27 abril 2010

Oaxaca, todo cielo

Volver a Oaxaca luego de más de dos décadas puede ser peligroso para la ilusión. Mi memoria había preservado de Monte Albán y de Mitla un escenario diferente al que encontré esta vez, sobre todo en Mitla, que hoy descubro apretujada en medio del pueblo del mismo nombre, víctima de su propio éxito entre los turistas.


Aunque más cerca de Oaxaca, Monte Albán se beneficia de su aislamiento en lo alto de un cerro -varios cerros en realidad, donde siguen los descubrimientos- manteniendo su señorial soledad. Más seco y menos verde que en mi memoria, pero igualmente majestuoso y dominante sobre la ciudad que ha crecido a su alrededor. No puede uno dejar de pensar que este fue durante más de mil años (500 a.C. | 800 d.C.) el centro de la cultura zapoteca, cuya influencia fue enorme en el istmo de Tehuantepec.

De las cosas más interesantes en Monte Albán, son los bajorrelieves conocidos como “los danzantes”, personajes cuyas posturas extrañas han generado diversas especulaciones sobre su origen. Alfonso Caso pensaba en 1947 que las lápidas representaban a guerreros y prisioneros de guerra; esa tesis fue desarrollada por Michael Coe en 1962. Mario Pérez Ramírez sugirió en 1963 que no se trata de la representación de personas que bailan, ni de prisioneros torturados y castrados, sino de casos patológicos, es decir, personas enfermas y con deformidades: un hombre barbado que se agarra el estómago, otro que eyacula, una mujer que da a luz… La disposición de estas estelas, una al lado de otra contra un muro, dan a pensar que quizás se trató de una exposición “fotográfica” de aquella época.

Aunque me cuentan que hay una serie de negociados por detrás, lo cierto es que el centro colonial de Oaxaca lleva varios años en proceso de remodelación y está quedando muy lindo con sus calles peatonales y las manifestaciones culturales que tienen lugar todos los días. Bailes y conciertos callejeros van y vienen en las inmediaciones del parque central o de Santo Domingo, que es una joya como ninguna otra, con el techo del sotocoro completamente cubierto de figuras policromadas. Santo Domingo no es solamente una iglesia, sino un centro cultural enorme. Su explanada anterior se ha beneficiado del diseño propuesto por Francisco Toledo, el gran pintor juchiteco.

El maestro Toledo es un referente tan importante en Oaxaca como Santo Domingo o los moles. Y lo es por todo lo que ha aportado a la ciudad pero además por el Centro de Artes que creó en una antigua fábrica de textiles en San Agustín Etla, a unos 20 kilómetros de Oaxaca. El edificio del Centro de Artes parece un palacio, antes que una fábrica. Sus espacios son magníficos y están muy bien aprovechados para presentar exposiciones, como la actual retrospectiva  de cerámica de Gustavo Pérez, en el segundo piso, bellísima.

Oaxaca tiene muchos años de historia, y quizás eso se ve en el gigantesco ahuehuete de Santa María de Tule, un ciprés (taxodium mucronatum), inscrito en la lista tentativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO y árbol nacional del país desde 1910. Este ahuehuete tiene cerca de dos mil años, y sigue ofreciendo una generosa sombra. Pesa 636 toneladas, mide 14 metros de diámetro y 58 de circunferencia, lo que equivale a unas 38 personas agarradas de las manos a su alrededor, un gran abrazo que uno no puede darle porque hace algunos años pusieron una valla de hierro a su alrededor.

Quien dice Oaxaca dice “la tierra de los siete moles”. La competencia entre Puebla y Oaxaca es cerrada, pero ganan los oaxaqueños por la variedad: mole negro, mole almendrado, mole chichilo, mole amarillo, mole verde, mole coloradito y mole mancha manteles… a cual más rico, aunque más dulzones y menos espesos que los poblanos. En la Hacienda Santa Martha uno puede darse un atracón sin piedad por solo 120 pesos mexicanos que cuesta el buffet, con el añadido de una “sopa de guía” (la planta trepadora del calabacín), un helado de leche quemada y un mezcal minero. Hasta probé una pizca de chapulines, insectos bandera de la gastronomía oaxaqueña, pero sentí más el sabor del limón que el de los saltamontes.

Regresé de Oaxaca con un galón del mejor mezcal casero, que me tenía reservado Carlos Plascencia Fabila, activista de todas las causas justas, desde las radios comunitarias hasta el derecho al agua.  Este mezcal blanco o “minero” es el que sale directito del alambique, la más pura destilación de la penca del agave. Es fuerte porque es puro y hay que libarlo con el bello colibrí de Zaachila, con mesura pero repetidas veces.

