09 mayo 2009

De Roskilde a Malmo

Estuve a fines de marzo en la Universidad de Roskilde (Dinamarca), a invitación de Thomas Tufte –coautor conmigo de la “Antología de Comunicación para el Cambio Social”- y en la Universidad de Malmo (Suecia), invitado por el colega Oscar Hemer (en la foto, con el “Turning Torso” de Calatrava atrás), para hablar con estudiantes de comunicación. En el seminario de Roskilde presenté “Three Challenges of Sustainable Communication for Social Change”, y en el de Malmo “From Community Radio to Cross Media: The Latin American Experience”. En el sitio web de Ørecomm hay más información y también vínculos para descargar los dos documentos que los estudiantes leyeron antes del seminario.

Copenhague y Malmo están unidas por el Øresundsbron, el puente combinado (tren y carretera) más largo de Europa, con 7,845 metros. En realidad, parte es puente y parte túnel debajo del agua. Fue inaugurado recién el año 2000; antes, era necesario cruzar el estrecho de Øresund en un ferry. Hoy se toma el tren, y ni cuenta se da uno de la frontera en medio del trayecto.

Además de las actividades académicas, fue una ocasión para que Thomas y yo nos sacáramos una foto actualizada con la “Antología de Comunicación para el Cambio Social”, nuestra obra conjunta. En una visita anterior, a fines de julio del 2005, nos tomaron una foto con dos altas pilas de documentos que habíamos revisado para seleccionar los textos que iban a publicarse en la “Antología”. Ahora, una foto similar, en el mismo lugar de su casa, con un ejemplar de la “Antología” en castellano. Así se cierra un ciclo, un proyecto.

06 mayo 2009

Augusto Boal (1931-2009)

Cuando en 2005 preparaba con mi colega Thomas Tufte la edición en inglés de “Communication for Social Change Anthology: Historical and Contemporary Readings” (2006), nos pareció indispensable incluir un extracto de “Teatro del Oprimido” de Augusto Boal, libro donde sintetiza su filosofía y su práctica de un teatro crítico y movilizador para “humanizar la humanidad”. Boal, afirmando que “el teatro somos todos”, impulsó un teatro donde los actores se mezclaban con la gente en las calles o en el transporte público, borrando la noción del “espectador” para convertirlo en actor-participante.

Tuve oportunidad de pedirle personalmente la autorización de publicar su texto en el Festival de Invierno en Ouro Preto, en Brasil, a fines de julio del 2005. Cuando supo que soy boliviano inmediatamente se recordó a Liber Forti, hombre de teatro a quien Boal admiraba por su trabajo en las minas con el grupo Nuevos Horizontes, y lo mencionó durante su presentación en el auditorio del teatro Vila Rica, repleto de gente que lo esperaba. De hecho, Liber intermedió un par de años más tarde para que Boal enviara por escrito su autorización para la edición en castellano de la “Antología” (2008).

Me reuní con Boal en la mañana del día siguiente en el pequeño hotel Solar do Carmo, para explicarle la importancia de incluir su texto sobre teatro en un libro sobre comunicación participativa para el cambio social. Caminaba con dificultad ayudado de un elegante bastón recubierto de plata, con el que aparece en la foto que nos tomamos.

Ahora llega la noticia de su muerte, a sus 78 años. Se multiplicarán los homenajes, especialmente el 9 de mayo, según nos dice Barbara Santos en el sitio web del Teatro del Oprimido. Se publicarán sin duda muchos artículos sobre su vida y su obras; sobre sus largos exilios cuando Brasil se encontraba sometido por las dictaduras militares; sobre sus peregrinajes por América Latina, Europa y Norteamérica; sobre los muchos teatros que derivaron del concepto de teatro del oprimido (teatro oficina, teatro forum, teatro periodístico, teatro legislativo, la fábrica de teatro…).

Yo solamente quiero marcar mi memoria en esta ocasión.

01 mayo 2009

Gripe porcina en la esquina

México, año 2166… Me lavo las manos veinte veces al día, durante un minuto cada vez, y salgo de casa con el barbijo puesto; en las calles casi vacías los transeúntes caminan con mascarillas y “cubrebocas” -como les dicen aquí en la megalópolis. Reina una tensa calma. Tomo fotos para la memoria. En la esquina de mi casa, incluso la estatua del gran Agustín Lara lleva barbijo. No se oye su voz, sólo se escucha el silencio.

