17 agosto 2009

Nunca más, muchos más

Durante la conferencia de NuestrosMedios 8 en el Recinto Quirama, cerca de Medellín, a fines de julio tuvimos, como en ocasiones anteriores, un día entero dedicado a visitar experiencias en varias comunidades del oriente antioqueño.


Las rutas propuestas eran todas interesantes, pero yo escogí la que nos llevó a la pequeña ciudad de Granada, que el año 2000 fue víctima de una toma por parte de grupos armados de la guerrilla del ELN. El lugar fue bombardeado y parcialmente destruido. La calle principal acabó en escombros y mucha gente decidió abandonar el municipio para preservar su vida.


De la visita a Granada lo que más me impresionó fue el “Salón del Nunca Más”, administrado por mujeres de ASOVIDA (Asociación de . Tuve allí una experiencia a la vez dolorosa y pletórica de esperanza. En este museo, situado junto a la iglesia en un lugar céntrico de Granada, se preserva la memoria de las víctimas de los hechos violentos, con el objetivo de que no vuelva a suceder lo que causó tanto dolor y muerte.


Entre 1999 y 2002 la población de Granada sufrió diez ataques de la guerrilla del ELN y de las FARC, y de los grupos paramilitares o “autodefensas”. Entre esos actores armados no hay buenos: son todos asesinos desalmados que se ensañan con la población civil.



Para la memoria, es importante recordar esos ataques: octubre 1999 (3 asesinados por el ELN), marzo 2000 (3, por el ELN), noviembre 2000 (17 asesinados por las autodefensas y 3 por el ELN), diciembre 2000 (20, por las FARC), abril 2001 (11, por las autodefensas), julio 2001 (4, por las FARC), abril 2002 (3, no se pudo determinar quienes los asesinaron), y octubre (3, por las autodefensas). Es como si se hubieran puesto de acuerdo los asesinos de uno y otro bando: hay tantas víctimas causadas por la guerrilla como por las autodefensas.


En total en Granada hubo cerca de un centenar de víctimas mortales y de desaparecidos, y en el “Salón del Nunca Más” se los recuerda con cariño y convicción por la paz. Allí están las fotos de todos, en un gran mural junto al cual una serie de cuadernos, con la foto de algunos de ellos, permite escribirles. Los familiares y amigos registran vibrantes testimonios para decirles a sus seres queridos cómo los recuerdan.


Al cabo de un largo mensaje a su padre asesinado, un niño de 11 años concluye su carta así, como si el diálogo no se hubiera cortado abruptamente: “Ya me tengo que ir, quedé que iba a hacer las tareas… ya leíste la carta del Día del Padre?”


En el mapa del conflicto colombiano y sus sesenta años de violencia, Granada es apenas un botón de muestra. Son muchos los municipios a lo largo y ancho del país que han sufrido ataques y cuyos ciudadanos han sido asesinados vilmente por los grupos irregulares enfrentados, o por el ejército cuando hace uso excesivo de la fuerza. Las historias de las víctimas son tremendas, pero las de reconstrucción de ciudadanía para la paz son aún mayores. La población no ha podido ser doblegada, y el país sigue siendo –más allá de las cifras que prueban su crecimiento económico- un ejemplo de lucha contra la adversidad a través del espíritu creativo y dinámico de los colombianos.


Para tener un horizonte, el trabajo sobre la memoria es fundamental, y son miles las experiencias, como la de Granada, donde la sociedad civil se organiza alrededor de iniciativas culturales o comunicacionales, para quitarle a la guerra la materia prima de miedo y humillación. Hay muchas Granadas donde la población civil ha decidido decir “nunca más”.



14 agosto 2009

Cultura metro


En Medellín todos saben lo que es "cultura metro", una manera de decir cultura de paz y de convivencia. Esto no se podría entender sin haber estado aquí por lo menos dos veces: antes y después.


Antes, en los cerros que rodean a Medellín, se enfrentaban con el ejército grupos irregulares armados de la guerrilla, del narcotráfico o de las autodefensas (paramilitares). La población civil sufría las consecuencias en medio de la balacera. A principios de esta década, cuando me tocó visitar varias veces la ciudad, todavía se escuchaba el eco de los disparos, y la ciudad estaba fuertemente custodiada por patrullas del ejército.


Después, es decir hoy y en años recientes, esos mismos barrios de las alturas, víctimas del conflicto, viven momentos de paz y convivencia, ojalá definitivamente. Me ha tocado la suerte de regresar varias veces y vivir el cambio, pasear por todos los barrios sin temor.


