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29 febrero 2008

Ché in Verse

Me ha llegado un libro de publicación reciente al que estoy asociado como poeta. Se trata de Che in Verse, una antología preparada por Gavin O’Toole y Georgina Jiménez, y publicada por Aflame Books en Inglaterra.

Es una edición hermosa, muy bien diseñada e impresa, que reúne nada menos que 134 poemas sobre el Ché, de autores de 53 países, algunos tan “exóticos” para el lector europeo, como Ukrania, Corea, Guyana o Egipto.

Bolivia no podía faltar, siendo el país donde el Ché entregó su vida, pero la pena es que figura un solo poema boliviano, el mío, de 1971, traducido por Georgina Jiménez.

Es un honor estar en compañía de grandes escritores como Juan Gelman, Julio Cortázar, Thiago de Mello, Leopoldo Marechal, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Jorge Enrique Adoum, Roque Dalton, Jean Ferrat, Hans Magnus Enzenseberger, Peter Weiss, Otto Raúl González, René Depestre, Efraín Huerta, Yevgeny Yevtushenko, Rafael Alberti, Allen Ginsberg, Mario Benedetti, Derek Walcott y tantos otros.

Ché

there will forever be a shadow
over there, a shadow a nearby light
here forever a forehead in the thickets
not seen but felt in the dampness
of every tree
fluttering down
the living heartbeat of the living jungle
since the blood
found there its true carapace

in spite of sons of bitches
clumsy soldiers with northern star and eagle
on their chest
this land will be torn
ties and stripes will have to die
and even speaking in Spanish will be shameful

the murmur is already running as rivers
the leaves echo
even
the snow the heights the sea
tremble with hope but the song is
still sad the shadow
moves slowly
multiplied
cries laughs rants does not forget loves rises up
and there is none who can stop it
because it loves


(traducción de Georgina Jiménez)

14 febrero 2008

Haikus silenciosos

Divina juventud. A los 22 años Sebastián Molina tiene el mundo por delante, como lo teníamos todos cuando creíamos que la vida nos alcanzaría para realizar todos los sueños, individuales y colectivos. El secreto, como lo sabe Sebastián, es no solamente empezar pronto sino trabajar sin descanso, porque de otro modo el tiempo pasa y nos quedamos perplejos a la vera del camino, preguntándonos en qué momento no tomamos la curva que debíamos tomar. Por eso el escribe, promueve el dialogo a través de su blog, su sitio Mundo al Revés, y otras iniciativas culturales.

En 2005 Sebastián publicó “Después de este silencio”, su primer libro de haikus, esa forma de expresión poética procedente del Japón, que se caracteriza por su precisión, su capacidad de síntesis, pero sobre todo por encerrar un universo natural y humano en apenas tres cortos versos. Como todos sabemos, es más difícil escribir corto que escribir largo, porque para escribir un cuento hay que comprimir el tiempo y el espacio y para crear un haiku, hay que medir cada palabra y cada sílaba, cargando cada una de la profundidad expresiva que remitirá al lector a un mundo de ideas y sensaciones.

Hace bien en su breve prólogo Homero Carvalho en relacionar al arte del haiku con el arte del bonsái, también japonés. Yo añadiría la finura de los netsuke, delicadas figuras talladas en marfil o madera. En todos estos casos “lo pequeño es hermoso” (como diría Schumacher). Para criar un bonsái hay que dedicarle mucho tiempo, de manera que la planta mantenga su vida pero deje de crecer. Para crear un haiku o un netsuke hay que tener la misma paciencia y concentración.

Nos dice la inefable Wikipedia, que un haiku es un breve poema de tres versos, de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente, sin rima. Suele contener, al menos en los originales del maestro haijin Matsuo Basho, una palabra que indica la estación del año. Esto, debido a que los haikus más antiguos cantan a la naturaleza.