Durante dos semanas están suspendidas las clases en todo el país. Los 30 mil restaurantes del Distrito Federal y todos los cines han cerrado sus puertas, y los partidos de fútbol se juegan en estadios vacíos, sin espectadores. Se ha prohibido el acceso a 175 zonas arqueológicas de la república mexicana. Las banderas están a media asta. Murió de pulmonía atípica el director del Museo de Antropología, y se dice que fue a causa del virus.

Los hospitales atienden gratuitamente a todos los enfermos, aunque no sean asegurados, incluso el hospital de la Fuerza Naval. En el metro, habitualmente repleto de gente, son pocos los que se arriesgan. Al aterrizar en el aeropuerto Benito Juárez, a los que llegan se les da una mascarilla y se les entrega información sobre un virus mortal que está en el ambiente y que se transmite por un beso, un estrechar de manos o un estornudo.

Monitores termográficos instalados en el aeropuerto y en las principales estaciones del metro detectan en sus pantallas a los viajeros con fiebre.

El gobierno del Distrito Federal emprendió este fin de semana un plan de contingencia para limpiar con agentes químicos todo el transporte público de la ciudad, así como 4500 planteles escolares, juzgados, mercados, restaurantes, museos, centros de recreación, etc.

Aunque los párrafos precedentes parecen el guión de una película de ciencia-ficción de los años sesenta (de esas que creaban suspenso sin necesidad de gigantescos monstruos creados digitalmente), lo descrito más arriba sucede en México, hoy, 1º de Mayo del año 2009. La mal llamada “gripe porcina”, científicamente el virus de influenza AH1N1 amenaza a una de las ciudades más pobladas del mundo, a los países vecinos y a cualquier otro con conexiones aéreas; es decir, a todo el planeta. USA, Canadá, Italia, entre otros, recomiendan cancelar los viajes a México que no sean “esenciales”. Cuba, Perú y Argentina, más radicales, suspendieron todos sus vuelos provenientes de México. El miércoles 29 la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó a 5 el nivel de alerta por la pandemia.

Cosa inusual, se ven nítidamente los cerros que rodean el valle de México. La tradicional y espesa capa de contaminación ha desaparecido, el cielo es intensamente azul en la moderna Tenochtitlán. El gobierno federal ha decidido que solamente una parte esencial de la administración pública y de las fuerzas armadas seguirá trabajando. El regente de la ciudad ha ordenado el cierre de las fábricas no esenciales. La Ciudad de México pierde cada día cerca de cien millones de dólares debido al cierre de empresas y negocios. Los más pequeños van directo a la quiebra y se espera un aumento del desempleo en los próximos meses. Y si aumenta el desempleo, aumentará el hambre y la violencia.

Circulan en Internet las habituales hipótesis de complots fríamente calculados. Uno dice que el virus fue producido en laboratorios militares de Estados Unidos (la CIA ya introdujo un virus porcino en Cuba, en 1971), y su propagación beneficia al ex Secretario de Defensa de Bush, Donald Rumsfeld, accionista del laboratorio Golead Sciences Inc. que tiene los derechos sobre la medicina retroviral Tamiflu. Otra teoría de conspiración sugiere que es una maniobra de los gobiernos del G7, para reactivar la economía de esos países mediante medidas financieras excepcionales. Otra, que el gobierno mexicano necesita unir a la población a su alrededor para las próximas elecciones legislativas.

El humor cáustico de los mexicanos se explaya como la misma pandemia. En la calle escuché a dos obreros conversando: “Con una botella de tequila al virus se lo lleva la chingada”. También circula por Internet el “nuevo billete de 20 pesos”, en el que aparece Benito Juárez con mascarilla.

En cualquier caso, desde la perspectiva de este ciudadano atrapado en el “ombligo de la luna” (eso quiere decir “México”), la gripe porcina está en la esquina, aunque según el portavoz del gobierno mexicano el genoma del virus es de origen euro-asiático. Dice en la televisión el Secretario de Salud del Gobierno Federal: “¿Entonces quién se lo trajo? Pos quien sabe…”

24 abril 2009

Foro: Libertad de Expresión

Periodistas desaparecidos o asesinados, radios comunitarias perseguidas y clausuradas, censura y autocensura en los medios, el encierro, el destierro o el entierro de las ideas. Y no estamos hablando de regímenes dictatoriales, sino de “democracias” latinoamericanas.

