulmones llenos de aire puro.

03 diciembre 2010

Comunicación para el desarrollo en Naciones Unidas

Lo que sigue en esta nota viene a cuento porque en los últimos dos años he contribuido en un proceso impulsado por la Unesco para analizar, posicionar y promover la comunicación para el desarrollo. He participado en varias actividades en la sede de la organización en París y en América Latina.

A pedido de Unesco hice en Uruguay una evaluación formativa sobre cómo las agencias de Naciones Unidas en ese país implementan programas de comunicación para el desarrollo, en cumplimiento del mandato de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El resultado es que la mayoría hace muy poco o nada en ese campo. Mi informe no es confidencial, ya que la oficina regional de Unesco lo ha colocado en su página web. Basta un clic para bajar el PDF.

De todas las agencias del sistema de Naciones Unidas, la única que tiene como mandato la comunicación es la Unesco. Las demás tienen programas y proyectos de comunicación pero es la Unesco la que desde lo más alto de su estructura organizativa, tiene un sector de comunicación al mismo nivel que los otros sectores que justifican su sigla: educación, ciencia y cultura.

Por las investigaciones que ha alentado y por su apoyo a las políticas de comunicación, la Unesco sobresale en el panorama no solamente de las organizaciones multilaterales, sino también se sitúa muy por delante de la agencias bilaterales para el desarrollo, y por encima de los gobiernos, de las fundaciones y de las ONGs que deberían ser las más cercanas a la comunicación entendida como un proceso de diálogo y participación.

Por lo general, cuando las instituciones dicen que están comprometidas con la “comunicación”, lo que realmente hacen es difusión de información o –peor aún- propaganda de sus propias actividades para apuntalar la visibilidad institucional. Un ejemplo claro de ello es UNICEF, mucho ruido y pocas nueces, y sé de lo que hablo luego de haber trabajado más de siete años en esa organización.

La confusión entre información y comunicación es tan frecuente, que no solamente la gente común sino los propios periodistas y comunicadores hablan de “medios de comunicación masiva” para referirse a los medios de información y de difusión.  Ya dije en varios ensayos, y en un artículo reciente publicado en Página 12 (Argentina), que los medios de comunicación masiva no existen, que son una mentira.

Gustavo Gómez
La Unesco entiende bien la diferencia, y ha librado batallas emblemáticas en favor de la libertad de expresión, del derecho a la información, y del derecho a la comunicación. Los tres conceptos suelen también confundirse, aunque no es tan difícil distinguir sus diferencias: mientras la libertad de expresión protege a los periodistas y a los medios, el derecho a la información es del derecho de las personas a acceder a la información de las instituciones del Estado, y el derecho a la comunicación es el que tenemos todos de poder comunicarnos a través de instrumentos propios, como los llamados medios comunitarios.

Si hacemos un poco de historia recordaremos que la Unesco libró la batalla por un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) a raíz del informe de la Comisión MacBride (integrada entre otros por Gabriel García Márquez) que demostró que las grandes potencias mundiales tenían bajo estricto control los flujos de información en el mundo. La evidencia era tan aplastante en el informe, que Estados Unidos e Inglaterra se retiraron de la Unesco durante muchos años y la sabotearon con todos sus recursos propagandísticos.

Las batallas que continúa librando la Unesco en años recientes recuperan la historia anterior y hacen énfasis en el derecho a la comunicación, promoviendo -por ejemplo- las nuevas tecnologías y la comunicación para el desarrollo en países de Asia, África y América Latina.

Gabriel Kaplún y Gunther Cyranek
A invitación de Gunther Cyranek, hasta fines de noviembre Asesor Regional de Comunicación e Información de la Unesco para el Mercosur, participé recientemente en Montevideo en el cierre de la conferencia “Comunicación para el Desarrollo, Cambio Social y Participación”, en la Torre de las Telecomunicaciones de ANTEL (Administración Nacional de Telecomunicaciones), un edificio moderno, cerca del puerto, semejante a un velero (muy parecido al gigantesco Burj Al Arab, el hotel de siete estrellas de Dubai).

En el programa del evento destacó la abundancia de experiencias de comunicación con un sentido de participación y desarrollo. Desde el Estado se ha hecho realidad el ambicioso Plan Ceibal, al que me referí en una nota anterior, por el cual se ha dotado de una computadora XO a todos los estudiantes de las escuelas públicas del país. Desde la sociedad civil la comunicación participativa se ha enriquecido con propuestas como TV Árbol, y muchas otras.

Las experiencias mencionadas y otras están descritas en capítulos de un nuevo libro de la Unesco que fue presentado por Gunther Cyranek. Con sus 500 páginas, fotografías y un formato poco convencional, “Comunicación para el desarrollo: una herramienta para el cambio social y la participación” contiene 30 textos que se refieren a “enfoques y experiencias”, entre ellos uno mío donde analizo el papel que cumple la comunicación para el desarrollo en el sistema de Naciones Unidas. El libro entero puede ser bajado en PDF de la página de Unesco.

El evento contó además con expositores de primera línea, los amigos Gabriel Kaplún (quien dirige la carrera de comunicación en la Universidad del Uruguay), Eduardo Rebollo (quien hace lo propio en la Universidad Católica), y Gustavo Gómez quien ocupa desde hace pocos meses la función de Director Nacional de Telecomunicaciones en el gobierno de Pepe Mujica, y antes era el Director de Legislaciones de la AMARC. Se pueden descargar las fotos del evento en la página web de Unesco.

Ana María Mizrahi, Gabriel Kaplún, Alfonso Gumucio Dagron, Gunther Cyranek 
La conferencia generó saludables expectativas en los medios de información de Uruguay, desde luego proclives a una concepción progresista de la comunicación. El Canal 5, televisión pública, nos invitó a Gabriel Kaplún, a Gunther Cyranek y a mí a una entrevista con Ana María Mizrahi en el programa “La Noticia y su Contexto”. Las fotos de esa emisión en vivo, que tuvo lugar en su estudio “transparente” (de vidrio, sobre el Bulevar Artigas)  también pueden bajarse de la página web de Unesco.

Alfonso Gumucio Dagron
Por otra parte Sebastián Auyanet, del diario El País, me permitió en una entrevista publicada el sábado 2 de noviembre, abordar los temas antes mencionados, porque me parece importante seguir insistiendo hasta que se entiendan.

Este tipo de actividades que apoya la Unesco, relacionadas con la comunicación para el desarrollo se están dando también en otros países de la región, por ejemplo en Ecuador con la participación de CIESPAL. La idea es preparar una masa crítica de documentación, experiencias y debates con vistas a la 12ª Mesa Redonda de Comunicación para el Desarrollo que tendrá lugar en India en 2011.