El segundo libro de haikus de nuestro haijin cruceño se titula “Otra vez el silencio”, quizás por ser una prolongación del estado anterior. Incluye versos sensibles, que deberían evocar en el lector imágenes casi fotográficas. Aquí van algunos de mi gusto:

Prefiero el rocío
en tu piel de fuego
cayendo las gotas

---

Somos las letras
que cuentan nuestra vida /
Alguien nos lee

---

Viejo camino
Ya no pasa por aquí

ni la nostalgia

---

Sentirte plena
acariciarte tibia
agua de lluvia

---

Sin estrellas ni
luciérnagas el éter
Yo sin musa

24 enero 2008

Nueva Crónica y Buen Gobierno

Bolivia era el país de las publicaciones “Año 1, Número 1”, aquellas que empezaban con entusiasmo, se mantenían un tiempo a puro pulmón, y desaparecían sin dejar rastros. Eso lo sé de primera mano, porque he sido parte de iniciativas que no pasaron de uno o dos números. Eran épocas en que hacíamos la composición de manera artesanal, cortábamos y pegábamos los textos manualmente, compaginábamos los pliegos hasta la madrugada… Y todo para que nadie se tomara la molestia de leernos.

Podría mencionar aquí los títulos de tantas de esas publicaciones, pero sería un esfuerzo estéril, pues ya he olvidado a la mayoría de ellas. Me quedan algunos nombres en la memoria, por razones afectivas más que por otra cosa: Vínculo, Asamblea, Difusión, Trasluz, Zeta

Los tiempos han cambiado, los proyectos de revistas se encaran a veces con el mismo romanticismo, pero con una mayor dosis de pragmatismo. Hay una manera más profesional e institucional de encarar una nueva publicación.

Eso nos demuestra Nueva Crónica y Buen Gobierno, una revista quincenal tamaño tabloide, que destaca por la calidad de su contenido, de sus colaboradores y de su diseño. La publica el Instituto Prisma y la Plural Editores [plural@plural.bo], con Joan Prats, Gonzalo Rojas Ortuste y Fernando Mayorga en el Consejo Editorial, Horst Grebe como Editor responsable, y José Antonio Quiroga como articulador y responsable de la calidad del la revista.

Las veinte páginas de cada edición son ricas en entrevistas, reflexiones, y crónicas sobre política y cultura, pero además incluyen una galería de pintura de un artista invitado para cada número, un texto de valor histórico (La otra orilla), y una sección sobre novedades bibliográficas.

En el número 7 -el primero del 2008- salió un texto que escribí sobre el derecho a la comunicación y las radios comunitarias, con una ilustración hermosa de Carmen Bilbao, cuyas obras son una mezcla de dramatismo y sensualidad.

21 enero 2008

De amores y otros cuentos

Los viajes más cortos se convierten en ocasiones para ver a los amigos que uno no veía en muchos años. En Cochabamba estuve también con Giancarla de Quiroga, que mantiene su actividad de narradora por muchos años y ha decidido, hace poco, poner bajo un mismo techo sus cuentos, publicados en diferentes etapas de su vida literaria, unos ya conocidos en publicaciones periódicas y otros hasta hoy inéditos.

La edición al cuidado de Plural, la mejor editorial de Bolivia, cuenta con 30 cuentos bajo un título en sorna que los une como un hilo conductor: De amores y otros cuentos. Es una suma de narrativa amorosa pero sobre todo fantástica, porque el amor es la anécdota que le permite a Giancarla jugar con la imaginación. La ventaja de tener en un solo lugar cuentos de edades diferentes, es que uno puede comparar la evolución literaria de la narradora y colegir algunas de sus influencias.

La memoria es central en la narrativa de Giancarla de Quiroga. Los personajes y la autora-narradora escarban permanentemente en su memoria hasta encontrar en los olores y sabores y colores los parámetros que permiten devolver al presente los recuerdos. En las vidas de muchos de los personajes de estos cuentos hay un leit-motiv que es el de los ciclos pasados de la vida, el revisitar lo que ya se ha vivido.