¿Qué ha pasado? ¿Cómo se ha producido esa transformación? Los paisas (antioqueños) reconocen que muchas cosas cambiaron desde que en 1995 y 1996 se inauguraron en Medellín las líneas del metro que surcan la ciudad de norte a sur (Línea A) y del centro al occidente (Línea B).


Una inteligente promoción de los valores cívicos y de la convivencia hizo que los ciudadanos aprendieran a apreciar y a respetar el espacio de paz que les ofrecía el transporte colectivo. Afuera, podía pasar cualquier cosa, pero dentro del metro todos se comportaban impecablemente. Afuera podían estar las calles llenas de basura, pero dentro del metro a nadie se le ocurría tirar un papel al suelo. Esa cultura de civismo fue permeando toda la sociedad.


Por supuesto, otros factores se sumaron a esa nueva cultura ciudadana, y al orgullo que sienten hoy los paisas de tener una ciudad moderna y agradable, que todos los años le rinde culto a las flores, precisamente a principios de agosto, cuando estuve la última vez. La ciudad celebra también la poesía en el mes de julio durante el festival internacional que le ha dado tanto renombre. Este año reunió a mil poetas de 127 países, entre ellos a la boliviana Matilde Casazola, invitada a esta fiesta popular magnífica, donde la poesía se riega por calles, parques y plazas. Todos los autores salen al aire libre para leer su obra frente a audiencias de todas las edades y estratos sociales.


La cultura de paz de Medellín se ha beneficiado también de la obra extraordinaria del maestro Fernando Botero, cuyas esculturas enormes se despliegan cerca del Parque de Berrío, frente al Museo de Antioquia en cuyo interior varias salas exhiben también su obra pictórica.


La cultura metro es todo eso, y sigue creciendo. Es como si cada nueva estación de la red fuera ganándole espacio a la guerra y a la violencia. El año 2004 se inauguró en Medellín un complemento del metro: el metrocable, un sistema sumamente original y eficiente de transporte teleférico que extiende el alcance del metro hacia las colinas que rodean la ciudad, de otro modo de muy difícil acceso. Las dos líneas actuales (la segunda se abrió en 2008) llegan hasta el corazón de barrios como Santo Domingo o La Aurora antes sometidos por el miedo y la violencia.


Hoy son agradables lugares de paseo, formidables miradores desde los que se divisa toda la capital de Antioquia. Muy cerca de la estación final del metrocable que lleva al oriente de la ciudad, al barrio de Santo Domingo, se inauguró en 2007 la Biblioteca de España, diseñada por Giancarlo Mazzanti, que los propios reyes españoles inauguraron. Desde lejos, la biblioteca se ve como tres enormes rocas negras, y por adentro está llena de luz y de jóvenes que consultan libros o internet.


El barrio todavía muestra las heridas de la violencia. Frente a la Biblioteca de España un grupo de niños juega entre chorros de agua, delante de un mural que es un llamado a no perder la memoria, con dibujos sobre las víctimas de la violencia y frases como: “Homenaje a las víctimas del conflicto”, “Siempre en el recuerdo de nuestros corazones”, “Cambio minas por esperanza”, “Nací libre”…



09 agosto 2009

Tres horas en el cielo

Alimentar todos los sentidos y hacerlo a través del arte culinario. Tocar las texturas en la penumbra, apreciar los colores propuestos, oler las especias arriesgadas, escuchar los sonidos servidos sobre la mesa y por supuesto saborear cada “momento” del ritual culinario que nos ofrece El Cielo.


Así se llama el restaurante de Juan Manuel Barrientos, joven chef de Medellín –pupilo de Iwao Komiyama- que sorprende a sus comensales con un menú tan único como exótico, y tan variado como agradable al paladar. Aquí no hay carta para escoger, aquí lo que vale es la confianza en el chef que cada mes propone un menú temático. Me tocó a fines de julio el tema ambiental, la toma de conciencia sobre la degradación de la tierra y de los recursos naturales, a través de una veintena de “momentos”.


Los mozos están perfectamente entrenados para describir el menú y hacer interesante incluso los “momentos” más banales. El primero se llama “los glaciares se derriten”: sobre el plato aparece un dedal blanco que no es otra cosa que una toallita comprimida, que uno sumerge por unos segundos en agua aromática para luego limpiarse la manos y poder pasar al siguiente momento, una copa de “champagne con espuma de casis y violeta”.