19 abril 2010

Comunicación e interculturalidad


Pasé la última semana de marzo en Sao Paulo, para participar en el 3er Simposio Internacional de Comunicación y Cultura en América Latina, organizado por CELAAC, invitado por Dennis de Oliveira para participar en el panel sobre medios y culturas alternativas. Mi ponencia, “Interacción cultural y medios alternativos” desarrolló la perspectiva de que los medios participativos y comunitarios son esenciales para la interculturalidad y para el mantenimiento y la expresión de la diversidad cultural. El texto podrá leerse -con un poco de suerte- en la página del evento.

Otras mesas abordaron temas como “Periferia, nuevas prácticas en la producción cultural”, “El papel del Estado y la acción del capital”, y “Patrimonio cultural material e inmaterial: identidad, historia y media ambiente”. Además, tres grupos se reunieron en paralelo para presentar trabajos y dialogar sobre “Globalización y cultura”,  “Industria cultural y políticas culturales” y “Experiencias de medios alternativos en la cultura”. No sólo se habló de cultura, sino que se programaron muestras de pintura, baile, además de las sesiones de cine documental, de ficción y de animación de Televisión America Latina (TAL), que preside el cineasta Orlando Sena.

Emir Sader, eminente sociólogo y analista político brasileño, ofreció en la penumbra (la luz se cortó más de una hora) la conferencia magistral de apertura del evento. Iluminó a la audiencia con una visión optimista de los procesos de integración latinoamericanos en base a nuevas alianzas en las que los gobiernos privilegian el enfoque social sobre el mercantilismo en la relaciones económicas. Sader se expresó con idealismo y bastante romanticismo sobre la situación regional, destacando los cambios políticos en Venezuela, Bolivia y Ecuador aunque sin profundizar en las contradicciones y riesgos de las posturas autoritarias de sus gobernantes.

Lo triste en estos eventos donde la inscripción es gratis, es que de los 400 o 500 participantes que se registran, la mitad ni siquiera retira sus credenciales y las salas rara vez se llenan.

Sin embargo, siempre hay un saldo positivo: los encuentros y reencuentros con colegas y amigos. Volví a ver a José Marques de Melo y a Cicilia Peruzzo en casa de esta última; con ellos suelo coincidir en reuniones y ambos son autores que seleccioné con Thomas Tufte para nuestra Antología de Comunicación para el Cambio Social.

En el simposio conocí también a varios colegas con cuyo trabajo puedo identificarme: Susana Sel que enseña cine en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y Ricardo Tena, Director de Investigación del Politécnico Nacional (México).

El Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Cultura y Comunicación (CELAAC), que coordinan María Nazareth Ferreira y Dennis de Oliveira (con él compartí una mesa redonda en Fortaleza en 2009), es un núcleo de investigación de la Escuela de Comunicación y Artes (ECA) de la Universidad de Sao Paulo (USP), creado en 1995 para favorecer la integración latinoamericana en los estudios de comunicación y cultura, mediante seminarios, investigaciones, publicaciones y otras actividades académicas y de intercambio.

El simposio tuvo lugar en el Memorial de América Latina, institución emblemática no solamente por los objetivos con los que se creó hace 21 años por iniciativa de Darcy Ribeiro, sino porque el conjunto arquitectónico –que consta de teatro, biblioteca, museo, galerías, salas de reuniones- fue diseñado por Oscar Niemeyer (Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho), el longevo arquitecto brasileño, comunista toda su vida, que cumplió 102 años en diciembre pasado, y que es el autor de obras tan importantes como el conjunto de edificios públicos de la ciudad de Brasilia, el edificio de las Naciones Unidas en New York, o el Museo Niterói de Arte Moderno en Río de Janeiro.

Tengo que decir algo sobre Sao Paulo, una ciudad donde la cultura de mantenimiento parece inexistente. Las calles se caracterizan por el descuido, con aceras rotas, escombros y profusión de basura. No es un placer caminar por el centro histórico de la ciudad, como lo es en otras grandes ciudades de nuestra región. La Plaza de Zé, el ombligo urbano donde se encuentra la catedral del mismo nombre, está invadida por la marginalidad y la suciedad. Abunda la vigilancia policial, lo que no impide que en el área acampen decenas de pordioseros que muestran la cara deprimente de esta gran metrópoli. ¿Y el gobernador Serra quiere ser el próximo presidente de Brasil?

