30 marzo 2025

Sumas que restan

(Publicado el sábado 22 de marzo de 2025 en Brújula Digital, El Faro 24, ANF y Público Bo)

Ahora que los “cantidatos” del 1% están desesperados correteando de una tienda política a otra para ver quién les ofrece un lugarcito en la lista de diputados o les promete impunidad en el próximo gobierno, el panorama se aclara. 

Hay sumas que suman y hay sumas que restan. Por ejemplo, cualquiera que anuncie una alianza con el alcalde de La Paz, Negro Arias, estará perdiendo votos en lugar de ganarlos. Hay que ser burro para dispararse en el pie. Individuos como Santos Quispe, gobernador de La Paz, o Félix Patzi, que ocupó el mismo cargo con igual incapacidad, no le aportan nada a nadie. Sería como tener de novia a Lydia Patty.       

Desde que publiqué el 1 de marzo el artículo sobre los “cantidatos” del 1%, han saltado al ruedo más espontáneos (favorecidos por el órgano electoral que regala siglas como pasankalla), en busca de correr detrás del toro. En estas breves tres semanas ya se han ubicado los que habían anunciado sus “cantidaturas” presidenciales con bombo y platillo, y han acabado filtrándose de la manera más ladina en alguna alianza con mejores posibilidades. Otros simplemente desaparecieron del radar en vuelo subsónico. 

Como observador externo, la coreografía de oportunistas que deambulan tocando puertas para que les den abrigo en algún burladero antes de que suene la campana, me permite adivinar el lugar que ocupan las alianzas en el abanico electoral que se parece mucho al ruedo circular de la plaza de toros. 

Por ejemplo, las incorporaciones de Branko Marinkovic y Rubén Costas a la precandidatura de Tuto Quiroga empujan hacia el extremo derecho del espectro político al expresidente banzerista, que antes había hecho esfuerzos para virar cerca del centro político que representa el bloque de oposición, del que se desmarcará en cualquier momento si las encuestas no lo favorecen.        

En cambio, el apoyo de Vicente Cuellar, la adhesión de Toribia Lero, de Sol Bo y de Juan del Granado (Sin Miedo) a la tienda de Samuel, así como la de valiosas y valientes parlamentarias de Comunidad Ciudadana, como Andrea Barrientos, le permite a Doria Medina adueñarse del centro progresista, más próximo a la propuesta de Comunidad Ciudadana que al populismo autoritario simpatizante de Trump, Milei o Bukele. El hecho de que Luis Revilla, jefe de Sol Bo, sea un perseguido político del MAS, también favorece a esa suma de voluntades políticas. Para darnos una idea del absurdo de la persecución a Revilla: la “justicia” lo requiere por 2 millones de Bs. mientras que Reyes Villa, que anda suelto sin problemas, poseía durante su “exilio” en Miami, propiedades por valor de 27,4 millones de US$ (seguramente gracias a su pensión de capitán en retiro). 

Tuto Quiroga pretende asegurarse los votos de los sectores más conservadores al sumar a los pollitos de Milei. La probable incorporación de Jaime Dunn y de Antonio Saravia no haría más que profundizar ese desplazamiento hacia el extremo derecho del espectro donde inició su vida política el candidato de ADN. En realidad, Tuto perderá más votos de los que ganará, pues el país se ha movido desde hace muchos años hacia el centro y no veo ninguna perspectiva de que se reconstituya una fuerza de ultra derecha populista como la de Argentina, donde se están dando cuenta de que no bastaba ganar las elecciones para gobernar. 

Los pasos de Doria Medina en la última semana de marzo y la primera semana de abril, serán cruciales para posicionarse como la única opción racional en un país que no necesita motosierras sino políticas austeras pero con contenido social, al mismo tiempo severas para salir del agujero en que nos ha metido el MAS, pero suficientemente pragmáticas como para evitar caer nuevamente en el prebendalismo y en la corrupción de los mal llamados “movimientos sociales”, que deberían de una vez desaparecer para recuperar la dignidad de las organizaciones sindicales del siglo pasado. Por ello mismo, no ayuda a Doria Medina la demagogia barata de “100 días, carajo” (copia triste de Milei, no de Abaroa), los bailes en TikTok o la búsqueda de basura sobre sus oponentes para denigrarlos. Lo que le ayudaría son palabras basadas en la cruda realidad y la construcción de una imagen de estadista responsable, una imagen que no ha logrado consolidar en todos estos años porque se comporta como el tren de Arica a La Paz (un paso p'atrás p'atrás p'atrás…).         

La gran incógnita es el MAS, que hasta la fecha parece destinado a la extinción, como los dinosaurios bajo los asteroides del descontento popular. ¿Dónde se ubica el MAS en el espectro electoral? Ciertamente no se ubica en la izquierda, pues representa todo lo contrario (depredadores de la naturaleza, represores de indígenas, corruptos hasta la médula). El MAS es un populismo autoritario antidemocrático que está más cerca del conservadurismo que del progresismo. En el ruedo imaginario, llegas al mismo lugar si corres hacia la izquierda o hacia la derecha. 

Sabemos que no hay dos candidaturas del MAS pues Evo Morales está descalificado por “doping” (fraude) y trata y tráfico. Podrían caerle con muchos juicios más por los atropellos que ha cometido contra el Estado. El “plan B” que le atribuyen a Andrónico equivale a un suicidio. Sería realmente tonto el ahijado de Evo Morales si quisiera ocupar el lugar tan deshonroso y desprestigiado del jefazo. Es innegable que Andrónico tiene futuro político propio, pero sólo en la medida en que se aleje de Morales y de Arce Catacora (y de las bandas de delincuentes que rodean a ambos). Lo mejor que puede hacer en las elecciones de 2025 es quedarse calladito, no hacerse notar.       

Entonces, ¿con qué caballo va a correr la familia del MAS? No tiene caballo, sería un acto de autoinmolación para cualquiera, ni Choquehuanca sería tan tonto de pisar ese palito. Hace meses yo afirmaba que Arce podría cosechar los votos de medio millón de empleados de la administración pública (y sus familias) que no quieren perder sus ingresos, pero las cosas han cambiado rápidamente y ahora los propios funcionarios del Estado saben que no hay milagro capaz de mantener en el poder al incapaz de Arce Catacora y su pandilla de corruptos. Los escándalos no sólo se multiplican a su alrededor, sino en su propia familia, con el tráfico de combustibles desde Paraguay en momentos en que el país está tocando fondo. 