El “aborrajado de plátano, bocadillo de queso con pino ardiente” es espectacular y se refiere a la quema de los bosques. Para recordarlo el mozo incendia unas ramitas de pino aromático colocadas sobre esa entrada de sabor delicado, precedida de una “roca nitrogenada de canela y limón para contaminar el agua”, que se disuelve poco a poco en el vaso.


La sopa de “rocas de té verde, granos de maíz, leche de coco y jengibre” tiene una carga de sabores orientales, sobre todo de Tailandia, y lo único malo es que se acaba pronto, servida en un enorme plato con un centro de sopa minúsculo. Pero quedan todavía muchos “momentos” por delante.


Ahí llega, por ejemplo, el “carpaccio de atún con derrame de petróleo (media aceituna negra), espuma de limón y arena crispada” cuyo mérito está en el nombre y la disposición de cada elemento sobre el plato. A este momento le sigue otro parecido, el “langostino a la parrilla con esfericidad de maracuyá”.


Para separar el mar de la tierra, hay un momento aromático y visual. Se trata de un plato con un líquido verdoso al que se le echa una pastilla de nitrógeno para producir vapor frío, que cubre toda la mesa y anuncia el momento que sigue para cambiar sabores, un “sherbet de lychee y crema de merengue” servido en un pequeño vaso que se derrite rápidamente, pues está hecho de hielo.


Es cuando llega el “cilindro de pollo contaminado con fresas, chocolate derretido, granos de trigo y crema de banana”. Este plato tiene su propio postre, que es un “trozo de manzana empapado en tequila y limón reducido”, al que sigue el “solomillo de cerdo envuelto en papel comestible de tomate”, así, tal cual indica su nombre y como todo lo demás, muy sabroso. Este no es un restaurante donde uno encuentre sobre la mesa sal y pimienta, no es necesario. Así, el momento siguiente es un “ribeye sobre piedras calientes y cebollas, acompañado de agua limonaria en tubo de ensayo”.


Y ahora siguen los momentos finales, los postres, el primero con un nombre un tanto cruento: “media mina quiebrapatas de chocolate con centro de uva, galleta de espinacas, torta de amapola y flores de manzanilla”, seguido de un “homenaje a la paz” hecho de “chocolate blanco relleno con almendras ralladas, nube blanca de almendra y arroz con leche”. En suma, son “momentos” para los cinco sentidos, y mis cinco sentidos están con hambre de nuevo.


Al despedirse, le entregan a uno una plantita de acacia, para contribuir a la reforestación, en una caja donde se detalla la filosofía que guía el tema del mes.

08 agosto 2009

Ocho veces y más

Washington, Barcelona, Barranquilla, Porto Alegre, Bangalore, Sydney, Accra y ahora Medellín… ya son ocho veces que nos hemos reunido desde el año 2001 en la red de NuestrosMedios / OurMedia.


Queriendo-sin-querer, como se suele decir, he estado en todas las reuniones porque me parece que esta red que reúne a académicos, activistas y artistas ligados a la comunicación para el cambio social, es única en el mundo. Su gran ventaja es el diálogo que permite establecer entre quienes reflexionan sobre la comunicación y quienes trabajan concretamente en procesos que incluyen la comunicación para el cambio social.


Esta es una red que no tiene cabeza ni directorio, pero tiene los pies bien puestos sobre la tierra. Es una red con pequeños financiamientos y grandes incertidumbres sobre su sustentabilidad, pero eso mismo la hace atractiva. Reunirse cada vez en un lugar diferente del planeta nos permite conocer mucha gente nueva que luego se incorpora a la red. De eso se trata: sumar esfuerzos, sumar iniciativas, sumar ideas.


Las conferencias anuales de NuestrosMedios ocurren porque hay un grupo de personas que trabajan duro para que así sea. Este año, para NuestrosMedios 8 esas personas de Colombia estuvieron nucleadas alrededor de Amparo Cadavid, Jeanine El Gazi, Omar Rincón y otros que trabajaron sin descanso para hacer posible que más de 120 personas, entre ellas unas 40 de otros países, pudieran reunirse en el oriente antioqueño, en un centro paradisíaco que se llama el Recinto Quirama, rodeado de vegetación y tranquilidad, un ambiente apropiado para el diálogo.

Tuve tres actividades durante el evento. Por una parte la participación en una "mesa teórica" coordinada por Omar Rincon, con Clemencia Rodriguez, Alfonso Gumucio, John Downing, Juan Salazar, Kate Coyer y Benjamin Ferron. Por otra, la presentación de una ponencia sobre un tema que no he abordado antes: las historias digitales, una forma de expresión relativamente nueva, que combina cortos videos personales con amplia difusión en las plataformas de internet. En esa presentación asocié la palabra "digital" a la identidad (huellas digitales) y al corazón (digital, digitalina). Es un tema que voy a seguir ampliando.


