15 noviembre 2023

Deleite turbador

(Publicado en Brújula Digital y Público Bo el sábado 16 de septiembre de 2023)

Habría cumplido 100 años de edad el 2 de septiembre de 2023. Con ese motivo sus hijos han publicado la antología “Armando Soriano Badani: Un humanista de los Andes” (2023) en complicidad con Plural Editores y Mariano Baptista Gumucio, quien se ocupó del prólogo y de la selección de textos, aunque los poemas fueron escogidos por Gabriel Chávez Casazola.

La presentación de la obra fue una agradable reunión de familia y amigos que se desarrolló con la armonía que hubiera impuesto la sola presencia de Armando. Tanto Gabriela Orozco, nuera y maestra de ceremonias, como José Antonio Quiroga, Valentín Abecia López, Mariano Baptista Gumucio y Ramiro Soriano (en nombre de los 4 hermanos), compartieron anécdotas sabrosas del escritor, del padre de familia, del amigo leal y del bromista impenitente cuya presencia espiritual se hizo aún más inmediata con un par de poemas grabados en voz del autor.

Los recuerdos de los hijos y de Mariano Baptista Gumucio figuran en las primeras páginas de la edición que en 264 páginas reúne además una acertada selección de poemas, tres cuentos, artículos de prensa, fotografías de Armando en diferentes etapas de su vida, y textos escritos sobre su personalidad y su obra. Qué mejor manera de recordar su centenario que un libro que resume lo que fue su vida y obra: 30 libros publicados, en su mayoría poemarios, pero también importantes antologías del cuento en Bolivia, y una sobre pintores de nuestro país.

En mi biblioteca ya mermada quedan los libros obsequiados por sus autores, amigos como el Chino Soriano, de quien conservo cinco poemarios y un libro de cuentos, con generosas dedicatorias. Perfil del atardecer (1976) y Agonía de las viñas (1985) son ediciones artesanales, de esas que hoy tienen un valor suplementario por el esfuerzo que supuso publicarlas. La huella transparente (1997), Rebelión de los anhelos (1997) y Caleidoscopio (2000), son también ediciones de autor, pero de mejor pinta, las dos últimas con tapas a color explícitamente eróticas. De retazos de estos y más libros está hecha la antología que celebra su centenario.

 

Para Armando, escribir no era una tarea sino una travesura, por lo que “cometía” poemas con entusiasmo y alegría. Regalaba sus poemarios a los amigos como quien desliza en manos de un cómplice un fruto prohibido. Sus rimas eran a la vez un desafío creativo y un ejercicio de sagacidad, como quien encuentra la palabra precisa en un crucigrama, esa y no otra, aunque a veces resulte algo rebuscada. La poesía y la retórica (sus deliciosos discursos improvisados) eran el cordón umbilical que lo unía a la vida y el puente hacia experiencias reales e imaginarias.

En general prefiero sus versos libres (como “Apóstrofe”), pero hay sonetos tallados y pulidos como diamantes (como “Venganza”), pues era un poeta meticuloso y obsesivo con la rima y el ritmo de las palabras. Aun cuando la rima esté ausente, el ritmo siempre está, como si hubiera escrito los versos escuchando música con una batuta en la mano y el metrónomo a su lado, para que ninguno suene fuera de acorde en ese oleaje natural. Y es que la música clásica era otra de sus pasiones, y la alude con frecuencia en sus poemas. Cuando le preguntaron por los 10 personajes del Siglo XX, incluyó a Sibelius, uno de sus cinco compositores favoritos.

Privilegio de las nuevas tecnologías, este libro no es solo para leer: 19 poemas están acompañados de un código QR que permite escuchar la lectura por el propio autor. Con extraordinaria anticipación Armando tuvo el alcance de grabarlos.

“Jovial y festivo”, como se definió a sí mismo, escribió poemas de amor sobre “la mujer presentida” (Abecia Baldivieso), como experimentado Casanova, y quizás lo fue en el fuero interior de su fogosa imaginación pues habla de amores rotos, de ausencias irremediables y encuentros eróticos donde palpita la sensualidad. Muy cercano a él por razones familiares y literarias, Augusto Guzmán intuyó una “psicología de transferencia y desdoblamiento” en sus versos. 

El erotismo que rezuman sus poemas podría ser una huella de la bohemia parisina que vivió como estudiante. Después de eso, lo más cerca que estuvo de aquella atmósfera cautivadora fue Gesta Bárbara, la versión local de las tertulias vaporosas de Baudelaire, Mallarmé o Verlaine. A veces me saludaba con unas palabras en francés entonadas con picardía. Su poesía amorosa es golosa, “a veces un tanto engolada y preciosista” (Rivadeneira). Al leerla recuerdo su manera de hablar, que era también muy precisa, pero sin solemnidad. Solía saludar afectuosamente con un sonoro “querido” en el que no faltaba una dosis de ironía.

Gracias a mi primo Mariano Baptista pude frecuentar a Armando y a varios amigos cercanos algo mayores que yo, de Gesta Bárbara y del grupo Prisma. Con otros ya me había cruzado en distintos senderos: Alcira Cardona, Oscar Cerruto, Mario Miranda, Jacobo Liberman, Héctor Cossío Salinas…Cuando Armando estuvo a cargo del suplemento cultural de Hoy, colaboré ocasionalmente con algunos poemas.

Escribió sobre muchos temas, y no fue indiferente a los problemas nacionales. Escribió sobre nuestra política, cultura, historia y geografía. Me quedo con una frase ingeniosa: “El mar es aquel elemento que sirve para secar el lago”. 