08 abril 2010

Eric y Lucho

Días de tristeza y memoria. Me acabo de enterar casualmente -leyendo en internet el diario Cambio- de la muerte de Eric de Wasseige, cura dominico, gran persona, siempre solidario, amigo de muchos años y de muchas luchas. El viernes 2 de abril por la mañana, a sus 78 años de edad le falló el gran corazón que había usado tanto para los demás.

Por otra parte, no he dejado de pensar en estas semanas sobre el 30 aniversario del asesinato de Luis Espinal, otro amigo entrañable, cura jesuita, que se hizo boliviano y luchó por nuestro país hasta el final.

Tanto Eric Wasseige como Luis Espinal fueron pivotes del semanario Aquí.  Lucho fue su fundador y director hasta su muerte, y Eric fue quien sostuvo la segunda época, cuando los de Aquí regresamos de “allá” (del exilio) y volvimos a publicar el semanario bajo la dirección de René Bascopé y luego de Antonio Peredo y Remberto Cárdenas.

Eric no aparecía mucho, era discreto, pero los de Aquí sabíamos de su apoyo solidario que permitía al semanario mantenerse. Esa solidaridad de Eric fue uno de sus rasgos salientes en las épocas duras y en las maduras. Durante la dictadura de Bánzer fundó Justicia y Paz, precedente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos; a su instancia alguna vez hice de correo para traer de Francia dinero para los presos políticos. En marzo de 1975 la dictadura banzerista lo expulsó al Perú,  junto a Jorge Wavreille, cura oblato; al regresar, siguió con su trabajo a favor de los perseguidos y oprimidos. Cuando hace unos años el ex dirigente campesino Genaro Flores enfrentaba una enfermedad y carecía de recursos económicos, Eric activó la red de amigos para ayudarlo.

Intercambiábamos mensajes electrónicos de vez en cuando, Eric siempre parco, breve. Yo le llamaba “Eric le Rouge” y le dejaba mensajes en la grabadora que yo mismo le había transferido tiempo antes. Le anunciaba mi llegada a La Paz y nos dábamos cita para comer salteñas en la Plaza del Estudiante. Hablábamos de política, de amigos comunes.  Apoyaba decididamente el proceso llevado adelante por Evo Morales y estaba de acuerdo con algunas de mis opiniones críticas, pero prefería pasar por alto las debilidades del proceso en función de lo que consideraba eran sus fines últimos. Yo no estaba de acuerdo con él en eso de que “el fin justifica los medios”, porque significaba entrar en contradicción con principios por los que habíamos luchado muchos años. Y además, “el fin”, está cada vez menos claro, y los “medios” asustan.

Era muy reservado con su vida privada, alguna vez mencionó a sus familiares en Bélgica, y las vacaciones que tomaba para visitarlos. Nunca conocí su casa, solamente la oficina de OSAP en el Edificio Brasilia. No encuentro ahora ni una foto de él, y creo que no debe haber muchas.

Eric nació el 20 de febrero de 1932 en Namur, Bélgica, sus padres eran André de Wasseige y Beatrice de Witte; tenía tres hermanos: Antoinette, Baudoin y Xavier. Su familia se trasladó a Bogotá, Colombia, donde él estudió la secundaria en el Liceo Louis Pasteur, hasta hoy uno de los mejores. En Lovaina obtuvo una licenciatura en ciencias comerciales y en 1960 ingresó a la Orden de los Dominicos. Estudió teología en Friburgo y obtuvo su licenciatura en 1967. A partir de allí, su vida fue Bolivia, hasta el final.

Sobre Luis Espinal he escrito muchas veces. Esbocé su vida y su muerte en mi libro “Luis Espinal y el cine”, y en “Lucho, el grito de este pueblo” (que coordiné pero se publicó sin los nombres de los autores en tiempos de la dictadura de García Meza), y en muchos artículos por ahí dispersos, de manera que hoy solamente quiero recordar que el día de su asesinato yo no estaba en Bolivia sino en Nicaragua, donde a él le hubiera gustado estar, en la Plaza de la Revolución, presenciando la partida de miles de muchachos y muchachas alfabetizadores, con un pañuelo rojinegro anudado al cuello, dispuestos a trabajar durante nueve meses en las comunidades más recónditas para tratar de eliminar el analfabetismo en su país. Ese día recibí en Managua la noticia del asesinato, y sentí esa mezcla de dolor por la pérdida para Bolivia y de regocijo por el proceso sandinista, que entonces no estaba maleado como ahora.