Como siempre el programa fue nutrido pues incluyó sesiones plenarias, mesas de discusión, proyecciones de videos, talleres y visitas de campo de un día entero, que permiten conocer algo de la realidad del país. Y no faltaron esta vez por las noches las celebraciones y fiestas de convivencia, con grupos de música local, en torno a una fogata y con un vaso de canelazo en la mano.


Las veladas de expresión artística fueron muy estimulantes, por ejemplo con las orquestas de vientos y cuerdas conformadas por niños y jóvenes, que a través de la música escapan a los riesgos de la violencia y el conflicto que suele caracterizar a sus ciudades y pueblos, y establecen un diálogo por la paz y la convivencia. La noche del primer día de NuestrosMedios 8 pudimos escuchar a una gran orquesta de niños, formada por la banda juvenil (vientos y percusiones) y la orquesta infantil de cuerdas de la cooperativa de trabajadores de Marinilla, en el oriente antioqueño, una de las muchas que existen en Colombia.

En la página web de nuestra red hay abundante información sobre el programa del evento, así como en el wiki de OurMedia que ha sido creado para que todos contribuyan con información sobre comunicación, para construir colectivamente un gran mapa de la comunicación para el cambio social en el mundo.


Como de costumbre, cada reunión de NuestrosMedios es una nueva ocasión para estrechar los lazos de amistad con amigos y colegas que a través de la comunicación luchan por un mundo más justo.

31 julio 2009

Medios masivos y racismo

Durante la misma semana, la tercera de julio, tuve que escoger entre dos eventos importantes. Por una parte el Congreso de la Asociación Internacional de Estudios sobre Comunicación Social (AIECS, o IAMCR en inglés), que reunió en México a varios centenares de académicos de todo el mundo en el Centro Cultural de la UNAM en Tlatelolco. Por otra, el seminario internacional “Hacia la construcción de un espacio público incluyente”, en Ciudad de Guatemala.

Opté por aceptar la invitación de Amílcar Dávila y de Lucía Verdugo, del Observatorio Racismo en los Medios de la Universidad Rafael Landívar, una de las más importantes de Guatemala. En el programa me asignaron la tarea de ofrecer la conferencia de cierre del evento, "Palabras, agua y viento: pueblos indígenas y comunicación", antes pude disfrutar durante dos días de las intervenciones de académicos y comunicadores, sobre este tema que es aún más importante en un país con mayoría indígena.

Las palabras de apertura del evento estuvieron a cargo de Rigoberta Menchú, Premio Nóbel de la Paz 1992: “Definitivamente, yo no existe en los medios de Guatemala, y sólo aparezco en ellos cuando hago alguna travesura”, expresó Rigoberta, y enfatizó la necesidad de “no perder el sentido de indignación” frente al tratamiento racista y discriminatorio que se hace de los indígenas en los medios de difusión. Hizo también un llamado a evitar la censura y la autocensura, y a hacer “más travesuras” para combatir la discriminación.

Hay en los medios masivos un racismo obvio, explícito, y otro solapado, subyacente, que tiende ya sea a invisibilizar a los indígenas o a visibilizarlos como objetos folklóricos al despojarlos de profundidad cultural, planas representaciones que no tienen más espesor que el del papel periódico o del vidrio de una pantalla de televisión.

Esto y más lo abordaron varios ponentes, entre los que estaban algunos colegas que volví a ver gracias a esta ocasión propicia: Rosa María Alfaro, llegada del Perú, y los intelectuales mayas Aura Cumes, Alvaro Pop, y Demetrio Cojtí. Volví a ver también a Anabella Giraca, Eduardo Guiarte, Cristian Ozaeta, Evelyn Blanck, guatemaltecos comprometidos con las reivindicaciones de los mayas, y a mi excolega en UNICEF Nigeria, el mexicano Miguel Ugalde, quien me envió las fotos que aparecen en esta nota.

Alfonso Gumucio, Miguel Ugalde y Rosa María Alfaro

“El racismo en el imaginario social”, “Derecho a los pueblos indígenas a la comunicación”, “La formación de las ideologías racistas” y “ Propuestas para un periodismo incluyente en Guatemala”, fueron los títulos de las mesas de diálogo. La última mencionada reunió a los directores de algunos de los medios de difusión más importantes del país, como Prensa Libre, Siglo XXI, Guatevisión y El Periódico.