Choquehuanca, que ha desaparecido de las fotos y está más callado que el monolito Bennett, no es una opción pues está salpicado de bosta por su impostura y su oportunismo a lo largo de varios gobiernos del MAS en los que ha demostrado con claridad meridiana que es un ser humano despreciable, igual que García Linera, el pontificador, que ya no puede abrir la boca en Bolivia y por eso lo hace en Argentina o en México. Nadie da un centavo por estos personajes tan torcidos y faltos de ética. 


El pelo en la sopa es Manfred Reyes Villa, aunque todavía no está claro en qué consiste su pacto subliminal con Evo Morales y Arce Catacora a quienes les debe el favor de haberle eximido de juicios por las bribonerías que cometió cuando era alcalde de Cochabamba la primera vez. Es posible que en retribución haga lo propio: si llegara a la presidencia con el apoyo discreto del masismo se las arreglaría para que Morales, Arce Catacora y los cuarenta ladrones (son muchos más en realidad), evadan sus culpas. A cambio, algo de paz social mientras gobierna, algo cada día más improbable ya que su alianza con Chi Hyung Chung (Amar) le restará votos.       

Eso de que Manfred y el precandidato coreano tienen “coincidencias programáticas” es un chiste burdo. Sorprende que crean que la gente es tan bruta (o quizás tienen razón). Por ejemplo, ¿Manfred está de acuerdo con la propuesta de Chi de que el cambio del dólar sea diferenciado en cada departamento del país? Chi ha hecho propuestas tan torpes y machistas, que sólo la fe ciega de sus seguidores más fanáticos podría garantizarle -de nuevo- su anterior caudal de votos (1,55%). Chi no tiene segura ni siquiera una sigla por no haber obtenido en 2020 el 3% requerido, por eso optó por ofrecer su voto duro evangélico al alcalde de Cochabamba (que sigue recibiendo su sueldo, aunque está en campaña hace meses). ¿Será que los votantes católicos de Reyes Villa se van a sentir amenazados por la probable inclusión de Chi en la boleta? Además, Chi tiene varios procesos abiertos, de modo que no se hacen un favor uniéndose. ¿Y en que quedan las prematuras “alianzas” de Chi con el excapitán de Policía Edmand Lara y con Jaime Soliz de la agrupación Únete? Toda esa juntucha se parece más a una resta que a una suma.

Quedan todavía algunas piezas sueltas. La política populista boliviana es como un tablero de ajedrez donde se han mezclado caballos, torres y alfiles con algunos asnos, insectos y reptiles (con perdón de las alimañas). Se han roto todas las normas, pero el juego sigue porque el país aguanta todo y el desencanto ha sustituido a la esperanza.         

¿Dónde irán a parar Iván Arias o Félix Patzi? ¿Con qué novedad nos madrugará en los próximos días Eva Copa (alcaldesa de El Alto), aliada a Damián Condori (gobernador de Chuquisaca), y el gobernador de La Paz, Santos Quispe, que han conseguido con sospechosa facilidad la personería jurídica de sus partidos?

La acelerada dinámica política supera todos los cálculos. Lo que es válido esta semana puede ser todo lo contrario la próxima. Quienes publicamos nuestras opiniones negro sobre blanco corremos un riesgo mayor que aquellos que especulan en las chismografías de café y acomodan su discurso a medida que cambia la dirección del viento. 

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Hoy el noble y el villano 
El prohombre y el gusano 
Bailan y se dan la mano 
Sin importarles la facha
—Joan Manuel Serrat 
 

24 marzo 2025

Fernando Birri, patriarca del cine

(Publicado el miércoles 19 de marzo de 2025 en Brújula Digital, ElFaro24, Público Bo y EjuTv)

Lola Calviño, Julio García Espinoza, Norah de Izcue,
Alfonso Gumucio, Fernando Birri, Alquimia Peña, Carmen Pappio
 

El 13 de marzo del 2025 el patriarca del nuevo cine latinoamericano, Fernando Birri, habría cumplido 100 años, aunque parecía que ya los tenía hace tiempo, por esa barba blanca sedosa que cultivó esmeradamente durante tantos años. Fernando falleció a fines del 2017 en la Italia que lo acogió desde muy joven, a la que volvió como exiliado en tiempos de la dictadura militar de Argentina, y a donde regresaba incesantemente porque allí recuperó sus raíces y estableció su casa. Probablemente vivió más tiempo en Roma que en América Latina.      

Tuve la fortuna de ser su amigo, de esos que uno ve de vez en cuando, a veces con varios años de por medio, pero que vuelve a encontrar con cariño invariable porque lo que se ha tejido desde el principio el tiempo no lo desteje. Lo conocí personalmente en septiembre de 1985 cuando coincidimos en un evento de claustro en Zeist (Holanda) e inmediatamente hicimos “buenas migas” como dice la expresión. En los jardines del centro cultural donde nos concentraron dimos algunos paseos para ponernos al día de todo lo que no sabíamos el uno del otro antes de ser amigos instantáneamente. Creo que ayudó el hecho de que mi madre también había nacido en Santa Fe, tres años antes que él. 

No puedo olvidar ese 19 de septiembre de 1985 porque al día siguiente, ya en el aeropuerto de Amsterdam (Schipol), dispuesto a regresar a México, en los titulares de los diarios a cinco columnas y en primera página se leía una palabra incomprensible para mí “AARDBEVING MEXICO”. Deduje que no podía ser golpe de Estado, sino terremoto, y así fue (magnitud de 8.1 grados en la escala Richter). El vuelo de KLM fue desviado a New York y sólo luego de dos o tres días pude regresar a mi departamento de la colonia Portales en Ciudad de México, donde la única novedad era que un bello santo de madera policromada se había caído como si fuera al encuentro de “La lujuria” de Luis Zilveti, que se había descolgado de la pared del frente (ambas piezas desaparecieron después en otro terremoto de orden familiar).        

En ese primer encuentro en Holanda, Fernando Birri me interrogó: “¿Por qué no has estado en el Festival de Cine de La Habana?” Le respondí que nunca me habían invitado. Un mes más tarde me llegaron dos invitaciones a falta de una, gracias a las gestiones de Fernando que un año después asumiría como primer director de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de Los Baños, inaugurada el 15 de diciembre de 1986 por Fidel Castro, García Márquez y el propio Birri. Las invitaciones, si mal no recuerdo, venían del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica), institución emblemática del cine latinoamericano, y del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión) que entonces presidía Manelo González, otro amigo “instantáneo” de gran calidad humana (y enorme influencia política en su país).

