11 julio 2018

Gato encerrado

Salazar, dibujado por Pérez Alcalá
 Este Gato no es pardo, se lo distingue claramente incluso de noche.  Tampoco es negro, de modo que quienes se cruzan con él no sufren ninguna calamidad, más bien les trae buena suerte, como a mí. Este Gato es Juan Carlos Salazar del Barrio, periodista. 

Hay muchos refranes populares y anónimos que hacen alusión a los gatos: “como gato panza arriba”, “siete vidas tiene un gato”, “gato maullador no es buen cazador”, “con los curas y los gatos, pocos tratos”, “buscarle cinco patas al gato”, “gato con guantes no caza ratones”, “cuando el gato está ausente los ratones se divierten”, “cara de beato y uñas de gato”, “la curiosidad mató al gato”, “dar gato por liebre”… y muchos más, pero yo he optado para el título de este texto: “Aquí hay gato encerrado”.  


Semejanzas
En Semejanzas hay Gato encerrado en cada página, pero como los gatos son sigilosos no se deja ver fácilmente. Entre las 42 semblanzas en este libro, la del propio autor atraviesa las demás. Porque lo maravilloso de los retratos es que el retratista se mira en los personajes y no todos los lectores se dan cuenta de ello. Se retrata en los valores, en las aventuras, en las complicidades y en los sueños de los retratados. Por eso es que en lugar de semblanzas, le queda muy bien al libro el título “Semejanzas”. 

Alguna semejanza hay también entre el Gato Salazar y yo, puesto que me invitó a presentar su libro. Estas semejanzas datan de varias décadas, dos exilios y numerosos desayunos en algún café de Ciudad de México (en el Café Habana, donde muchos años antes se reunía Fidel Castro con los que se irían en el Granma a Cuba), o en años recientes en San Miguel en un café con nombre de especia. 


Rafael Loayza, Juan Carlos Salazar, José Antonio Quiroga, Alfonso Gumucio
 El exilio suele unir y consolidar amistades solidarias entre los que tienen buena calidad de argamasa. Al Gato le debo mi primer trabajo en el diario Excélsior cuando llegué becado por el general García Meza con una mano atrás y otra adelante. Esos meses que pasé en la sección internacional dicen más de su solidaridad que de mis desvelos.  

Así fue siempre, porque cuando regresé a México luego de un año de trabajo en la Nicaragua sandinista, me ofreció escribir reportajes sobre cine para el servicio especial de la DPA (la Agencia Alemana de Prensa), y eso me permitió no solamente ganar unos pesos sino conocer a personajes tan emblemáticos como el Indio Fernández, Gabriel Figueroa, Irene Papas, Alberto Isaac, Rui Guerra o Cantinflas, a quien fuimos a entrevistar juntos. Entonces, así se va tejiendo eso que se llama complicidad, ingrediente indispensable de toda amistad. Y por esa complicidad es que varias de las semejanzas retratadas en este libro resuenan en mi memoria como fragmentos que recorrimos juntos.


Enrique Arnal
Puesto que  “gato con guantes no caza ratones” el autor escarba la vida de sus retratados con generosidad, es decir sin maltratarlos pero yendo más allá de la contemplación pasiva para escudriñar los pequeños rasgos que definen una personalidad, tal como los dibujos que solía hacer Pérez Alcalá de sus amigos –entre ellos el propio Gato. El autor dibuja como si tuviera en la mano un carboncillo. Esa cualidad de descifrar a los personajes hace la diferencia entre el retrato neutro de una enciclopedia y un relato vivido: la diferencia está en el testimonio, en la crónica personal y en la cercanía con la que se entrega un efusivo abrazo a un amigo (sin robarle la cartera, pero quizás un pedazo de su alma). 

En Semejanzas no están todos los que son, ni son todos los que están (y alguno sobra a mi criterio) pero así son los libros de tipo antológico, porque no se puede poner todo en un libro como no se puede incluir todo en un cuadro o en una película. El Gato ha conocido de cerca a muchos otros personajes. El riesgo de algunos de estos esbozos o apariencias (Quico Arnal, por ejemplo) es que quien no haya conocido a los personajes retratados puede quedarse con sabor a poco, pero quienes los hemos conocido, disfrutamos con esa mirada de microscopio que completaría la más sesuda biografía. 