Poco antes de mi viaje a Nicaragua Lucho me había ofrecido uno de sus tallados de madera: “Eres el único amigo que no se ha llevado uno”, dijo, o algo parecido.  Mientras nos tomábamos un whisky en su casa, le dije que escogería uno de sus tallados a mi regreso.  No sucedió. Ahora, al ver sus fotos caigo en cuenta de algo que me sorprende.  No encuentro ninguna foto mía con Lucho, a pesar de que estuvimos juntos tantas veces y a pesar de que yo le tomé muchas fotos a él.

Semanas atrás, cuando estuve en La Paz, me entrevistó Claudio S ánchez en Radio Cristal. En el blog de Cine con Cristal se puede escuchar la entrevista sobre Luis Espinal.

03 abril 2010

Miradas Desinhibidas

Recibí hace tiempo los ejemplares de “Olhares Desinibidos | Miradas Desinhibidas” (2009), de Paulo Antonio Paranagua, libro sobre el cine documental latinoamericano producido del año 2000 al 2008.  Allí hay un comentario mío sobre la película de Eduardo “Chichizo” López, Inal Mama: sagrada y profana. Es el único texto sobre el cine boliviano incluido en esta antología crítica publicada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) del gobierno de España.

El libro bilingüe consta de 204 páginas, con ilustraciones, y fue presentado en ocasión del 2º Congreso Iberoamericano de Cultura, a principios de octubre del 2009 en Sao Paulo. Incluye textos sobre las 25 películas seleccionadas en una muestra cuya coordinación estuvo también a cargo de Paranagua. Cuba, España, Argentina y Brasil están representados con tres películas cada uno, México con dos, y otros 11 países con una. La introducción de Paulo se refiere a la “Metamorfosis del nuevo documental iberoamericano” en los últimos años.

Este es un excelente aporte, sobre todo porque incluye países cuyas cinematografías con frecuencia quedan al margen de los compendios, y porque renueva una vez más la carta de ciudadanía del género documental, tan maltratado en la región por los productores, distribuidores y exhibidores de cine.

Conozco a Paulo Antonio Paranagua desde hace muchos años, unos 35 por no decir más: dos jóvenes latinoamericanos, brasileño y boliviano, involucrados en el mundo del cine independiente en Paris en los años 1970s. Nos encontrábamos con frecuencia en la Cinémathèque Française, escribíamos crítica de cine, leíamos la última edición de Le Monde, y preparábamos libros sobre el cine latinoamericano.

Guy Hennebelle y yo invitamos a Paulo para que escribiera el capítulo sobre Brasil en nuestra enciclopédica “Les Cinémas d’Amérique Latine” que publicó L’Herminier en 1981 antes de declararse en quiebra.

No tuve mucho contacto con Paulo durante las dos últimas décadas del siglo pasado, hasta que a principios de la que acaba de terminar me invitó a colaborar en su libro “Cine documental en América Latina” (2003), 542 páginas con textos sobre cineastas y películas documentales de la región, una revisión exhaustiva precedida por el preámbulo de Nelson Pereira dos Santos, y estudios del propio Paranagua, de María Luisa Ortega, de Vicente Sánchez-Biosca, de Alberto Elena y Mariano Mestman.

En esa obra contribuí con un texto sobre Jorge Ruiz, pionero en la etapa del cine sonoro en Bolivia, y otro sobre Las banderas del amanecer, de Jorge Sanjinés. El libro se publicó en el marco del Festival de Málaga, con el sello de Ediciones Cátedra.

Luego de muchos años sin vernos, y de esporádicos mensajes electrónicos que intercambiamos, finalmente Paulo y yo nos sentamos a comer en un restaurante italiano cerca de Odeon, en París. Con las inevitables canas y unos años encima -pero no tantos como para sentirnos fuera de lo que pasa en el cine y en la política latinoamericana- nos pusimos al día.

Paulo es corresponsal viajero de Le Monde y por esas casualidades de la vida cubre precisamente lo que sucede en Bolivia, con mucho tino y agudeza.

28 marzo 2010

Signo & Pensamiento No. 55


Recibí finalmente un par de ejemplares de la revista Signo y Pensamiento No 55 (Volumen XXVIII, Julio-Diciembre 2009), publicada dos veces al año por la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y el Departamento de Comunicación y Lenguaje de la idem de Cali.

Este es un libro enorme de 312 páginas, tamaño carta, con un tema principal, “Ética en la información, comunicación y lenguajes: retos de responsabilidad social”, coordinado por Gabriel Jaime Pérez S.J. y Manuel Sevilla, ambos de Cali.