Fernando Birri y García Márquez 

A partir de ese año nos vimos regularmente cada mes de diciembre en el Festival Internacional de Cine de La Habana, el más importante de América Latina durante las décadas de 1980 y 1990. Todo el cine que se producía anualmente en nuestros países se podía ver ahí en dos semanas, decenas de importantes películas que de otra manera no se exhibían en nuestros países, debido al sesgo imperial de las grandes distribuidoras de cine. Además de ver cine, La Habana ofrecía la posibilidad de encontrarse con directores, actores, críticos de cine, historiadores, productores y distribuidores latinoamericanos y también invitados especiales de otros países, sin exceptuar Estados Unidos: en los años que me invitaron coincidí, por ejemplo, en los mismos hoteles (El Nacional, el Capri o el Habana Libre) con Robert de Niro, Jack Lemmon, Harry Belafonte y Christopher Walken, entre otros.      

Aunque hay abundante información sobre Fernando Birri, a la que cualquiera puede acceder gracias a San Google, vale recordar que procedía de una familia de artistas plásticos y músicos, y que estudió en Roma, en el Centro Sperimentale di Cinematografía, de 1950 a 1953. A su regreso a Argentina en 1955 su carácter pionero se plasmó en la creación de la Escuela Documental de Santa Fe, donde realizó sus primeras obras con temática social, que señalaron el camino que seguiría el nuevo cine latinoamericano en los años siguientes: el cortometraje Tire Dié (1960, 32 minutos), Gran Premio Especial del Jurado del IV Festival Internacional del Cine Documental y Experimental del SODRE (1961), en Montevideo, y el largometraje Los Inundados (1962), que obtuvo el premio a la mejor Ópera Prima en el Festival de Venecia.        

En los 15 años siguientes Birri se dedicó sobre todo a la poesía y desapareció de los radares públicos en un exilio que no era ajeno a su proximidad con el peronismo y con la revolución cubana. Reapareció en el cine con su largometraje ORG (1978, 103 minutos), un largo poema visual “orgánico” (una palabra que le gustaba usar) realizado en Italia, un collage inclasificable de imágenes subliminales que aparecen desde un fondo negro, acompañadas de una banda sonora igualmente barroca y desmesurada. ORG fue el resultado de un viaje interior muy difícil de transmitir, sólo Fernando podía entenderlo (y quizás ni él mismo, como sucede con la buena poesía). Quienes han elaborado sesudos análisis para mostrar lo mucho que entendieron de la película, muestran en realidad lo poco que la entendieron. El propio Fernando trataba de explicar su “no-film”, al menos sobre los aspectos formales: “Lo que hice con esta película fue hacer todo lo que siempre me habían dicho que […] no se debía hacer. Las transgresiones del no-film son múltiples, comenzando por las reglas narrativas: […] ficción experimental […] Uno de los referentes que tuve siempre presente […] fue rayuela de Cortázar”. 

A esa obra que le tomó diez años de preparación y que de algún modo explica su desaparición durante la década de 1970, siguieron otras: Rafael Alberti, un retrato del poeta (1983), Remitente: Nicaragua. Carta al mundo (1984), Mi hijo el Che - Un retrato de familia de don Ernesto Guevara (1985), Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988) filme neobarroco sobre un cuento de García Márquez, otra vez con su propia actuación, Enredando sombras (1998), El siglo del viento (1999) con guion de Eduardo Galeano, que fue muy mal recibida por la crítica que la calificó de extremadamente ingenua, y otras hasta El Fausto criollo (2011) que fue la última de sus 14 obras.        

A lo largo de su trayectoria como cineasta, lanzó manifiestos que contribuyeron en la reflexión sobre los caminos futuros del nuevo cine latinoamericano: “Manifiesto de Santa Fe”, “Por un cine nacional, realista y crítico” (1958), “Por un cine nacional, realista, crítico y popular” (1962), “Por un cine cósmico, delirante y lumpen” (1979), “Por un nuevo, nuevo, nuevo, cine latinoamericano” (1985), “Por un cineteleasta de Tres Mundos en el 2000: Trabajadores de la luz” (1986). Su pensamiento, como su obra, muestra una evolución desde el testimonio social hasta las imágenes poéticas más barrocas y, para muchos, menos comprensibles. Como solía decir, se consideraba ante todo poeta. Por la poesía pasaba todo lo demás. 

Muy hábil para jugar con las palabras, como un niño con formas geométricas de colores, Birri inspiraba cada vez que abría la boca en público, porque saturaba de poesía sus reflexiones. Eduardo Galeano se inspiró en una de sus frases sobre la utopía: un horizonte que sirve para caminar, que cuando uno cree alcanzarlo, se aleja dos pasos más. Si en público mostraba una distancia histriónica estudiada, en privado Fernando era caluroso y sencillo.      

La culminación de su vida como organizador de sueños fue sin duda la Escuela Internacional de Cine y TV en San Antonio de los Baños, a una hora de La Habana, por donde han pasado estudiantes de medio centenar de países, entre ellos varios bolivianos, ya sea para cursos cortos o para la carrera completa. En su lenguaje poético tan propio, Fernando la llamó “una fábrica del ojo y la oreja, un laboratorio del ojo y la oreja, un parque de atracciones del ojo y la oreja”, y se inventó un “juramento Athanasiano” (por el inventor de la linterna mágica, Athanasius Kircher): 

“¿Juráis que no filmaréis un solo fotograma que no sea como el pan fresco, que no grabaréis un solo milímetro de cinta magnética que no sea como el agua limpia?      

“¿Juráis que no desviaréis vuestros ojos, que no os taparéis vuestros oídos, frente a lo real maravilloso y lo real horrible, de la tierra de América Latina y el Caribe, África y Asia de la cual estáis hechos, y de la cual sois fatalmente expresión? 

“¿Juráis que fieles a un sentimiento irrenunciable de liberación de la justicia, la verdad, la belleza, no retrocederéis frente a la amenaza de los fantasmas de la angustia, de la soledad, de la locura y seréis fieles antes que a nadie a vuestra voz interior?

“Si así no lo hiciereis, que el tigre y el águila devoren el hígado de vuestros sueños, que la serpiente se enrosque en el chasís de vuestra cámara, que ejércitos de luciérnagas chisporroteen cortocircuitos e interferencias en vuestras grabadoras electrónicas. 

“Si así lo hiciereis, como confiamos, que el colibrí os proteja blindados con la delicada coraza de un arco-iris que dure tanto como vuestra vida y más allá, en vuestras obras”.

Mi amigo el cineasta argentino-boliviano (nacido en Sucre), Humberto Ríos le dedicó el documental Fernando Birri, el utópico andante (2012), sumando su celebración a muchas otras durante la última década de su vida. Fernando fue homenajeado y premiado en Argentina, Cuba, Italia y Brasil, y muchos otros países donde sus películas cosecharon reconocimientos.     