Entre todos los cuentos y relatos, hay algunos que destacan por su elevada calidad literaria, su estilo poético y la riqueza del lenguaje. “Una habitación propia en Saint-Nazaire” (dedicado a Marcelo Quiroga Santa Cruz), es como el proyecto de una novela escrita en tono melancólico, como para sublimar una experiencia personal profunda. Más que narrar lo anecdótico desde afuera, lo que este relato hace es mirar hacia adentro.

Entre todos estos cuentos, uno de los que más me gustó fe “Desvelos”, premiado en 1984 por la Universidad Técnica de Oruro. Es un cuento impecable y divertido. En esta canasta de cuentos de Giancarla, que cada uno escoja el que más le guste.

14 enero 2008

Liber Forti

A Liber no le va a gustar aparecer en mi blog, porque no le gusta aparecer en ninguna parte. Pero por lo menos de vez en cuando es importante mencionar a este viejo libertario que nos inspira desde hace mucho tiempo. Su nombre es una leyenda en Bolivia, por muchas razones, en parte por su trabajo en los 1960s y 1970s como asesor cultural de la Federación de Mineros (FSTMB) y de la Central Obrera Boliviana (COB); y también por haber sido el impulsor durante 60 años del Conjunto Teatral Nuevos Horizontes, en Tupiza primero, y luego en todas partes.

A sus ochenta y tantos años Liber es un molino de ideas e iniciativas. Hablar con él es más bien un ejercicio de escuchar, porque Liber no respira cuando habla, es una ametralladora, un volcán en erupción o una ardilla que se sube por un árbol y salta de una rama a otra incesantemente. En ese discurso volcánico y a veces disperso, hay un hilo conductor dominante y es el amor por la vida y por la humanidad.

Liber es de esos anarquistas, como Rafael Barret, que reivindican el amor por encima de todas las cosas. El amor por la vida, por el arte, la educación por el arte, el legado de humanismo profundo que puede salvar a la humanidad. Si no fuera tan rabiosamente humilde, escribiría textos maravillosos como sus cartas.

Tanto aprendemos de Liber cada vez que hablamos con él… Por eso, visitarlo en Cochabamba, donde estaba con Nuria, su compañera, a caballo entre el 2007 y el 2008, fue nuevamente como tomar una gran bocanada de aire fresco y cargar las pilas para un buen rato.

07 enero 2008

Raul Lara

Las visitas a Raúl Lara, en su casa de Cochabamba, son siempre una manera de ponerme al día con su obra pictórica y con su familia, y de disfrutar durante unas horas ese ambiente de creatividad que cubre los muros.

Esta vez, Lidia, Ernesto y Fidel me mostraban centenares de carpetas con dibujos recientemente recuperados, que se remontan incluso a los ejercicios más precoces de Raúl como pintor, cuando hizo sus primeras armas guiado por la experiencia de su hermano mayor, Gustavo.

Sobre un caballete, un nuevo cuadro de la serie de Van Gogh. El gran pintor holandés no abandona los hilos de la inspiración de Raúl; esta vez ya no está en Oruro, sino de visita en el valle alto de Cochabamba, saboreando una chicha punateña mientras pinta el paisaje.

En los muros, las figuras sensuales que tanto me gustan, y esos azules profundos y mágicos que marcan una de las etapas más importantes de su obra. Azules intensos como los cielos del altiplano boliviano.

13 noviembre 2007

Cinemateca Bis

Un amigo y colega cineasta, Alfredo “Bis” Ovando, me hizo llegar un mensaje sobre la inauguración de la nueva Cinemateca Boliviana en La Paz, y al mismo tiempo una felicitación por mi cumpleaños, ya que ambas fechas casi coincidieron (por un día de diferencia). Quizás porque pasé ambos eventos solo, lejos de Bolivia y de mi casa (en India, para ser exactos), el mensaje de Bis Ovando me alegró. Comparto su entusiasmo por la Cinemateca y por ello me tomo la libertad de reproducir su mensaje:

Hola Moro, primero desearte felicidades por tu cumple. ¿Que cómo sé que es tu cumpleaños? Pues anteayer y ayer se habló mucho de ti. Primero leí en el periódico una remembranza tuya, y más tarde dos veces salió la noticia de tu cumple por la radio y en la noche también se habló de ti en la Cinemateca Boliviana.