La libertad de expresión y el derecho a la comunicación son una molestia y una amenaza para quienes están en el poder, sean de izquierda o de derecha. Si bien algunos países respetan formalmente la libertad de información, muy pocos promueven el derecho a la comunicación, que no es lo mismo. Como escribió Antonio Pasquali hace 45 años, en 1963: “La ‘libertad de información’ es una irónica contradictio in adjecto, ya que sólo connota la libertad del informador."

En México, un gran país con gigantescos monopolios mediáticos y muchos esfuerzos dispersos de comunicación independiente, alternativa y comunitaria, tanto la libertad de expresión como el derecho a la comunicación están constantemente amenazados desde las esferas del poder político o el poder de las sombras (el narcotráfico).

Para hablar de ello se organizó el 16 y 17 de abril el foro “Libertad de Expresión: Procesos Democráticos y Derechos Humanos”, convocado por instituciones líderes en la lucha por el derecho a la comunicación, como AMEDI, Artículo XIX, Comunicación Comunitaria y AMARC, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, la Coordinación de Enlace Comunitario y otras.

Los amigos de Comunicación Comunitaria me invitaron a presentar una perspectiva latinoamericana de los temas. Para mi fue una manera de aterrizar nuevamente en México luego de haber vivido y trabajado en el país a mediados de los 1980s.

El evento se abrió con la presencia de Frank La Rue, Relator de las Naciones Unidas para la Libertad de Expresión, y Catalina Botero, Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ambos reafirmaron la importancia de ir más allá de la libertad de los medios de información, hacia el derecho a la comunicación de la ciudadanía.

Fue impactante la mesa sobre “Agresiones a periodistas en México”, donde Ana Lilia Pérez ofreció un testimonio vibrante de las amenazas y presiones que ha recibido por haber publicado en la revista “Contralínea” investigaciones sobre manejos dolosos y corrupción en las más altas esferas del partido gobernante (PAN). Otro testimonio conmovedor fue el de Javier Valdés, periodista de “Río Doce” de Sinaloa, quien corre riesgos cotidianamente cada vez que escribe sobre la sociedad del narcotráfico en su columna “Malayerba”. Valdés afirmó que toda la sociedad de Culiacán está implicada, en mayor o menor grado, en el narcotráfico que ha penetrado todas las instituciones, desde la policía hasta los medios de información.

Otras mesas del Foro abordaron los “Avances y retrocesos del Acceso a la Información Pública”, “La Ley Televisa”, “Derecho a la Comunicación: Medios Comunitarios y Medios Públicos”, y “Convergencia Tecnológica en los Medios de Comunicación”. En esta última me tocó presentar una ponencia, junto a Gabriel Sosa Plata (cuya columna en el “Universal” fue recientemente clausurada), Beatriz Solis y Eduardo Correa.

10 abril 2009

Ultimo día en La Antigua

No se puede uno ir de Guatemala sin despedirse de La Antigua. La mañana soleada del último día, poco antes de ir al aeropuerto, recorrimos por centésima vez los 40 kilómetros que separan la capital actual de la antigua capital de Guatemala, accediendo a ella por la empinada bajada que lleva a su incesante redescubrimiento. Uno no se cansa de visitar La Antigua, porque cada vez hay algo nuevo, aunque la ciudad colonial no cambie y se mantenga suspendida en el tiempo.

Lo nuevo, esta vez, justo antes de transitar por las calles empedradas de la ciudad, fue la visita a Santo Domingo El Cerro, una colina propiedad de Jorge Castañeda, además dueño de muchas cosas en la Antigua, y como en otros proyectos urbanísticos en este ha asociado también al arquitecto Amerigo Giracca, para crear un espacio escultórico abierto con el nombre Parque Cultural Efraín Recinos, en homenaje al gran muralista, escultor, ingeniero y arquitecto guatemalteco, autor –entre tantas otras obras- del conjunto arquitectónico del Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias.

Cuento con los dedos de una mano (y me sobran un par de dedos) los amigos que he tenido en Guatemala, y sin duda Efraín Recinos es uno de ellos. El otro fue Mario Monteforte Toledo.