La revista trae una larga entrevista que Gabriel Jaime Pérez, y dos profesoras de la Javeriana de Cali, Mónica Marion y Fanny Franco, me hicieron el 27 de febrero del 2009, más de un año atrás, en la emisora Javeriana Estereo, cuando estuve en Cali para presentar la Antología de Comunicación para el Cambio Social. Tardó en salir, pero aquí está, con la ventaja de que todos los textos pueden leerse y bajarse en PDF. El vínculo directo a la entrevista permite acceder a ella con un clic.

Dicen los editores en la introducción, que “este número invita a reflexionar críticamente sobre la complementariedad necesaria entre ética-responsabilidad social y procesos de información, comunicación y lenguajes, particularmente en esta época en la que cunde el fetiche de la hiperautonomía individualizante y hegemonizadora y que tiende a opacar dinámicas discursivas emergentes de reconocimiento, valoración, deliberación, consensos, disensos, pluralismo, participación democrática en las estructuras del mundo de la vida, de la opinión pública y la sociedad civil en general.”

El número trae muchos textos interesantes, la mayoría de ellos en castellano, pero también en francés, inglés y portuguéss, como “La techno-étique de l’información et de la comunication”, “Ética de la comunicación en la perspectiva de los derechos humanos”, “Intercultural Information Ethics: Foundations and Applications”, “Uma experiencia do ensino da ética a futuros profissionais de tecnologías da informaçao”, y tantos otros.

Además de los textos que corresponden al eje temático, el No. 55 de Signo y Pensamiento publica secciones de documentos de investigación, puntos de vista y reseñas de libros sobre temas de ética y responsabilidad social.

Nota bene: Por esas casualidades inoportunas, el servidor de la Universidad Javeriana de Bogotá está en mantenimiento durante la Semana Santa, entre el 27 de marzo y el 4 de abril, de modo que los vínculos propuestos para entrar a "Signo y Pensamiento" no estarán accesibles en estos días.

26 marzo 2010

La hora del planeta

No seamos tacaños, es muy poco lo que nos piden para salvar el planeta: no usar electricidad durante una hora el sábado 27 de marzo de las 20:30 a las 21:30 y participar en los actos públicos que se organizan en muchas ciudades.

Miles de personas e instituciones se suman cada año a esta iniciativa del World Wildlife Fund (WWF).  A mi me tocó el año pasado en Estocolmo, donde la iluminación de varios edificios públicos fue apagada para contribuir al ahorro de energía. En 2009 se logró que 4.159 ciudades en 88 países se unieran a la iniciativa.  En 2010, es decir este sábado, se espera sumar 6.000 ciudades en 125 países, con participación de mil millones de personas. Yo quiero ser una de ellas.

Se apagarán otra vez este año la Torre Eiffel en París, la Opera en Sydney, la Alhambra de Granada, la Ciudad Prohibida de Beijín, la Acrópolis y el Partenón en Atenas, la Puerta de Brandenburgo en Berlín, la Sagrada Familia en Barcelona, la Torre de Pisa, la Fontana de Trevi y el Coliseo de Roma, el Cristo del Corcovado en Río de Janeiro, el Golden Gate de San Francisco,  el Big Ben de Londres, las Pirámides en El Cairo, el edificio más alto del mundo en Dubai, el Ángel de la Independencia en México, y muchos otros monumentos emblemáticos y edificios públicos del mundo.  Aquí se puede seguir, país por país, la adhesión a este evento mundial.

Personalidades que ponen su grano de arena de visibilidad han comprometido también su apoyo, desde el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki Moon hasta el cineasta español Pedro Almodóvar. La lista incluye a la Reina de Inglaterra quien apagará las luces del Palacio Buckingham, el equipo del Real Madrid, y centenares de grupos de música, actores y actrices de cine, y gente de a pie como nosotros.

Google se sumará durante 24 horas, bancos, supermercados, hoteles y otras empresas apagarán las luces de sus edificios y de sus vallas publicitarias. 

Lo que se ahorra en una hora de electricidad es mucho, sobre todo si se multiplica por mil millones de habitantes. Esta gráfica permite hacer el cálculo. No basta apagar las luces, pues alrededor de uno hay muchos otros aparatos que consumen electricidad, incluyendo esta computadora.  Lo ideal es bajar la palanca general de electricidad y salir a la calle a encontrarse con otros que habrán hecho lo mismo para ponerle el hombro a nuestro pequeño planeta.