Así que un día trascendental en la cinematografía boliviana va unido a tu cumple, doble felicidades.Y la verdad es que yo estoy feliz, muy feliz. El martes 30 en la noche se inauguró la nueva sede de la Cinemateca Boliviana, sí, por fin nuestra sede, la nueva sede de la Cinemateca Boliviana, por fin, después de tantos años. Y claro en los discursos de la noche Carlos Mesa te mencionó, como uno de los que empujó la idea de crear una Cinemateca que después de tres décadas nace nuevamente, nace con bríos, con una nueva dimensión.

En su estreno a su vez se estrenó Wara Wara, la película de la que tanto tú nos hablaste en el Taller de Cine y que nunca soñábamos ver, pués se hizo realidad y estrenó las nuevas proyectoras chinas de la Cinemateca con gran calidad. Las tres salas estaban exhibiendo simultáneamente esta película y luego brindamos por ella y ahí también te recordé.

Al día siguiente 31, se hizo una fiesta abierta a todo el público, la Cinemateca tomada!, sí las tres salas exhibiendo películas y videos, mientras arriba en el Café Restaurant grupos de rock tocaban, en el ingreso grupos de música de Italaque, voces a capela, teatro vivo en varios rincones, y más cine y video. Podías entra a una sala, a la otra, mezclarte con todas las artes y al cerrar la saya afroboliviana. Fue una de las noches más bellas, cuál si la hubiera soñado. Y todo tomado por la juventud que se apropió de la Cinemateca y la hizo suya como el más importante Centro Cultural de la ciudad.

Ahora el reto es mantener ese público, mantener el interés con proyecciones de calidad y alternativas y que sea el centro cultural vivo y permanente de La Paz. Sin duda alguna esta Cinemateca será un impulso notable al nuevo cine boliviano. Pantallas y producción, dos ítems que parece que por fin irán juntos.

Bueno Moro, espero que compartas mi felicidad por lo que nuevamente te reitero doblemente felicidades. Hasta pronto,

Bis

06 noviembre 2007

Un sueño colectivo

La Cinemateca Boliviana acaba de inaugurar, el 30 de octubre, su nuevo edificio en La Paz. Se cumple de ese modo un sueño colectivo de largo aliento, en el que mucha gente invirtió esfuerzos. Incluso los jóvenes lustrabotas de la ciudad participaron donando ladrillos para la construcción. Pero obviamente el gestor principal de ese esfuerzo, el dragón guardián de la Cinemateca desde su nacimiento, ha sido Pedro Susz, apoyado en todo momento por Carlos Mesa, Amalia de Gallardo, Norma Merlo y otros gestores que se fueron uniendo al tren en diferentes etapas, y que sumaron sus vagones cargados de energía al titánico esfuerzo.


Al cabo de diez años y 5 millones de dólares, la Cinemateca abre sus puertas. Es un bello edificio (obra de los arquitectos Cecilia Scholz y Juan Carlos Araníbar), en la esquina de la calle que lleva el nombre de Oscar Soria, el guionista del cine boliviano por excelencia. Oscar vivía pocos metros hacia abajo, allí lo visitábamos los amigos. Qué placer le hubiera dado ver este sueño hecho realidad.

En sus 6.500 metros de construcción, la nueva Cinemateca tiene tres salas totalmente equipadas, que llevan los nombres de Amalia de Gallardo, Oscar Soria y José María Velasco Maidana. Paradójicamente, el creador del cine boliviano, Velasco Maidana, tiene su nombre en la sala más pequeña, en lugar de la más grande. La propia cinemateca debería llamarse “Cinemateca Boliviana Velasco Maidana”. El edificio cuenta además con una biblioteca, una cafetería, galerías para exposiciones, tienda de videos, aulas didácticas, un sótano con parqueos y por supuesto las bóvedas para conservar el material fílmico.