Liber Forti
Otros textos, más extensos, introducen a los personajes de cuerpo entero ante cualquier lector, como sucede con los relatos entrañables sobre Amalia Decker, Pepe Ballón, Goyo Selser, Liber Forti, el “Tata” Gramunt, el “Chingo” Baldivia, Filippo Escóbar o el “Chino” Sánchez, entre otros, donde el vínculo personal con ellos es fundamental para enriquecer la crónica y hacerla única, es decir, diferente a la que cualquier otro periodista podría cocinar con base en información ya publicada. 

Finalmente están los retratos menos cercanos (pero no menos interesantes) de personajes que el autor no ha frecuentado mucho, por lo que no es fácil capturarlos en su vida cotidiana. Es el caso de Luis Ramiro Beltrán, Domitila de Chungara, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Vargas Llosa, Juan Pablo II y algún otro personaje fotografiado con teleobjetivo sin que ello disminuya la acuciosidad de las observaciones, sobre todo para revelar los vínculos con Bolivia en el caso de los que no son bolivianos pero tuvieron algo que ver con nuestro país. 


En la Feria Internacional del Libro de La Paz, 2017
Aunque estos son simples esbozos de apariencias, como señala el autor en su introducción, uno echa de menos las referencias al pie de página de aquellas frases o párrafos entrecomillados, pues no siempre se entiende si provienen de una entrevista o conversación sostenida con el autor de la crónica, o de otra fuente que merecería el crédito respectivo. 

Mención aparte merece un texto que me ha conmovido, donde el personaje se impone con fuerza: José María Bakovic, una de las víctimas de la judicialización de la política, sobre quien Juan Carlos Salazar escribe un texto inspirado y dolido. 

“Nada de lo humano me es ajeno” escribió Publio Terencio Africano (el esclavo liberado) casi 200 años antes de nuestra era cristiana. La frase le viene bien a este libro que no aborda la comedia humana sino, casi siempre, la ternura, el respeto y la amistad, que quizás son al fin de cuentas, parte de lo mismo: la semejanza entre los que comparten los mismos valores humanos. 

(Este es el texto de la presentación del libro que tuvo lugar en la Universidad Católica Boliviana San Pablo el jueves 7 de junio 2018, posteriormente publicado en Página Siete el domingo 10 de junio 2018) 
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El destello imprime en la retina del observador la aureola que rodea a la silueta,
pero oculta las sombras que la circundan.
—Juan Carlos Salazar

05 julio 2018

Marques de Melo

 Los investigadores de la comunicación y los académicos en general no son personajes muy conocidos ni reconocidos, aunque sus aportes sean importantes y su obra se extienda a lo largo de décadas y de miles de páginas. Los que más han aportado suelen ser los más sencillos y modestos pues no hacen gala de su sabiduría ni pretenden inflar el pecho como hacen ahora con tanta facilidad políticos salidos de la nada, rápidamente enganchados en el carro del oportunismo. 


Homenaje a Marques de Melo en ALAIC, octubre 2008
Entre los maestros de la investigación en comunicación que he tenido la fortuna y el privilegio de frecuentar, los más sencillos y generosos han sido los más valiosos por sus contribuciones a la reflexión y a los estudios especializados. Mario Kaplún, Juan Díaz Bordenave, Luis Ramiro Beltrán y José Marques de Melo están entre los que me han nutrido no solamente con sus ideas sino con su ejemplo. Los cuatro fallecieron en ese orden: Mario en 1998, Juan en 2012, Luis Ramiro en 2015 y José hace apenas diez días, el 20 de junio. 

Los cuatro pioneros de la comunicación latinoamericana eran amigos y supieron tejer a lo largo de sus vidas–más allá de las costuras impuestas de las fronteras, una trama de relaciones humanas que unió a Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, sus países de origen, aunque todos ellos eran de vocación latinoamericana y mundial, y creían en la comunicación como un puente de diálogo intercultural sin fronteras. 