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Tu frente limpia,
despejada,
no vislumbro el naufragio
de tus sueños
hundidos en repentina
noche de infinito.                  
—Armando Soriano Badani
 

12 noviembre 2023

Queso libre

(Publicado en Los Tiempos y Brújula Digital el sábado 4 de noviembre de 2023)

Con Marcelo en Asunción 

Dos días antes de cumplir 85 años ha muerto el 30 de octubre Marcelo Quezada, un amigo especial desde los primeros años de la década de 1970, en el exilio parisino. En mi memoria se atropellan los momentos compartidos y muchas imágenes.

A mi llegada al exilio en Francia, con una mano adelante y otra atrás, una de las primeras muestras de solidaridad que recibí fue de “Freddy Terrazas”, como se hacía conocer Marcelo entre los exiliados. Freddy me cedió su “chambre de bonne” en la Rue le Verrier, a una cuadra del jardín de Luxemburgo, un bálsamo para vivir. La habitación de “empleada doméstica” era tan pequeña que al abrir la puerta raspaba la esquina de la cama. Tenía lavamanos con agua fría pero el baño y la ducha estaban al final del pasillo. Esa “piole” me hizo sentir ciudadano con derechos, y no me daba ninguna vergüenza invitar allí a mis primeras amigas francesas. Era “mía” porque podía pagar con mi trabajo de pintor de brocha gorda, los 140 Francos del alquiler mensual, casi nada.

Los estudiantes y exiliados bolivianos formamos durante la dictadura de Banzer el Comité Boliviano de Resistencia Antifascista para realizar varias actividades, pero quizás la más constante fue el boletín Resistencia, que llegó hasta el número 16. Al principio era un policopiado artesanal, pero los últimos números los imprimimos en offset, con fotos de nuestros entrevistados: el general Juan José Torres, Juan Lechín, Pipi Sélum… con quienes conversamos cuando estuvieron de paso por París.

Marcelo se percataba de la llegada de bolivianos y arreglaba los encuentros. Me acompañó también cuando filmé a Régis Debray y a Philip Agee para el documental Señores generales, señores coroneles, y para hablar sobre cine con Marcelo Quiroga Santa Cruz en un café cerca de la Sorbonne, en septiembre de 1976, un par de días después de la muerte de Mao.

Su vida casi clandestina en París era un resabio de su accionar urbano durante la guerrilla del Che, cuando era militante de la Juventud Comunista. Luego militó en el PCML boliviano y tuvo entrenamiento militar en China, pero a lo largo de su vida fue evolucionando hacia posiciones anarquistas, estimulado (como yo) por las conversaciones con nuestra querida Desirée Lieven y con Liber Forti durante su estadía en Francia, y lecturas de El viejo topo. Nunca fue un “soldado” a ciegas, no era un burócrata de aparato, pero mantuvo contactos con dirigentes de todos los partidos políticos y estuvo metido en conspiraciones y acciones concretas de las que apenas conocemos algunas. Las más son secretos que se llevó a la tumba.

Manifestación del #21F

Marcel, sin la “o” final, como se hizo conocer en años recientes quizás por su afinidad con Francia, era un diestro de la información, estaba al tanto de todo, era un papelómano compulsivo que acumulaba recortes, revistas y documentos, algunos que sólo él podía obtener. Tenía tinta de imprenta en la manos, un oficio típicamente anarquista que desempeñaba con fruición. Solía repartir fotocopias o folletos que él compilaba y producía, no sólo sobre temas bolivianos. Era un agudo conocedor de la coyuntura política internacional y su capacidad de investigador se tradujo en obras significativas como EZLN, la utopía armada (1998), Bolivia-China: desafíos en la nueva era mundial (en co-autoría con Ángel Zaballa y Julio Alvarado), un libro con su entrevista a Régis Debray (2017), y otro en preparación sobre tres mujeres.

El perfil de su figura solitaria era reconocible desde lejos. Caminaba con pasos cortos, sin prisa, con una cachucha y siempre, siempre, con ese maletín en el que llevaba libros, recortes, folletos, y a veces una pequeña botella de licor para compartir. Al abrir su maletín uno podía esperar una sorpresa editorial, que él vendía o generosamente distribuía a los amigos: dossiers de recortes sobre grandes temas, la colección de postales que imprimía a todo color con pensamientos de filósofos, políticos, escritores e incluso futbolistas (Maradona), o el folleto de homenaje a su padre, don Humberto Quezada.

Tuve el privilegio de conocer a don Humberto Quezada y a doña Delia Gambarte, maestros excepcionales como ya no hay en Bolivia. Estuve en su casa en Alto Obrajes, la misma donde falleció Marcelo. Conservo fotos de ambos fechadas el 15 de abril de 1979. A su hermano mayor, Guido, también lo conocí, pero falleció demasiado pronto, la vida no le dio tiempo de vivirla.

Su carácter progresista y su fe libertaria llevaron a Marcelo a confiar durante un corto periodo en Evo Morales, de cuyo gobierno fue embajador en Paraguay. Allí lo visité y supe que pronto iba a tomar distancia de los impostores. Cometió ese y otros errores políticos en su vida, pero siempre fue coherente y honesto en sus convicciones más profundas.

La última vez que me visitó en casa trajo ejemplares de un dossier bien impreso, con tapa en color y papel couché, Los dos franceses (2021): uno que hizo una investigación sobre las conexiones del narcotráfico con el gobierno de Evo Morales (Jean-François Barbieri), y otro que vino de turista y estuvo varios meses limpiando voluntariamente nuestros asquerosos ríos, lo cual lo convirtió en una celebridad (Alexis Dessard). Esa fue la última vez que conversamos.

Los amigos de Marcelo entenderán el título de este texto sin necesidad de explicaciones.