Lo más completo que conozco sobre Birri, para los realmente interesados, se ha publicado en la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV): por una parte, Larga vida a la utopía del ojo y de la oreja. Memorias de Fernando Birri (2016, 343 páginas) y por otra Fer (2025, 79 páginas), ambas accesibles en línea.  

Casualidades de la vida y de la muerte: el miércoles 27 de diciembre 2017 durante un acto en la Cinemateca Boliviana le entregué a Jorge Sanjinés un ejemplar del libro "Cuadernos de bitácora" de Fernando Birri, que me había entregado en La Habana Alquimia Peña, directora de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL). Jorge y yo no lo sabíamos, pero en esas horas (dada la diferencia horaria) en Roma fallecía Fernando Birri.

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Una película que es un espejo donde cada uno puede contemplar/reflejar, proyectar su propia imagen (la imagen real de su subconsciente).
—Fernando Birri 
 

18 marzo 2025

Veganos y vulcanos

(Publicado el sábado 15 de marzo de 2025 en Público Bo, ANF, EjuTv y Brújula Digital)

Soy suficientemente añejo como para saber que el veganismo es una tendencia de décadas relativamente recientes (aunque haya existido como práctica individual mucho antes y el término se haya acuñado en 1944). En la medida en que se convirtió en moda, produjo fanáticos a veces poco tolerantes con los que no profesan su doctrina.      

Quizás por mi cultura televisiva de la década de 1960, asocio a los veganos con los vulcanos, esos seres de otras galaxias que tienen las orejas puntiagudas, (Leonard Nimoy, en “Viaje a las estrellas”, es vegetariano, pero no vegano). El veganismo aparecía años atrás como una forma extremista del vegetarianismo, cuya trayectoria era más sólida y fundamentada, pero en la época en que éramos jóvenes, incluso ser vegetariano parecía un exceso, sobre todo porque las opciones para una alimentación vegetariana en Bolivia no existían. Hoy podemos disfrutar de buena comida vegana y vegetariana en varios restaurantes de La Paz, pero yo no podría adherirme a esa corriente de manera permanente. 

Durante mis estadías en el sur de la India podía comer todos los días comida vegetariana, durante varias semanas, sin extrañar para nada ningún tipo de carne. La manera como se prepara la comida es tan sofisticada, que no se siente que falte ningún ingrediente. En una de esas visitas académicas mi entusiasmo me llevó a comprar un libro de cocina vegetariana donde todo estaba explicado hasta el mínimo detalle y las cantidades de ingredientes se medían en gramos. Era un libro para tontos como yo, que sólo cocina porque sabe leer y que se marea cuando le dicen que hay que poner “una pizca” de algo. Junto al libro me traje las especias (las aduanas eran más tolerantes) y pude compartir con mis amigos las delicias de la cocina vegetariana de la India durante algunos meses. Como soy un lector lento, comenzaba a cocinar en la mañana para que todo estuviera listo para la cena. Empezaba preparando el ghee(mantequilla clarificada), que es la base de toda la cocina del sur de la India, y al final del día podía ofrecer cinco o seis platillos diferentes, sin olvidar el postre: kele ki kulfi (helado de banana). Todo esto terminó cuando en algún traslado de país extravié el maravilloso libro.     

Lo anterior es para afirmar que aprecio una buena comida vegetariana, aunque no haya crecido en un ambiente propicio para ello. Mi padre era carnívoro, como toda su generación: si un plato no tenía en el centro un buen pedazo de carne, no era almuerzo. Mejor si era “lomo montado” (con un huevo frito encima). Las lechugas y tomates se colocaban alrededor y eran consideradas un adorno que quedaba al final para los conejos. El acompañamiento era arroz y papas, puro carbohidrato. Supongo que lo mismo sucedía en muchas familias de clase media. Los fines de semana, el “lujo” era invitar a los amigos a comer un “pollito al espiedo” o al horno. Hoy, al revés, la carne vacuna es más cara, mientras que el pollo está al alcance de casi todos, siempre en su forma más nociva: sumergido en aceite hirviendo.      

Mi cultura gastronómica estaba limitada por la geografía altiplánica. Detestaba el “chupe de leche” que comíamos en casa cada cierto tiempo como un manjar (para mi padre), porque estaba preparado con chacalines minúsculos, resecos, duros y salados que traían deshidratados de Chile, igual que el bacalao. No se conseguía todavía camarones congelados. Sólo al terminar mi adolescencia empecé a comer algo de pescado, pero no mariscos. Pasaron varios años hasta que poco a poco pude enriquecer mi alimentación, y exilios y otros viajes de por medio aprendí a apreciar algunos crustáceos (pero no moluscos), y pulpo en contadas ocasiones. Admito que se trata de un prejuicio visual: no me agrada comer un bicho que me mira desde el plato. 

A través de los años me he vuelto menos afecto a la carne roja, pero no me considero vegetariano, pues disfruto cada cierto tiempo un buen asado o unos medallones de filete con salsa de pimienta, a condición de que la carne sea tierna y jugosa. Alguna vez, cada dos semanas, consumo pollo, pero alterno con un pastel de quinua o de choclo, chairo, sopa de maní, plato paceño, ají de fideo, locro de zapallo o queso humacha. Cocino pasta una vez a la semana porque es fácil hacerlo y puede combinarse con muchas cosas, aunque tampoco es lo mejor para la salud. De vez en cuando, pescado, dependiendo de las finanzas. El queso me encanta, pero en Bolivia es más caro que en Francia, su precio es irracional. Consumo pocos vegetales (mea culpa) y menos aún lechugas, porque se deterioran rápido y son insípidas.     

Vamos ahora al tema ideológico y ético, que por supuesto tiene su peso específico en esta divagación. Consumo poca carne roja por tres razones principales. Primero, no me sienta bien comerla con frecuencia (exceso de ácido úrico) y es muy cara. Segundo, las vacas se están cagando en el planeta con sus emisiones de gas metano que contribuyen al calentamiento global. Y mi tercer argumento es que mientras más carne vacuna consumimos, más contribuimos a la deforestación para pastizales, además de que la producción de cada kilo de carne vacuna representa el desperdicio de miles de litros de agua dulce. Si tan solo redujéramos nuestra ingesta de carne roja a una vez a la semana o al mes, le haríamos un gran servicio al planeta. 

En Bolivia vamos al revés, como en todo: estamos arrasando los bosques para vender unas cuantas toneladas de carne a China, que no representan casi nada para ellos. Nuestros angurrientos empresarios ganaderos no tienen noción del daño al medio ambiente, y no les importa el futuro del país sino el lucro inmediato. Los chinos tienen espacio de sobra para millones de vacas, pero cuidan sus bosques y prefieren que nosotros destruyamos los nuestros. Así de simple.    