En su taller del Teatro Nacional, rodeado de dibujos, cuadros y cuadernos, visité a Efraín dos días antes para despedirme. Me contó que había descubierto bocetos de murales que daba por perdidos, y me habló del parque escultórico de Santo Domingo El cerro, donde la pieza central es una curiosa escultura suya, hecha de un escarabajo Volkswagen (que fue suyo durante el tiempo que duró la construcción del Teatro Nacional, de 1971 a 1978) y una “guatemalita”, mujer de ojos grandes que es uno de los leit-motiv en la obra escultórica de Recinos. Los ojos grandes y las piernas carnosas caracterizan a las mujeres de Efraín.

La charla con él me animó aún más a visitar Santo Domingo El Cerro, y hacerlo fue un regalo, porque esa colina desde la que se divisa La Antigua, está sembrada de arte. La presencia de Efraín es sin duda la más notoria, por los murales y esculturas, pero también hay obras de Luis Díaz, y Mariadolores Castellanos (casualmente, la nueva propietaria del departamento que acababamos de dejar en Guatemala).

La serie de murales de Efraín Recinos sobre el tema de la comunicación es una de las atracciones del parque. Me mostró dos días antes los bocetos originales, antiguos, que forman parte de un proyecto que nunca llegó a realizarse, como tantos de Efraín. Ahora, finalmente ven la luz como murales en mosaico donde predomina el color azul. Seis ya están terminados y colocados en su sitio definitivo. Aluden a la comunicación en todas sus formas y a través del tiempo: el tam-tam, las palomas mensajeras, la telegrafía, la radio, la televisión… Al diseño original sobre los satélites le añadió hace poco un teléfono celular en la mano de una “guatemalita” sentada sobre la esfera del globo terráqueo. Habrá un panel que todavía no ha sido realizado, pero que Efraín mencionó dos días antes cuando nos vimos: “La forma más antigua de comunicación, la más íntima: el beso”.

No podía yo encontrar una manera más conciliadora de dejar Guatemala. La obra de Efraín Recinos y de otros artistas y emprendedores del arte, tiene la capacidad de enterrar siquiera por unas semanas los recuerdos dramáticos de un país sumido en la violencia y en la injusticia, un país corrupto hasta la médula, donde todos los ilícitos son el pan cotidiano: tráfico de drogas, de obras de arte colonial y pre-hispánico, de influencias, de especies animales vivas en riesgo de extinción, de inmigrantes, de bebés vendidos para adopciones, de maderas preciosas, de órganos para transplantes, y todo cuanto la imaginación más perversa pueda imaginar.

En este país los pobres son muy pobres y los ricos son muy ricos. Y son indolentes, indiferentes a la realidad que los rodea, sobre la que se desplazan en helicópteros para no contaminarse. Los ricos de Guatemala se han hecho ricos especulando por igual en tiempos de democracia y de dictadura, apadrinando el Estado que conviene a sus intereses. República bananera (cafetalera, petrolera, azucarera…) donde 50 familias controlan el 80% de la riqueza nacional, esa es Guatemala, feudal como cien años atrás.

Hombres como Efraín Recinos –muy pocos frente a tanta adversidad- nos reconcilian con el mundo, no solamente por su inmensa creatividad como artista, sino por su sencillez como persona y por su generosidad con Guatemala. Por ello, irse con una despedida del hombre y de su obra, es una manera de llevarse un buen recuerdo al cerrar una etapa más en mi vida de gitano.

03 abril 2009

Entrevista en Canalé

“Canalé” es el nombre de la revista que publica la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). El número más reciente trae una entrevista de tres páginas sobre la versión en castellano de la “Antología de Comunicación para el Cambio Social: Lecturas Históricas y Contemporáneas”.

La entrevista realizada por Hugo Aguirre –quien coordina la especialidad de Comunicación para el Desarrollo en la universidad- explora las motivaciones y el proceso de elaboración de este libro que se ha convertido en una referencia importante para los estudios de comunicación para desarrollo y el cambio social en América Latina.

Hugo Aguirre: El presente está marcado por un discurso tanático, se agotan los recursos, el clima cambia negativamente, ¿cuál crees que será el aporte de la Antología y de la comunicación en este proceso de reorientación que requiere el capitalismo para encarar el futuro?