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¡Yo soy un anarquista! Un anarquista en el sentido mejor de la palabra. La gente cree que anarquista es el que pone bombas, pero anarquistas han sido los grandes espíritus como, por ejemplo León Tolstoi.
Ernesto Sábato
 

08 noviembre 2023

Planeta Godard

(Publicado en Brújula Digital y Público Bo el sábado 8 de octubre de 2023)

Con amigos estudiantes del IDHEC 

Tuve el privilegio de vivir en París pocos años después de la eclosión de la nueva ola renovadora del cine francés, y presenciar su desarrollo a lo largo de la década de 1970. Un privilegio mayor para este joven aspirante a cineasta, fue lograr el ingreso al Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC), que era entonces la mejor escuela de cine de Europa. No fue fácil, tuve que competir con casi 600 postulantes, en su mayoría franceses, y la escuela aceptaba solamente 22 nuevos cada año, y solo cuatro extranjeros.  

En el IDHEC tuve profesores vinculados a la nouvelle vague como Jean Douchet (que aparece como periodista en “Sin aliento”) y Néstor Almendros (director de fotografía de François Truffaut y Louis Malle), y conocí brevemente a los grandes realizadores del movimiento: Claude Chabrol, Agnes Varda, Jacques Rivette, Alain Resnais, Eric Rohmer, Truffaut, Malle, Jean Rouch (fui estudiante suyo en Nanterre) y Godard, el cineasta franco-suizo que era uno de los más activos animadores de ese cine de ruptura, pero el menos sociable.

Godard murió hace un año, el 13 de septiembre del 2022. Decidió cuándo y cómo iba a morir. El suicidio asistido no está aún legalizado en Francia, pero Godard vivía en Suiza y decidió optar por la medida a los 91 años de edad, en su casa en Rolle, al borde del lago Léman que separa Francia y Suiza. “No estaba enfermo, simplemente cansado”, dijo su tercera esposa, Anne-Marie Miéville. La excusa para conmemorar a los grandes es a veces la fecha de su muerte, pero también podríamos celebrar su vida, sobre todo cuando ha sido tan creativa e intensa como la de Godard, que a lo largo de su carrera hizo 132 películas (según registra el sitio IMDB especializado en cine), entre cortos, largos y trailers (avances) de sus primeros largos, que él mismo realizaba. 

Jean-Luc Godard 

No solo fue guionista y director de cine, sino también crítico de la revista Cahiers du Cinema, una de las más importantes del mundo, gracias a la cual yo pude completar mi formación como cineasta, puesto que en la Facultad de Vincennes una de mis clases de teoría estaba a cargo de Jean Narboni, Serge Daney y Serge Toubiana, el equipo que había relevado a la generación de Godard y Truffaut en las páginas de la icónica revista (en la que una vez publiqué un artículo en co-autoría con Marcelo Quezada). 

A bout de souffle (1960)

Han pasado más de ocho décadas desde el estreno de A bout de soufflé (Sin aliento), el primer largometraje de Godard, que se convirtió en una revelación instantánea. Tuve la suerte de ver esa obra en La Paz, probablemente en el Cine Club Luminaria, cuando no existía todavía la Cinemateca Boliviana. Además, mi introducción al cine de Godard se debió a Luis Espinal, quien, no bien instalado en La Paz en 1968, ofreció en el Sindicato de Trabajadores de la Prensa un taller sobre “Diez realizadores”, entre los que incluyó a Godard. En gran medida, Lucho Espinal es culpable de que me haya dedicado a la crítica y a la dirección cinematográfica.

 

Durante mi vida en París entre 1972 y 1978 pude ver todo lo que Godard había producido hasta entonces, a mi parecer su mejor época. Incluso los primeros tres cortometrajes con los que se inició: “Charlote y Veronique” (1957), “Charlotte et son jules” (1958), y “Une histoire d’eau”, el primero con guion de Eric Rohmer y el tercero de Truffaut. Son breves cuentos morales hechos con imaginación y picardía. En ese tiempo escribí que el cine de Godard era “el cine de la impaciencia”.

Pierrot le fou (1965) 

Mientras estudiaba cine, escribía sobre todas las películas que veía. Era una disciplina que me impuse, favorecida porque los estudiantes del IDHEC éramos privilegiados: teníamos una tarjeta para entrar gratis a cualquier cine de París. Conservo una docena de comentarios que escribí sobre las películas de Godard, que está siempre presente en mis clases de historia del cine. Sus largos travellings son memorables, en tiempos en que no existía el steadicam, y su frase “un travelling es una cuestión moral” ha servido a quienes se inician en el cine.

La cinefilia es un bello ejercicio de amor al cine. Quienes piensan que Godard es un cineasta “difícil”, como a primera vista lo es Bergman, están equivocados. En “Sin aliento” (1960) vemos a un jovencísimo y seductor Jean-Paul Belmondo, el actor que también fue cómplice de Godard en “Pierrot el loco” (1965).

La primera etapa de Godard es para disfrutar. “Le mépris” (1963) sorprende por la original manera de presentar los créditos en un plano secuencia inicial. La cuarta pared expuesta sin disimulo, como en todas sus otras obras. La presencia de Brigitte Bardot, Michel Piccoli, Jack Palance y Fritz Lang debería ser suficiente para atraer cinéfilos. En esos mismos años, “Alphaville” (1965) es un film negro y futurista, y a la vez una sátira del género.

Godard se libraba con júbilo a la improvisación, lo contrario que Stanley Kubrick, que estructuraba sus guiones a la perfección, plano por plano, con las indicaciones de escenografía, posición de la cámara e incluso los lentes que había que usar. Godard filmaba con frecuencia sin guion, para sorpresa de sus actores y técnicos, y no es que no supiera qué hacer, sino que tenía la obra en su cabeza y podía variar escenas según transcurría el rodaje. A veces escribía los diálogos minutos antes de filmar, de acuerdo a lo que sentía en ese momento. Y no eran diálogos banales, porque la palabra fue para Godard siempre tan importante como la imagen, y aún más a partir de “La chinoise” (1967), donde entre los actores aparecen dos líderes políticos en la vida real. Ese film inicia una etapa diferente en su obra, más vinculada a la prosa cinematográfica, a la militancia política y a la ideologización del cine.