Marques de Melo, Cicilia Peruzzo y Alfonso Gumucio
en Sao Paulo, marzo 2010 
Pude compartir momentos invalorables con Mario en Montevideo, Guanajuato y México; con Juan en Asunción, La Paz y Maputo; con Luis Ramiro en La Habana, Santa Fé y Bellagio, con José en Sao Paulo, México y Bogotá, para no citar sino algunas de las ciudades donde solíamos coincidir en congresos de comunicación, en reuniones a puerta cerrada o visitas amistosas. 

Más allá de los intercambios académicos, a través de los años se van forjando amistades y quizás la mejor prueba de ello es que hay un momento en que uno deja de discurrir sobre el oficio de la comunicación, y comienza a hablar de la vida en torno a una sopa de bolas con Juanito en su casa en Asunción, de una copa de limoncello con Luis Ramiro a orillas del Lago Como, de unos tacos de alambre con Mario a los pies del Pípila, o de una charla de sobremesa con José en casa de Cici Peruzzo en Sao Paulo. 

Quería referirme a José Marques de Melo, fallecido en Sao Paulo, Brasil, a los 75 años de edad, y la memoria me va llevando a la generación de pioneros latinoamericanos de la comunicación y a hablar de ellos como un grupo que compartía valores similares y un sentido de compromiso con la realidad de la región, sin falsa politización ni discursos grandilocuentes. Es casi imposible separar a estos grandes maestros, como es difícil separarme de sus enseñanzas y de las generosas palabras que alguna vez le dedicaron a mi trabajo de investigación, textos que mantengo aún inéditos. 


No es necesario convivir día a día con una persona para conocerla mejor. Muchas amistades se forjan a través de encuentros episódicos que se prolongan en correspondencia, llamadas por teléfono, mensajes electrónicos y todo lo que la tecnología de hoy nos brinda como posibilidad. He transitado por todos esos medios en el desarrollo de mi amistad con los amigos mencionados. 

Cuando uno escribe sobre una persona que ha conocido y de la que ha recibido alguna enseñanza, no es indispensable referirse a su obra a menos que se trate de analizarla en profundidad desde una perspectiva académica inédita. 


Ciertamente, podría escribir varias páginas para detallar que el profesor José Marques de Melo fue uno de los investigadores más importantes de la comunicación en América Latina, autor de medio centenar de libros seminales e innumerables artículos. Que fue fundador de INTERCOM, uno de los impulsores de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) y de tantas otras iniciativas donde su motivación principal fue tender puentes más allá de las fronteras geográficas y lingüísticas. Que fue el primer catedrático de periodismo en Brasil. Que formó a varias generaciones de nuevos comunicadores. Que ocupó puestos de dirección en varias universidades y asociaciones profesionales. Que fue titular de la Cátedra Unesco… 

Eso y mucho más que no me parece necesario repetir aquí porque cualquiera que tenga interés en conocer más al personaje, puede encontrar los datos navegando internet. La información es abundante y accesible a todos, de ahí que a veces se hace aburrida y repetitiva, tanto más cuando carece de análisis. Por ello, es más interesante la crónica y el testimonio, aquello que solo se puede contar desde una perspectiva personal. 

(Publicado en Página Siete el sábado 30 de junio 2018)
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La ciencia se compone de errores,
que a su vez son los pasos hacia la verdad.
Jules Verne


30 junio 2018

Flaco Tournier, imagen por imagen

Walter Tournier
 El “Flaco” Walter Tournier es una leyenda del cine de animación de América Latina.  Tanto, que el cineasta uruguayo parece uno de los personajes que anima, con su gran sonrisa, sus ojos saltones y su estatura que trata de disimular como si estuviera a punto de pasar un umbral más bajo. Y en realidad es porque el Flaco es grande pero humilde, y no quiere hacerle sombra a nadie ni necesita hacerlo porque su obra se proyecta por sí misma como una de las más sorprendentes en el cine de animación, no solamente de nuestra región. 