Alfonso Gumucio-Dagron: Creo que siempre estamos nadando contra la corriente, como ciertos peces que remontan los ríos en busca de remansos para desovar. Este mundo no es fácil ni lo ha sido. Hay momentos históricos que despiertan nuestras ilusiones y anhelos, y otros en los que la realidad nos apabulla con un sentimiento de frustración. Pero seguimos creyendo en ciertos principios y por ello nuestro trabajo se sostiene siempre de un hilo de esperanza.

Cuando uno mira la foto grande, la del mundo, la de la historia, no puede evitar un cierto sentimiento de derrota, pero si uno se concentra en lo que mejor conoce y en las posibilidades de influir, renace la esperanza.

Nosotros pensamos que si las universidades asumen los retos del desarrollo y de los cambios sociales y se acercan a los problemas que padece la mayoría de la población, hay posibilidades de cambiar las cosas. Hay ejemplos de cambios sociales importantes en comunidades que han tomado en mano su desarrollo, con un espíritu democrático y solidario. Si esto se multiplicara por miles, estaríamos más cerca de resolver los grandes problemas que aquejan al mundo.

Entrevista completa



27 marzo 2009

La Antología en Bogotá

Estuve en el lanzamiento de la "Antología de Comunicación para el Cambio Social", en Bogotá, el 3 de marzo del 2009 con el auspicio de la Universidad Javeriana. Al presentar el libro el Decano de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, Jürgen Horlbeck, lo llamó “un mamotreto” para luego hacer una digresión etimológica de la palabra, señalando que en griego tardío “mammothreptus” significa “criado por la abuela”, por lo tanto bien amamantado y alimentado, un muchacho fuerte y supuestamente gordinflón. Añadió que tendría una función importantísima en la universidad, precisamente porque iba a “alimentar a quienes se atrevieran a consultarla”.

Nueve autores incluidos en la Antología son colombianos: Jesús Martín Barbero y José Miguel Pereira residen en Colombia, no así Clemencia Rodríguez, Arturo Escobar, Sonia Fraser-Restrepo, Carlos Cortés, Rafael Obregón y Pilar Riaño. El científico social Orlando Fals Borda falleció antes de ver publicada la obra en castellano.

Jesús Martín Barbero, uno de los autores latinoamericanos más reconocidos a nivel mundial, nos agradeció a Thomas Tufte y a mi, “por haber sido capaces de poner tantas voces y tejerlas entre sí. Este libro es un tejido de voces múltiples, pero con una enorme presencia y potencia del pensamiento latinoamericano y esto es clave, realmente clave desde nuestros países hacia el resto del mundo”.

Añadió que “el libro trae dos apuestas: la primera pensar en la transformación de la sociedad y la segunda, pensarla desde la comunicación no como técnica -que hoy es la obsesión de la inmensa mayoría de las facultades de comunicación en América Latina, que le están haciendo caso al mercado quien les dice descaradamente cómo formar a los comunicadores. Para mi y los que llevamos casi 40 años luchando por esta causa, encontrar que hay un libro mundial, global en el mejor sentido de la palabra, que pone como claves el cambio social y el tejido de las realidades de que está hecha la comunicación, tanto más que de los medios, es una enorme alegría”.

Como insinuó Alfonso Gumucio, hace mucho tiempo que hay en América Latina un pensamiento pionero, pero los del norte nos siguen mirando desde arriba. Hay una expresión preciosa de Appadurai: ‘Nos siguen pensando como proveedores de materia prima para los molinos teóricos del Norte’”, añadió.

“En esta obra lo que hay, de veras, es una apuesta de diálogo del mundo con América Latina; pone a América Latina en el mundo y le permite al mundo -en su versión en inglés- enterarse de que aquí no solo hay materia prima para que la muelan los molinos del Norte, de que aquí no sólo hay informantes nativos sobre las exóticas formas de comunicación de los nativos de América Latina, sino que aquí hay tanto pensamiento o más. Lástima que esto no sea sólo problema de los países del norte, sino de la mayoría de las facultades de comunicación de América Latina, que cuando se han hecho rastreos bibliográficos, salvo cuatro o cinco que salimos premiados, hay una enorme cantidad de bibliografía barata pero con firmas que tienen mucho mercado en el norte.”