Pero bueno, volviendo a los vulcanos, o mejor dicho a los veganos... El riesgo para los más estrictos es que su ingesta de proteína está por debajo de lo necesario y no es cierto que su dieta sea muy sana, pues carece de ciertas grasas indispensables para las células. Las lentejas, quinua y almendras no suelen ser suficientes, y hasta ahora no hay pruebas científicas definitivas que muestren que la salud de los veganos es mejor que la de los vegetarianos. 

Esto viene a cuento porque en días pasados se ha conmemorado la Semana Mundial del Cerebro, y nuevos estudios confirman la importancia de la proteína animal en la evolución del cerebro humano a lo largo de la historia. Nuestro órgano maestro, que controla todas las funciones vitales, no hubiera evolucionado sin el consumo de proteína animal, que proporciona aminoácidos esenciales que el cerebro necesita para funcionar correctamente, incluyendo la síntesis de neurotransmisores y la formación de estructuras cerebrales. Contiene todos los aminoácidos esenciales que el cuerpo humano no puede producir por sí mismo, y que son necesarios para la salud del cerebro: la tirosina, el triptófano, la histidina y la arginina son sustancias químicas que transmiten señales entre las neuronas. 

Uno de los argumentos de los veganos para no comer nada de procedencia animal es evitar el sufrimiento, porque todo animal es un ser “sintiente”. Hasta ahí estoy de acuerdo (la cadena de producción de carne es una película de terror, y peor aún la de embutidos), pero dejar de comer queso, mantequilla, miel y huevos o negarse a tomar leche me parece un exceso porque de todas maneras las vacas van a seguir produciendo leche, las gallinas seguirán poniendo huevos y las abejas elaborando miel. Si lleváramos esa lógica al extremo, desaparecerían varias especies y no deberíamos tomar frutos de las plantas, y menos aún arrancar de cuajo papas o zanahorias, que también son seres vivientes, aunque no tengan sistema nervioso central.      

He conocido una familia donde la mamá imponía al esposo y a los hijos el veganismo como religión. Al cabo de un tiempo eso se hizo insostenible y además de injusto con los niños que no tenían capacidad de decidir por sí mismos. Cuando crecieron, se hicieron muy afectos a la comida chatarra que les habían prohibido. Si vamos un poco más lejos: ¿debería una madre vegana negarle la leche materna a su recién nacido? Recordemos que somos animales, generalmente más crueles que otros. 

Y con esto más que acabo de añadir, es posible que cuando salga a la calle me voy a topar con unos seres de orejas puntiagudas que me harán llegar ácidos piropos luego de leer esta reflexión donde los vegetarianos quedan mejor parados que los veganos. 

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Vegetarians claim to be immune from most diseases 
but they have been known to die from time to time. 
—George Bernard Shaw
 

10 marzo 2025

Los peligrosos

(Publicado el sábado 8 de marzo de 2025 en Brújula Digital, El Faro, ANF y Público Bo)

En el pico de la pandemia del coronavirus, durante la mayor parte del año 2020, cuando no habían llegado a Bolivia las vacunas, todos debíamos protegernos para evitar que nos contagien y para no contagiar a otros. Poco se sabía y el pánico era razonable al ver las cifras de fallecidos en el mundo, y mucho más cerca, la cantidad de personas queridas que murieron infectadas, o pasaron momentos muy duros y quedaron afectadas hasta hoy. Aprendimos a usar barbijo todo el tiempo, incluso dentro de la casa, ya que el virus podía esconderse, manifestarse traicioneramente cuando uno menos se lo esperaba. Entendimos que el distanciamiento físico era importante, porque a mayor cercanía, mayor posibilidad de contagiar (se). Las botellitas de alcohol se convirtieron en compañeras inseparables y fueron un buen escudo contra el coronavirus.       

En esa época, tomar transporte colectivo era arriesgado. Tanto los autobuses PumaKatari como las cabinas del teleférico se desinfectaban todas las noches, dando cierta seguridad a los usuarios, pero entrar a esas latas de sardinas que son los minibuses era pasar 20 o 30 minutos de angustia, sobre todo cuando alguien tosía al lado. Lo mejor era sentarse junto a una ventana y abrirla. Pocos choferes de minibús seguían al pie de la letra las normas obligatorias de la alcaldía. Algunos ofrecían alcohol a los usuarios e incluso una división de plástico entre el chofer y la parte trasera del vehículo, pero la mayoría seguía indiferente, aunque la situación era realmente alarmante. En este país de desmemoria, muchos ya han olvidado esa etapa.     

Cuando uno se veía obligado, por razones de ruta o de tiempo, a tomar un minibús, enfrentaba un peligro, por eso desde entonces llamábamos con una amiga “peligrosos” a los minibuses. Tomar un “peligroso” para ir de un punto a otro de la ciudad era correr el riesgo de toparse con gente sin barbijo, que hacía gala de su desobediencia civil y de su desprecio por el prójimo. Algunos choferes no los dejaban subir a sus vehículos, pero a otros les importaba un comino. Las discusiones dentro del “peligroso” a veces se tornaban violentas, cuando los pasajeros que cumplían las normas se enfrentaban a los que no querían cumplirlas. Una vez escuché a un negacionista decir que no se iba a contagiar, y si se contagiaba se iba a curar comiendo chuño. Probablemente era un seguidor de Choquehuanca. 

Aquella etapa de la pandemia parece haber pasado. Ya no es obligatoria la vacunación ni el barbijo, y la mayoría de la población ha bajado los brazos (hasta que otra vez tropecemos con la misma piedra). Sin embargo, los “peligrosos” siguen inundando las calles como un rio caudaloso, y siguen siendo peligrosos por otras razones que son de conocimiento público: no respetan las normas de circulación establecidas y provocan graves accidentes de los cuales no se hacen responsables.       

Cuando a fines del mes de enero fue atropellada por un minibús descontrolado una joven estudiante de Comunicación Social de la UMSA, no se estableció una responsabilidad que permitiera resarcir el daño ocasionado a esa persona cuya familia tuvo que desembolsar más de diez mil dólares para cubrir el costo de cuatro operaciones sucesivas de reconstrucción ósea. La joven salvó la vida milagrosamente, pero en otros casos similares que registran los medios de información, ha habido muertos sin que nadie se haga responsable. A los choferes los toman presos unos meses, pero eso no soluciona el problema de las víctimas. Lo lógico sería que el resarcimiento se haga mediante la venta del vehículo causante del daño, ya que no existe propiamente una empresa de transporte que asuma la responsabilidad.

