(Publicado inicialmente en Página Siete,
el 29 de julio 2017)
Aunque con retraso, reproduzco este texto que
publiqué hace un par de meses, porque creo que el tema no pierde actualidad y
es bueno que llegue a lectores de este blog que no leen necesariamente mis artículos
en el diario donde publico regularmente.
Hay mucho más detrás de las postales de la ciudad amurallada |
Con 1250 participantes de 96 países tuvo lugar
en Cartagena de Indias, Colombia, del 16 al 20 de julio 2017, la reunión más
importante de investigadores de la comunicación en el mundo: el congreso anual
de la Asociación Internacional de Estudios de Comunicación y Medios, conocida como
IAMCR por sus siglas en inglés.
Esta vez, no fue solamente una reunión de
gringos que aprovechan sus vacaciones de verano para visitar un país exótico y
combinar sus deberes académicos con el turismo. La presencia masiva de
investigadores y profesores latinoamericanos y la organización impecable que
estuvo a cargo de la Universidad Minuto de Dios (Uniminuto) de Bogotá, hizo que
muchos esquemas tradicionales fueran cuestionados.
Contrastes violentos en Cartagena, dentro y fuera de la muralla |
El hecho de que el congreso tuviera lugar en
la ciudad amurallada más emblemática de nuestra región, se presta para elaborar
un análisis simbólico. Durante muchas décadas los congresos de IAMCR han
transcurrido en diferentes ciudades del mundo como eventos amurallados donde se
reúnen siempre los mismos académicos sin permitir siquiera el acceso a los
estudiantes de quienes se nutren para hacer sus investigaciones y publicar
libros.
El costo impuesto para participar en el
congreso es tan prohibitivo para los estudiantes de comunicación, que
generalmente quedan afuera, como los pobres en las ciudades medievales
amuralladas. Aún a aquellos que hicieron el esfuerzo de pagar sus propios
boletos de avión y alojamientos para pernoctar, el arcaico modelo de negocio de
IAMCR los mantuvo alejados de los profesores que son sus referentes en la
literatura especializada sobre comunicación. Por eso en las múltiples salas del
evento los estudiantes colombianos brillaron por su ausencia, salvo algunos
afortunados que obtuvieron becas, muy pocas.
Cees Hamelink |
Los miembros plenos de IAMCR, profesores en un
centenar de universidades del mundo, no pasan esas penurias: sus propias
universidades les pagan pasajes, hoteles y el costo de la inscripción, de
manera que el dinero propio que traen en sus bolsillos se lo guardan para hacer
turismo antes, después o durante el mismo congreso, lo que explica que en
muchos casos (felizmente no todos) presentan sus ponencias y luego desaparecen
por arte de magia, dejando salas semivacías.
Esta vez hubo voces que se elevaron contra el
trato discriminatorio hacia los estudiantes. Nada menos que en la plenaria de
clausura el holandés Cees Hamelink, ex presidente de IAMCR, tuvo la lucidez de
afirmar categóricamente que los investigadores son ante todo maestros de las
nuevas generaciones, por lo que la ausencia de estudiantes era absurda y
mostraba una falta de consecuencia. Lapidaria sentencia que IAMCR debería tomar
en cuenta en los próximos congresos.
El discurso central de apertura del congreso
en la plenaria inaugural fue también un sacudón para los adustos profesores europeos
y norteamericanos, cuando el colombiano Omar Rincón (homenajeando al mismo
tiempo a Jesús Martín Barbero, que no pudo asistir) les dio una lección sobre
la “comunicación bastarda” y afirmó enfáticamente que los académicos debían
salir de sus ciudades amuralladas hacia la realidad social. Y Omar lo hizo en su estilo muy
latinoamericano, saltando por el escenario como un cantante pop y poniendo en
aprietos a los intérpretes que no alcanzaban a seguir su ritmo.
También se cuestionó que el inglés fuera
obligatorio para todos los participantes, aún cuando el congreso se realizó en
tierra latinoamericana. Esa forma de hegemonía fue señalada por Omar Rincón
cuando hizo una lista parcial pero contundente de los aportes de investigadores
latinoamericanos al campo de la comunicación, muchos de ellos desconocidos por académicos
anglófonos demasiado flojos para aprender otro idioma.
Es la gran paradoja del mundo académico mundial:
nosotros nos esforzamos para leer en inglés y ellos, muy arrogantes, no hacen
el mínimo esfuerzo para aprender la lengua de Cervantes, que es la segunda de
mayor crecimiento en el mundo (después del mandarín). Para quienes no lo saben,
hay 400 millones de hispanohablantes, contra 360 millones que hablan, lo cual hace
inexcusable que los académicos anglófonos descansen en la cómoda pasividad que
raya en la ignorancia.
El equipo de apoyo de Uniminuto |
Hay excepciones, por supuesto, precisamente el
caso de grandes investigadores y profesores de la comunicación como el citado
Cees Hamelink que domina desde hace muchos años el castellano, o Nick Couldry,
que prometió aprenderlo hace dos años y lo hizo. Su presentación sobre Jesús Martín Barbero la
escribió y leyó en impecable español.
El congreso fue una prueba de capacidad de
organización y eficiencia. Al mando de un centenar de estudiantes y profesores
colombianos, Amparo Cadavid (organizadora local del congreso) trabajó más de un
año para que todo sucediera sin deslices y en alianza con una veintena de
instituciones locales e internacionales, entre ellas la Fundación Gabriel
García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), CIESPAL, Unesco
y Unicef.
Iñaki Chaves, Vinod Pavarala y Alfonso Gumucio |
Si el ingreso al congreso amurallado era imposible,
eso fue compensado con dos otras reuniones de académicos independientes menos
acartonados (REDECAMBIO y OurMedia) y con salidas a los barrios resilientes de
Cartagena, donde pudimos convivir con jóvenes que a través de acciones de
comunicación y con el apoyo de la Fundación Social y Renacer tratan de cambiar
desde adentro las percepciones y estigmas de que son objeto. Ahí aprendimos que
Cartagena es mucho más que sus murallas y que romper esa imagen que perpetua el
turismo es fundamental para las nuevas generaciones.
A solicitud de UNICEF, la agencia en la que
trabajé siete años (4 en Nigeria y 3 en Haití), y de Uniminuto, dirigí Pulir esa piedra (2017) un documental de
media hora sobre los jóvenes del barrio El Pozón que se esfuerzan por mejorar
la calidad de vida y la imagen de violencia y contaminación ambiental que los
estigmatiza. Pero eso será motivo de otra nota, cuando el documental comience a
circular por iniciativa de las instituciones antes mencionadas. Y también si no
circula, escribiré sobre esa experiencia porque los jóvenes de El Pozón esperan
que lo haga.
Lo eterno está siempre ocurriendo
ante tus ojos
vivo y opaco como una piedra
Y tú debes pulir esa piedra
hasta hacerla un espejo en el que poderte mirar
mirándola
Pero entonces el espejo ya será agua y
escapará
entre tus dedos
Lo eterno está siempre en fuga ante tus ojos.
—Rómulo Bustos Aguirre