No basta ver su largometraje Selkirk (2012) para darse cuenta de la maestría de Walter Tournier para llevar adelante un proyecto tan ambicioso con medios muy limitados. Para el espectador común, 30 segundos de proyección no significan más que eso, medio minuto de tiempo que transcurre en la pantalla, pero para quien hace animación como el Flaco Tournier, usando la técnica de stop-motion, imagen por imagen, esos 30 segundos significan días o semanas de trabajo. 
Tournier y Fontan en uno de los sets

Me consta. Tuve la suerte de ver trabajar a Walter Tournier junto a su equipo en un extenso taller en la calle La Paz (casualmente, el nombre de nuestra ciudad) en Montevideo, durante el proceso de producción de Selkirk, también conocida como “la verdadera historia de Robinson Crusoe”, y lo que  vi fue un equipo de treinta personas completamente articulado en torno a Tournier (valga la sonora redundancia) y entusiasta al extremo de olvidarse del tiempo que transcurre cuando se hace un trabajo de esta naturaleza. El único espacio de descanso era el almuerzo, que compartí con ellos mientras quedaban por un momento estáticas las figuras de los personajes, distribuidas en varias mesas en cuatro espacios divididos por cortinas negras para poder trabajar simultáneamente y filmar con varias cámaras. A veces esos espacios se unían en un enorme set, como para las escenas del barco. 
Personajes de Selkirk

Todo el proceso de producción  posproducción involucró a 120 personas, pues había otra gente en Chile, Argentina y Uruguay realizando otras tareas. Tardaron 2 años y 4 meses en realizar Selkirk pero antes, ocho años en conseguir el financiamiento. 

La película rescata a un personaje histórico importante, un pirata escocés “rebelde y egoísta” que surca los mares del sur en un galeón inglés, en busca de un tesoro. Como en muchas aventuras, no interesa tanto el llegar al destino como el viaje mismo. En este viaje Selkirk se enemista con la tripulación del galeón y acaba abandonado en una isla desierta. 
En Montevideo, 1988 

El cine de animación ha cambiado mucho en años recientes debido al perfeccionamiento de las normas digitales. Ahora se puede hacer “lo que uno quiera” con los programas de digitalización, de modo que la técnica del stop-motion es como el símbolo de la pureza original del cine de animación donde todo se hace a mano. 

Tournier empezó su tesonero trabajo en 1974 con tijeras, papel y lápices de colores: “La primer película que hice fue en papel recortado, luego de varios años hice otra en plastilina, ambas en stop motion. En esa época no existía ni lo digital ni el video, todo era en cine, única opción de transmitir en animación, ideas y conceptos. Se sumó a ello mis habilidades y conocimiento del trabajo en metal, que me permitió construir los esqueletos necesarios para el stop motion.” 
Chatarra

En animación la técnica es la más difícil, pero al mismo tiempo la más cercana a la realidad. Dar vida  a personajes con piel de silicona y esqueleto de metal (por no decir personajes “de carne y hueso”), que miden 20 o 25 centímetros de altura es un desafío más cercano al arte que al truco. 

En fotografía es la diferencia entre una foto natural, directa y testimonial, y otra que haya pasado por veinte manipulaciones de Photoshop para embellecerla o dramatizarla artificialmente. 

Lo real es importante incluso en una historia como la de Selkirk: “Me interesa y motiva lo real, la existencia del producto en vivo, el espacio y su entorno. Cuando animo un personaje en su entorno, estoy fotografiando la realidad, algo que existe y cobra vida. Me cautiva más lo real que lo virtual. Me siento de este mundo no del ciberespacio.
Selkirk, maqueta 

"Cada personaje de Selkirk (y de otras películas que ha realizado Tournier a lo largo de cinco décadas) está hecho a mano, pero su técnica ha evolucionado con arte y ciencia al mismo tiempo. Ya no utiliza las figuras de plastilina donde los movimientos se veían algo torpes. En Selkirk y en producciones más recientes construye figuras con cuerpos articulados mediante complejos mecanismos interiores, y recubiertos de trajes y máscaras de silicona hechas en molde, decenas de ellas para expresar diferentes emociones. 

Todo lo anterior viene a cuento para recibir esta semana en Bolivia a Walter Tournier, y que la gente que no lo conoce sepa que tendremos una semana entre nosotros a uno de los directores de animación más experimentados y creativos del mundo. 
Jorge Sanjinés, Walter Tournier y Alfonso Gumucio Dagron 

El Flaco Tournier tiene una larga relación con los cineastas bolivianos. Me une a él una amistad de más de cuatro décadas, con encuentros esporádicos en su casa de Montevideo o en La Habana y en otros eventos de cine. 