En las semanas del bochornoso carnaval hemos tenido accidentes en las carreteras que han causado más de 70 muertos, por no respetar normas elementales, como no conducir borrachos. Las “sanciones” de la ATT son grotescamente ridículas: se suspende a la empresa infractora durante 15 días. Es decir, la vida de las víctimas solo vale unas horas del negocio. En países civilizados, sus licencias serían suspendidas definitivamente o por lo menos durante un año o dos, para sentar el ejemplo, y se les obligaría a resarcir económicamente a las familias de las víctimas.        

Esto nos lleva a repensar el modelo de transporte de pasajeros que tenemos en Bolivia. Sucede que detrás de “cooperativas” o “sindicatos” de choferes (que en realidad son propietarios de sus vehículos) se esconde un transporte que por error y omisión llamamos “público”, cuando en realidad es transporte privado. Su crecimiento ha sido exponencial durante los casi 20 años del MAS, sobre todo en la época dorada de despilfarro durante la gestión de Evo Morales, cuando se otorgó a los transportistas privados de las ciudades créditos blandos y numerosas ventajas para importar vehículos y obtener así su adhesión incondicional al régimen prebendal. Más aún, se compró a la dirigencia de choferes otorgándole por debajo de la mesa un porcentaje de las recaudaciones del peaje de la autopista a El Alto, sin que la opinión pública tuviera conocimiento.         

Los minibuses “peligrosos” han saturado las ciudades de La Paz y de El Alto. Su poder político es tal, que suelen doblegar con sus demandas a las alcaldías. Escapan al control de la inútil Policía de Tránsito, que les tiene miedo. En una época se hacían controles rutinarios de placas clonadas y de licencias de conducir truchas, lo que permitió detectar una cantidad de irregularidades que cometen los “peligrosos”, pero esas batidas ya no se hacen y no sabemos en qué condiciones de legalidad circulan los minibuses y sus conductores. La Policía duerme en sus laureles, más corrupta que nunca. Pero para el carnaval, aparecen de pronto “15 mil efectivos”, que nunca vemos en las calles en días normales.         

Son innumerables los casos de asaltos, robos e incluso violaciones y secuestros dentro de los “peligrosos”, muchas veces en complicidad con los choferes. Por lo general esos casos no son debidamente sancionados y los culpables vuelven a circular y a reincidir en poco tiempo, porque tenemos una justicia corrupta, manejada por tinterillos sin ética ni moral. No es gratuito el nombre de “abogánsters” con el que se los conoce. 

Queda claro que los accidentes que se producen con pérdidas mortales y heridos graves, atribuidos a “fallas técnicas”, son la prueba fehaciente de que los “peligrosos” pasan ilegalmente los controles técnicos y consiguen las rosetas de circulación a través de un sistema de corrupción que involucra a la Policía. 

Todo eso tendría que cambiar. La supervisión técnica debería estar en manos de empresas acreditadas, que presten un servicio adecuado y restrinjan la circulación de vehículos y choferes no aptos, porque ponen en riesgo la seguridad de las personas. Pero, sobre todo, tendríamos que seguir la tendencia de países como Colombia o México, donde el llamado “transporte libre” (que no es otra cosa que mafias de cooperativas privadas), ha ido desapareciendo poco a poco en la medida en que se ha puesto un mayor énfasis en el transporte municipal, el verdadero transporte público urbano. Muchos choferes que funcionaban por su cuenta, sin regulación apropiada, han sido absorbidos (previa capacitación) como empleados por el transporte público urbano, que se ha fortalecido con medidas como carriles exclusivos a los que no tienen acceso los vehículos privados. Quisiéramos ver en el más breve plazo a nuestras ciudades libres de esos “sindicatos” de transportistas mafiosos, que hacen lo que les da la gana sin control, y son instrumentos políticos de los gobernantes.        

En la primera semana de marzo, aprovechando la borrachera de carnaval, se ha incrementado el precio de los pasajes de minibuses en la ciudad de La Paz. El alcalde de la ciudad que juraba defender a los usuarios, otra vez ha entregado las nalgas a las mafias. Es un perro que ladra, pero no muerde. Hace tremenda alharaca cada vez, pero luego pacta con las mafias. Está más preocupado en cosas inútiles que en temas urgentes. Por ejemplo, pavimenta avenidas que ya tenían pavimento o “arregla” (según él) plazas que están ahora peor que antes. Coloca con recursos público un enorme letrero que no sirve para nada más que para llenar bolsillos con dinero de los contribuyentes. En su ignorancia, ni siquiera se ha enterado que el famoso letrero de “Hollywood” en Los Ángeles está financiado con aportes del sector privado vinculado a la industria cinematográfica de California.       

Paul McCartney en transporte público 

Insistiré las veces que sea necesario: el único camino es fortalecer el transporte público municipal y departamental con mayor inversión en proyectos como el PumaKatari. En Colombia, México, Brasil, Chile, Ecuador y casi todos los países de la región, los sistemas integrados de autobuses con carril exclusivo y plataforma elevada de abordaje, han dado un estupendo resultado. Luego de varias décadas de éxito, se ha reforzado el sistema con vehículos eléctricos respetuosos del medio ambiente. Todavía estamos lejos de ese grado de civilización, pero seguiremos insistiendo hasta que lleguen a nuestra ciudad alcaldes más responsables y con visión de futuro. No como este que tenemos (cuyo nombre ya ni siquiera vale la pena mencionar), de frente estrecha y miope.               

A riesgo de decir algo que se repite con frecuencia pero que nunca sucede en países marginales como el nuestro, afirmaremos de nuevo: “País desarrollado no es donde el pobre tiene auto. Es donde el rico usa transporte público”, porque es bueno y seguro. 

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Life is like riding a bicycle. To keep your balance, you must keep moving.
—Albert Einstein 
 

05 marzo 2025

Pelotón de “cantidatos”

(Publicado el sábado 1 de marzo en Brújula Digital, Público Bo, ANF y EjuTv)

Los “espontáneos” son (o eran) esos jóvenes entusiastas de la tauromaquia que se lanzaban al ruedo para esquivar un rato al toro de lidia hasta que los sacaban o recibían alguna levantada que acababa con su carrera delante del toro. Nadie conocía siquiera sus nombres, pero en su más íntimo sentir, estaban convencidos de que habían realizado un acto heroico y vivido los tres minutos más importantes de sus vidas, aunque nadie se acordara de ellos al día siguiente. 

A medida que se acerca la fecha fijada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para que se definan las alianzas que competirán por la presidencia de la república el 17 de agosto de 2025, están surgiendo como hongos (algunos venenosos), candidatos espontáneos que no tienen ni sigla ni posibilidad de obtener más del 1% de los votos, pero contribuirán con su oportunismo y su necedad a que los masistas ganen las elecciones.         