La noche anterior cené con Sonia Fraser-Restrepo y su hermano, y recordamos a Colin, que falleció en septiembre del año pasado. Vimos las fotos donde aparece jocoso vestido con un hábito franciscano, y otras en las que muestra que gozó cada momento de su vida, y muy especialmente los años de suave aislamiento en el pueblito medieval de Tolfa, ni tan lejos ni tan cerca de Roma. Allí cultivó durante una época algunos vinos, de los que Sonia conserva alguna que otra botella. Fue bueno recordarlo horas antes de lanzar la Antología en Colombia, en un acto en el que él hubiera participado con entusiasmo.


20 marzo 2009

Actividades en Cali

La edición en castellano de la ANTOLOGIA fue lanzada en Colombia, en dos ciudades principales, Cali y Bogotá, gracias a la invitación de la Universidad Javeriana de Bogotá y la Universidad Javeriana de Cali, dos importantes instituciones académicas de Colombia, que organizaron conjuntamente las actividades.

En Cali me invitaron a participar en varias actividades alrededor de la presentación de la Antología: encuentros con profesores y estudiantes, entrevistas, intercambios y visitas a proyectos de comunicación participativa. Estas actividades fueron coordinadas por dos dinámicas profesoras, Fanny Franco y Mónica Marión, cuyo empeño ha permitido imbuir a sus estudiantes de un enfoque de comunicación para el cambio social.

En un taller de cuatro horas el jueves 27 de febrero, hice una presentación sobre comunicación para el cambio social, las raíces y la evolución de este campo de investigación en proceso de construcción. En la noche, el Vice-Rector Gabriel Jaime Pérez, grabó una entrevista en la radio universitaria, Javeriana Estereo 107.5 FM. El texto se publicará en un próximo número de la revista “Signo & Pensamiento”.

Otro seminario de media jornada -el viernes 28 de febrero- reunió a profesores y estudiantes de comunicación de las principales universidades de Cali para el lanzamiento de la Antología en esa ciudad. El Director del Departamento de Comunicación y Lenguaje de la Universidad Javeriana, José Vicente Arizmendi, y el Director de la Carrera de Comunicación, Jorge Manrique, hicieron los discursos de apertura del seminario, seguidos por presentaciones de las profesoras Marión y Franco.

En la tarde visitamos grupos de jóvenes que trabajan usando el enfoque de la comunicación para el cambio social: diálogo y participación. El Sistema Departamental Juvenil de Comunicación, agrupa a una treintena de jóvenes activistas de la comunicación del Departamento del Valle. Se reúnen regularmente para llevar adelante un proceso inclusivo que permite a jóvenes mujeres y hombres de diversos estratos sociales, debatir y diseñar sus propias estrategias. El grupo usa la radio y el video para expresar sus inquietudes.

La siguiente visita fue al barrio popular de Agua Blanca, donde el grupo de teatro “Movimiento latino” estaba ensayando una obra sobre la violencia, la corrupción y el tráfico de drogas, temas particularmente importantes en esta región colombiana.

Al día siguiente visitamos dos experiencias de comunicación, la primera en Santander de Quilichao, en el Departamento del Cauca, a una hora de Cali, donde el grupo de jóvenes “Tengo Ganas” produce breves mensajes en video sobre temas que afectan su comunidad, como el cuidado ambiental, la autoestima, la violencia o la presión social, subrayando valores como la paz, la convivencia y la solidaridad. El Alcalde de la ciudad participó en la reunión e hizo hincapié en la necesidad de apoyar a las organizaciones de jóvenes.

Las tres experiencias de comunicación descritas anteriormente se desarrollan con el apoyo de estudiantes de la Universidad Javeriana de Cali, que pasan fines de semana apoyando a los grupos juveniles, usando el enfoque de la comunicación para el cambio social.

El itinerario continuó entre las colinas de Caldono, donde el CRIC, una de las principales organizaciones indígenas de Colombia, tiene un centro de producción audiovisual y una emisora comunitaria, Uswal Nasa Yuwe. Vicente Otero, que lidera las actividades de comunicación en organizaciones indígenas, explicó la estrategia de marchas y manifestaciones en demanda de los derechos de las comunidades indígenas de Colombia.