En estos días me decía en un mensaje anunciando su llegada: “Tengo un enorme cariño por Bolivia y su gente. Mi primer contacto fue en 1967 en el festival Latinoamericano de Viña del Mar cuando yo, estudiante, escuché con una modestia enorme a Oscar Soria presentar, si mal no recuerdo, a Ukamau. Una ovación de pie siguió  a la película y a partir de ahí fui un admirador y defensor del cine boliviano. La vida me llevó a conocer años después a los integrantes del grupo Ukamau con quienes entablé una enorme amistad. Mi estadía en Perú hizo que se aumentara la lista de entrañables amigos bolivianos. ¿Cómo puedo sentirme al poder reencontrarme con tan queridos amigos luego de tantos años?. Feliz y agradecido de la vida que me permite disfrutar estos momentos y poder abrazar a gente tan entrañable.” 
Alto el juego

Luego de Selkirk, Tournier ha dirigido  Chatarra un corto sobre el futuro apocalíptico de la humanidad “pero sin perder la esperanza”. También realizó  Alto el Juego otro cortometraje de animación que a partir de los miles de niños que murieron en la guerra de Siria, busca sensibilizar sobre el uso de los juguetes bélicos y las absurdas guerras que existen. La sensibilidad social del cineasta está por encima de otros proyectos comerciales que podrían brindarle más satisfacciones comerciales, pero menos tranquilidad de conciencia. 

“Ahora –me cuenta- estamos trabajando en otro largometraje cuyo título provisional es Pueblo chico, (aclaro, título provisorio para que no se sienta molesto el querido Antonio Eguino) y buscando los fondos necesarios para la producción, la etapa mas compleja de lograr.” (Publicado en Página Siete el domingo 24 de junio 2018)
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Usas un espejo de cristal para ver tu cara;
usas obras de arte para ver tu alma.
—George Bernard Shaw

 

25 junio 2018

Duele Nicaragua

Es una película que nunca llega al final y las escenas más escabrosas se repiten una y otra vez sin que uno pueda dejar de verlas, como la tortura visual a la que es sometido el personaje de Malcolm McDowell en “La naranja mecánica”.  Así veo ahora las imágenes de Nicaragua, y duele. 


Barricada de jóvenes en la ciudad de León
Es un dolor particular porque tuve la fortuna de vivir el inicio de la Revolución Sandinista a principios de 1980, a pocos meses del derrocamiento y la huida precipitada de Somoza a Paraguay. Estuve en la plaza el día que se lanzó la Campaña de Alfabetización. Eran otros tiempos: la dirección colegiada del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) era entonces un ejemplo de juventud, entereza, honestidad y compromiso para devolverle al país la dignidad que el dictador le había arrebatado. 

Somoza y su familia eran dueños de medios de información y de empresas, controlaban con mano férrea al aparato militar que tuvo que ser desmontado al triunfar la Revolución Sandinista. La década de 1980 fue muy dura debido al bloqueo y a la agresión del gobierno de Estados Unidos que no solamente se negó a comerciar con Nicaragua, sino que convirtió a Honduras en una suerte de portaviones listo para atacar, y alentó con dinero y armas la formación de los tristemente célebres “contras”, mercenarios nicaragüenses que organizaron una contraguerrilla que enlutó una por una a todas las familias nicaragüenses. 


Con el Comandante "Modesto" y Jaime Balcázar, en 1980
Con el apoyo de Jaime Balcázar que estaba en Managua como Representante de las Naciones Unidas, me tocó colaborar como consultor de Henry Ruiz, Ministro de Planificación, mejor conocido como “Modesto”, uno de los nueve Comandantes de la Revolución que compartían la dirección colegiada del FSLN, representando a las tres tendencias que habían luchado durante la guerra de guerrillas contra Somoza: tres de la GPP (Guerra Popular Prolongada), tres de la corriente Proletaria y tres de la tendencia Tercerista. 

A pesar de las dificultades, era una época de entusiasmo. Todos daban lo mejor de sí mismos para sostener el proceso revolucionario que todavía no mostraba las ambiciones personales de Daniel Ortega. La comunidad de bolivianos era pequeña, pero se hacía notar sobre todo en las artes: Luis Ramírez (arquitecto), Marisol Barragán (cineasta), Antonio Peredo (periodista), Álvaro Montenegro (músico), entre otros. 