Todos estos candidatos espontáneos, que bautizaré como “cantidatos” por su cantidad, surgidos como mala hierba de un día para otro, en su cuarto de hora de visibilidad proclaman que quieren enfrentar al masismo (como al toro de lidia), pero parece que no se dan cuenta de que precisamente están asegurando con su pelotudez el triunfo del MAS en la primera vuelta electoral. 

Todos proclaman, además, que están en favor de la “unidad”, pero lo que demuestran es que están serruchando con fervor el piso de cualquier plataforma unitaria que tenga posibilidades reales de derrotar al masismo.           

Si sumamos el 1% de diez “cantidaturas” que proclaman ambos objetivos: derrotar al masismo y ser factores de unidad (en torno a ellos mismos), tendremos un 10% de perdedores que le resta posibilidades a la oposición articulada con seriedad, y por ello le hace el servicio al MAS en sus dos o tres versiones. Seamos claros, todas esas “taxi-cantidaturas” están beneficiando al masismo y cargarán la culpa en las próximas elecciones por haber atomizado a la oposición en la primera ronda electoral.

¿Qué pretenden estos espontáneos que llegan decididos a dinamitar los cimientos de la oposición? Sólo se me ocurren dos respuestas posibles:

1.      Pretenden negociar a último momento su 1% de intención de voto con la plataforma de unidad opositora, a cambio de figurar en la lista de diputados o para ocupar algún cargo en el próximo gobierno, cansados de su marginalidad actual. 

2.     Ya negociaron con el masismo para dividir el voto de la oposición. Es decir: se han vendido por 30 denarios sin ninguna vergüenza (hasta Judas se arrepintió, pero ellos ni siquiera palidecen).

No veo otra explicación. Si alguno de ellos viene a decirnos que realmente cree que su opción tiene alguna posibilidad de llegar a la presidencia, es que se trata de un ingenuo de cuerpo entero o de un cínico arribista.       

Otra vez ponen al proceso electoral en una situación precaria, como un circo lamentable de enanos a los que el payaso les ha calentado el oído (o el odio) para hacerles tropezar en el ridículo.      

En ese pelotón de pelopinchos hay de todo, como en un circo de pulgas. Incluso hay profesionales que merecían respeto, pero que ahora mueven a la conmiseración, como la diputada de Comunidad Ciudadana Toribia Lero, el periodista Andrés Gómez Vela y el luchador por los derechos humanos Manuel Morales, cuyo trabajo en el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade) era muy útil, pero él carece de carisma como candidato y no obtendría (si realmente llegara a las elecciones) más del 1% de los votos. Ellos tres se han autoproclamado públicamente (aunque hayan montado un circo para que parezca que “las bases” les han rogado que sean candidatos). 

En otro grupo de autopostulados están los pollitos de Milei o de Bukele, como Branko Marinkovic, Jaime Dunn o Antonio Saravia (que ya no habla más de la candidatura que lanzó prematuramente), que sueñan con un trampolín como el que sacó a Milei del anonimato y lo llevó con una motosierra a la presidencia y al papel de payaso titular de la corte de Elon Musk. Bribones como Milei ya ha habido en la historia latinoamericana: Collor de Mello (Brasil), Abdalá Bucaram (Ecuador) o Fujimori (Perú), son algunos ejemplos de espontáneos que llegaron en poco tiempo y con poca vergüenza a la presidencia de sus países.        

Todos los cantidatos espontáneos quisieran probar suerte en la primera vuelta para añadir a su curriculum vitae que fueron “precandidatos a la presidencia de Bolivia en 2025”, sin pensar que gracias a ellos y a su megalomanía podría no haber segunda vuelta y que gracias a ellos podría ganar otra vez el MAS por goleada. Que se ahoguen en su propia verborrea por pelotudos.       

Veo con lástima y desazón el panorama político contagiado por el carnaval de los necios, donde los “cantidatos” desfilan en la comparsa pre-electoral de pepinos, embriagados por su ilusión del poder y su apuesta oportunista. 

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Tanta cosa antigua se pone de moda, 

que sería bueno que volvieran la ética, la vergüenza, 

la inteligencia y la honestidad. 

—Groucho Marx 

 

01 marzo 2025

Nefando está el carnaval

(Publicado en Brújula Digital, Público Bo, ANF y EjuTv el 22 de febrero de 2025)

Nefando está el carnaval, por desdeño mi cholita…” Esa podría ser la letra actualizada de la famosa canción de Edmundo Porteño Zaldívar, gracias a los gestores carnavaleros de Oruro, que se caracterizan por sus ínfulas grandes y su mente estrecha. 

Dibujo de Abecor 

Siempre sucede algo que nos avergüenza como país receptor de turismo. Los orureños se empeñan en hacer el ridículo, no soportan la crítica y llegan a extremos como censurar, enjuiciar o incluso encarcelar a artistas, periodistas o blogueros que simplemente han expresado lo que ven y lo que sienten cuando visitan Oruro. Este año, unos periodistas de esa ciudad tuvieron el desatino de declarar persona non grata a la presidenta de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia (ANPB), como si eso le valiera un comino a la opinión pública que ya los conoce por torpes y chicatos. Mis amigos orureños del mundo de la cultura y de la academia, deberían rebelarse contra la mediocridad que impera en su ciudad.       

En lo que me concierne, no tengo la menor intención de regresar al carnaval de Oruro. He estado allí una decena de veces en mi vida, sin duda en mejores momentos. Las últimas me han quedado grabadas como experiencias lamentables. No soy el primero que lo dice: la desorganización, la basura en las calles, las borracheras, los orines, la falta de servicios… todo contribuye a que uno se arrepienta de haber regresado.

La última vez, hace unos diez años, me alojé en el Hotel Edén sobre la plaza principal, supuestamente uno de los mejores, que ofrecía la posibilidad de ver el acontecimiento folclórico en asientos reservados en la esquina donde pasan las fraternidades. El hotel no era barato, pero sus instalaciones eran pésimas, con escasa iluminación y decorado de mal gusto. Si uno quería cenar después de las 9 de la noche, no había servicio de restaurante y menos aún en la habitación. Y esto sucedía en los dos días más importantes del año y durante la festividad más emblemática de esa ciudad sumida en la precariedad. Cometí el error de ir los dos días: el sábado de la entrada “sobria” y el domingo de la entrada “borracha”. Así es, aunque cueste creerlo: las 52 “fraternidades” (que pagan para ser parte de la Asociación de Conjuntos Folclóricos de Oruro), muestran lo mejor que tienen el primer día de la “entrada”, y las mismas vuelven a bailar por el mismo trayecto el segundo día, pero ya diezmadas, sin máscaras, tambaleándose por la borrachera de la noche anterior. Es un espectáculo penoso.        