La chinoise (1967) 

Las películas de Godard están sembradas de símbolos, códigos, alusiones, inscripciones sugerentes, manejo de colores que significan algo, frases que remiten a la filosofía o a la literatura. Los filósofos o lingüistas decontructivistas (Godard también lo era) suelen abocarse a recuperar los significados de esos códigos, pero los cinéfilos podemos simplemente entregarnos al placer de dejarnos sorprender. Los filmes de Godard perduran porque no se toman en serio, cuestionan todo el tiempo al realizador y a sus personajes, y los espectadores disfrutan saboreando las rupturas en el lenguaje y en la imagen.

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El cine es el fraude más bello del mundo.
—Jean-Luc Godard
 

04 noviembre 2023

Instantánea de Fernando Laredo

(Publicado en Brújula Digital, Público Bo y Los Tiempos el 30 de septiembre de 2023)

Fernando Laredo ©foto Alfonso Gumucio 

Para los que llegábamos exiliados o como estudiantes a Francia en la década de 1970, Fernando Laredo era una referencia obligatoria. Trabajaba en la Unesco y ayudaba a los bolivianos en la medida en que podía. No olvido mi primer encuentro con él, en su oficina de la Unesco. Fue la segunda persona que visité en París cuando llegué de España en septiembre de 1972.

Era temprano en la mañana cuando el tren “Puerta del Sol” llegó a destino en la Gare de Austerlitz. Dejé mi maleta en una consigna automática, compré un plano de la ciudad, y tomé el metro con destino a la única dirección que tenía anotada en mi libreta, la del escritor Adolfo Costa du Rels, la primera persona que vi esa mañana de mi llegada a París. Me fui sin anunciarme a su departamento de la Avenue de Kléber, uno de los barrios más lujosos, a pocas cuadras de l’Étoile (el Arco del Triunfo). Me recibió amablemente, con mucha consideración, confundiéndome con mi padre pues me preguntó por Adriana, mi abuela, como si fuera mi madre.

Costa du Rels ©foto Alfonso Gumucio

Me dijo con franqueza y una sonrisa soñadora que él estaba completamente retirado de la actividad pública (fue Embajador de Bolivia ante la Unesco), por lo que no podría ayudarme, pero sugirió que buscara a Fernando Laredo, cosa que hice inmediatamente tomando el metro de regreso hasta la estación de Cambronne.

Eran épocas en que no había la paranoia de la seguridad que domina el mundo de hoy, de manera que entrar al edificio de la Unesco en rue Miollis no era tan difícil. Allí me aparecí en la oficina de Fernando, y tuve mi primera conversación con él para explicarle que acababa de llegar desde Madrid, con apenas 50 dólares y un pequeño diccionario francés-español de bolsillo, que no tenía dónde dormir esa misma noche, y que necesitaba trabajo. Fernando me explicó con amabilidad lo que mi ignorancia y mi impaciencia me impedían conocer en ese momento, pero que supe después por mi propia experiencia: los puestos en Naciones Unidas se dan por concurso, siempre y cuando haya un ítem libre. Ningún funcionario tiene la potestad de crear puestos así como así, pero añadió que sin duda en la Conferencia General que tendría lugar un mes más tarde, en octubre, habría empleos temporales haciendo fotocopias o mensajería.

Paris, 1973 ©foto Alfonso Gumucio 

Al ver mi frustración (yo ya me veía durmiendo en algún parque esa noche), alzó el teléfono y llamó a Jorge Otero y Luis Minaya, dos bolivianos que rentaban un departamento que durante dos décadas había pasado de manos de unos bolivianos a otros. Fernando había sido el primer locatario, junto a su amigo Lorini, de ese departamento en la rue Geoffroy Saint-Hilaire, no lejos de la estación de Austerlitz y de la Gran Mezquita de París. Lucho Minaya, a quien yo conocía porque fue periodista en El Diario cuando yo lo era en El Nacional, me invitó sin pensarlo dos veces: “Ya veremos cómo nos acomodamos”. Los cuatro o cinco días siguientes compartí su propia cama hasta que Marcelo Quezada me heredó una “chambre de bonne” cerca del parque de Luxemburgo, pero esa es otra historia.

A Fernando lo volví a ver semanas más tarde cuando, efectivamente, me emplearon durante la conferencia de la Unesco para hacer fotocopias y otras tareas de apoyo. A partir de allí nos encontrábamos de vez en cuando para tomar un café mientras él revisaba en el periódico el “Tiercé”, pues tenía una afición compulsiva por las carreras de caballos y las apuestas, algo que le causó problemas económicos a la larga.  

Augusto Céspede @Gumucio

Cuando el escritor Augusto Céspedes fue nombrado embajador ante la Unesco, Fernando se puso en campaña contra él, de una manera tan obsesiva que no le hizo bien, porque se convirtió en un tema recurrente de su conversación: sobre su escritorio manejaba un archivador con recortes sobre el “Chueco”, que mostraba a sus visitantes. Tanto Céspedes como Fernando eran amigos míos, de modo que en una oportunidad logré reunirlos para limar asperezas, algo que nadie había logrado. La cita nocturna en el departamento del “Chueco” fue cordial, pero el humo de la pipa de la paz no duró mucho y las hostilidades siguieron de manera irreconciliable. Las asperezas requerían de mucho más que una lima para suavizarse.