Tantos años han pasado desde que a fines de los años sesenta publiqué en “Presencia” un artículo titulado “Necesidad de una Filmoteca”, que concluía con un párrafo dirigido al Alcalde de La Paz, Mario Mercado, para que tomara la iniciativa de crear el archivo cinematográfico. Pocos días después me llamó a su oficina, me dijo que lo estaba metiendo en un lío, y me preguntó qué se necesitaba para crear la cinemateca. Le dije que solamente la decisión, que luego se podía pedir donaciones de películas a embajadas y a los propios realizadores. Poco tiempo después, Mercado creó la Cinemateca mediante una ordenanza municipal. Es un gesto que debería reconocérsele.

01 noviembre 2007

Jimmy Zalles

Las malas noticias vuelan. Xavier Albó me ha confirmado que nuestro amigo Jimmy Zalles ya no está entre nosotros. Inmediatamente empieza a trabajar la memoria y se agolpan los recuerdos: Jimmy sacando a los guerrilleros de Teoponte, Jimmy párroco en Tiwanaku, Jimmy activista de derechos humanos, Jimmy en el asilo de la Embajada de México; Jimmy vendiendo libros puerta a puerta en el exilio; Jimmy especialista en medicina tradicional… Y sobre todo lo anterior, Jimmy bueno hasta la médula, honesto, íntegro, generoso; un hombre cuya vida estuvo dedicada a los demás.

Cuando Jimmy Zalles hizo la opción de salirse de cura para formar una familia, no abandonó de ningún modo los ideales cristianos de solidaridad y amor al prójimo que lo animaron precisamente a hacerse cura.

Recuerdo una anécdota, entre las muchas. Cuando estábamos asilados en la Embajada de México en La Paz, luego del golpe de García Meza, me enseñó a doblar billetes de una manera que quedaban reducidos a un pequeño y compacto rectángulo, que podía esconderse fácilmente en la ropa. Yo escondí seis billetes de 100 US$ en la costura de mi pantalón la noche que decidí abandonar el asilo mexicano y escapar por la frontera hacia el Perú, a principios de octubre de 1980.

Jimmy era uno de los mayores expertos bolivianos en medicina tradicional. Escribió libros y folletos, mantuvo un consultorio en San Francisco (en La Paz), y fabricó medicinas caseras a base de plantas medicinales (en una ocasión me recetó una pomada de caléndula). Conocía perfectamente las propiedades de todas ellas, como el más ducho kallawaya.

A ratos, me parece que exageraba en su opción por la medicina natural, y en su rechazo por la medicina occidental. Quizás lo tendríamos todavía entre nosotros si hubiese equilibrado ambas con más flexibilidad.

Murió a los 71 años y dejó memorias y afectos regados en muchos amigos que lo quisimos. Su muerte fue repentina, a las 5 de la mañana, y no se la esperaba ni él ni nadie. Hace pocas semanas todavía intercambiamos algún email.

Aquí le rindo un pequeño tributo personal, y me valgo para ello de una caricatura que le hizo Ricardo Pérez Alcalá en México, y que Jimmy nunca llegó a ver.

24 octubre 2007

Ché

A continuación, para cerrar este mes dedicado al Ché en mi blog, transcribo el poema que escribí a principios de los años 1970s, que luego se publicó en mi libro "Antología del Asco", y que fue también grabado en el disco de homenaje al Ché que Casa de las Américas (La Habana), publicó al cumplirse el décimo aniversario de la muerte del Ché en Bolivia.