12 marzo 2009

Crevette

Una vida se acaba de ir, la de mi madre, y otra se acerca en los próximos meses: la de mi primera nieta o nieto. Mi hijo Fabián y su pareja Mercedes están pendientes de ese nuevo arribo. La primera foto muestra perfectamente ese organismo vivo que crece y empieza a ocupar el espacio que reclama en el mundo. En Francia le llaman crevette hasta que se pueda saber si será hombre o mujer.


su primera foto de perfil

es un retrato de cuerpo entero

desde el fondo de su mar privado

flotando en el agua de la vida que le prestan

nos hace señas secretas

nos pregunta todo

ya empieza su trayecto inmóvil

con su pequeño cuerpo desnudo

como un signo de interrogación

capturado en una gran corazón



07 marzo 2009

Marina Dagron de Gumucio (1922-2009)

Su cerebro funcionó con lucidez hasta el último minuto y su buen humor la acompañó hasta el final. Una hora antes de irse definitivamente, bromeaba con los médicos del servicio de emergencia que la atendía en la casa.

Se fue como vivió el último tramo de su existencia, con ese modo suave de disfrutar con optimismo lo que la vida todavía le podía ofrecer. 

En sus últimos años tuvo que prescindir de una de sus grandes pasiones, la lectura. Su voracidad de lectora, en castellano y en francés, la llevó a devorar bibliotecas. En una época fue asidua de la biblioteca de la Alianza Francesa en La Paz, y decidió leer todos los autores comenzando por la “A”. Le prestaban 10 o 12 libros a la vez para que no tuviera que hacer el viaje todos los días, y ella devolvía los libros forrados en plástico, para que se conservaran  mejor. Cuando iba por la “B” se detuvo varios meses en las obras completas de Balzac y leyó todo. Le gustaban en especial las sagas, las historias amplias que abarcaban varias generaciones.

Las cataratas nublaron su vista poco a poco pero en 2005, cuando vivíamos en Brasilia, la operó el mejor especialista, el Dr. Leonardo Akaishi (ella lo nombraba en broma como “Dr. Abacaxi”), y quedó como nueva. Veía, mejor que cualquiera, caer los limones del árbol que estaba al fondo del jardín, a por lo menos 20 metros. 

Pero el año 2008, ya en Guatemala, descubrieron que tenía mácula y ese fue un camino sin retorno. Sin lecturas su vida se hizo más contemplativa. Trasladó su avidez de conocimientos de la lectura a la televisión, donde era asidua de “Animal Planet” y “Discovery”, maravillándose de las cosas extraordinarias que ofrece la naturaleza. Sentía curiosidad por todo, me preguntaba cada día el precio del barril de petróleo, como si tuviera acciones.

Siguió disfrutando de los viajes y siempre tenía una maleta lista para tomar el avión. Si sus hijos la invitaban a Paris, a Montreal, a Brasilia o a Guatemala, siempre estaba dispuesta. Añoraba el regreso a La Paz, al departamento en Los Pinos (porque “todos me conocen en mi barrio”), pero al cabo de unas semanas ya empezaba a soñar con otro destino. 

Las salidas a Antigua Guatemala le encantaban, para ver las alfombras de flores y de aserrín de hermosos diseños y las procesiones de Semana Santa, o cualquier día del año simplemente para pasear entre las ruinas de las iglesias de piedra, recorrer las calles empedradas de la antigua capital o comer en La Fonda de la Calle Real.

Sus otros placeres eran sencillos: chocolates, una copa de vino, un vaso de whisky, Les Luthiers… Solía decir que si sus regalos de cumpleaños o de navidad incluían un libro, un perfume y chocolates, ella se daba por satisfecha. 

En Guatemala esperaba con ansias la visita a la Pastelería Zurich donde compraba los sábados 340 gramos de chocolates surtidos. Allí la reconocían, la saludaban con cariño y eso le agradaba.

No exigía ni pedía nada más, y todo lo recibía con inmensa gratitud (“que Dios te lo pague y te lo multiplique”, era su frase). Convivir con ella era fácil, porque la discreción y la sencillez eran su norma. Decía que había aprendido a comportarse así observando a su suegra, mi abuela Adriana, quien pasó por el mundo con ejemplar delicadeza. 

Con su amplia cultura y su facilidad de trato mi madre tenía amigos de todas las generaciones: niños, jóvenes, adultos y gente de su edad. Con todos tenía conversación. Estos amigos y amigas de varias generaciones la despidieron el 14 de febrero, el Día de la Amistad, exactamente un mes después de haber cumplido 87 años de edad.