Carnaval de Rio de Janeiro ©TerryGeorge

Hay comparaciones que duelen…En el carnaval de Río de Janeiro, que tuve la oportunidad de ver de cerca el año 2005, bailan en el famoso “sambódromo” solamente 12 escuelas de samba del Grupo Especial: seis la primera noche (domingo) y seis la segunda noche (lunes). Todo se hace con el mayor esmero y las reglas son muy estrictas: los jurados sancionan a los conjuntos de bailarines que se retrasan o se adelantan, o cometen otras infracciones. Todo está perfectamente cronometrado y medido: entre 70 y 80 minutos. Cada escuela de samba destaca por su creatividad y por el lujo de los trajes y de los carros alegóricos. Detrás de cada escuela de samba que termina su recorrido, aparece un pelotón de barrenderos para dejar todo limpio inmediatamente. Cada año eligen un tema nuevo y se lucen con lo mejor que pueden en cuanto a música, baile, trajes y coreografía. Cada año la escuela peor calificada desciende a la Serie A (segunda división) y la mejor de la Serie A sube al Grupo Especial (la primera división, como en el fútbol). Todos aceptan sin chistar la decisión de los jueces (en Bolivia los perdedores harían huelga, bloquearían los caminos o declararían persona non grata a los jurados).        

En Oruro les cuesta incluso repetir la misma cosa cada año, aunque ensayan fervorosamente tres meses antes. Ni siquiera tienen necesidad de componer nuevos temas musicales. La creatividad en la presentación de las fraternidades parece reducirse a la regresión cultural de bailes y disfraces. La ACFO no tiene idea de lo que significa que el carnaval haya sido inscrito en 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Creo que deberían quitarles ese rótulo tan malversado y vapuleado. 

Por una parte, la vergonzosa borrachera general que he mencionado, y por otra, la distorsión en los trajes, en las máscaras y en las danzas. Es natural que toda manifestación cultural evolucione con el tiempo, pero generalmente para mejorar, no para empeorar. En este caso parece involucionar. Pocas fraternidades mantienen la tradición, la mayoría confunde la “innovación” con la chabacanería y la vulgaridad. Extraño los tiempos en que las máscaras de diablo, hechas en yeso, hojalata y vidrio, pesadas y probablemente incómodas, eran exponente de la habilidad artesanal. Ahora, la mayoría de los conjuntos de diablada usa máscaras de fibra de vidrio o plástico, con cuernos de un metro de largo, luces, llamaradas, humo y colores chillones. Todo kitsch y alejado de lo que hizo del carnaval de Oruro patrimonio mundial.      

La “novedad” de 2025: cobrar a los periodistas y fotógrafos un “impuesto” por hacer su trabajo de difundir el carnaval. Probablemente no se dan cuenta de que gracias a ese trabajo de difusión el carnaval recibe visitantes de todo el mundo y muchísimo dinero. La mentalidad angosta y pueblerina no permite ver más allá de ese cobro oportunista no fiscalizado. Con cabalidad, la página web de la Unesco señala entre los peligros que amenazan este evento cultural “la explotación financiera incontrolada del carnaval”.  

La propuesta de sustituir la industria extractivista que tanto daño ha hecho a Bolivia por la industria sin chimeneas, que es el turismo, no va a prosperar mientras los bolivianos sigan siendo ignorantes y depredadores. No olvido fácilmente las noticias grotescas que para muchos son ya “normales”: “Al menos cuatro personas fallecieron y 60 resultaron heridas en Oruro por el desplome de una pasarela”, “Declaran persona no grata a Rilda Paco en Oruro”, “Roban rieles del tren, se suspende el servicio a Uyuni”, “Roban estatuas de bronce en las plazas”, “Queman domos de empresa de turismo en el salar” y otros similares, además de los frecuentes accidentes con decenas de muertos (64 fallecidos en los dos primeros meses del año) porque los buses interdepartamentales circulan sin controles técnicos, con choferes borrachos o cansados, y cuando hay accidente graves, en lugar de suspender las licencias de las empresas por uno o dos años, sancionan seis días al chofer (cuando sobrevive).       

Tiktoker Rubén Blanco 

La cultura del turismo amable que existe en otros países de la región, desde México hasta el sur de Argentina y Chile, no existe en Bolivia. A unos amigos mexicanos que fueron al salar de Uyuni en 2024 les cobraron 10 bolivianos por usar los baños o por un pedazo de papel higiénico. En las pozas de aguas termales de la Reserva Nacional Eduardo Abaroa, la encargada malencarada del restaurante pretendía que coman entrada, sopa y segundo con la misma cuchara y se molestó cuando mis amigos pidieron cubiertos. No tenemos la menor idea de cómo tratar a los turistas, somos torpes, y así nos califican, tal como podemos ver en blogs y en videos de TikTok de influencers que viajan por el mundo y establecen comparaciones entre los lugares que visitan. Algunos tienen millones de seguidores que tomarán decisiones sobre sus próximos viajes con base en esos relatos. Probablemente muchos desistirán de viajar a Bolivia.      

Una vez tuve la desagradable experiencia de ver en Potosí a unos muchachos lugareños escupiendo las mochilas de turistas extranjeros. Esa imagen me quedó grabada como el símbolo de nuestra ignorancia y la pequeñez de nuestros valores. 

Otro tema relacionado al potencial turístico de Bolivia y a su permanente negación, es el que ha estado en cartelera en semanas recientes: la incapacidad de la línea aérea estatal, Boliviana de Aviación (BoA) de prestar un servicio eficiente y seguro. Sus aviones (alquilados) tienen un promedio de años superior al de los aviones de otras líneas aéreas que se respeten. Llegan a Bolivia luego de cumplir un circuito de vida útil en 5 o 6 países, pero somos rehenes del gobierno que se niega a abrir los cielos de Bolivia a la competencia. El proteccionismo, que puede justificarse en la agricultura y en la cultura, no se justifica en áreas de alta tecnología donde no podemos destacar. Los cielos abiertos son una demanda sentida de la población: queremos otras opciones que contribuyan a brindar mejores precios para los usuarios, nuevas rutas y un servicio seguro y eficiente que no tenemos ahora.       

Para que este país viva del turismo y genere 3 mil millones de dólares anuales, como espera mi optimista amigo Carlos Hugo Molina, falta mucho más de lo que él piensa. Para entonces Marte será un destino turístico más interesante y menos arriesgado. 

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El fútbol, la cerveza y, sobre todo, los juegos de azar, 
llenaban el horizonte de sus mentes. 
Mantenerlos en control no fue difícil. 
—George Orwell