Las ponencias se publicaron en la página web del Observatorio Racismo en los Medios.

24 julio 2009

Hablemos de los sintecho

Parece increíble que ya hayan pasado cuatro años desde que el Movimiento de los Sin Techo organizó en Santa Fé, Argentina, las Jornadas sobre el Derecho de los Pobres a la Información y la Educación, a las que fuimos invitados siete especialistas latinoamericanos de la comunicación: Luis Ramiro Beltrán, Francisco Gutiérrez, Juan Díaz Bordenave, Washington Uranga, Daniel Prieto Castillo, Frank Gerace y Alfonso Gumucio Dagron. Creo que nunca habíamos estado todos juntos en un mismo evento, de modo que desde el principio esta ocasión se presentaba como muy auspiciosa.


Juan Diaz Bordenave, Frank Gerace, Gutierrez, Luciano Zocola, Daniel Prieto Castillo, Washington Uranga, Luis Ramiro Beltrán y Alfonso Gumucio Dagron, en Santa Fé, mayo del 2005.


Quizás deba aclarar que éramos seis invitados con nombre y apellido, y uno cuya identidad se mantuvo en secreto hasta el final, hasta el momento en que llegué con él al Cine Teatro Luz y Fuerza en la calle Junin de Santa Fé, y pude ver en los rostros de Luis Ramiro, Francisco y Juan las expresiones primero de curiosidad y desconcierto, luego de sorpresa y alegría, porque mi invitado sorpresa era nada menos que Frank Gerace, el autor de La comunicación horizontal, recién llegado de Nueva York, a quien ellos no habían visto en unas tres décadas. Fue una jugada memorable que hice con la complicidad de Daniel Prieto Castillo, y que salió a pedir de boca. Creo que ninguno de nosotros olvidará ese momento.


Este encuentro entre nosotros y con los sintecho fue posible por la iniciativa y tesón de un cura extraordinario que tiene Santa Fé, el padre Atilio Rosso, cuyos anteojos de culo de botella no le impiden tener una clara visión estratégica sobre los problemas políticos y sociales de su ciudad. Es el animador desde hace dos décadas del Movimiento de los Sin Techo, conformado por centenares de mujeres con las que pudimos trabajar y dialogar durante el encuentro, lo cual hizo de esa reunión algo muy estimulante y muy diferente de los eventos académicos a los que estamos acostumbrados. El entusiasmo y el compromiso de esas mujeres por el tema del derecho a la comunicación fue una lección para todos nosotros, una de esas lecciones que uno disfruta como alumno.


Junto a Atilio, Luciano Zocola fue el organizador local, y Daniel Prieto Castillo fue quien articuló el programa y convocó a los que participamos. Daniel, además, hizo durante nuestra estadía una serie de entrevistas individuales en video, donde exprimió durante más de una hora a cada uno de nosotros. En retribución o venganza, yo le hice a él la entrevista correspondiente.


Todas esas entrevistas con los ya citados, más un texto de Atilio Rosso sobre “Los excluidos y la sociedad del conocimiento”, y un capítulo titulado “Voces de los sin techo”, se han publicado a fines del 2008 en el libro El derecho de los pobres a la información y la educación, coordinado por Daniel Prieto castillo, y publicado con el sello del Movimiento de los Sin Techo. El libro de 230 páginas es el cuarto de una serie que empezó con “Las palabras y los hechos”, reflexiones de Atilio Rosso sobre “la pobreza, la libertad, la espiritualidad y el coraje”.


Y bueno, ¿se escribe “los sin techo” o “los sintecho”? Ellos mismos lo escriben en dos palabras, como lo haríamos todos, pero hace poco leí que la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), patrocinada por la Agencia EFE, recomienda escribir una sola palabra, sin comillas ni cursivas, y lo hace en base a dos respetables diccionarios, el de Manuel Alvar Ezquerra y el de Maria Moliner, que registran la palabra de esa manera. La lógica, nos dice Fundéu, es la misma que la que se aplica a las palabras sinvergüenza, sinrazón o sinfín. Queda en acta.

17 julio 2009

El regalo de Lorgio

Quizás Lorgio Vaca sabía que me estaba haciendo un gran regalo, pero no lo dijo. La última vez que almorzamos juntos, en la sede de la UNESCO en Paris, me entregó como si nada, a último momento, un DVD que en la tapa anuncia Piraí Vaca – Concierto (2007). Como todos en Bolivia sabemos o deberíamos saber, Piraí es el hijo de Lorgio Vaca, y es un brillante intérprete de guitarra, concertista internacional con una formación clásica muy seria (Cuba, Alemania, etc.) y una dedicación que solamente tienen los que nacen con la certeza de que están destinados a sobresalir en su arte.