Fernando estaba muy bien informado de lo que pasaba en Bolivia, y sentía pesadumbre por no tener una mayor participación política, pero tampoco hubiera arriesgado su carrera en la Unesco. Durante el gobierno del MIR regresó con licencia temporal para ocupar el cargo de subsecretario de Relaciones Exteriores, pero cuando eso acabó, regresó a París. Alguna vez discutimos sobre la alianza del MIR con Banzer, que él defendía apasionadamente porque esa era la línea del partido. Sin embargo, en más de una oportunidad me expresó su frustración porque el MIR no había reconocido su competencia profesional y experiencia nombrándolo Embajador en Francia o Canciller en Bolivia. Se sentía marginado.

La última vez que estuve con Fernando Laredo fue antes de la pandemia, almorzamos en Cochabamba en casa de Giancarla de Quiroga. Ya se había jubilado de la Unesco años antes, y regresado a su tierra natal. Lo encontré disminuido de salud y solitario como lo conocí siempre. Así, solo, se fue el martes 26 de septiembre de 2023.

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La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte;
y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
—Epicuro de Samos
 

01 noviembre 2023

Si Arce fuera inteligente

(Publicado en Los Tiempos, Público Bo y Brújula Digital el sábado 21 de octubre de 2023)

Luis Arce Catacora y Evo Morales 

Si el presidente Luis Arce Catacora fuera inteligente podría sacarle tarjeta roja a Evo Morales y dejarlo fuera de juego permanentemente, eliminando del camino un gran escollo para sus aspiraciones de reelección. Tiene a su favor el oportunismo y la pleitesía que le rinde el sistema judicial (que no quiere elecciones judiciales), el poder Electoral (acomodaticio y sin ética) y una parte importante de los parlamentarios masistas (que son cada vez menos “evistas”).

Fiscal General Juan Lanchipa, cercano al MAS 

Ya sabemos que en Bolivia es norma que los oportunistas en todos los niveles cambien de bando para apostarle a quien está en el poder y tiene más posibilidades de retenerlo. Entre los ejemplos de esa estirpe de “pasa-pasa” están el bribón Huarachi que se ha aferrado a la cabeza de la COB y Juan Lanchipa Ponce, fiscal general, pero hay decenas de miles más, los anónimos que medran en la administración pública desde los tiempos de Morales e inmemoriales, y que ahora se aferran a sus cargos apostando al caballo ganador, es decir, al que tiene en su favor todo el aparato del Estado, como lo tuvo alguna vez el cacique del Chapare.

A principios de octubre se decidió liberar al dirigente cocalero Freddy Machicado, contra el que pesaban 15 acusaciones, dejando fuera de la cancha a Arnold Alanez muy próximo a Evo Morales. Esa medida fue un mensaje de distanciamiento para el ex “jefazo” cuyo territorio en el trópico de Cochabamba se reduce cada vez más a la zona roja de producción de coca y cocaína.

Luis Fernando Camacho y Jeanine Añez, presos políticos 

Si Arce fuera inteligente, o por lo menos astuto, del mismo modo podría inducir medidas similares que le harían ganar réditos electorales. Por ejemplo, liberar al gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, y también a la expresidenta constitucional Jeanine Añez, ambos condenados por una justicia corrupta que obedece por inercia a Evo Morales.

Al fin y al cabo, ese no es pleito de Arce Catacora: tanto la expresidenta como el gobernador de Santa Cruz están presos por un supuesto "golpe" contra Evo Morales que no tiene ni pies ni cabeza, puesto que todos sabemos que el autoritario Morales violó la Constitución para aferrarse al poder, hizo un fraude electoral y huyó a México (sin que nadie lo persiguiera).

Arce Catacora es presidente gracias a Jeanine Añez. El único pecado de ella fue asumir la presidencia como le correspondía por el cargo que ostentaba en la Asamblea Plurinacional, ya que Morales había ordenado renunciar a los masistas de las directivas para crear un vacío de poder, ingenuamente convencido de que “el pueblo” lo iba a devolver en hombros a la presidencia. Grave error de cálculo, le falló el olfato a pesar de ser narigón.

Por su parte, Camacho sería sólo culpable de un acto histriónico que consistió en meter una carta y una Biblia en el Palacio Quemado, por entonces desierto puesto que el poder se encontraba en el piso 28 del adefesio que hizo construir Morales para reinar desde los cielos.

Cualquiera con dos dedos de frente sabe que ni Camacho ni Añez tienen absolutamente nada que ver con la renuncia pública del autócrata demagogo y mentiroso. Para qué se va a comprar el pleito Arce, si gracias a la expresidenta Añez fue ungido presidente, luego de elecciones limpias, muy diferentes a las que organizó Evo Morales.

Si Arce Catacora fuera inteligente se ganaría unos buenos porotos liberando a todos los dirigentes, funcionarios y ciudadanos presos, perseguidos y exiliados por capricho de Evo Morales, que todavía maneja algunos hilos de la in-Justicia.

Más aún, si Arce fuera inteligente y avispado, podría procesar a Evo Morales y a su pandilla por una cantidad de delitos cometidos en 2019 que no comprometen a Arce y son suficientes como para que Morales pase los próximos años preso.

Pero claro, la pregunta es si Arce es inteligente. Hasta ahora solamente ha demostrado su miedo a responder a cualquier interpelación que le hacen quienes son críticos de su gobierno. Por eso el cacique del Chapare se le adelanta siempre, le da un rodillazo donde duele y lo deja sin la pelota.

Cada domingo su ex patrón le asesta golpes de micrófono a través de su radio privada en el Chapare. Si Arce tuviera media neurona suspendería la subvención de radio Kausachum Coca, desde la cual Evo Morales lanza imprecaciones al gobierno y al propio presidente. Recuerdo el día de la inauguración de esa radio, cuando Evo en persona distribuyó tres flamantes vagonetas todo terreno a dirigentes cocaleros, como propiedad personal. ¿Con qué presupuesto lo hizo?