20 marzo 2010

Empacho de cine en Guadalajara


Guadalajara en un llano, México en una laguna… Dejé la laguna seca del Distrito Federal para trasladarme durante ocho días a Guadalajara y espinarme la mano con la tuna del cine en el 25 Festival Internacional de Cine.

El festival cumplió 25 años, de modo que se vistió de gala para la ocasión.  Cada noche en el gigantesco Teatro Diana de la ciudad había entrega de reconocimientos (a Matt Dillon, a Agnes Varda y a María Rojo, entre otros) y la proyección de alguna película extraordinaria, a veces en estreno mundial.  Y durante todo el resto del día, varios centenares de películas, cortas y largas, documentales y de ficción, que se exhibían simultáneamente en una docena de salas de cine de la ciudad.

En las mañanas teníamos proyecciones especiales para la prensa, los críticos de cine y los miembros de los jurados. Estas proyecciones sin público fueron las mejores para mi, ya que los asistentes se comportaban civilizadamente, mientras que en las proyecciones para todos no faltaron quienes creyéndose en un estadio o en un circo, no paraban de comer palomitas de maíz como roedores, de usar sus celulares o de hablar. El comportamiento poco civilizado del público deja mucho que desear.

Mi menú en estas jornadas no consistió en palomitas de maíz con olor a mantequilla rancia, sino títulos tan estimulantes como Las buenas hierbas de la mexicana María Novaro, La Yuma de la nicaragüense Florence Jaugey, Retratos en un mar de mentiras del colombiano Carlos Gaviria o Rompecabezas de la argentina Natalia Smirnoff. No me equivoqué en mi selección pues recibieron sendos premios. Ojalá que lleguen a las pantallas comerciales, para bien del público que se intoxica con tanta porquería.

Disfruté como todos la gala de estreno del documental Seguir Siendo: Café Tacvba, sobre el grupo musical mexicano que apenas levantarse la pantalla apareció detrás para brindar un concierto apoteósico. Parecía que los balcones del teatro iban a ceder de tanto que cimbraban con centenares de personas saltando al unísono y cantando de memoria la canciones. Sólo un vocalista con el don de multitudes como Rubén Albarrán puede lanzarse sobre su público y salir indemne luego de dar una vuelta completa de la platea, sobre los brazos de todos, y sin dejar de cantar.

Me dio gusto durante el festival encontrar a colegas bolivianos como Juan Carlos Valdivia, cuya película más personal, Zona Sur, fue premiada y muy bien recibida. También estuve con Rodrigo Bellot, cuya carrera como director de casting en Nueva York va viento en popa; y con Karina Oroza y Ramiro Fierro, en busca de producción para sus proyectos.

Zona Sur fue una de las películas más premiadas del festival, pues recibió el Premio Especial del Jurado, el Premio al Mejor Guión –escrito por el mismo Valdivia- así como el Premio al Mejor Actor (compartido) otorgado a Pascal Loayza.

Carlos Gaviria, cineasta de Colombia con el que hicimos buenas migas durante el festival, fue galardonado por su largometraje Retratos en un mar de mentiras, excelente relato sobre los desplazados de guerra en su país. Obtuvo el Premio a la Mejor Película, a la Mejor Actriz (compartido) por la actuación de Paola Baldión y un premio paralelo de Latinofusión, de apoyo a la distribución internacional del film.

Mi amiga la cineasta mexicana Lillian Liberman presentó el documental Visa al paraíso, donde reconstruye meticulosamente el episodio ejemplar de Gilberto Bosques, cónsul de México en Marsella durante la Segunda Guerra Mundial, quien ayudó a más de 40 mil familias perseguidas por los nazis y los fascistas de Franco, a viajar a México como asilados.

Varios otros documentales me impresionaron, por ejemplo Pecados de mi padre, de Nicolás Entel, donde se narra el proceso de reconciliación entre Sebastián Marroquín (hijo del narcotraficante Pablo Escobar), y los hijos de Rodrigo Lara Bonilla y de Luis Carlos Galán, que fueron asesinados por órdenes de Escobar. Sebastián Marroquín apareció al finalizar la proyección y me pareció un hombre sincero y con vocación de paz, una víctima más de su padre.

Por lo demás, encontré a amigos que no he visto en muchos años. A Jorge Sánchez, actual Director General del festival (aunque el último día anunció que se va), y a Paul Leduc, realizador de películas tan hermosas como Frida o México Insurgente, no los veía desde mediados de los años 1980s (¡25 años!), lo mismo que al panameño Edgar Soberón Torchía, quien hoy es Director de Cultura en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba y a Chacho Leon Frías, crítico de cine que dirigió una de las grandes revistas especializadas "Hablemos de Cine".