Por el título del DVD, pensé que me iba a solazar con las interpretaciones que hace Piraí de los arreglos para guitarra de la Sonata No. 3 de Bach, de canciones populares escocesas y bolivianas, de tangos y otras composiciones. Y así fue, disfruté su versatilidad que le permite pasar de una fuga de Bach a Guadalquivir de Gilberto Rojas, y de El Choclo de Angel Villoldo a Koyunbaba, una composición de Turquía. “Sólo toco la música que me conmueve”, dice Piraí, y se nota.


Lo que no podía suponer era que el DVD encerraba no solamente el placer de la música, sino otros regalos que se fueron abriendo a la manera del Manuscrito encontrado en Zaragoza, a través de un menú que se desdobla generosamente con cada clic que uno hace en el control remoto. Si la música de Concierto dura 65 minutos y ya es un agasajo, qué decir de los 90 minutos de “bonus”, que incluyen dos entrevistas realizadas por Carlos Valverde, agudo inquisidor, una con Piraí (35 minutos) y la otra con Lorgio (12 minutos) que es padre, “brújula y guía” del guitarrista; así como un documental de 26 minutos sobre la obra mural de Lorgio Vaca, realizado en 1989 por Blanca Wiethuchter y Alberto Villalpando, y otro más corto sobre “Cómo se hizo” la producción de Concierto. A lo anterior se suman colecciones de fotografías, recortes de periódicos, y más.


No es solamente la cantidad de material lo que hace de este DVD un regalo, sino su calidad. Para empezar, la producción que se hizo en Diakonia (Santa Cruz), bajo la batuta de Hugo Ara y con un equipo formidable de técnicos (entre ellos Juan Miranda) es una muestra del perfeccionismo de Piraí Vaca, que asumió la dirección porque estaba cansado de ver en la televisión filmaciones de sus conciertos de muy mala calidad. Aquí, en cambio, la imagen, el sonido y la edición son impecables, y no hay nada que haya sido librado al azar.


El descubrimiento es aún mayor al ver la entrevista con Piraí Vaca, quien se revela como un artista de extraordinaria voluntad de superación, con un proyecto de vida claro y ambicioso, pero además un ser humano espiritual dotado de mucha fuerza vital y convicción. Las reflexiones de Piraí sobre su permanente búsqueda para ser una mejor persona -y no solamente un mejor músico- se complementan con la entrevista de Lorgio Vaca (tan versátil en la pintura como Piraí en la guitarra). Este es un indispensable complemento porque el maestro cruceño es también –de tal palo tal astilla- un hombre a la vez sencillo y ambicioso en su arte, profundo, espiritual y generoso como ser humano. Piraí dice en un momento que su mejor universidad en la vida fueron sus padres Ada y Lorgio; no me cabe la menor duda de ello.


Uno toma mayor conciencia de la importancia de este DVD como documento para la memoria del futuro al escuchar a Piraí Vaca sobre lo que vive y siente en ese momento preciso de su vida. Está en un punto de llegada luego de un largo itinerario, y en un punto de partida. Piraí explica que ya no puede hacer nada mejor con sus manos, pues ya no se trata de la técnica solamente, sino del cerebro y de la espiritualidad. Ha decidido recorrer un nuevo camino, en China central, para enriquecerse de cinco mil años de cultura. Su búsqueda es como un horizonte abierto, una apuesta riesgosa en este momento tan alto de su carrera, pero al mismo tiempo una opción para seguir creciendo y para no estancarse en la comodidad de lo que ya sabe y ya domina.


Concierto (2007) y su disco más reciente, Aires Indios (2006) son para Piraí “pasaportes para cerrar una etapa”. Piraí es un nombre que viene del agua, de los caudalosos ríos del oriente; quiere decir pez en guarayo, pequeño pez. Ahora irá nadando corrientes nuevas, que él mismo no sabe donde lo van a llevar en su vida y en su carrera como músico.


10 julio 2009

Jorge Enrique Adoum (1926-2009)

A fines de enero estuve con él en Quito, con su esposa Nicole Rouan, con su hija Alejandra, y con el director de teatro François Rochaix y su esposa. Lo vi en buena salud, pero flaquito, le sobraba tela por todas partes. El “Turco” o “Turquito” -como le decían con cariño a Jorge Enrique Adoum sus amigos más cercanos y su familia- se arrellanó en un sillón de su casa con un vodka en una mano y un puro en la otra, y siguió la conversación con una sonrisa que podía indicar que se sentía a gusto, o que su memoria le traía de regreso quién sabe qué recuerdos placenteros.