Si Arce fuera inteligente pero además tuviera cojones, enjuiciaría a Evo Morales y haría que la justicia lo detenga preventivamente antes de que huya a Venezuela o a México. Hay una lista infinita de cargos que podrían aplicarse al enjuiciamiento de Morales por el uso y abuso de bienes del Estado, contratos sin licitación, desvío de fondos públicos (y otros más), a los que se sumarían muchos ciudadanos e instituciones.

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Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz.
—Javier Sicilia
 

28 octubre 2023

El vociferante impostor

(Publicado en Los Tiempos, Brújula Digital y PúblicoBo el sábado 9 de septiembre de 2023)

No es nuevo que los populismos seducen a las masas desorientadas, y tampoco es nuevo que esas mismas masas que persiguen a ciegas a los populistas, resultan luego desencantadas por la corrupción, el autoritarismo y la impostura.

Argentina: Milei 

Esto viene sucediendo desde hace muchos años y nos hace pensar otra vez que los pueblos se merecen los dirigentes que tienen, porque los encumbran y luego lloriquean. Sucedió con Collor de Mello en Brasil, a principios de la década de 1990, y sucedió con Fujimori en Perú en esos mismos años. Lo mismo pasó con Abdalá Bucaram en Ecuador, destituido por incapacidad mental para gobernar.

El repudio por las viejas figuras políticas y la fascinación por cualquier rostro nuevo con un discurso demagógico es parte de la tradición en América Latina. Es la misma actitud de los que se adscriben a las capillas de los predicadores evangélicos en busca de desahogo y salvación.

En Bolivia, una figura “nueva” encandiló a principios de este siglo a las grandes mayorías y también a intelectuales tan incautos como oportunistas que eligieron a Evo Morales a la presidencia durante varios periodos, con las consecuencias que estamos viviendo ahora y que padecerán futuras generaciones en un país devastado, endeudado y convertido en escombros no solamente en su economía sino en su moral y ética. En cambio, un “viejo” conocido, como Paz Estenssoro, pudo sacarnos del pozo de la hiperinflación, con racionalidad y coraje.

Los prestidigitadores de la palabra siguen ganando adeptos como las iglesias evangélicas. En El Salvador, Nayib Bukele se posicionó apoyado por nostálgicos de las dictaduras militares.

Con su aspecto juvenil y deportivo, Bukele seduce mientras cambia las leyes para atornillarse en el poder y para montar un gigantesco aparato represivo que no solamente sirve para controlar a las temibles maras, sino a la oposición política.


Con excepción de Lula (Brasil) y Mujica (Uruguay), los líderes del llamado “Socialismo del Siglo XXI” fueron figuras que salieron de la nada para convertirse en la esperanza de sus pueblos, a los que traicionaron con discursos diametralmente opuestos a lo que hicieron en la práctica. 

Nicaragua: Ortega y Murillo

El carisma de Chávez y la corrupción que instauró hizo de Venezuela el país de cuatro millones de expatriados que conocemos ahora. 

La traición de Daniel Ortega (y su caricatural bruja) a los principios del sandinismo, convirtió a Nicaragua en una dictadura bananera donde una sola familia controla todo el aparato del Estado. Comparativamente, Somoza queda en la historia como un aprendiz torpe.

Bolivia: Morales 

Rafael Correa y Evo Morales, también figuras seductoras de incautos y oportunistas, llevaron el discurso del “buen vivir” a su nivel más degenerado: la entrega de concesiones mineras y petroleras a empresas depredadoras del medio ambiente, y a avasalladores que calcinaron millones de hectáreas de bosques para beneficio de especuladores de tierra y agroindustriales sin conciencia. La “Pachamama” (tan cacareada) sufrió como nunca antes en la historia, las consecuencias de políticas extractivistas salvajes. Los rostros “nuevos” han sido sistemáticamente los más peligrosos porque se revelaron en el poder como la imagen invertida del espejo, lo opuesto a lo que habían ofrecido: depredadores, corruptos y autoritarios con afanes de apropiarse indefinidamente del poder. Una suerte de Dr. Jekyll y Mister Hyde.

Y ahora aparece Javier Milei en Argentina, un energúmeno desaforado que parece enojado con la vida y con el mundo mientras vocifera palabrotas y distribuye injurias con ventilador, a unos y a otros: ni el papa Francisco se libra.  

Lo peor es que Milei se reclama libertario… lo cual es un insulto para todos los anarquistas y libertarios del mundo, cuya filosofía del poder es diametralmente opuesta a la de este impostor. Mi querido Liber Forti debe estar revolviéndose en su tumba, de rabia o de risa, frente a ese esperpento de político que tiene posibilidades de convertirse en presidente de Argentina, un gran país con pésima suerte en sus gobiernos.

Queda claro que los culpables del crecimiento exponencial de Milei y de su discurso de odio son los Kirchner, cuya mala gestión y corrupción galopante llevó a Argentina a la situación económica y social en que se encuentra ahora. Milei no existiría sin las barbaridades que cometió Cristina y su pálido sucesor. Entonces se confirma lo que decíamos antes: cada pueblo se merece los dirigentes que elige. Argentina se irá al bombo con su gran ego.

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Muchos han comerciado con ilusiones y falsos milagros, engañando a la estúpida multitud.
—Leonardo da Vinci
 

20 octubre 2023

Canciller cantinflesco

(Publicado en Brújula Digital y Público Bo el sábado 2 de septiembre de 2023)

Si no fuera una figura patética, podríamos reír de las burradas del canciller Rogelio Mayta, tan improvisado en su cargo como un malabarista tratando de diseñar un cohete espacial: lo que no da la experiencia y el conocimiento, no puede darlo esa facha cantinflesca con la que representa a Bolivia lo mismo frente al Papa Francisco que al canciller ruso Lavrov.     