No me fui de Guadalajara sin antes visitar los murales de Orozco en el Hospicio Cabañas, y sin comer en la avenida Chapultepec tacos de labio, de cabeza, de lengua y de cachete o carnaza. No tuve todavía el espíritu para entrarle a los tacos de ojo, de seso y de hueso, pero pensé mucho en mis dos carnales que no tienen freno para esas cosas, Ricardo Pérez Alcalá y Ramón Rocha Monroy.

11 marzo 2010

Cuarto Intermedio 91

Finalmente recibí mis ejemplares de la revista boliviana Cuarto Intermedio, que tiene más de veinte años de vida y casi un centenar de números publicados. La edita trimestralmente la Compañía de Jesús, como “una pausa para la reflexión, el diálogo, la lectura y la búsqueda de caminos de solución”. Su consejo editorial está integrado por Xavier Albó, Carmen Beatriz Ruiz, Claudia Peña y Francisco Dardichon, mientras que la dirección está a cargo de Edgar Dávalos, asistido en la coordinación por Luz Ordóñez y Alejandra Jaldín.

En el número 91, cuya portada recoge el tema “La comunicación más allá de la información”, se publica un texto mío titulado “La comunicación que no se entiende”, en el que abordo algunos temas que han estado en el centro de mis preocupaciones en los últimos años, y en particular la confusión entre comunicación e información, y los retos pendientes para legitimar la comunicación como proceso, muy diferente de la información como cadena de mensajes.

En este mismo número hay un texto de Carlos D. Mesa Gisbert sobre el bicentenario, otro de Xavier Albó sobre las autonomías indígena originarias,  y otro de Víctor Codina sobre la crisis de las mediaciones, además de tres comentarios de José Luis Aguirre Alvis, Gabriela Orozco Ruiz y Hernán Cabrera sobre el proyecto del Código Nacional de Ética Periodística.

Entre tanto, mientras yo esperaba que me enviaran los ejemplares, salió ya el número 92. En su portada anuncia: “Mujeres: Miradas desde la literatura y la teología”, pero curiosamente los textos sobre la temática central están escritos todos por varones.

Lamentablemente los textos de Cuarto Intermedio no están disponibles en la red, pero para quienes quieran tomarse el trabajo de pedir ejemplares de la revista, pueden hacerlo a través de la Fundación Social Uramanta, por correo electrónico o a esta dirección: Casilla 2152, Cochabamba, Bolivia.

26 febrero 2010

El origen del mole poblano

Chile ancho, chile mulato, chile pasilla, chipotle, jitomate, cebolla, ajo, pan, almendras, pasas, nueces, almendras, ajonjolí, clavo, canela, pimienta, perejil, azúcar, sal, tortillas de maíz... y chocolate, entre otros ingredientes, entran en la preparación del mole poblano, uno de los platos más singulares de la comida mexicana. Según las recetas, puede tener muchos más ingredientes. Y qué decir del proceso de preparación, que comienza un día antes desvenando los chiles y remojándolos en agua con sal toda la noche.

Entre las muchas extrañas, imposibles pero fantásticas mezclas de sabores que hacen excepcional a la cocina mexicana, destaca sin duda el mole poblano, cuya historia es tan atractiva como su sabor. Ningún mole sabe igual a otro. Para comprobarlo nos fuimos a la fuente misma, a la cocina donde se originó el mole poblano, el ex Convento de Santa Rosa, en Puebla de los Angeles.

Allí se conserva tal cual el escenario del descubrimiento, atribuido a las monjas de claustro. Así como hay muchos moles, hay muchas historias sobre el origen del mole.  Desde una que atribuye la receta a un tropezón accidental, hasta otra que cuenta que el voto de silencio de las monjas se rompió cuando los aromas del perol hicieron exclamar a una de ellas: "Qué bien mole los chiles hermana". 

La seriedad histórica, sin embargo, obliga a recordar que los antiguos mexicanos, mayas y aztecas, usaban el chocolate en sus comidas, y probablemente fueron los verdaderos inventores del mole. Lo que no quita mérito a las monjitas de claustro, que compensaban sus sufrimientos con sabrosas comidas. En otro convento de Puebla, el de Santa Mónica, nacieron por ejemplo los chiles en nogada, otro plato de agasajo. Las de Santa Clara se especializaban en dulces de mazapán, camotes y mermeladas.