Quizás recordaba esa larga amistad con François Rochaix, que hizo en Suiza en 1971 el primer montaje de Le soleil foulé par les chevaux (El sol bajo las patas de los caballos), su primera obra de teatro. Una de las actrices en esa obra era precisamente Nicole, que luego se convertiría en la compañera de Jorge Enrique hasta su muerte, y más allá. Nicole ha sido además la traductora (cuando no se traducía él mismo) y la editora y de una buena parte de la obra de Jorge Enrique, en las magníficas ediciones de Archipiélago.


Con Alejandra Adoum visité en enero la Capilla del Hombre y nos detuvimos bajo la sombra del árbol de la vida donde reposan las cenizas de Oswaldo Guayasamín, y ahora las de Jorge Enrique. Quien iba a suponer que unos meses después ella iba a regresar allí con la vasija de barro que contiene las cenizas de su padre. Cuando las enterraron el 4 de julio estuvo el Presidente Rafael Correa para rendir su homenaje, y la plana mayor de la política y la intelectualidad del Ecuador.


La muerte llega a veces por donde no se la espera. Nos preocupamos por el corazón de Jorgenrique, pero fue lo que mejor resistió hasta el final. Estuvo lúcido todo el tiempo, preocupado por las tareas pendientes. En su lecho de hospital todavía trabajó con Nicole y Alejandra corrigiendo sus últimos poemas.


Jorgenrique –como le gustaba firmar en los últimos años- no ha desaparecido, está muy presente en Ecuador y en la poesía. Mientras él dialoga de ceniza a ceniza con su gran amigo Guayasamín, los demás seguiremos conversando con él y sobre él.


En días pasados, al escribir un artículo para la DPA (Agencia Alemana de Prensa), pedí a Eduardo Galeano y a Juan Gelman una frase sobre su amigo ecuatoriano. El primero me dijo que “el Turquito era un placer y un peligro: Un narrador de lengua afilada, temible enemigo, amigo cariñoso, bebedor que sabía beber, amador que sabía encontrarnos. Te extrañamos”. Y Gelman respondió: “Jorge Erique Adoum supo dar imágenes resplandecientes del amor, en prosa y en verso. Nadie lo podrá sustituir.”


Conocí a Jorge Enrique en Paris, hace unos 35 años. Me lo presentó otro poeta, el español Luis López Álvarez. Ambos trabajaban en la UNESCO, y yo también, en menesteres menos importantes que los suyos, y colaboraba en la pequeña revista de poesía “Desquicio”, que dirigía como pasatiempo López Álvarez. Allí colaboraba también Adoum. Cuando nos volvimos a ver, muchos años después, me regaló sus libros recientes con dedicatorias generosas.

03 julio 2009

Suspiro limeño

Estuve en Lima durante la primera semana de junio, invitado por la Pontificia Universidad Católica del Perú para presentar la “Antología de Comunicación para el Cambio Social: Lecturas Históricas y Contemporáneas” que compilé en colaboración con Thomas Tufte, mi colega danés. El evento fue organizado por la Facultad de Comunicación y Artes Escénicas, donde enseñan Luis Peirano y Hugo Aguirre, a quienes conozco hace muchos años. Hugo –director de la especialidad de Comunicación para el Desarrollo- fue el artífice del evento.

Para la presentación del libro estuve flanqueado de otros dos amigos de larga data, autores incluidos en la Antología, ambos importantes pensadores de la comunicación a nivel internacional y no solamente en el Perú: Rosa María Alfaro y Rafael Roncagliolo.


Rafo tocó en su intervención un punto sensible: ¿por qué no está Paulo Freire entre los 150 autores? Me tocó explicar, y lo hago otra vez aquí. Paulo Freire está incluido –con permiso de su editorial- en la edición de la Antología en inglés, que salió en 2006, pero que los herederos, concretamente la esposa holandesa de Joaquim Freire, armó tremendo escándalo y amenazó con retirar la edición de circulación si volvíamos a incluir a Paulo Freire en la edición castellana del libro. Paulo Freire no hubiera obrado de esa manera, pero los herederos, como se sabe, no se rigen por los mismos valores. Rosa María, por su parte, habló de los avances en las gestiones para una nueva ley de medios en Perú.