Conocí a personalmente Cantinflas, es decir, a Mario Moreno, el actor mexicano, y era un señor que se tomaba las cosas con extrema seriedad. En la pantalla de cine nos hacía reír a mandíbula batiente con sus ocurrencias, pero en la fundación que creó y en sus negocios, no estaba para bromas. En cambio, Mayta parece estar haciendo chistes todo el tiempo, como aquel embajador boliviano con pésimo sentido del humor, que a su homólogo ruso le dijo en una recepción diplomática: “Nosotros también tenemos nuestro Putín” (refiriéndose obviamente a Evo Morales).

De ese nivel es el jefe de la política exterior de Bolivia, impulsor o servil ejecutor de una política internacional errática y desacertada que le causa mucho más daño a Bolivia del que parece. Sus principales aliados, perversos dictadores de alta y de poca monta (Rusia, China, Venezuela, Nicaragua, Irán…) han llevado a Bolivia al basurero de los bloques internacionales, allí donde van a parar las plumas de las gallinas cluecas.      

Igual que a Cantinflas, el gran personaje del cine mexicano, el pantalón le queda a Mayta ancho y se le cae cuando camina. Parece que lo hiciera a propósito para hacernos quedar mal a todos. Lo incomprensible es que haya trascendido que aspira a un puesto en el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina (CAN), para salir de Bolivia por la puerta de atrás luego de todas las torpezas cometidas. De pronto, salió del área gris en la que estuvo, para mostrar aspiraciones que están muy por encima de su nivel intelectual.

Quizás la más reciente metida de pata de Mayta tiene que ver con la pretensión absurda de que Bolivia sea aceptada en el exclusivo club de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). ¿Cómo se le ocurrió a Mayta -o su jefe- que Bolivia podía ser parte de ese grupo de países? Quizás lo único que quería era viajar a Johannesburgo, ya que se la ha pasado viajando a todas partes a costa de nuestros impuestos, sin haber hecho ni una sola gestión exitosa en ninguna parte. Al final de la cumbre de los BRICS en Sudáfrica los seis nuevos países aceptados fueron Irán, Arabia Saudita, Egipto, Etiopía, los Emiratos Árabes Unidos y Argentina.    

El nuevo bloque representa el 46% de la población mundial, el 29% del producto interior bruto mundial en términos nominales y el 37% del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo. Combinados, los seis nuevos miembros representarán aproximadamente el 10% del PIB agregado del grupo, ya que Arabia Saudí es la única economía de un billón de dólares entre los nuevos miembros. Los nuevos BRICS seguirán dominados por China e India, tanto en términos de población como económicos.

Todos ellos cuentan con una economía más fuerte (de lejos) que la boliviana, aunque en nuestro país nos han acostumbrado a creer en lo que “podríamos” ser, pero no en lo que realmente somos. Es decir: “tenemos un mar de gas” o “seremos la potencia mundial del litio”, aunque luego nada de eso trasciende más allá de la propaganda gubernamental y el discurso electoral.     

Bolivia no cuenta, porque su gobierno es de pacotilla y su canciller un mal imitador de Cantinflas. Mayta muestra ignorancia sobre relaciones internacionales. Se adivina detrás la sombra de Choquehuanca, el verdadero titiritero, igualmente ignorante. No deben sorprendernos los nombramientos de representantes diplomáticos y consulares del gobierno masista, porque son el reflejo de una Cancillería deplorable. Ahora que Mayta aspira a colocarse en un organismo regional, todos sus acólitos dentro del ministerio de Relaciones Exteriores ya están colocándose en puestos fuera del país, en premio por su incapacidad.    

La Cancillería de Bolivia merece algo mejor que Mayta y los improvisados del MAS que lo antecedieron en gobiernos de Evo Morales. Pero claro, el problema es que el MAS ya no tiene a nadie, que tenga el nivel mínimo para hacer gestión en el ámbito de las relaciones internacionales. Para los que piensen que Mayta fue lo más abajo que se pudo llegar, no se olviden que el gobierno siempre tiene un carta peor preparada en la manga.

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Ya no queda lugar para brujos ni para chamanes. A no ser la política.
—Mario Bunge
 

15 octubre 2023

Ciudades amables

(Publicado en Brújula Digital y Público Bo el sábado 26 de agosto de 2023)

Diseño de ©Cinta Vidal

 La acumulación oprobiosa de nuestro retraso histórico se mide no solo en un reloj que gira al revés en el mero centro del poder político de Bolivia, en la torre del edificio del Congreso, sino en la vida cotidiana de cada uno de los ciudadanos.   

 Salimos a la calle y nos topamos con un tráfico infernal en horas punta, a veces causado por autos estacionados en los lugares más inconvenientes, y nunca sancionados porque no hay policía a la vista. En La Paz caminamos una ciudad construida sobre más de 300 ríos y riachuelos malolientes, contaminados por basura en descomposición, aunque sus aguas nacieron prístinas a pocos kilómetros en las montañas nevadas. Nuestros pies tropiezan peligrosamente al recorrer aceras rotas, levantadas, llenas de agujeros, o desniveladas porque cada vecino hace su acera como le da la gana, sin regulación del municipio. Levantamos la vista y el paisaje urbano aparece saturado de marañas de cables que cuelgan de los postes sin ninguna racionalidad, y anuncios publicitarios colorinches desde el suelo hacia arriba: cualquier tienducha coloca un letrero tan grande como la fachada misma, lo que en ciudades civilizadas está prohibido.

 Aquellos que se llenan la boca con “La Paz ciudad maravilla” (título de pacotilla otorgado a cambio de dinero por Bernard Weber, bribón aventurero, y no por una institución seria), no conocen lo que es una ciudad amable, que no necesita ser “maravillosa” de mentiritas para ser un espacio agradable y amigable para vivir el día a día, una ciudad limpia, caminable, con transporte seguro, con un paisaje urbano que alegra los sentidos en lugar de deprimirlos.