Ché

habrá una sombra siempre
allí habrá una sombra una luz cerca
aquí siempre una frente en la maleza
no se la ve se la siente en la humedad
de cada árbol
se descuelga
el latido vivo de la selva viva
desde que la sangre
escogió allí su caparazón verdadero

a despecho de hijos de puta
militarotes de estrella norte y águila
en el pecho
se ha de partir esta tierra
han de morir corbatas y galones
y hasta dará pena hablar en castellano

ya el rumor está corriendo ríos
las hojas hacen eco
la nieve las alturas el mar
tiemblan de esperanza pero el canto es
triste todavía la sombra
se mueve lentamente
multiplicada
llora sonríe putea no olvida ama crece
y no hay quien la detenga
porque ama

16 octubre 2007

Ché, Hilda, Kalfon

Mis viajes a Cuba en los años 1980s fueron numerosos, sobre todo con motivo del Festival Latinoamericano de Cine de La Habana, el evento de cine más importante en la región, y para participar en otras reuniones sobre cultura y comunicación. En una de ellas, en junio de 1988, conocí a Hilda Guevara Gadea, la hija mayor del Ché, que trabajaba como bibliotecaria en Casa de las Américas.

En su casa, un departamento en un piso alto de un edificio de El Vedado, me regaló la edición más reciente del “Diario del Ché en Bolivia”. Allí conocí a uno de los nietos del Ché, Camilo, de unos 8 o 9 años entonces, hiperactivo saltando sobre los muebles. Me recordó esas primeras imágenes del Che cuando era niño, que aparecen en la película de Fernando Birri. En agosto de 1995 me enteré que Hilda había fallecido, cuando tenía apenas 39 años, de un tumor cerebral.

Cuando mi amigo Pierre Kalfon, escritor y periodista francés muy conocedor de América Latina, estaba preparando la monumental biografía que escribió sobre el Ché, me pidió que lo ayudara con algunos contactos en Bolivia. El 11 de abril de 1995 organicé una reunión en casa con algunos amigos que tuvieron relación, más o menos directa, con la etapa boliviana del Ché. Loyola Guzmán, Carlos Soria Galvarro, Ted Córdova Claure, Marcelo Quezada, Amalia Barrón y Freddy Alborta participaron en ese intercambio con Kalfon. La biografía resultante, “Ché, una leyenda de nuestro siglo” (1998), ya publicada en varios idiomas y ediciones, es quizás el documento más completo sobre la vida del Ché.

¿En realidad, a quien no se le ha cruzado el Ché alguna vez en la vida? Cada uno podría escribir su relato personal con el Ché, la manera como ese gran hombre ha influido en nuestro comportamiento, en nuestras decisiones, en el posicionamiento político y ético. Me parece que a los 40 años de su muerte, esta es la mejor manera de recordarlo: analizando lo que el Ché significa en cada una de nuestras vidas, y no tanto repitiendo lo que ya se ha dicho tantas veces.


11 octubre 2007

Geografía

Conocieron mi tierra
cuando vino a morir en ella un extranjero.

Antes nada, antes
un silencio muy meditado en los nortes
siempre en los nortes en palacios blancos
y polígonos de tiro

rápidos vuelos
a diez mil metros de techo.

¿De donde vienes?
De Bolivia.
¿Hablan castellano allí?
Desde la Colonia.
¿Esté en Africa Bolivia?
En el corazón de América Latina.

Antes el silencio
de los intelectuales porque no había
un preso francés que defender.

Antes una frontera cerrada
unos muros altos altos

como para que no se escuchen
los tiros y los gritos de los muertos
que siempre había.

Antes siempre ese silencio
de cómplices inseguros
temerosos estrategas del oportunismo.

Hasta que vino a morir el extranjero
o tal vez
no
fue tan extranjero y
no murió.