El salón donde se presentó la Antología en Lima se llenó de estudiantes y profesores, no quedaban asientos para todos. A eso contribuyó mi amigo Carlos Rivadeneyra, que trajo en un autobús a sus alumnos de la Universidad de Lima. También había estudiantes de comunicación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la Universidad San Mártir de Porres e incluso de la Universidad del Cusco.


Al día siguiente, en la Caja Negra, que así se llama el estudio de teatro de la Facultad de Comunicación, tuvimos un conversatorio con estudiantes y profesores, facilitado por Hugo Aguirre.


El interés por la Antología motivó una entrevista en .edu, el semanario de la universidad, mientras que el interés por Bolivia y el tema de las tensas relaciones con el gobierno peruano fue lo central en la entrevista que publicó el diario La República.


26 junio 2009

Flaviadas

Después de muchos años volví a las Flaviadas, a ese espacio de magia que hay en la ciudad de La Paz, por virtud del cual cada sábado de toda la vida, exactamente entre 18:30 y 20:30 horas, un grupo de 12 a 15 personas, en absoluto y respetuoso silencio cómplice, se reúne para escuchar una selección de música clásica. La puerta de la casa de Don Flavio Machicado, en el número 2448 de la Avenida Ecuador, se abre de par en par para quien quiera participar en ese acto de comunión musical. Enfilar el estrecho sendero que sube de la calle hasta la casa (y Fundación) que hoy mantiene Eduardo Machicado Saravia, uno de los hijos de Don Flavio, es el comienzo de una experiencia que se renueva cada fin de semana.

Don Flavio Machicado (1898-1986) era uno de los personajes más característicos de la cultura paceña. Lo recuerdo caminando por la ciudad con su bastón y su corbata pajarito, con traje y chaleco, siempre impecablemente vestido. Comenzó las “Flaviadas” el año 1916, con la misma motivación que mantuvo hasta el final de sus días, y que ha continuado ahora gracias al empeño memorioso de Eduardo. Desde 1938, las Flaviadas transcurren en la casa cercana al parque del Montículo. El rito semanal reúne a personas que a veces no se conocen entre si, van llegando al filo del anochecer y se instalan en la penumbra del segundo piso, sin decir una palabra, cierran los ojos y se entregan a la música. Bocherini, Mozart, Haydn, Albeniz, Wagner… fueron parte de la selección el día que estuve, el último sábado de mayo. No nos dieron chocolate caliente y galletas, como antes, pero la música y la compañía fueron suficientes.

Flavio Machicado Viscarra no era solamente un melómano, sino un melómano generoso: quería compartir con los demás su disfrute de la música clásica. Cualquiera puede tener en su casa los discos y escucharlos, pero nada se compara a la experiencia de compartir colectivamente extractos de la música más bella que haya producido el ser humano en la cultura occidental. A lo largo de su vida acumuló cerca de 5000 discos de vinilo, y en sus últimos años incrementó la colección con 2000 grabaciones en disco compacto.

Personajes de la cultura boliviana, y algunos internacionales, enfilaron sus pasos por el callejón que lleva a la sala de las Flaviadas. Eduardo conserva un gran álbum de recortes, cartas (una de Pau Casals) y fotos que da cuenta de la importancia de las Flaviadas como epicentro cultural de La Paz. La “crema” de la cultura urbana pasó por esa casa.

Don Flavio tenía además otras cualidades, como la de conservar cuidadosamente numerosas colecciones de revistas y periódicos, a través de las cuales se puede hoy acercarse a la historia de la época que le tocó vivir. En base a ese acervo sus hijos constituyeron en 1995 la Fundación Flavio Machicado Viscarra, que ocupa una buena parte de la casa de familia y que merecería estar en un edificio propio y abierto al público.

Si bien Don Flavio fue querido y respetado por todos quienes lo conocimos, no recibió de parte de las autoridades ni el reconocimiento ni el apoyo que se merecía. Recién en sus últimos años, ya cansado, fue declarado “hijo predilecto” de la Ciudad de La Paz, y el máximo galardón del Estado Boliviano, el Cóndor de los Andes, se le otorgó en su lecho de muerte, demasiado tarde, muy a destiempo, como suele suceder en esta sociedad tan desgastada en banalidades y cuestiones efímeras.

Lo lógico, si este fuera un país normal, es que el Estado apoyara con recursos la fundación que con tanto empeño han puesto de pie los herederos de Don Flavio, pero eso no va a suceder hasta que seamos un país educado.

Nos vemos un sábado próximo futuro en las Flaviadas.