 Pienso en esos grandes edificios con bosques integrados, como el Bosco Verticale de Stefano Boeri en Milan (Italia), las torres de Nanjing y el Mountain Forest Hotel en Guizhou (China) del mismo arquitecto, o el Tree Mountain de Shangai (con 300.000 metros cuadrados de árboles), entre otros que armonizan la vegetación entrelazada con la arquitectura.  En los últimos años, y particularmente a partir de la pandemia, se ha visto que grandes ciudades inteligentes están retirando el cemento para ampliar las aceras darle espacio a la naturaleza.

 

En los techos de Nueva York, donde antes solamente destacaba el clásico tanque de madera para agua, ahora crecen jardines. Lo mismo sucede en ciudades de Canadá o de Australia. No se trata de elementos meramente decorativos, pues se ha comprobado que los jardines urbanos capturan y limpian el dióxido de carbono del aire, su humedad permite mantener temperaturas constantes, ahorrar agua y favorecer el desarrollo de especies urbanas de aves e insectos. En París, las antiguas vías de tren de la estación de Bastille, donde hoy se alza la moderna Opera de la Bastille, han sido convertidas desde 1993 en un hermoso jardín elevado de 4.7 km de longitud, con una generosa variedad de plantas. Algo similar se hizo en el High Line de la ciudad de Nueva York, con 2.33 km de largo. En Viena se conoce como “urbanismo feminista” porque fue de la mano de varias alcaldesas que se transformó en una ciudad verde y peatonal.

 El coronavirus dio impulso a la Nueva Área de Xiong’an (China) hasta el límite tecnológico de la autosuficiencia. La ciudad abrió un concurso público (que ganó el arquitecto español Vicente Guallart) con estas condiciones: 1. Edificios construidos con madera y otros materiales locales. 2. Que produzcan su propia energía y alimentos. 3. Que permitan la auto-fabricación de componentes.

 Son muchas las ciudades donde autopistas o viejas vías ferroviarias han sido convertidas en jardines y paseos para ciclistas y peatones. Mientras en Bolivia la enfermedad del cemento endurece el cerebro de los alcaldes, en ciudades inteligentes (con alcaldes inteligentes) se privilegia los pulmones verdes y los espacios de convivencia ciudadana.

 Uno de los ejemplos más hermosos de recuperación de espacios para la naturaleza y los ciudadanos es lo que se ha logrado en el viejo cauce del rio Turia, en Valencia (España), que alberga bosques, complejos para deportes y desde 1998 la asombrosa Ciudad de las Artes y las Ciencias que diseñó el arquitecto Santiago Calatrava. Esa experiencia merece un artículo aparte. 

 Bogotá suma cada año más ciclovías permanentes y exclusivas (127 kilómetros en 2020), además de que cada domingo cierra sus principales avenidas para que los ciudadanos puedan sentir que la ciudad es también un parque público. Cada vez hay más ciudades civilizadas que priorizan los recorridos peatonales, desarrollando obras de infraestructura importantes para que los ciudadanos puedan transportarse de manera más amigable. Los puentes exclusivos para peatones y ciclistas se multiplican sobre los ríos y en avenidas arboladas, para que sea más agradable recorrer la ciudad en bicicleta. Se cierran definitivamente las calles a los vehículos para hacerlas peatonales, y se eliminan los estacionamientos callejeros para plantar árboles en las avenidas. En La Paz se trató de hacer lo mismo en tres cuadras de la calle Comercio, hoy convertidas en un mercado deplorable.

 El ejemplo que todos conocemos porque lleva muchos años de desarrollo ejemplar, es Amsterdam, donde el peatón manda y las bicicletas son el principal medio de transporte, a tal punto que hay más bicicletas que habitantes en la ciudad, y uno puede usar bicicletas puestas gratuitamente a disposición de los visitantes. Las calles y los puentes están llenos de bicicletas sin cadenas, porque a nadie se le ocurriría robárselas. Los autos son raros en el centro de la ciudad, y están permitidos solamente en algunas zonas y calles donde viven sus propietarios y a donde acceden con controles especiales. A ningún ciudadano se le ocurriría quejarse de que no dejen circular a su auto. En Bolivia hay enfermos del volante que se quejan hasta del Día del Peatón que se realiza un solo día cada año.

 Las ciudades más civilizadas recuperan el espacio público para los ciudadanos, las más salvajes siguen vaciando pavimento y ampliando las vías para los automóviles.

 Curitiba fue en 1980 la ciudad pionera de la Rede Integrada de Transporte (RIT), que consiste en carriles de circulación exclusivos para autobuses. Le siguió Quito con el Trolebús en 1995, y el año 2000 hizo lo propio Bogotá con el Transmilenio, que hoy cubre 114 km con 12 líneas troncales y cerca de 700 km incluyendo las rutas alimentadoras. Cuando la Ciudad de México instaló la primera línea de Metrobús en la avenida Insurgentes, se quejaron tanto los sindicatos de transportistas como los particulares, porque les estaban “quitando un carril”. Hoy la avenida es uno de los lugares más agradables de la ciudad y ha quedado atrás la contaminación que causaban los escapes de los “peseros”. Algo parecido sucedió en Guatemala, Lima y Santiago, pero al final se impuso el bien común. Solo en Bolivia los alcaldes se someten al chantaje de las mafias de minibuseros abusivos que promueven el caos vehicular. 

 Un buen transporte urbano, limpio y seguro, con paradas fijas y horarios exactos, califica a las ciudades más amables, al igual que la extensión de sus parques y de sus ciclovías. Con menos automóviles los ciudadanos entienden que es mucho mejor tomar un autobús o usar una bicicleta, en lugar de un vehículo que satura el espacio público y envenena el aire.

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Ninguna ciudad debería ser tan grande
que no se pudiera salir de ella a pie en una mañana.
—Cyril Connolly