Inauguración oficial del Taller de Cine Super 8 de la Central Sandinista de Trabajadores (CST)
en presencia del Ministro de Planificación, Comandante "Modesto", Jaime Balcázar del PNUD y otros invitados 
Mi trabajo era en la Central Sandinista de Trabajadores (CST) donde creamos el Taller de Cine Súper 8. Lo menciono por un hecho específico: mostré a mis estudiantes fotos de las milicias del MNR en 1952 y ellos encontraron un paralelo con lo que sucedía en ese momento en Nicaragua: un pueblo en armas.  Sin embargo, les dije, no se hagan ilusiones porque estos procesos no son eternos, si uno se descuida, se desvían. No me creyeron, estaban muy seguros de que su revolución sería para siempre. 


Daniel Ortega Saavedra, aferrado al poder 
Rosario Murillo, la "Chayo"
No lo fue, claro. La ambición de poder fue encumbrando cada vez más a Daniel Ortega y separándolo de otros Comandantes de la Revolución (los nueve), de los pocos que no participaron en “la piñata” y que se alejaron de los autoritarios hermanos Ortega. Modesto fue de esos pocos, al igual que el Comandante Luis Carrión, hoy acérrimos opositores. También entre los Comandantes Guerrilleros (cerca de 50), hubo disidencias importantes como Doris Tijerino, Dora María Téllez, Mónica Baltodano, y otros. 

Ungido nuevamente como presidente en 2007, Ortega pactó con la extrema derecha de Arnoldo Alemán, con la iglesia reaccionaria de Monseñor Obando y Bravo y con los “contras”, incrustados en la Policía Nacional que ahora reprime a los estudiantes. 


La iglesia progresista de Nicaragua junto a la ciudadanía y familiares de las víctimas 

En dos meses hay 164 personas asesinadas y muchas más torturadas, presas o desaparecidas. Daniel Ortega ha dejado atrás todos los ideales del sandinismo. Sólo queda un discurso de impostura para aferrarse al poder con su mujer, Rosario Murillo, en el cargo de vice-presidenta, y sus hijos dueños de los principales canales de televisión y un sinnúmero de empresas. Ni Somoza se había atrevido a tanto. 


Sandor Dolmus, asesinado
El jueves 14 de junio fue un día clave para Nicaragua: todos los sectores sociales contrarios a la dictadura de Ortega-Murillo se unieron en un paro nacional que paralizó al país por completo: estudiantes, empresarios, transportistas, entidades religiosas y de derechos humanos, y todos los que consideran que es hora de que Daniel Ortega y Rosario Murillo se vayan del poder. 

No solamente actuó la resistencia civil auto convocada, sino también Ortega que usó todos los recursos de violencia que tiene bajo su control: paramilitares, censura de medios y otros mecanismos. El régimen logró bloquear durante varias horas la página web del emblemático diario La Prensa que fundó y dirigió Pedro Joaquín Chamorro en su lucha contra la dinastía Somoza. La Prensa siguió informando a través de sus cuentas en las redes virtuales. Y lo que pudimos leer ese jueves duele: más jóvenes asesinados, incluyendo un monaguillo de la Catedral de León,  Sandor Dolmus, con un balazo en el pecho. 


No pasa un día sin que la violencia viole el límite de toda humanidad. Una familia entera murió carbonizada porque se negó a prestar su casa para que paramilitares francotiradores se instalaran allí para disparar contra el pueblo. Ante la negativa estos asesinos incendiaron la casa. 


Ortega se ha vuelto incómodo para Estados Unidos, aunque recibió apoyo de la potencia del norte anteriormente.  Ahora, parece que ya busca una manera de salir de Nicaragua que preserve su seguridad personal y de su familia cercana, y se sabe que está negociando una salida con enviados de Estados Unidos. Como todos los dictadores derrotados, huirá a un país donde no pueda ser alcanzado por la justicia. Pero en algún momento la justicia le dará alcance, como pasó con Somoza. 

(Publicado en Página Siete el sábado 16 de junio 2018) 
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Los héroes y mártires de la revolución sandinista no merecen que su memoria sea manchada por los actos genocidas de un dictador que los traicionó. Las víctimas de Ortega y Murillo merecen justicia.
—Ernesto Cardenal