No todo era dulce en el Convento de Santa Rosa, donde las niñas que no podían casarse ingresaban para dedicarse a la oración en silencio hasta el final de sus días. Una ventana alta ovalada, el "ojo de Dios", dejaba entrar la luz pero al mismo tiempo el temor del castigo divino. A esa vida miserable y absurda destinaba la iglesia a sus vírgenes, sacrificadas hasta su muerte por envejecimiento.

Lo que queda hoy es una amplia cocina generosamente recubierta de cerámica de Talavera, con todos los utensilios que se utilizaban en la época para guisar los moles, pues el de chile y chocolate no sería el único. Una enorme olla de barro ocupa un lugar central, porque era allí donde los aromas del mole se gestaban. En la pared exterior, un letrero en mármol recuerda a la vez el fin de los abusos de la iglesia y el carácter magnánimo de la revolución mexicana que este año cumple cien años: "La revolución exhumó del olvido esta joya colonial".

De Santa Rosa a la tradicional Fonda de Santa Clara hay unas cuadras, que el hambre hace cortas. Es en esa fonda donde dicen que se come el mejor mole poblano. No sé si será el mejor, pero de que es bueno es bueno.

17 febrero 2010

Development in Practice

En materia de trabajo, nada más placentero que obrar en complicidad con colegas que son además amigos. Por ello no desaproveché la oportunidad que nos ofreció Oxfam de coordinar esfuerzos creativos con Juan Francisco Salazar y con Jethro Pettit para preparar un número de su revista Development in Practice (Desarrollo en la Práctica), que ya está en circulación desde hace varios meses.

Juan F. Salazar es un joven académico chileno que enseña en la Universidad de Western Sydney, en Australia.  Sé que él no se considera tan joven, pero como tiene la edad de mi hermano menor, para mi lo es. A estas alturas de la vida cualquiera que tenga diez años menos que yo es joven. Juan fue quien organizó la sexta conferencia de NuestrosMedios que tuvo lugar en Sydney en abril del 2007, y fue todo un éxito. Fue precisamente de esa reunión que surgió la iniciativa de preparar el número de la revista. 

Jethro Pettit es un gringo atípico, más europeo que estadounidense, que enseña e investiga en el Institut for Development Studies (IDS) en Sussex, que es un lugar donde yo quisiera estudiar en mi próxima reencarnación. En el IDS opera el Grupo de Participación que cuenta nada menos que con la experiencia y los generosos aportes de Robert Chambers, un maestro de la investigación-acción participativa.

El número doble (Volume 19, Numbers 4&5, June 2009) que coordinamos con Jethro y Juan está íntegramente dedicado a "Medios Ciudadanos y Comunicación" (Citizens' media and communication), y está dedicado a la memoria de Augusto Boal, el autor y director de teatro brasileño ("Teatro del Oprimido"), que falleció en 2009.

Como suele suceder con estas publicaciones académicas, el proceso de preparación del número doble de Development in Practice tomó varios meses e implicó incluso una reunión en el IDS en Sussex, para tomar decisiones sobre la selección de textos que nos habían presentado diversos autores. En nuestra selección final hay 20 textos distribuidos en siete secciones:

I. Comprensiones de los medios, el Estado y la esfera pública
II. Experiencias de comunicación de pueblos indígenas
III. Medios y comunicación como métodos de transformación
IV. Medios y voces en las prácticas de desarrollo
V. Radios comunitarias y voces ciudadanas
VI. El papel de los medios en los movimientos sociales
VII. Comunicación participativa en la investigación

Los tres escribimos además una introducción para presentar el número doble, y contribuimos con textos. El mío, "Playing with fire: power, participation and communication for development" ("Jugando con fuego: poder, participación y comunicación para el desarrollo") abre la primera sección; es un texto que expande una ponencia que presenté en Hyderabad, India, en noviembre de 2007.

Sería largo citar aquí los nombres y méritos de todos los autores, pero la buena noticia es que excepcionalmente este número completo de Development in Practice está disponible de manera gratuita en internet, durante un tiempo limitado: hasta mayo de 2010. Basta hacer un clic aquí para acceder a él. 

Esto ha sido posible gracias al apoyo brindado a Conversations with the Earth, un programa que se estableció para sensibilizar sobre el tema del cambio climático en preparación de la COP 15 de Copenhague, que como sabemos resultó un rotundo fracaso gracias a las maniobras de Estados Unidos y de China. Esperemos que este año en México se abran mejores perspectivas.