09 octubre 2007

El Ché pasea en mis poemas

En mi primer libro de poemas, “Antología del Asco” incluí dos sobre el Ché, titulados “Ché” y Geografía”. El primero fue más adelante traducido al inglés y al italiano. El libro se publicó en La Paz en 1979, en una edición humilde hecha en la Imprenta Sucre –de Alberto Zuazo Nathes-, con un retrato que me hizo Pedro Shimose y un comentario de Jaime Nisttahuz en la contraportada. En la portada del libro aparece un cuadro de Edgar Arandia (de su serie “Zoociedad”) sobre el fondo de un memorando fechado el 19 de julio de 1971 que recibí del “Departamento de Estadística” del Ministerio del Interior, urgiéndome a presentarme en sus oficinas. El memorando estaba firmado por el “Jefe del SIE” con el sello del Servicio de Inteligencia del Estado. Claro que no me presenté.

A los diez años de la muerte del Ché, cuando me encontraba estudiando cine en París, recibí una invitación de La Habana, de Casa de las Américas, para grabar con mi voz uno de los poemas que estaba en “Antología del Asco”. Casa de las Américas estaba produciendo un disco “long play” (de esos que hoy parecen antigüedades, comparados con los CDs), con las voces de poetas de toda la región. Era un privilegio para mí ser el único boliviano seleccionado, sobre todo considerando que tenía a mi lado, en el disco, las voces de poetas mayores como Mario Benedetti (Uruguay), René Depestre (Haití), Julio Cortázar (Argentina), Gonzalo Rojas (Chile), Jaime Labastida (Mexico), Otto Raúl González (Guatemala), Thiago de Mello (Brasil), Eliseo Diego (Cuba), y una decena más. Comparado con todos ellos, yo era un aprendiz de brujo, nada más.

Para enviar una cinta de buena calidad grabé el poema en las instalaciones del instituto de cine donde estudiaba, pero cuando recibí el disco meses más tarde me di una sorpresa al escuchar mi voz aguda y aflautada… La diferencia entre los 50 ciclos utilizados en Europa y los 60 ciclos de la electricidad de Cuba, hicieron que la grabación cambiara su velocidad y mi voz. Pero aparte de esa voz en la que no me reconozco, fue una experiencia inolvidable participar en el disco de homenaje al Ché, hermosa edición de color rojo intenso, que se abría para leer los poemas a medida que uno los escuchaba.

06 octubre 2007

Che, y van 40 años

El Ché nos toca a todos, pero en una medida más importante a mi generación, porque éramos adolescentes cuando el Ché triunfaba en Cuba, aparecía en Naciones Unidas o en Punta del Este, desaparecía en África o en las selvas bolivianas. Su muerte en Bolivia marcó con fuego a los jóvenes bolivianos que despertábamos a la realidad social y política del país. La guerrilla del Ché puso a Bolivia en el mapa internacional y ayudó por lo menos a revelar la intromisión directa de la CIA y del ejército de Estados Unidos en la política interna de Bolivia.

Mi padre conoció al Ché en la reunión de ministros de economía en Punta del Este, Uruguay, en agosto de 1961, y como le tocó sentarse cerca, por el orden alfabético, tuvo oportunidad de conversar con él varias veces. Me habló siempre con enorme admiración y respeto. “Era un tipo macanudo”, la frase me quedó grabada.

Los que teníamos 17 años y estábamos recién terminando nuestra educación secundaria, nos sentimos con las manos atadas frente a un evento trascendental que se abrió de pronto ante nuestro ojos: el Ché estaba en Bolivia, el más pobre de América del Sur. La generación mayor a nosotros ya tenía militancia, ya participaba en la política nacional. Nosotros estábamos hasta entonces al margen, pero eso cambió muy pronto a raíz del Ché.

Recuerdo que guardé los ejemplares del diario “Presencia” en los que se anunciaba la muerte del Che, con las fotos de Freddy Alborta. Era un hecho demasiado trascendental como para no preservar esos documentos. Quizás se llevaron esos ejemplares en una incursión de paramilitares a mi casa durante el golpe de García Meza en 1980. O quizás se preservan todavía en el fondo de alguno de los cajones donde tengo mis libros.